El hombre que reescribía a Carver
Alessandro Baricco
Crítico musical, filósofo, escritor
y periodista, Alessandro Baricco
(Turín, 1958) se convirtió en un
fenómeno literario mundial
con la publicación de la novela
Seda en 1996. Sus obras
entremezclan una fuerte
musicalidad con estructuras
cinematográficas para dar
sustento a historias
aventureras, mágicas y llenas
de poesía que revelan, en toda
su crudeza, los rincones del
alma humana. Entre los
numerosos reconocimientos
que ha recibido destacan el
Premio Médicis en 1991 por su
novela Tierras de cristal y el
Premio Viareggio en 1993 por
Océano mar. En su obra
ensayística destacan títulos
como Next (sobre la
globalización y el mundo que
viene) en 2002 y Los bárbaros.
Ensayo sobre la mutación en
2008. En el texto que
publicamos, Baricco analiza
cuestiones poco divulgadas en
torno a la edición de los
cuentos de Raymond Carver,
quien es conocido como el
padre del realismo sucio.
Todo empezó hace unos meses,en
agosto.Compro el New York Times y en la portada del Magazine
encuentro un bellísimo retrato de
Raymond Carver. Ojos fijos en el
objetivo y expresión impenetrable,
exactamente como sus cuentos. Abro la
revista y encuentro un largo artículo firmado
por D. T. Max. Decía cosas curiosas. Decía que
desde hace varios años circula un rumor a
propósito de Carver: que sus memorables
cuentos no los escribió él; los escribía, pero su
editor los corregía radicalmente haciéndolos
casi irreconocibles.
El artículo decía que este editor se llamaba
Gordon Lish, más bien se llama, porque todavía
vive,aunque de esa historia no hable con gusto.
Luego el articulista dice que tuvo la curiosidad
de saber qué había de verdad en esta especie
de leyenda metropolitana.
Así que fue a Bloomington a visitar una
biblioteca a la cual Gordon Lish había vendido
todas las cartas y los escritos a máquina de
Carver en los que estaban incluidas sus correcciones.
Fue y revisó. Y se quedó pasmado. De
una manera muy americana, tomó uno de los
libros de Carver (De qué hablamos cuando
hablamos de amor) e hizo cuentas. Resultado:
en su trabajo de editor Gordon Lish había eliminado
casi el cincuenta por ciento del texto original
de Carver y había cambiado el final a diez
de trece cuentos. ¿Nada mal, verdad?
Puesto que Carver no es un escritor cualquiera,
sino uno de los máximos modelos literarios de
los últimos veinte años, pensé que había una
historia que aclarar.Y dado que en los periódicos
se escribe más lo que es bonito para leer y
mucho menos lo que realmente acontece,
pensé que había sólo un modo de averiguarlo.
Ir y cerciorarse. Así que fui e investigué.
Bloomington realmente existe, es una pequeña
ciudad universitaria perdida en medio de kilómetros
de trigo y silos.Muchos estudiantes y,en
el cine,Benigni.Todo normal.También la biblioteca
existe.Se llama Lilly Library y está especializada
en manuscritos,primeras ediciones y otros preciosísimos
objetos fetichistas de este tipo. Si
estuvieras en Europa deberías dejar como
rehén a un pariente, entregar kilos de cartas de
presentación, y esperar con paciencia. Pero allí
es Norteamérica.Das un documento,te sonríen,
te explican el reglamento y te desean buen trabajo
(en casos como estos yo oscilo entre dos
pensamientos: "Son así y sin embargo matan a
la gente en la silla eléctrica" y "Son así y por eso
matan a la gente en la silla eléctrica"). Me senté,
pedí el archivo Gordon Lish y me llegó una
enorme caja para mudanzas, llena de carpetas
muy ordenadas. En cada carpeta, un cuento de
Carver: el escrito original con las correcciones
de Gordon Lish.
