Ofrendas a un poemario
David Leyva
González
Si grato es leer un texto clásico,grato
igualmente es ver las resonancias del
mismo a través de los años y así ratificar
ese axioma de la atemporalidad de la
literatura. El lector rehace el libro y
quien deja testimonio de sus lecturas
es un azuzador de la hoguera creativa,
un manifestante que muestra, en la
calle de todos, la gloria de un libro que
no ha muerto sino que palpita una y
otra vez con sugerentes interpretaciones
y misterios.
Ismaelillo es uno de los poemarios
martianos más conocidos,más lleno de
gloria literaria tanto en el ámbito popular
como en el culto y que,desde su primera
publicación, no deja de tener lectores
que testimonian, entes que se abstraen
para palpar el origen o semilla de
aquellos poemas al hijo, las posibles
influencias, la simbología del título, la
musicalidad de los versos que subyuga
a niños y adultos, la teoría de que estos
versos inauguren o no un movimiento
literario.
Pero más enraizado aun es el caso de
aquel que se dedica con paciencia
benedictina, no ya a testimoniar sobre
su lectura del libro, sino que, además,
agrupa,selecciona y luego comenta los
testimonios de lecturas de otros.Este es
el caso del cuaderno(1) de Caridad Atencio
que ya no sólo trabaja en la siega del
texto sino en la escogida y almacenamiento
de las hojas que ha provocado
el propio libro de Martí.
Se le ve entonces trasladándose a
1913,año en que sale el primer tomo de
poesía de la primera versión de Obras
Completas de Martí. Allí, Rubén Darío,
listo para la primera siega de la poesía
del cubano. Su interpretación tiene
entonces ese deslumbramiento y esa
emoción que provocan las cosas que se
hacen por vez primera; y que aunque
luego se perfeccione una técnica,nada
sustituye al encanto de los primeros
ojos.Algo parecido ocurrirá con la exégesis
de Jorge Mañach, el primer gran
intérprete de Ismaelillo entre los cubanos.
Por su soltura y lucidez,aquellos primeros
análisis tienen, sin dudas, un valor
singular.Aunque, para ser más exactos,
las primeras palabras dichas sobre el
poemario fueron acaso las de la madre
de Martí que para mayo de 1882 ha
leído los versos y le comenta sobre la
admiración de todos en la casa, que
cada hermana quiere el cuadernillo para
ella y que su sobrino Alfredo dice que es
como si viese al pequeño recostado en
cada hoja del libro.
A partir de este punto de 1913,Caridad
Atencio inicia su viaje metaliterario.Busca
las aristas polémicas de estas exégesis:
la discrepancia de Ángel Rama con
Darío en cuanto a que Ismaelillo no es
un arte de ser padre;las versiones múltiples
y encontradas sobre la simbología
del título entre Cintio Vitier,Mary Cruz,
Emilio de Armas y Eliana Rivero; los criterios
sobre la relación del poemario
con el movimiento modernista, donde
confluyen ideas dispares de Pedro
Henríquez Ureña, Félix Lisazo, Cintio
Vitier, Enrico María Santí, Carmen Ruiz
Barrionuevo; las distintas variantes y
teorías sobre la génesis del poemario.
Aquellos que lo relacionan con los
Cuadernos de Apuntes de Martí de
1882,con sus crónicas y cartas de aquel
año, como Ángel Augier y Rosario
Rexach; los que analizan como fuentes
primigenias la poesía popular y mística
española, tal es el caso de Juan
Marinello; por otra parte, Fina García
Marruz ve un influjo primigenio en el
niño-amor del poeta griego Anacreonte
que el propio Martí tradujera; Carlos
Ripoll establece su teoría de influencias
con dos poemas leídos por Martí y
traducidos por Pérez Bonalde del
poeta portugués Abilio Guerra
Junqueiro, así como con poemas de
José Selgas y José Peón Contreras;
mientras José Ballón vincula el poemario
con la cosmovisión de Emerson.
Pero todo ese andamiaje de criterios,
todo este suculento caldo de ideas sobre
un mismo texto,tiene la antesala y el colofón
de la voz de su autora. Antes de las
pesadas labores de revisión, selección y
comentario nos devela las sensaciones
de su última lectura del cuadernillo. Su
ofrenda acompaña al resto de las ofrendas.
Y esto finalmente hace de La saga crítica
de Ismaelillo un libro equilibrado y útil.
En esta personal lectura,Atencio nos hace
una calificación sui géneris de los poemas,
teniendo como factor común el motivo
de la emoción,una de las fuerzas poéticas
que hacen personal y universal al poemario.
Emoción del padre que se ve
rehecho por su hijo recién nacido,
emoción de llenar de sentido la vida
ante un suceso que purifica y alienta.
(1) Caridad Atencio: La saga crítica de
Ismaelillo, Editorial José Martí, La
Habana,2008.
Asedios de (y hacia) Kafka
Geovannys Manso
En su ensayo "La literatura timorata", Claudio
Magris nos advierte:
Con los buenos sentimientos, decía Gide, no se
hace literatura. No hay en efecto artista que,
temeroso de que se le considere edificante, no
predique la transgresión en lugar de invitar a
observar los mandamientos o la moral kantiana.
De hecho, la literatura mantiene raras veces la
promesa de vérselas con el mal,del que la realidad
está impregnada igual que el aire de las ciudades
de contaminación,y de expresar los sentimientos
malignos que anidan en el ánimo, volviéndolo
sucio y opaco como el cuello de una camisa que
no nos hemos cambiado.
