La historia en la literatura infantil latinoamericana

Luis Cabrera Delgado



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El surgimiento de la literatura infantil en el panorama del mundo occidental coincide en América Latina con el proceso de independencia y liberación política que se ha ido desarrollando desde finales del siglo XVIII en sus colonias y con el surgimiento de la burguesía, educada en Europa y propietaria de una gran parte de los recursos naturales del país, quienes saben que la verdadera independencia de un pueblo no está en la posibilidad de ejercer el gobierno, sino en su capacidad para moldear la conciencia de sus ciudadanos. Es por ello que en ese momento se reconoce la importancia del niño como ente potencial para el destino ulterior del país. No es raro entonces que entre los primeros libros de cada país del continente, en los que la literatura del momento tiene un carácter utilitario en función de la formación ideológica de sus lectores, generalmente aparezcan los temas históricos, las biografías de caudillos independentistas, las anécdotas patrióticas y la épica libertaria como una manera para la formación y/o reafirmación de la identificación nacional en los niños.

Baste mencionar a manera de ejemplo los bien elocuentes títulos Diálogos patrióticos, del argentino Bartolomé Hidalgo; La leyenda Patria (Imprenta La Reforma, Montevideo, 1878), libro de poesía de Juan Zorrilla de San Martín; Compendio de historia argentina al alcance de los niños (Casa Valle, Buenos Aires, 1880), de Juan María Gutiérrez; Romancero colombiano en honor a Simón Bolívar, de autores varios; Cuentos patrióticos y episodios históricos, del argentino Varela Oro; y Enriquillo, del dominicano Manuel de Jesús Galván, que relata la rebelión de un indio contra los colonizadores españoles.

De esta época es también Vida de Dominguito (1866), del argentino Domingo Faustino Sarmiento, texto motivado por la muerte de un hijo suyo en la guerra de Paraguay que ha sido calificado como un libro “emotivo y tierno, de emociones viriles y de corte patriótico”.

No creo equivocarme si afirmo que si bien en la primera mitad del siglo XX no se siguió insistiendo en el tema histórico en los libros para niños y jóvenes, es a partir de los años sesenta, dadas la profusión y vertiginosidad con que se comienzan a producir hechos trascendentales en la vida política de muchos de nuestros países, que se retoma la historia como tema de interés literario, y este vuelve a aparecer con frecuencia en la literatura infanto-juvenil.

Destaca Canek (Gente Nueva, La Habana, 1973), de Emilio Abreu Gómez, libro que con una prosa poética toma como referencia acontecimientos ocurridos en México durante la etapa colonial que culminan con el proceso judicial a que fue sometido su protagonista en 1761, un indio que se sublevó contra el gobierno español.

La brasileña Sonia Robatto escribe Pé de guerra: memórias de uma menina na guerra da Bahía (Best Seller, Río de Janeiro, 1988), una historia que se desarrolla en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial. Su trama cuenta de una niña de siete años que es vecina y amiga de un hijo de alemanes, y que ve las hostilidades cotidianas que sufre esta familia, la que al final se ve obligada a mudarse al sur por la presión del vecindario y de las autoridades. La niña conoce los acontecimientos de la guerra por los comentarios de sus padres y se enfrenta al dilema ético de querer o no a su amigo extranjero.

La literatura infantil cubana producida después del triunfo de la Revolución ha sido rica en títulos vinculados con la historia –aunque no siempre con la mejor calidad estética– y autores que han trabajado está temática, entre ellos destaca Renée Méndez Capote, una escritora que, a partir de su clásico Memorias de una cubanita que nació con el siglo (Universidad Central, 1963), texto en que recrea la situación política y social de la Cuba de inicio del siglo XX, acudió con mucha frecuencia a la historia colonial de la mayor de las Antillas y de sus luchas independentistas para desarrollar las tramas de sus libros. En este sentido podemos nombrar Un héroe de once años (Gente Nueva, 1968) y Dos niños en la Cuba colonial (Editorial Juvenil, 1966).

Olga Fernández Valdés, otra autora cubana aficionada a los temas históricos, en Dos días con el General Antonio (Gente Nueva, 1981), libro galardonado con el Premio La Edad de Oro en 1980, recrea a través de las vivencias de un niño, un pasaje muy especial de la Guerra de Independencia: cuando el General Antonio Maceo completa la invasión de la isla hasta el extremo occidental.

En La vieja que vuela, (Gente Nueva, 1990), el cubano Froilán Escobar nos lleva al escenario y los acontecimientos de la guerra de guerrilla de la Revolución que precedió al triunfo del 1 de enero. También Celia nuestra y de las flores (Gente Nueva, 1985), de Julio M. Llanes, a través de la evocación a una de las guerrilleras participante en esa contienda, se refiere a esta etapa de la lucha en la isla.