Con las condiciones de no usar bolígrafo, de
tener los codos sobre la mesa y pasar las páginas
una por una, podía tocar y mirar.
Formidable.Me fui directo al más bello (según
yo), de los cuentos de Carver: "Diles a las mujeres
que salimos". Un artilugio casi perfecto.Una
lección. Tomé la carpeta, la abrí. Me repetí que
debía tener los codos sobre la mesa, e inicié la
lectura.
Cosa de no creerse,amigos
Ese cuento lo escogió Altman para su
Shortcuts.También le gustaba a él.Ocho paginitas
y una trama muy sencilla. Están Bill y Jerry,
amigos de corazón desde la primaria. De los
que compran el coche a medias y se enamoran
de la misma muchacha.Crecen.Bill se casa.Jerry
se casa.Nacen niños.Bill trabaja en el ramo de la
gran distribución. Jerry es subdirector de un
supermercado.El domingo, todos van a casa de
Jerry que tiene una piscina de plástico y el asador
de carne. Norteamericanos normales, vidas normales,
destinos normales. Un domingo, después
de la comida,con las mujeres arreglando la cocina
y los niños en la piscina echando relajo, Jerry y
Bill toman el coche y van a dar una vuelta. En el
camino encuentran a dos muchachas en bicicleta.
Se acercan con el coche y se hacen los
graciosos. Las muchachas se ríen y no los
toman en cuenta. Bill y Jerry se van. Luego
regresan.No que sepan bien qué hacer. En cierto
momento las muchachas dejan las bicicletas
y toman el sendero del campo. Bill y Jerry las
siguen. Bill, un poco desalentado, se para.
Prende un cigarro.Aquí termina el cuento. Últimas
cuatro líneas: "No entendió nunca lo que
quería Jerry. Pero todo empezó y terminó con
una piedra. Jerry usó la misma piedra con las
dos muchachas,primero sobre la que se llamaba
Sharon y luego sobre la que debería ser de
Bill." Fin.
Frío, seco hasta el exceso, metódico,mortífero.
Un médico en su millonésima autopsia manifestaría
mayor emoción. Carver puro. Un final
fulminante y una última frase perfecta, cortada
como un diamante,simplemente exacta,y helada.
Aquella idea de despiadada velocidad, y aquel
tipo de mirada impersonal hasta lo inhumano,
se han vuelto un modelo,casi un tótem.Escribir,
después de que Carver escribió aquel final, ya
no es lo mismo.
Bien, y ahora una noticia. Aquel final no lo
escribió él. La última frase –esta espléndida,
totémica frase– es de Gordon Lish. En realidad,
en su lugar Carver había escrito seis cuartillas,
digo seis: tiradas a la papelera por
Gordon. Leerlas causa cierto efecto. Carver lo
narra todo, todo aquello que en la versión
corregida desaparece en la nada dando al
cuento aquel tono formidable, de ferocidad
lunar. Carver sigue a Jerry por la colina, narra
largamente la persecución a una de las dos
muchachas, narra que Jerry la viola y luego se
levanta, queda como atontado y se va, pero
regresa y amenaza a la muchacha; quiere que
no diga nada de lo que pasó. Ella lo único que
hace es pasarse las manos por el pelo y decir
"vete", sólo esto. Jerry continúa amenazándola,
ella no dice nada, y entonces la golpea con el
puño, ella trata de huir, él toma una piedra y la
golpea en la cara ("sintió el ruido de los dientes
y de los huesos al quebrantarse"), se aleja,
luego regresa, ella está todavía viva y se pone
a gritar, él toma otra piedra y la acaba. Todo
en seis cuartillas: lo que significa: ninguna
prolijidad pero también ninguna prisa. Con
ganas de narrar, no de ocultar.
Sorprendente, ¿verdad? Todavía más es
leer el final, es decir, las últimas líneas. ¿Qué
puso el frío, inhumano, cínico Carver, al final
de esta historia? Esta escena: Bill llega a la
cima de la colina y ve a Jerry de pie, inmóvil,
y cerca de él el cuerpo de la muchacha.
