El Maestro y Margarita
Mijaíl Bulgákov
Considerada una de las novelas más importantes de la literatura rusa, El Maestro y Margarita está intrínsecamente unida al destino de su autor como outsider de la literatura
soviética y víctima de la censura estalinista. La primera versión, terminada en 1929, fue quemada por el propio Mijaíl Bulgákov (Kiev, 1891 - Moscú, 1940) y luego vuelta a
escribir de memoria.Pero no fue hasta 1966, más de un cuarto de siglo después de su muerte, que la novela vio la luz.
Bulgákov estudió y ejerció la medicina por corto tiempo hasta que se trasladó a Moscú en 1921 para dedicarse en exclusiva a la literatura. En la década del veinte alcanzó
fama como autor teatral y colaboró con importantes dramaturgos como Konstantin Stanislavsky. Su oposición al régimen estalinista le valió el silenciamiento de su obra
durante los años siguientes.Publicada por la Editorial Arte y Literatura, El Maestro y Margarita se presentará durante la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana,
que tendrá a Rusia como país invitado de honor.Reproducimos un fragmento.
En los Estanques del Patriarca,a la hora más calurosa
de un atardecer primaveral, aparecieron dos ciudadanos.
Uno de ellos,pequeño, rollizo, calvo,de unos
cuarenta años y cabellos oscuros,vestía un veraniego
traje gris. En el rostro, bien afeitado, lucía unos
espejuelos fuera de medida con armadura de cuerno
negro y en la mano sostenía, como si fuera un
panecillo,un sombrero de buena calidad.El otro,un joven desgreñado,
pelirrojo, ancho de hombros, con una gorra a cuadros puesta
hacia atrás,llevaba camisa de vaquero,un arrugado pantalón blanco
y calzaba zapatillas negras.
El primero de ellos era nada menos que Mijaíl Alexándrovich
Berlioz, editor de una voluminosa revista literaria y presidente de la
directiva de una de las más importantes asociaciones literarias de
Moscú, conocida por sus siglas:Massolit y lo acompañaba el joven
poeta Iván Nikoláyevich Ponirev que escribía bajo el seudónimo de
"Desamparado".
Al llegar a la sombra de unos tilos que apenas comenzaban a florecer,
lo primero que hicieron los escritores fue abalanzarse hacia una
caseta pintada abigarradamente en la que se leía: "Cervezas y
refrescos".
Ahora es necesario señalar el primer hecho raro de aquel siniestro
atardecer de mayo.No sólo en la caseta,sino en toda la alameda paralela
a la calle Málaya Brónnaya no se veía a nadie.
En esa hora,cuando parecía que no alcanzaba la fuerza para respirar
y el sol,después de haber sofocado a Moscú,provocaba un vaho
seco más allá de la avenida Sadóvaya, nadie caminaba bajo los tilos,
nadie se sentaba en un banco y la alameda se hallaba desierta.
–Deme agua mineral –pidió Berlioz.
–Agua mineral no hay –respondió la mujer de la caseta, como si
estuviera ofendida por alguna razón.
–¿Y cerveza? –preguntó Desamparado con voz ronca.
–La traen por la noche –dijo la mujer.
–¿Y qué hay? –preguntó Berlioz.
–Refresco de albaricoque,pero no está frío –dijo la mujer.
–Bueno,démelo,démelo,démelo.
El refresco de albaricoque produjo una abundante espuma amarilla
y el aire olió a peluquería.Después de beber, los literatos tuvieron
hipo y, pagando, se sentaron en un banco de cara al estanque y de
espaldas a la calle.
Entonces se produjo la segunda rareza, esta vez sólo relacionada
con Berlioz.De repente, dejó de tener hipo, se le aceleró el corazón
que, por un segundo, pareció desaparecer y después volvió, pero
como si en él le hubieran clavado una aguja sin punta. Al mismo
tiempo,y sin motivo,tuvo un pánico tan fuerte que,hubiese querido
escapar inmediatamente de aquel lugar.
Pálido, azorado, sin comprender lo que le había asustado, Berlioz
miró a su alrededor, se secó la frente con el pañuelo y pensó: "¿Qué
me pasa? Nunca me ha sucedido nada así...el corazón se me desboca...
estoy sobreagotado. Ya es hora de mandarlo todo al Diablo e
irme a Kislovodsk".
El aire abrasador se espesó delante de él y de ese mismo aire surgió
un ciudadano transparente de extraño tipo, con una gorrita de
jockey en su pequeña cabeza y una ridícula chaqueta a cuadros también
transparente. Era alto, increíblemente delgado, de hombros
estrechos, con una pinta, y esto ruego que lo tomen en cuenta,
burlona
La vida de Berlioz había transcurrido de una manera tal que él no
estaba acostumbrado a las apariciones raras.Palideciendo aún más,
los ojos desorbitados,horrorizado,se dijo:"Es imposible".
Sin embargo,era posible y el largo ciudadano, a través del cual se
podía ver,comenzó a balancearse delante de él,sin poner los pies en
la tierra.
