Los habaneros de Jorge Ángel Pérez
Marilyn Bobes
Como una novela cuyos protagonistas conforman
pequeñas sumas en la totalidad de un
macrorrelato, pudiera definirse el libro En La
Habana no son tan elegantes con el que Jorge
Ángel Pérez mereciera el Premio Alejo
Carpentier de cuento correspondiente a 2009.
Y es en esta tensión entre las partes y el todo
donde este volumen alcanza su virtuosismo
narrativo cuando consigue reducir a independientes
unidades cerradas lo que realmente
constituye una especie de sinfonía habanera,
con sus variaciones tanto temáticas como formales
y una galería de personajes inolvidables
cuya sordidez no impide la compasión ni el
comprometimiento con una realidad, quizás
hiperbolizada,pero siempre verosímil gracias al
sorprendente oficio del autor.
En términos de lenguaje, Jorge Ángel
Pérez se nos muestra aquí como un escritor
de raza: exuberante y a medio camino entre
el barroco y el realismo sucio, sorprende la
facilidad con que es capaz de conducirnos
desde la más alta cultura hasta la utilización
de los giros más obscenos, sin que se quebrante
el peculiar estilo de alguien que se
regodea en las palabras hasta el punto de
que ellas resultan tan protagónicas como los
personajes a los que visten y desnudan con
fluidez y desenfado.
Cronista de esa Habana que nunca aparecerá
en las tarjetas postales, el amor por la ciudad
que destila esta "cuentinovela" evoca un
mundo de decadencia secular para el que
Jorge Ángel reserva una tierna crudeza de peligrosa
melodramaticidad y que, sin embargo,
conquistará a los lectores gracias a ese poder
fabulador que otorga a sus criaturas un toque
de malevolencia y de bondad con los cuales el
narrador sortea los riesgos del estereotipo y de
una visión simplista de los acontecimientos
que se relatan.
Situaciones escabrosas, sobrevivencia de un
pasado que se cierne sobre sus escenarios con
obstinada perversidad y una Habana muy poco
elegante (tal vez demasiado triste y sombría
para las preferencias de un cierto sector de
nuestra sociedad) hacen que estos cuentos
posean la virtud de recrear una cosmogonía de
esa miseria humana que no queremos ver y
que sin embargo persiste aún, como un llamado
de alerta frente a los triunfalismos y un SOS
a las conciencias de cuantos habitamos en esta
villa magnífica y a la que todavía resta un largo
trecho para llegar a la perfección.
Lleno de aventuras formales y anecdóticas En
La Habana no son tan elegantes es una buena
prueba de cómo la ficción puede trascender
ese realismo chato que con frecuencia encontramos
en los libros que tienen como asunto
nuestra realidad inmediata.
Prueba de ello pudiera ser el relato "En una
estrofa de agua" -con el que el autor obtuvo
el Premio Iberoamericano de Cuento Julio
Cortázar- donde una suerte de magia recorre
de punta a cabo una narración signada por
elementos de calidad testimonial sin que ninguno
de estos polos reduzca a otro ni lo verosímil
en términos literarios pierda su eficacia y
poder de comunicación.
Quizás alguna exagerada acumulación de
perversiones empobrezca un poco a personajes
como el de Ovidio ("Te sacarán los ojos los
cuervos que criaste") o esa suerte de farsesca
que constituye el cuento que da título al libro y
que funciona como colofón sean los puntos
más débiles de un volumen cuya factura ejemplar
se puede dar el lujo de estos pequeños
lunares.
Lo que,sin dudas,es una verdad irrefutable es
la lección de oficio y sensibilidad que Pérez nos
ha dado con esta noveleta -prefiero llamarla
así- cuya lectura posee el fijador de los buenos
perfumes y la marca de calidad de quien es ya
uno de los más encumbrados narradores entre
quienes hace muy poco recibieron la etiqueta
de novísimos y que, si lo siguen siendo, es tan
sólo por su infinita capacidad de renovarse.
¿Es raro ser niña?
Eldys Baratute
Después de tantos años de viajes por toda la isla,
aventuras y desventuras compartidas,confesiones
sobre historias de amor y desamor (tanto de ella
como mías) y manuscritos leídos y releídos por
ambos,es la primera vez que escribo sobre un libro
de Mildre Hernández. Eso sí, me confieso su más
fiel lector.Por mis manos han pasado cada uno de
sus cuadernos, publicados o inéditos.Me atrevo a
decir que identificaría cualquier texto suyo con
sólo escucharlo, aunque nunca antes lo hubiera
hecho. Por esto aseguro que con Es raro ser niña,
Mildre ha dado un salto en su obra.