Quiere huir pero apenas puede moverse. Las
montañas y las sombras, a su alrededor, le
parecen un encantamiento oscuro que lo
aprisiona. Piensa irracionalmente que quizás
bajando de nuevo hasta la calle y ocultando
una de las dos bicicletas, todo se borraría y la
muchacha dejaría de estar allí. Últimas líneas:
"Pero Jerry estaba ahora de pie frente a él,
desaparecido en su vestimenta como si los
huesos lo hubieran abandonado. Bill sintió la
terrible cercanía de sus dos cuerpos, a la distancia
de un brazo, incluso menos. Luego la
cabeza de Jerry cayó sobre su espalda.
Levantó una mano y, como si la distancia que
ahora los separaba, ameritara por lo menos
eso, se puso a golpear a Jerry, afectuosamente,
sobre la espalda, rompiendo a llorar." Fin.
Adiós, Mister Carver
Ahora bien, la curiosidad no es la de entender
si es más bello el cuento tal como lo escribió
Carver o como salió de la tijera de Gordon
Lish. Lo interesante es descubrir, bajo las
correcciones, el mundo original de Carver. Es
como llevar a la luz un cuadro sobre el cual
alguien ha pintado después otra cosa.Usas un
solvente y descubres mundos ocultos. Una
vez empezado es difícil detenerse. De hecho
no me detuve.
"Diles a las mujeres que salimos" es la obra
maestra que es porque realiza a la perfección
un modelo de historia que luego tendría en los
herederos más o menos directos de Carver una
atracción muy fuerte.Lo que se narra allí es una
violencia que nace, sin explicaciones aparentes,
en un terreno de absoluta normalidad.
Entre más violento y sin motivo es el gesto y
quien lo cumple es una persona absolutamente
ordinaria, más aquel modelo de historia
se vuelve paradigma del mundo y esbozo
de una revelación inquietante sobre la realidad.
Demasiado inquietante y fascinador,
para que no sea tomado en serio. Todos los
muchachos bien que, en tanta literatura
reciente, buena y menos buena, matan de la
manera más feroz y sin ninguna razón, nacen
de allí. Pero si se usa el solvente, se descubre
una cosa curiosa.Carver nunca pensó en Jerry
como en alguien realmente normal, como un
norteamericano ordinario, como uno de nosotros.
Bill sí lo es, pero Jerry no. Y la narración
siembra acá y allá pequeños y grandes indicios.
Hablan de un muchacho que perdía su
trabajo porque "no era el tipo a quien le gusta
que se le diga lo que debe hacer". Hablan de
un muchacho que en la boda de Bill se emborracha
y se pone a cortejar de manera pesada
a las dos madrinas de la esposa, y luego va a
buscar pelea con los empleados del hotel. Y
en el coche, aquel famoso domingo, cuando
ven a las dos muchachas, el diálogo carveriano
original es más bien duro:
(Jerry): –Vamos.Probemos.
(Bill): –¡Jesús! No sé.Deberíamos regresar a
casa.Además, son demasiado jóvenes,
¿no?
–Bastante viejas para sangrar, bastante
viejas para… ¿conoces el dicho,no?
–Sí, pero no sé.
–¡Cristo!, sólo debemos divertirnos un
poco con ellas,hacerles pasar un mal rato.
Es bastante para que el lector sienta de
entrada un hedor de violencia y tragedia. Y
cuando la tragedia llega abarca seis páginas y
es construida paso a paso, explicada paso a
paso, con una lógica que hiela, pero que es
una lógica en la que cada peldaño es necesario
y todo al final parece casi natural. Todo viene
a la mente menos un teorema que describe la
violencia como un repentino segmento enloquecido
de la normalidad. La violencia allí es
más bien el resultado del comportamiento de
toda una vida.
Continua...
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