El terror dominó a Berlioz a tal punto que cerró los ojos.Cuando los
volvió a abrir vio que todo había terminado, la neblina se había disipado,
el hombre a cuadros había desaparecido y la aguja sin punta
salió del corazón.
–Caramba, Diablos –exclamó–. Sabes, Iván, ahora mismo casi me
desmayo por el calor. Incluso he tenido algo así como una alucinación
–Berlioz trató de sonreír,pero en los ojos aún le brillaba el miedo
y las manos le temblaban.Sin embargo,poco a poco, se tranquilizó,
se abanicó con el pañuelo y diciendo con voz bastante animada–:
Bueno,como te decía...–prosiguió su charla,interrumpida al tomar el
refresco de albaricoque.
Como posteriormente se supo,aquella charla era sobre Jesucristo.
El asunto es que Berlioz le había encargado al poeta un gran poema
antirreligioso para el próximo número de la revista.Iván Nikoláyevich
lo escribió en un breve plazo,pero,desgraciadamente,a Berlioz no le
gustó en lo más mínimo.Al principal personaje de la obra, es decir,a
Jesús,Desamparado lo representaba con un matiz muy negro y, sin
embargo, según Berlioz, era necesario rescribir todo el poema.
Precisamente,en ese momento,este le daba al poeta una especie de
conferencia sobre Jesús,con el fin de resaltar sus principales errores.
Es difícil decir qué había motivado a Iván Nikoláyevich, si la fuerza
de su talento o el total desconocimiento del tema tratado, pero su
Jesús era muy real y caracterizado por sus rasgos negativos.
Berlioz quería demostrarle que lo importante no era si Jesús fue
bueno o malo,sino que Jesús,como tal,como persona,nunca existió
y todos los relatos sobre él no pasaban de ser más que simples invenciones,
un puro mito
Es necesario señalar que Berlioz era un hombre leído y en su conversación
citaba con habilidad a los antiguos historiadores, como el
reconocido Filón de Alejandría y el gran conocedor Flavio Josefo,que
nunca dijeron una palabra sobre la existencia de Jesús. Entre otras
cosas, demostrando una sólida erudición, Mijaíl Alexándrovich le
explicó al poeta que la referencia a la ejecución de Jesús presente en
el capítulo 44 del libro 15 de la famosa obra de Tácito, Los anales, no
era más que una interpolación muy posterior en el libro.
El poeta,para quien todo lo que le decía Berlioz era una novedad,
escuchaba con atención,sin apartar de él la mirada de sus vivos ojos
verdes, y sólo, a veces, hipaba por lo que maldecía, por lo bajo, al
refresco de albaricoque.
-No hay una sola religión oriental –decía Berlioz– en la que, como
regla,una virgen no haya traído al mundo a un dios.Los cristianos no
inventaron nada nuevo y de la misma manera crearon a su Jesús
quien,en realidad,nunca existió.Eso es lo que hay que subrayar.
La voz de tenor de Berlioz se difundía por la desierta alameda y a
medida que profundizaba en el tema,lo cual sólo lo puede hacer una
persona muy culta sin riesgo de quedar en ridículo, el poeta supo
más y más cosas útiles e interesantes, sobre el egipcio Osiris, el bondadoso
dios hijo del Cielo y la Tierra; sobre el dios fenicio Famus;
sobre Marduc e incluso sobre el menos conocido y terrible dios
Huitzilopochtli,muy venerado alguna vez por los aztecas en México.
Y he aquí que mientras Mijaíl Alexándrovich le contaba al poeta
cómo los aztecas modelaban de la masa del pan la figura de
Huitzilopochtli,en el bulevar apareció el primer hombre.
Posteriormente,cuando,y hablando francamente,fue tarde,varias
instituciones presentaron sus informes con la descripción de este
sujeto.La comparación entre ellos no puede dejar de provocar asombro.
Así, en el primero de los informes, se decía que era de pequeña
estatura, con dientes de oro y cojeaba de la pierna derecha. En el
segundo,que era altísimo, que en los dientes tenía coronas de platino
y que cojeaba de la pierna izquierda. El tercero notificaba lacónicamente
que no presentaba ninguna seña particular.
Debemos reconocer que ninguno de esos informes servía para nada.
Antes de todo,no cojeaba de ninguna pierna y su estatura no era
ni pequeña ni enorme, simplemente alto. En lo que se refiere a los
dientes,a la izquierda llevaba una corona de plata y en la derecha otra
de oro. Vestía un costoso traje gris y unos zapatos extranjeros del
mismo color.Una boina,también gris,le caía sobre la oreja con rebuscado
desaliño y bajo el brazo llevaba un bastón negro con empuñadora
en forma de cabeza de perro.Aparentaba unos cuarenta y tantos
años.Bien afeitado,moreno. La boca algo torcida. El ojo derecho
negro,el izquierdo,por alguna causa,verde,las cejas negras,pero una
más alta que la otra.En una palabra,extranjero.