En Nosotros los felices (Casa de las Américas, 1978), libro Premio Casa de las Américas 1978, su autor, Omar González hace un recorrido por varios momentos de la historia de Cuba, primero, y a través de los relatos de un abuelo, a momentos de la Guerra de Independencia, y posteriormente en las experiencias vividas por el propio protagonista, vamos a conocer momentos del triunfo de la Revolución, de la Campaña de Alfabetización, de los primeros becados en La Habana y de la preparación militar que recibían los jóvenes para la defensa del país.

De más reciente aparición, y volviendo al ámbito continental, cito el libro de la escritora brasileña Ana María Machado Barquinho de papel (Ática, Sâo Paulo, 1996), donde aparece el cuento “Maria Sapeba”, en el que se narra acerca de la vida de los aborígenes brasileños a la llegada, en 1500, de barcos portugueses, del contacto que se establece entre los padre jesuitas y los nativos, y del modo que estos se relacionan con la naturaleza.

Ixtlahuamilli, de la mexicana María Teresa Domínguez Pacheco, ganador del Premio Barco de Vapor 2009, de México, que ubica su acción el imperio azteca prehispánico y que permite al joven lector acercarse a esa época histórica, a través de una trama de ficción.

En la serie La saga de los confines, la argentina Liliana Bodoc vuelve, con el vigor de una nueva épica, al descubrimiento y conquista de América.

María contra viento y marea (Fondo de Cultura Económica, México, 1994), de la mexicana Magolo Cárdenas, es una novela que narra la historia de una mujer española que participó en la conquista de México. También de esta autora, ya anteriormente había aparecido Celestino en el tren (Navaro, México, 1983) que muestra las peripecias de un niño durante la guerra de Independencia de ese país.

El son del África (Fondo de Cultura Económica, México, 1993), del argentino Sergio Bizzio, es una novela de aventura enmarcada en la época de la trata de esclavos y muestra las condiciones socio-políticas en que se desarrolla la esclavitud en Brasil.

La ecuatoriana Edna Iturralde en su libro J. R. Machete (Alfaguara, Quito, 2003) fusiona la ficción con importantes pasajes de la historia republicana de Ecuador, vinculada con la Revolución Liberal, y nos sitúa a finales del siglo XIX, específicamente en 1884, año en que la autora determina como punto de partida para el comienzo de su narración y que culmina en el encuentro del muchacho protagonista con el general Eloy Alfaro.

Paso a paso. Vuelve, papá (Panamericana Editorial, Bogotá, 1995), de la colombiana Irene Vasco, es un libro donde se aborda el trágico fenómeno de los secuestros de familiares por parte de los paramilitares de su país.

El libro del chileno Roberto Skarmeta, La composición (Ekaré, Caracas, 1998) desarrolla una anécdota en época del gobierno militar en Chile en la que se denuncia los métodos de inteligencia usados por la policía para descubrir a los conspiradores contra el régimen. Este libro fue premio en el Concurso Por la Tolerancia 2002, de la UNESCO, en Francia.

Por su parte, la uruguaya Carolina Trujillo Piriz, en su libro De exilio, maremotos y lechuzas (Colihue, Buenos Aires, 1993), con el que obtuvo el Primer Premio en el Concurso Colihue de Novela Juvenil 1990, nos relata una historia personal ocurrida durante el gobierno militar en su país en que su padre fue preso y, ella siendo una niña, tiene que salir exiliada a Europa acompañando a su madre.

Otros ejemplos de esta temática lo son las novelas El desertor (Editorial Quipu, Buenos Aires, 2000), de Macerlo Eckardt, que evoca la Guerra de Las Malvinas, denunciando lo absurdo e irracional de tal contienda bélica; y Las palomas mensajeras (Editorial Gente Común, La Paz, 2009), de la escritora argentina radicada en Bolivia, Silvia Álvarez, que nos lleva a la época de la dictadura argentina y aborda la situación de una niña que se queda al cuidado de los abuelos cuando sus padres deben salir exiliados a Europa.

Según Hugo Niño(1) la diferencia entre el discurso historiográfico, la historia y lo ficcional, sería una diferencia gradual, pues lo determinante es la forma como estas disciplinas se correlacionan, y afirma que la verdad histórica ya no se puede separar hoy de la pregunta por las formas narrativas a través de las cuales se la constituye y comunica. Queda, entonces, también la literatura infanto-juvenil latinoamericana a disposición de los estudiosos del tema.

(1) H. Niño, El etnotexto: las voces del asombro, Casa de las Américas, La Habana, 2008, p. 237.

Continua...