Precisamente: realidad contaminada y esa promesa
que raras veces mantiene la literatura de
vérselas con el mal,son,a mi juicio,dos de los ejes
distintivos de Los graduados de Kafka, libro de
cuentos que bajo el sello de Ediciones Vigía nos
entrega Jorge Ángel Hernández, luego de haber
casi iniciado –mucho tiempo atrás– su destino
literario en este género con Hamartia, un texto
que próximamente veremos reeditado por la
Editorial Capiro, esta vez en una edición menos
renacentista, y sí, más contemporánea, para
beneplácito de sus lectores.
Conformado por quince historias, Los graduados
de Kafka refracta de manera ambigua y contrastante
una realidad siempre contaminada por el asedio
que sufren y padecen sus personajes. Este asedio,no
siempre visible,no siempre explícito,genera no sólo
conflictos singulares,sino también,atmósferas densas,
crepusculares, dotando a estas historias de
inimaginables reversos que propician lecturas tan
disímiles como el destino de cada uno de ellos.Tal es
el caso de cuentos como "Predicciones",donde sus
personajes se ven asediados por el engaño que
supone la realidad finita, pues un tercer hombre
tensa los hilos de unas marionetas que sin saberlo,
prolongan un juego de círculos concéntricos, de
realidades que se expanden.
En "Las bromas de Kundera", la realidad se contamina
por el asedio del otro,cuando la relación de
un maestro y su discípulo se enrarece bajo las
pasiones crecientes –siempre literarias,siempre en
torno a Kundera– de este último.Así, cada historia
genera sus asedios que,a su vez,generan implosiones,
definen el ritmo,clausuran imágenes,aceleran
o desaceleran la trama de una u otra historia.
Otro rasgo destacable es el contraste que se
establece entre muchos de estos cuentos.
Mientras "Odelí" nos adentra en el oscuro vínculo
que desarrolla esta mujer con sus amantes,donde
una voz amparada en su introspección va desandando
vericuetos siempre frustrantes, siempre
apocalípticos, como si mirara con frialdad de
femme fatal a una cámara que graba con parsimonia
su declaración,"Última agonía de la garza" nos
ofrece su dramatismo explícito,pleno de acciones
y personajes,pleno de diálogos y causalidades.
También encontraremos historias cuyos hálitos
fantásticos, ambientes oníricos, o la aparición de
seres que en "Canalizo" dialogan en el texto, nos
hacen preguntarnos si todo lo leído –luego de
advertir la posible trampa–,no ocurre únicamente
en la subconciencia del protagonista.
Así,cuento tras cuento,historia tras historia,Jorge
Ángel va creando un tapiz policromado donde el
mar (otro asedio que deben sortear muchos personajes)
se torna él mismo protagonista, pues esa
cruel realidad que hemos vivido los cubanos, la del
exilio a cualquier costa, quiero decir, a una única
costa, reaparece más de una vez.Siempre,hay que
advertirlo, ese mar –como la Historia que a todos
nos rebasa en hechos– los asfixia, los traga, los
engulle sin miramientos, de ahí el espíritu trágico
que trasudan sus páginas. Pero ojo, esta tragedia
aparece matizada por un sutil manto poético,
como sucede, efectivamente, en "Penélope, la
actriz",último cuento de este libro fascinante.
En todos sus libros,o en casi todos,Jorge Ángel ha
sabido revisitar, entre guiños irónicos y corrosivos,
ciertos mitos que provienen de su inmenso caudal
de lecturas.Aquí,son varios los que sirven de pretextos,
de subtextos, o paratextos, de sustrato o
de elipsis en la construcción de sus tramas.
"Tamar", a qué dudarlo, nos retrotrae a la historia
bíblica,pero cada revisitación nos llega reconvertida,
contemporaneizada de forma singular, sugestiva,
provocadora.
Al leer Los graduados de Kafka, corroboramos
que "tal vez una mirada despiadada sea hoy más
necesaria que nunca,en un momento en el que se
han desmoronado las ilusiones de las grandes filosofías
de la historia,persuadidas como estaban de
que las contradicciones de la realidad traerían aparejadas
en sí mismas su propia superación y conducirían
en cualquier caso a un progreso ulterior".
Esa mirada despiadada de Los graduados de Kafka,
sin ambages, sin edulcoraciones secundarias, esa
mirada que hurga en la llaga de la condición
humana,en esa condición díscola,que a ratos nos
emparenta con la bestia, nos seduce por su pulcritud;
por advertir,tras cada párrafo,la mano vigorosa
de un narrador que nos sabe arrastrar hacia un
cauce turbulento, pleno de barro, pero donde
podemos extraer esas piedras luminosas que todo
río arrastra consigo.Quizás por ello:"Todo libro verdadero
se mide con la demonicidad de la vida".
Este libro se enfrenta a sus demonios,que son,a
fin de cuentas, demonios que nos asedian por
igual a todos nosotros, y lo hace a sabiendas de
que,en este enfrentamiento,la pregunta última de
Tamar alcanza su mayor esplendor: "¿Y nosotros,
nos entregamos al conflicto, o nos lanzamos al
amor...?" Sin dudas, una pregunta tremenda, con
la cual los invito a acercarse, a hojear, e intentar
dilucidar este regalo entrañable que nos hace
Jorge Ángel Hernández...
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