EL DISFRAZ ES PARTE DE LO ABSOLUTAMENTE VITAL DE LA LITERATURA

(Conversación con Luisa Valenzuela)

Karel Leyva

En uno de los salones del hotel donde sesionó el jurado del VIII Concurso Julio Cortázar, pude encontrarme con la presidenta del certamen, la escritora argentina Luisa Valenzuela.

Dentro de la narrativa argentina contemporánea la obra de esta autora ocupa un lugar prominente. Ha ejercido también con brillantez el periodismo.Nació en Buenos Aires, pero ha residido en múltiples lugares y mereció becas y galardones internacionales de mucho prestigio. Ahora tengo la feliz oportunidad de conversar con ella.

Este concurso Cortázar ya ha tenido ocho ediciones y, a pesar de ser internacional y convocar a autores de distintas latitudes, ha tenido casi siempre como triunfadores a escritores cubanos.

Yo creo que este premio es menos conocido fuera de la isla.Pero los escritores de acá son de mucha calidad y desde afuera no son necesariamente los buenos escritores los que mandan porque desconocen la existencia del concurso,o quizás lo ven lejos o poco accesible. A pesar de ello ha habido cuentos interesantes de los enviados por los narradores de otros países.

¿Entonces les aconseja a los organizadores del concurso que deben incrementar su divulgación internacional para mejorar esa participación?

Sí, darlo a conocer más y que sea más accesible,porque yo tengo la sensación de que enviar los cuentos por correo a Cuba es a veces complicado.Se debe de contar más con los servicios de las embajadas como difusores de la información y para recepcionar las obras y tener una presencia mayor latinoamericana.Aunque había bastante, esta vez,de Argentina,Uruguay,Colombia.

Hay como una dispersión mayor de los escritores en esos países que,años atrás,se agrupaban y era más fácil contactarlos; además encontramos una cada vez mayor banalización de los medios de comunicación que no priorizan informaciones como esta.¿Quizás esto haga más difícil el ubicarlos para que les llegue la información sobre la existencia del concurso?

A lo mejor pasa eso. Pero en última instancia la literatura se conforma de visiones individuales y no es cuestión de que haya escuelas, de las cuales desconfío mucho y donde todos salen escribiendo o pensando parecido a la directora o director del taller.Yo aspiro a todo lo contrario, fíjate en esta frase de Todorov, que se aplica tanto al cuento como a la novela:"cada novela es una especie donde cada especimen debe modificarla". Por eso las voces deben ser nuevas,distintas.En última instancia estamos siempre contando lo mismo,porque los temas no son tantos, lo distinto son las maneras. Entrando en la segunda parte de tu comentario, las comunicaciones se han banalizado desde hace tiempo,y ya la cuestión literaria no está en primera plana.Por otro lado está Internet, que permite llegar a mucha gente y esa es una de las otras vías que hay que explotar.

La Luisa Valenzuela de ahora, después de haber sido migrante que encuentra cosas que va a narrar, convertirlas en ensayos o escritos periodísticos, y que ha podido escribir más de una docena de novelas y hasta se ha aventurado en el campo del performance como modo de expresión, ¿qué anda realizando?

Los performances han sido poco serios,así que no me enorgullezco de ellos.La literatura y mi vida están realmente pegados y no los puedo diferenciar,por eso decía lo de performance o no performance, la vida es un arte performático. Acabo de terminar una novela que para mí es muy importante y se llama El mañana que se va a publicar en marzo o abril del año que viene. Y estoy escribiendo cuentos muy metidos dentro del lenguaje, en un principio se llaman Los intraducibles,porque se adentran en el castellano,que es la herramienta que uno usa y se deja explorar a fondo. Siempre creo que no voy a escribir nunca más otra novela porque es un esfuerzo enorme, y como viajo mucho hay muchas interrupciones, pero tarde o temprano vuelvo a caer en esa trampa maravillosa y me enredo en esos mundos de la ficción tan exigentes como son las novelas.Para mí el cuento es el género favorito,es el más puro dentro de la prosa.

¿Los personajes del cuento te dan más posibilidades de comunicarte con ellos,no te exigen tanto como en la novela?

No,todo lo contrario,exigen muchísimo,porque tienes que tener una precisión y una concisión matemática.Una de las cosas que le encontré a este concurso es que muchos creyeron que tenían que mandar veinte páginas para poder concursar,pues si tenían menos carecían de valor. Yo creo que igual valor tiene un cuento de tres líneas. Un cuento de cinco cuartillas perfecto puede ser mejor que uno más extenso y no se anda por las ramas.Hay que ser muy preciso para escribir un cuento largo sin que se te convierta en una pequeña novela,que permite más divagaciones.

Lo ficcional te apasiona, según confiesas en tu libro Peligrosas palabras,y prefieres sólo acercarte a la realidad de soslayo…

Inventar es lo mejor que tenemos,la posibilidad de aventura real de la creación. Creo que es importante, igualmente, lo no dicho para el cuento,que tiene tanto peso como lo escrito,todo lo que está subyacente, que es el metamensaje,el metatexto tan valioso;y ahí está la belleza. En las novelas todo va a estar dicho. Comentábamos en el jurado lo difícil que es lograr un buen diálogo dentro del cuento,pues debe ser absolutamente puntual y ajustarse sin digresiones al tema,sin una palabra de más.Uno nunca puede diluirse,eso es un gran desafío y una de las grandes fascinaciones del cuento.

Como profesora o conferencista has utilizado el cuento como una herramienta para despertar conciencias sobre temas de la sociedad contemporánea. ¿Qué satisfacciones o problemas te ha dejado eso?

