Despedida
Diana Fernández Fernández
(La Habana
1956) es traductora e intérprete de ruso y profesora
de esa lengua. Es editora, actualmente
especialista de la Editorial Electrónica
Cubaliteraria. Ha publicado los libros de cuentos
Todas las mujeres de Dios, Compañía urbana
en la noche, y la antología de autores cubanos
La isla novelada.
Sentada a la mesa, contempla el café con crema servido
frente a ella. No debes tomar leche, le dijo el médico. Pero
tiene ganas. Los camareros le ofrecen café todo el tiempo.
Viene el primero, lo ofrece y se va; luego el segundo lo ofrece
y se va, cafetera en mano. En ese país todo el mundo le ofrece
café, grandes tazas de café descafeinado y aguado. Extraña el
café cubano aunque le da gastritis. ¿Otro poco de café, pregunta
el camarero-poeta? (Hoy está de turno el camareropoeta). No, gracias, responde ella con una tímida sonrisa. No
han subido los demás.Madrugó demasiado y le pesan la soledad
y el frío en la terraza del restaurante.
Una mirada sobre el muro hacia la plaza vacía, le constata el
final del viaje. Los finales siempre son tristes. Hace sólo dos
días sentía pertenecer allí, iba y venía con alegría de un lado a
otro hablando con todos.Mañana estará en su casa, en su vida
cotidiana. La mirada ahora se extiende hasta más allá de la
plaza, de la catedral, del museo, alcanza la cordillera. Hoy el
smog se ha disipado,hay viento y se perfilan claras las montañas.
Toma la cámara de la mesa y saca algunas fotos a los lejanos
cerros, luego a la catedral, a la plaza vacía ocupada solo por palomas
y hippies.
El camarero-poeta intuye la soledad de la mujer y se acerca.
Ya mañana se van, asevera-pregunta. Sí, responde ella. Hoy a
mediodía viene el del pajarito, no te vayas sin verlo. Ese pajarito
saca papelitos que dicen verdades. Asegura risueño el
camarero-poeta ¿En tu tierra hay pajaritos saca-papeles? Ella
no recuerda haber visto nunca a un animador con un pajarito
saca-papeles que baila "La Bamba", se quita el sombrero, hace
reverencias y saca papelitos con "tremendas verdades".No,no
he visto y además no creo en eso, poeta, le responde. No te
preocupes. Se toma otro sorbo de café claro con crema y respira
profundo. Sin mirar al camarero-poeta, que continúa de
pie, le pregunta si viajará alguna vez a Cuba. Pues sí que me
gustaría, sólo que no sabría cuándo. Lo más pronto me voy a
Estados Unidos a trabajar con mi hermano, así que no creo
que vaya a Cuba por el momento. ¿Tus amigos duermen? No,
en sus cuartos no están. ¿Hoy no fumas? No, responde ella.
El camarero-poeta alza la mirada y desaparece en silencio
llevándose el cenicero vacío: el jefe de salón se acerca.
¿Pero qué hace una mujer tan guapa y tan sola a estas horas
tempranas? ¿Te acompaño un ratito? Todos la tutean en el
hotel, se ha ganado el tuteo en tantos días y eso la hace sentir
en familia. Por supuesto. ¿Pero qué te pasa? ¿Otro cafecito?
No, gracias.Mire, para que no se me entristezca. Ella extiende
la mano y toma el plato con dulces que le brinda el hombre.
Gracias. Se sirve un dulce para no hacer el desaire.Tantos días
y no conoce el nombre del capitán de salón. Le da vergüenza
preguntarle a estas alturas. ¿Tan poquito come hoy? Ándele y
aliméntese más. En tu país van a decir que aquí te matamos de
hambre.Sonríe ante el uso indistinto del tuteo y el trato respetuoso.
¿A ver, tan mal la hemos tratado? Ella niega con la cabeza.
Ya tiene ganas de estar en su casa, terminar
de una vez. Todos se están despidiendo sin
darse cuenta y a ella la matan las despedidas.
¿Quieres un cigarrillo? No, gracias. ¡Ah, claro, son suavecitos!
¡No sé cómo pueden ustedes fumar esos cigarrillos tan fuertes
como los que me diste el otro día! El capitán le mira la mano
extendida. ¿Me permites? Le toma la mano y ella se deja.
Manos de escritora, dice. Ella retira la mano con delicadeza.
El capitán no ha dejado de atenderla cada día con mil
halagos: un botecito de Tabasco, una tabla de ajonjolí,
unos dulces especiales. Los amigos le hacen bromas. Y ella
ni sabe el nombre del capitán.
El hotel se está vaciando. Vuelven los manifestantes. Si nos
agarra otro rato como el último, antes de venir ustedes, estamos
quebrados, dice el capitán-atento-sin
nombre, y echa una mirada recelosa a la plaza
donde ondea la bandera.Vuelve la cabeza y se
aparta con una casi imperceptible inclinación.
Nos vemos, más luego, dice: llegan los amigos
de la cubana. Él les da la bienvenida con frases
cordiales y se marcha.
Los cinco bulliciosos arrastran las sillas de
hierro sobre las baldosas de la terraza.
Reanudan sus bromas a la mujer que desayuna
solitaria, es su saludo. Se sientan.
Estuvieron buscando cigarrillos fuertes sin
resultado. Quieren regresar ya a su país. Les
queda todavía un día muerto por delante.
Alguien dice que está mal del estómago por
el picante. Se sirven desayunos abundantes,
se levantan, se sientan, comen, se vuelven a
levantar y se vuelven a sentar a comer con
apetito el próximo plato. Le responden al
camarero-poeta que viene diez veces a ofrecer
el café, que más tarde, más tarde, cuando
terminen el desayuno. El camarero-poeta no
entiende a los cubanos. La mujer ya no siente
frío. Su cuerpo se ha calentado con la conversación
y la alegría de los amigos. Este es el primer
viaje al extranjero que he hecho en
muchos años, dice de pronto. Sus amigos la miran y continúan
comiendo. Ella levanta la mirada y sorprende al
capitán manoteando a lo lejos.Una seña de que luego pase a
su oficina y un pequeño envoltorio como explicación. La
mujer sonríe y asiente varias veces con la cabeza.
¡Hoy las montañas se ven!, exclama con admiración uno de
los amigos.Me tienes que pasar tus fotos por correo, porque
seguro que sacaste fotos, es con ella que habla. Claro. Ella no
ha desperdiciado ningún instante importante. Se remueve
inquieta. Nos queda un día entero por delante, todavía, repite
otro.
Cuando termina el desayuno los seis se quedan fumando,
mirándose a través del humo, diciendo frases aburridas que
intentan ser simpáticas. ¿Alguno de ustedes trajo preservativos?
Se ríen sin muchas ganas. Hoy suena a broma, repetida,
pero a broma. Cuando al segundo día de haber llegado
alguien hizo la pregunta en el almuerzo, todos quedaron sin
palabras. Ya ninguno está allí, espiritualmente no. En el salón
se escucha la música de moda de una orquesta cubana. La
mujer se estremece.Todos simulan no escuchar.
Hoy estás muy linda "güerita", le dice uno de los amigos
remedando a los mexicanos. Ella ríe triste. No me jodan.Llama
al camarero-poeta y le pide otro café con crema. El camareropoeta
la mira asombrado y le sirve con prisas. Unas gotas
manchan el mantel y ella hace una seña de que no tiene
importancia. Bebe su café con crema entre cigarro y cigarro y
sonríe a los demás.
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