Recuerdo que hace unos años me preguntó
si la consideraba narradora o poeta.Por supuesto,
después de confrontar sus libros de narrativa
(Cuentos para dormir a un elefante, Memorias
de un sombrero, La novia más bella del mundo y
El mundo de plastilina) con los de poesía (Cartas
celestes, Días de hechizo, Noticias de brujas,
Cartas de un buzón enamorado y Corazón verde
tatuado), era muy evidente la respuesta:
"Querida, ¿no lo sabes?, eres poeta." Sin embargo,
después de leer su última propuesta, Es raro
ser niña (Editorial Cauce, 2008) me retracto,
dejando un margen a la duda.
"Quiero ser boxeadora, como mi mamá",
frase con que comienza el libro, sirve de carnada
para atrapar al lector. Buen truco, evidencia
una narradora experimentada. Cuasi,
la protagonista, al decir de mi antigua profesora
de Psicología, es una niña que vive en un
medio disfuncional. Un padre que nunca
quiso que ella naciera y una madre que prefiere,
por compañía, La Vida. Entonces, ¿Cuasi
puede ser una niña aburrida, que se levanta
temprano, se cepilla los dientes, se porta bien
en la escuela, juega con sus muñecas, hace las
tareas, y se acuesta antes de que empiece el
noticiero? Imposible. Ella sabe que su madre
ha pasado la vida luchando por ser feliz y ella
debe hacer lo mismo. A su manera, claro está.
Por eso juega con varones y no con muñecas,
vira al revés la consulta del psicólogo, lleva a
su papá a una Academia de padres y quiere
ser boxeadora.
Una historia no menos interesante es la de
Alma, su madre. En algunos momentos la
autora nos la muestra luchando con la vida,
con sus dificultades, sus problemas y sus conflictos
diarios, y en otros junto a una Vida (esta
vez en mayúsculas) tomando té, conversando
o planificando el futuro, juntas. A decir verdad,
algunos de los capítulos tuve que leerlos
más de una vez para descubrir a cual de las
dos vidas se estaba refiriendo Mildre. Con
buen ojo se podía descubrir que esto es una
intención marcada de la autora: crear
(con)fusión. Algo así como, y salvando las distancias,
la Sagrada Trinidad: Dios es Padre, es
Hijo y es Espíritu Santo. La Vida es Hombre, es
Mujer, es literatura, casa, comida, trabajo o el
copón divino.
Si esto se lo contara a nuestro entrañable
amigo Julio Mitjans, de seguro me diría:
"¡Niño, La Vida es la Vida, no te atormentes y
disfrútala porque eso es lo más duro que nos
ha tocado!" En el texto de Mildre, La Vida
será lo que nosotros los lectores queramos
que sea. No olvidar que la parte más interesante
de toda historia es la que nos inventamos
a partir de lo que el autor da con
sus palabras.
Siguiendo los pasos de los mejores
exponentes del género en Europa y
Latinoamérica (Michael Ende, Lidia
Bojunga,María Gripe, Astrid Lingred…)
la autora apuesta por una historia que
más que entretener, deja huellas, más
que divertir, emociona. Por eso va
tejiendo, junto a la de esta niña y su
madre, historias paralelas que no por
secundarias dejan de ser interesantes.
Su amiga Rexona con una madre alcohólica,
el padre de su novio Alexander
prefiere una computadora antes que a
su propia familia, el de Juan Carlos vive
una vida que no es la suya y pretende
que su hijo haga lo mismo. En fin, conflictos
que aunque parezcan muy distantes,
ocurren en cualquier familia
cubana.
Antes de terminar, un consejo para los
niños: "Por favor, léase este libro en compañía
de adultos". Si para algunos pequeños
será divertido, para los padres será
una lección de Vida (y sigo con la dichosa
palabrita). Quizás con una lectura más profunda
se encontrarán entre estas líneas. Lo que sí
les aseguro es que al final de Es raro ser niña,
Cuasi estará susurrando al oído de ambos,
niños y adultos, que la diferencia, sea cual sea,
debe ser respetada.