Aunque tampoco me veo como profesora, sí he dictado talleres y cursos,y para ello la herramienta que más me gusta es el microrrelato, porque es muy fácil provocar con él otros cambios o al menos despertar intereses.Es muy difícil de hacer pero a la vez muy estimulante, así uno le demuestra al posible escritor cómo uno genera artefactos para pensar, pequeños mecanismos que generan infinidad de ideas,y a partir de esas pocas palabras uno imagina un más allá de las palabras dichas. Esto es muy cortazariano.Uno lee un cuento breve de Cortázar y te genera un montón de ideas. También existen muchos experimentadores gratuitos e imitadores, en este concurso por suerte no los encontramos, hubieran sido una trampa nefasta. Cada autor,al menos de los finalistas,tiene voz propia.

Pienso que,en el caso de los escritores cubanos,los talleres literarios han tenido una buena influencia.

Lo importante en una persona que vaya a impartir un taller,es estimular la capacidad de cada uno,y despertar lo que ellos están diciendo a pesar de sí mismos.A veces uno dice algo y se da cuenta de lo que está subyacente; entonces debe demostrarle eso e indicarle cómo poder sacar todo su brillo,toda la riqueza,sin por eso develar el secreto.No el de la técnica,porque no creo que exista una;porque en el momento en que haya una técnica,el cuento se arruinó,la obra de arte desaparece. Esta tiene que ser totalmente espontánea,es como trabajar alrededor del núcleo de un saber desconocido…

Muchos escritores y artistas han puesto mar de por medio para descubrirse,para visualizar su ciudad,su mundo.Tú has radicado en otros países por largos períodos y casi toda tu obra está en conexión con Argentina,en especial con Buenos Aires.¿Esa añoranza es la que te ha hecho descubrirlo o construirlo?

Claro,creo que es eso.Tengo también una novela sobre Nueva York y ahora están reeditando otra que transcurre en Barcelona.Los bajos fondos son lo que a mí me atrae.La ciudad tiene tanto que ver,tanta resonancia con lo que es el alma humana, lo que es el cerebro humano. Entonces,hay esas zonas vistosas externas, radiantes y hay esas zonas oscuras que son interesantes para inspeccionar,para ver qué se esconde allí.Eso es lo que me gusta de las ciudades, donde incursiono física pero también mentalmente,porque también las vas creando desde un lugar de la emoción que muchas veces acierta con la realidad,de hecho si estás creando y te dejas llevar por el hilo narrativo,puede que aciertes en los secretos invisibles de las cosas y los lugares.

A tu arribo a Cuba,te viste envuelta en una mesa sobre el problema de la literatura de género,en particular de la presencia de la voz literaria femenina.¿Te visualizas como parte de esa problemática o has tenido que travestirte para lograr algunos de tus propósitos literarios?

Bueno,nos travestimos todos.Esa es la gracia,el disfraz es parte de lo absolutamente vital de la literatura en general.Las máscaras para mí son algo con lo cual convivo físicamente, me encantan.Yo creo que más allá de la voz de mujer u hombre,hay un manejo del lenguaje que tiene que ver con aquello que es la construcción a la que uno ha sido sometido desde pequeño.Te han enseñado de chica palabras distintas y,saliéndonos de ese entorno es que podemos valorizar y explotar lo más posible.Tengo una teoría medio loca,pero como teoría es más divertida que aquellas sobrias y serias que ya entrarían en la critica literaria, y dejaría de ser una escritora de ficción.Creo que las mujeres tuvimos prohibidos los bajos fondos del lenguaje y, como nos fueron vedados, los vemos como lo que no puede ser dicho,los conocemos así. Entonces, como tenemos lo que no puede ser dicho, cuando lo vamos a decir le damos otra cara y le conocemos zonas más pantanosas. Aunque no es necesariamente siempre así,sí creo que son distintos los abordajes de los escritores y las escritoras,dentro de ese hecho que es poner una palabra detrás de la otra,el cómo construir la frase.

Hay una tendencia de querer igualar a unos y a otros,y ahí está el error.Hay que aprender a escuchar…

Cuando uno iguala,uno se acerca al canon;y en nuestro caso lo canónico es el hombre,por nuestra estructura social patriarcal.Hay que tratar de reducir estas acciones,pero tampoco se trata de hablar de las cosas viscerales o anatómicas,como quieren las feministas francesas.Hay que mostrar esa otra manera de carga que se le da al leguaje,no desde una actitud voluntariosa,yo no creo en el voluntarismo,en el mandato,en el mensaje en la literatura. Creo que hay que permitirle una espontaneidad y una libertad interior a la creación que también es muy difícil,porque suele dar miedo.Hay que hacer acopio de valentía para entrar a esas zonas especiales.Hay una frase que a mí encanta de George Steiner que dice: "quien visite los lúgubres lugares nunca puede volver a ser el mismo".Creo que si no visitas los lúgubres lugares no tienes acceso a una forma distinta de conocimiento.A las mujeres nos tenían prohibidos los lúgubres lugares,por eso los podemos exponer de otra manera.

¿Por último, ya Luisa llegó a su lugar ideal, va a descansar de tanto camino?

Llegar a un lugar para descansar es morirse.Hay que descansar de a ratos, recargar las pilas, aunque yo las recargo mejor viajando. Encontré un lugar donde más o menos puedo armarme un mundo que me hace innecesario salir corriendo a buscar algo externo. Aunque esto puede ser completamente pasajero. Si mañana me sacan de ahí y me ponen en otro lugar,vaya usted a saber.Por eso el alma gitana sigue vigente en mí.Si no viajo físicamente,lo hago interiormente. De hecho, tengo una extensa biblioteca de máscaras y rituales que casi nunca puedo sentarme a consultar a fondo, los voy acumulando para el momento en que no quiera seguir moviéndome y entonces voy a desplazarme por esas lecturas.