La Revolución de los blogs y la crítica tradicional de cine

Juan Antonio García Borrero



Para Julio García Espinosa, que alguna vez nos propuso la utopía de una Crítica sin críticos.
Y para Eduardo Trías, que ha inspirado no pocas de estas ideas
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El 9 de diciembre de 1961, Susan Sontag anotó lo siguiente en su diario personal: "El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente". Puede leerse lo anterior como una clara referencia a un estado de ánimo puntual, y sin embargo, apenas dos o tres días después, escribe esta otra reflexión que, aunque lacónica, permite vislumbrar hacia adonde apunta su insatisfacción: "No sé con certeza para qué sirve mi trabajo".

En aquel 1961, todavía la Sontag no había redactado su célebre ensayo Contra la interpretación (1964), tal vez el más contundente ataque teórico a esa cacería de "significados" que predominaba entonces en la práctica académica encargada de estudiar la literatura. El breve artículo sobresalía por la belleza literaria de lo que expresaba, pero también por la agudeza a la hora de desmontar la retórica interpretativa.

Contra la interpretación pregonaba un abundante número de quejas que hoy podrían recordarse en forma de sentencias, como las siguientes: "Ninguno de nosotros podrá recuperar jamás aquella inocencia anterior a toda teoría"; "el intérprete, sin llegar a suprimir o reescribir el texto, lo altera", "la nuestra es una cultura basada en el exceso, en la superproducción; el resultado es la constante declinación de la agudeza de nuestra experiencia sensorial", "la función de la crítica debiera consistir en mostrar cómo es lo que es, incluso qué es lo que es, y no en mostrar qué significa", y finalmente, "en lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte".(1)

En ese mismo escrito, Susan Sontag manifestaba su optimismo ante el hecho de que el cine (a diferencia de la literatura o la plástica) aún estuviese a salvo de los interpretadores. Como expresión artística, el cine todavía era muy joven, y sólo a inicios de esa década se estrenaba como objeto de estudio en las universidades, adquiriendo un status diferente al carácter de feria que hasta entonces invalidaba la atención de los eruditos. Por eso, para la Sontag,

[...] es posible eludir a los intérpretes por otro camino: mediante la creación de obras de arte cuya superficie sea tan unificada y límpida, cuyo ímpetu sea tal, cuyo mensaje sea tan directo, que la obra pueda ser... lo que es. ¿Es esto posible hoy? Sucede, a mi entender, en el cine. [...] Pues el cine, a diferencia de la novela, posee un vocabulario de las formas: la explícita, compleja y discutible tecnología de los movimientos de cámara, de los cortes, y de la composición de planos implicados en la realización de una película.(2)

Hoy sabemos, sin embargo, que la crítica referida al cine comenzó a ganar autoridad académica hacia finales de los sesenta, precisamente por el ejercicio sistemático de la interpretación. De hecho, la crítica basada en la interpretación es lo que ha permitido consolidar la figura del estudioso como "experto", y con ello fortalecer un esquema de producción y consumo de saber prácticamente unidireccional, donde al receptor sólo le está conferido el derecho de participar a distancia.

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En otro libro íntimo (el epistolario de Nietzsche, tal vez el pensador más independiente que ha dado Occidente en los dos últimos siglos), tropiezo con esta reflexión que el filósofo dirigiera a Mawilda von Meysenbug, el 6 de abril de 1873:

Mi Parnassus del porvenir es llegar a ser –esforzándome mucho y teniendo alguna suerte y mucho tiempo– un regular escritor, pero, sobre todo, "sobrio en escribir". De tiempo en tiempo me invade una repugnancia infantil por el papel impreso, que me parece entonces tan solo papel ensuciado. Me figuro muy claramente una futura época en que se lea poco y escriba menos, pero se piense mucho y obre más. Todo parece ya aguardar la venida del hombre de acción que arranque de sí mismo y de los demás las costumbres seculares y dé un nuevo y mejor ejemplo que imitar.(3)

Ya sabemos de esas malas lecturas que ciertas fuerzas políticas hicieron y siguen haciendo de Nietzsche, riesgo del cual él siempre estuvo consciente,(4) pero tal vez nuestra época ya está comenzando a desafiar esa cultura literaria sobre la cual los hombres han acomodado todas sus creencias e interpretaciones. Es cierto que en lo que respecta a la crítica de cine, en la práctica se sigue apelando a los ya conocidos dispositivos literarios (la reseña, el ensayo), lo cual garantiza el respeto de la comunidad académica, pero el advenimiento y la rápida consolidación de lo que ya a estas alturas se conoce por blogosfera, amenaza con modificar la situación.