Pluma de león: sexo, violencia y… algo más
Carlos Duarte Cano
Publicada inicialmente en España por
Ediciones Neverland en 2007, dos
años después, el fandom nacional
puede al fin apreciar, editada por
Letras Cubanas, la tercera y hasta
ahora más extensa novela de ciencia-ficción
(CF) de Yoss. Novela de CF erótica(1) algo nuevo
en Cuba,si bien con precedentes en escenas de
la inolvidable Espiral de Agustín de Rojas(2) de
Trenco de Roberto Estrada y de Al final de la
senda, del propio Yoss.
Afortunadamente,la mojigatería que imperó
por años en el género(3) ya es historia. Porque,
sin ser un experto en el tema, considero que
el escritor logra escenas eróticas convincentes,
de considerable vuelo literario y además, creativas.
Y es que solo con el manejo de estos tres
elementos es posible describir con éxito una
relación tan bizarra como la de Xandra, una
humana de las colonias, y Tuen, un extraterrestre
físicamente bastante lejano del clásico
príncipe azul…
Hablaré del argumento de Pluma de León…
evitando, claro, lo que los anglosajones llaman
un spoiling,o sea,develar las principales sorpresas
que depara la novela. En el siglo XXIV la
humanidad domina militar y políticamente a
cuatro razas extraterrestres: los casi humanoides
arlequines; los gigantescos filósofos tritones
en sus mundos de metano; los mecs, entes
robóticos de tecnología superavanzada; y los
formicos, insectoides de inteligencia colonial.
Pero la Hegemonía Humana se sabe vulnerable
ante la colosal ventaja científico-técnica de los
xenos, y dependiente de ellos en el plano económico.
Esto ha generado que
la discriminación a estos seres y
el desprecio a sus culturas sean
generales entre los humanos.
La historia comienza en
plena conflagración bélica
entre los amos terrestres y los
sublevados xenos. La escuadra
comandada por la teniente
humana Xandra derrota a un
contingente enemigo. Ante el
asombro de Svieta, su pareja y
segunda al mando, la oficial
deja escapar a un arlequín sin
ultimarlo. Lo que da pie para
que comience a contarle a su
amante la historia oculta de
los años en que estuvo vinculada
a los xenos. La trama va,
pues, a discurrir en su mayor
parte a través de la narración
retrospectiva de Xandra, aunque
con algunos saltos al presente
de encarnizada guerra
humanos-xenos.
Antes que teniente, Xandra fue una muchacha
de catorce abriles,huérfana de padre,cuyo
hermano mayor murió en la guerra y que soñaba
con solvencias económicas que la librasen
de convivir con su insoportable madre. Un
accidente de tránsito la hizo conocer a Tuen,
acaudalado arlequín que se interesó por ella y
le propuso el trato más antiguo del mundo:
créditos a cambio de favores sexuales.
Es así que,con curiosidad, interés y desprecio
mezclados,Xandra se convierte en la amante a
sueldo de Tuen. Pero su fortaleza de altanería
es conquistada con rapidez; muy pronto descubre
que no puede resistirse a los encantos
del doble pene del arlequín y sus consumadas
habilidades eróticas. Los periódicos encuentros
con el xeno se le vuelven una especie de
droga a la que no puede sustraerse y que va
derribando una a una las barreras sociales y los
prejuicios que de él la separaban.
Las escenas amorosas alternan con diálogos
de corte filosófico,donde Xandra va entendiendo
muchas cosas que la propaganda oficial
humana mantiene ocultas acerca de los xenos,
para poco a poco comenzar a mirarlos desde
un punto de vista nuevo. Estas conversaciones,
por cierto muy interesantes, contribuyen a
dotar de trascendencia a la novela, que de otra
manera quedaría quizás limitada a una vertiginosa
sucesión de escenas de sexo y bélicas. De
hecho, más allá del erotismo, resulta que el
tema principal del libro es reflexionar sobre la
violencia intrínseca del ser humano, y la visión
distorsionada y satanizada del "enemigo",fabricada
por las élites de poder para inmortalizar
odios y crear sentimientos racistas en las masas.
Estos diálogos pudieron modularse mejor,
por cierto, pues por momentos alargan
demasiado el tempo narrativo de la historia.
Más grave aún: la profundidad de algunos
planteamientos compagina bien con el nivel
intelectual del arlequín… pero de ningún
modo con el de una muchacha pobre de
catorce años que nunca mostró demasiado
interés en los estudios. Por desgracia, se nota
que es el propio autor quien habla. |