Al pasar junto al banco en el que estaban Berlioz y el poeta, el
extranjero los miró de reojo, se detuvo y, de repente, se sentó en un
banco cercano a dos pasos de los amigos.
"Alemán",pensó Berlioz.
"Inglés",se dijo Desamparado."Caramba,¿no le darán calor esos guantes?"
El extranjero le echó una ojeada a las altas casas que, en forma de
rectángulo, rodeaban el estanque y se notaba que veía aquel lugar
por primera vez y le interesaba.
Su mirada se detuvo en los pisos altos, donde los rayos quebradizos
de un sol que,reflejado cegadoramente en los cristales,huía para
siempre de Mijaíl Alexándrovich, después fue hacia abajo, hacia los
cristales que comenzaban a oscurecer por el inicio de la noche.
Entonces sonrió con indulgencia, entornó los ojos,apoyó las manos
en la empuñadura del bastón y la barbilla en las manos.
–Tú,Iván –dijo Berlioz–,has trazado muy bien y satíricamente,digamos,
el nacimiento de Jesús,hijo de Dios,pero el asunto es que,antes
de Jesús, nació toda una serie de hijos de Dios,por ejemplo,Adonis,
el ateniense;Attis,el frigio;Mitra,el persa.En pocas palabras,ninguno
nació ni existió,entre ellos Jesús.Sería indispensable que tú,en lugar
del nacimiento o,digamos,la llegada de los Reyes Magos,destacaras
lo absurdo de los rumores sobre ese suceso.En cambio,por tu relato,
resulta que Jesús nació verdaderamente.
En ese momento,Desamparado, conteniendo la respiración, hizo
un esfuerzo por acabar con su molesto hipo, pero sólo logró que se
hiciera más fuerte y atormentador.Al mismo tiempo,Berlioz dejó de
hablar porque el extranjero se había puesto de pie inesperadamente
y se dirigía hacia ellos,que lo miraron asombrados.
–Discúlpenme,por favor –dijo con acento extranjero,pero no desfigurando
las palabras– que yo,sin haber sido presentado,me permita
el atrevimiento...,pero el tema de vuestra docta conversación es a
tal punto interesante que...
Aquí se quitó educadamente la boina y los amigos no tuvieron
más remedio que ponerse de pie y hacer una leve inclinación.
"Más bien francés",pensó Berlioz.
"¿Polaco?",se preguntó Desamparado.
Es necesario agregar que desde sus primeras palabras,el extranjero
produjo una mala impresión en el poeta,mientras que a Berlioz le
agradó, es decir, no es que le agradara sino...cómo decirlo,más bien
le interesó.
–¿Me permiten tomar asiento? –preguntó cortésmente el extranjero
y los amigos,aunque un poco incómodos, le hicieron sitio. Él se
sentó entre los dos y enseguida tomó parte en la conversación.
–Si no he oído mal, ¿usted se permitía decir que Jesús no existió?
–preguntó,mirando a Berlioz con su ojo izquierdo verde.
–No,no escuchó mal –respondió Berlioz–,eso dije precisamente.
–¡Oh!,qué interesante –exclamó el extranjero.
"¿Qué diablos le importa?",pensó Desamparado y frunció el entrecejo.
–¿Y está usted de acuerdo con su interlocutor? –preguntó el desconocido,
volviéndose a la derecha,hacia Desamparado.
–Indubitablemente –respondió el poeta a quien le gustaba expresarse
de forma afectada y metafórica.
–Sorprendente –exclamó el entrometido desconocido que, por
alguna razón,miró furtivamente en derredor,y dijo en voz baja–:perdonen
mi insistencia, pero, según he comprendido, y además de
todo, ¿ustedes, incluso, no creen en Dios? –lo anterior lo preguntó
con ojos azorados y agregó–:Les juro que a nadie se lo diré.
–No,no creemos en Dios –contestó Berlioz,casi sonriendo al ver el
susto del desconocido-,pero esto es algo de lo cual se puede hablar
con total libertad.
El extranjero se recostó en el banco y con voz entrecortada por la
curiosidad preguntó:
–¿Ustedes son ateos?
–Sí, sí, lo somos –respondió Berlioz ahora sonriendo, y
Desamparado,malhumorado, se dijo: "Qué pajarraco extranjero nos
ha caído".
–Ah,qué maravilla –gritó el increíble hombre y, girando la cabeza,
miró a uno y a otro de los literatos.
–En nuestro país el ateismo no sorprende a nadie –explicó Berlioz,con
educación y diplomacia–,la mayoría de nuestra población hace tiempo
que conscientemente dejó de creer en los cuentos sobre Dios.
Aquí, el extranjero hizo lo siguiente: se puso de pie, le estrechó la
mano al sorprendido Berlioz y pronunció estas palabras
:
–Permítanme agradecerles de todo corazón.
–Pero, ¿por qué nos agradece? –preguntó Desamparado desconcertado.
Continua... |