Omar Pérez

OMAR PÉREZ (La Habana, 1964), poeta, crítico y traductor. Ha publicado, entre otros libros de poesía, ¿Oíste hablar del gato de pelea?, Canciones y letanías y Lingua franca, y el volumen de ensayos La perseverancia de un hombre oscuro. Los textos que publicamos pertenecen a su obra Crítica de la razón puta, que obtuvo el Premio de Poesía Nicolás Guillén en su más reciente edición.

 

 

 

 


No soy un Buda

tengo dos garras y dos pies
como pezuñas
con cinco dedos cada cual
con sus uñas
puedo romper rascar
pero sin duda
puedo también parar.
No soy un Cristo
tengo la boca grande
no soy Cristo
tengo la lengua larga
no soy Cristo
puedo lamer mascar
pero soy listo
puedo también callar
y proponerte
este silencio azul como la muerte
donde no hay pasión ni mala suerte.
No soy un corderito que practica el zen
para evitar que se le vaya el tren
de la iluminación
soy un cabrón
que quiere revertir la situación
del dolor ciego
que mana desde el superego
hasta los pobres legos
pero supone
más allá y más acá de los trompones
que la vida te da
hay un vacío fértil
un punto sutil de emanaciones
inversas y reversas
el quid tal vez de la existencia ruda.
No soy Buda
no soy Jesucristo
pero resisto
aunque esté mal visto
resistir
no soy superman batman
rastaman spiderman
y sin embargo existo.

Los hombres viven borrachos

en sus canciones de cuna
y al que primero se despabila
le dan el premio de la locura.
Una camisa de fuerza, blanca
un crucifijo de piedra, negra
una medalla de oro, falsa
y una cadena.
Papá, cuando sea grande
cómprame un traje de héroe.
Hijo, cómpratelo tú
con los ahorros de tu conciencia.
Los hombres van en diez bandos:
primer bando, los que matan
bando segundo, los que enseñan
tercer bando, los que cavan
bando cuarto, los que vuelan
quinto, los que hablan en números
sexto, los que ensartan perlas
séptimo, los que se trasquilan
el dorso de la paciencia
octavo, los que se preparan
para vivir de la guerra
noveno, los que se ponen serios
disimulando que juegan
décimo, los que por hacer justicia
no perdonan ni a la abuela.
Hijo, cuando seas grande
constrúyeme una escalera.
Papá, constrúyela tú
con los peldaños de tu lengua.
Los hombres viven borrachos
gozando el premio de su locura
y al que primero se despabila
le cantan esta canción de cuna:
Una camisa de fuerza, blanca
un crucifijo de piedra, negra
una medalla de oro, falsa
y una cadena.

 

Y todavía nos quedan cinco sentidos

una locura
media libra de arroz

Dónde está la primavera china

a veinticinco pesos la ración
de un millón de copas de resina
filtra un soneto de humilde extracción.
Nací en San Leopoldo, de pequeño
fui condenado a siete años de escuela primaria
cansado de omitir la vida en sueño
odié la benévola cultura carcelaria.
Homilías, cornucopia invertida
sorbito residual del Gran Plomero
aprendí y olvidé con desespero:
superior ilusión te da la vida.
Atolondrado, a todo tren, Apolo
se pone el uniforme de Dionisio
para descontinuar el protocolo
Protos: forma primera de las voces
que lanza la creencia al precipicio
y desencola los engolados dioses.
Mariposa de diciembre
binaria
el invierno se ha ido para siempre
del área
a la vuelta del año sopla un ansia
esteparia
los tomates mejoran cada día
a dos pesos redobla la pasión.
Dónde está la primavera mía
la transversal madera del dragón?

No hay teorema

es la misma suma:
10 000 años andando por las ramas:
escribo reguetones y olvido el tema.
No hay teorema
de la misma bruma
bajan los primates a buscar fonemas
haga reguetones
convide al sistema.
No hay teorema
con la misma espuma
se hacen las canciones
los poemas
todo lo que escucho me parece un lema:
ser o no ser, pienso luego existo
dios te ama, y si no pican?
rema
todo con medida y la medida trema.
No hay teorema
es la misma bruma
la que pone espuma en el filosofema:
sintagma de granito
concibe tu problema
como una sola ley teñida de infinito
que dice lo que dice
y lo que dice, quema.