No importa que para la crítica más ortodoxa todavía un blog no resulte sino un espacio donde publicitar meras opiniones, y doxas al fin, estas carezcan de la legitimidad que ostentan cada una de esas teorías en que se apoya el llamado conocimiento científico. Habituados a esa rutina que parece iniciarse con Platón, y en la cual el arte es el reflejo de la realidad, los críticos han defendido la necesidad de escrutar en las interioridades de la obra artística, con el fin de sacar a la luz aquellos mensajes que sólo unos elegidos son capaces de interpretar. Y eso únicamente es posible estableciendo una férrea disciplina metodológica, algo que parece ajeno a la naturaleza misma de los blogs.

Examinado el asunto desde esa perspectiva, parece irrefutable que en ese soporte será imposible encontrar algo más que opiniones y comentarios efímeros. Además, tampoco se trata de fomentar falsas perspectivas, las cuales en el fondo responden a un optimismo que apenas observa el asunto en términos de progreso técnico, e ignora los problemas que toda nueva creación implica necesariamente para el hombre concreto.

Nadie niega que en la actualidad, como en todo lo nuevo, lo predominante dentro de la blogosfera es el jugueteo con una espontaneidad que se confunde con la libertad de pensamiento, cuando en el fondo no pasa de ser catarsis adolescente, a través de la cual se fiscalizan todos esos poderes que hasta ayer habían centralizado el saber y la información. Sin embargo, aun cuando esta sea una etapa en la que hay más de retozo que de madurez, resulta innegable el impacto que ya ha tenido la computación en el proceso de producción, organización y difusión del conocimiento. No hablamos, pues, sólo de una revolución mediática, sino también, a todas luces, de una reformulación epistémica.

Ahora bien, no es en el acápite de la calidad del conocimiento que produce la blogosfera, donde ahora mismo es posible detectar el desafío mayor que representa para la crítica tradicional la existencia de estos espacios. Repito algo que he apuntado alguna vez: lo interesante de un blog no reside tanto en los conocimientos que demuestra quien lo administra, como en la capacidad de este para provocar nuevas ideas; mejor todavía si las mismas superan en lucidez a las que se plantearon originalmente. Un blog será más útil en la medida en que los comentarios que los lectores apuntan contribuyan a hacer más participativa la esfera pública. De lo contrario, seguiríamos con el eterno retorno de lo idéntico: una minoría que alguna vez fue intelectualmente creadora termina investida de una "autoridad" que la convierte en una minoría conservadora, dominante y excluyente con el punto de vista de los otros. La clásica y ya trasnochada dictadura de los críticos.

Por el momento, la autoridad del crítico tradicional sigue descansando en esa posición ventajosa que ocupa en los esquemas de emisión y recepción del saber. En sentido general, la crítica hegemónica se sigue beneficiando de ese diseño unidireccional donde el experto ofrece sus argumentos e interpretaciones, y estos son aceptados con pereza por una mayoría que, por un lado, se siente iletrada en el asunto, o por el otro, carece de posibilidades reales de contradecir el discurso. No digo que al espectador le resulte indiferente lo que afirma el crítico, sino que no tiene posibilidades reales de refutarlo o participar de manera activa en ese canje de conocimientos.

En este sentido, el blog sería ese espacio dinámico (nada que ver con las páginas web, o incluso, con los foros) que ya está poniendo en crisis la forma asimétrica de acceder a la producción y consumo del saber, en tanto, si bien el dueño del blog es quien propone los temas a discutirse a través de los posts, son los comentarios que estos suscitan entre los lectores los que determinarán la calidad de eso que se ha aprendido.

Continua...