
El stalinismo
como fenómeno estético (fragmento)
Borís Groys
(Berlín Este, 1947)
Este ensayo forma parte del volumen El pensamiento
cultural ruso en Criterios –selección,
traducción y prólogo de Desiderio Navarro–
que fue editado por el Centro Teórico-Cultural
Criterios y será presentado en la Feria
Internacional del Libro.
El carácter popular del arte, que había sido
proclamado por las autoridades soviéticas,
significaba más una estilización pseudopopular,
una propaganda masiva con el empleo de
"arquetipos mágicos", que una real manifestación
espontánea de la creación popular.La más
patente refutación de la teoría folclórica de la
cultura staliniana son las discusiones prolongadas,
tensas y muy intelectualmente meditadas
que acompañaron la formación del realismo
socialista. En esas discusiones, desde el principio
mismo se expresó mucho de lo que también
ahora sigue siendo cierto, tanto sobre el
propio realismo socialista como sobre su actitud
hacia el arte del pasado y hacia el arte occidental
contemporáneo de él, y es que no se
debe olvidar que también en Occidente en ese
entonces tenía lugar por todas partes un alejamiento
respecto de la vanguardia, que en
modo alguno significaba un simple regreso a
las tradiciones –tanto en el arte del realismo
socialista, del realismo mágico(1) o de la Neue
Sachlichkeit, como en el arte más cercano al
realismo socialista de la Alemania nacionalsocialista.
En todos esos movimientos tiene
lugar un traslado del centro de gravedad desde
la forma artística original al "objeto original de
representación", que podían serlo tanto los
ensueños individuales (el surrealismo) como
los colectivos (el arte nazista). La apelación
consciente al mito no significa aquí una caída
en la "barbarie", como a veces se afirma, sino
sólo un traslado del impulso artístico de vanguardia,
directamente del dominio de la forma
artística a la realidad.
No constituye una excepción a esa regla ni el
realismo socialista, que debe ser considerado
como el paso siguiente en el desarrollo de la
vanguardia rusa de los años 10-20. La tesis fundamental
del presente artículo consiste precisamente
en que el arte del realismo socialista
es no sólo una continuación orgánica de la vanguardia,
sino también su culminación y,en cierto
sentido, su conclusión, lo que se puede decir
también de otras formas de arte totalitario de
los años 30.
Sólo a primera vista puede esa tesis parecer
insólita o paradójica.En efecto,nadie sino precisamente
la vanguardia –y no sólo la rusa– fue la
primera en proclamar como su objetivo la destrucción
de la distancia entre el arte y la vida y
la renuncia a la posición estética tradicional con
respecto al mundo. La vanguardia de principios
de siglo fue, en primer término, una reacción a
la irrupción en el mundo de una nueva técnica
que destruyó la unidad estética tradicional del
mundo,pero que al mismo tiempo abrió, como
se decía entonces, las posibilidades para la total
reestructuración del mismo. "Dios ha muerto"
se convirtió en una premisa de la vanguardia: el
artista debe ponerse ahora en su lugar y sustituir
la perdida unidad de la Naturaleza como
obra de arte divina con una nueva unidad. En
vez de reflejar el mundo,la vanguardia se planteó
la tarea de destruirlo definitivamente y crear un
mundo nuevo y mejor con sus pedazos.Pero la
creación de un mundo nuevo es imposible sin
subordinar a ese objetivo a toda la humanidad
o, por lo menos, a la población de todo el país
con todos los recursos de éste. De ahí surge
de manera natural la exigencia de que se le
conceda al artista el poder político absoluto,
que se escucha en muchos manifiestos de la
vanguardia.Precisamente la vanguardia artística
fue la que planteó por primera vez la idea de
subordinar la política y la técnica a un proyecto
estético único con el objetivo de alcanzar una
nueva armonía natural y social. Así, precisamente
la vanguardia realizó la salida, fatal
para el arte, fuera de los límites de las fronteras
tradicionales de éste y vinculó la estética a la
política, convirtiendo la forma artística en
programa político.
Esa exigencia de subordinación de la política
al arte suena de manera particularmente abierta
e insistente en la vanguardia rusa, embriagada
con las ilimitadas posibilidades que se le abrieron
en los primeros tiempos después de la
Revolución. Todos los trabajos de Malévich,
Ródchenko o Tatlin, pero también los poemas
de Jlébnikov o Maiakovski, tienen un carácter
en esencia proyectivo: son no tanto obras de
arte cerradas en sí mismas cuanto proyectos
del futuro que deben ser realizados mediante
esfuerzos colectivos con arreglo a un único
plan, trazado por el artista. Y precisamente los
artistas de la vanguardia son los que por vez
primera comienzan a lanzarles a sus competidores
artísticos acusaciones políticas de "espíritu
burgués" y "hostilidad a la nueva realidad socialista",
que ya en ese entonces podían costarles
la vida a sus adversarios. Sin embargo,bastante
pronto se puso de manifiesto que el artista
vanguardista no podía esperar del poder político
la disposición a someterse a la ejecución de
sus proyectos. Para Malévich, Kandinski o
Jlébnikov, ese descubrimiento significó un
desencanto de la política y una retirada de ella,
pero a muchos otros vanguardistas los condujo
a la colaboración con el poder con el fin de
realizar una determinada división del trabajo
entre el artista y el político, característica de los
años 20. En ese período la organización fundamental
de los vanguardistas rusos –el LEF,
encabezado por Maiakovski y O. Brik– pasa a
una segunda etapa del flirteo entre el arte y la
política, que más tarde recibió el nombre de
"compromiso": el artista está dispuesto a
ponerse al servicio de la política, porque ya no
ve para sí otra posibilidad de realizar su proyecto
inicial de reestructuración artística total del
mundo. Está de acuerdo en ceder el dominio a
la dirección política si ésta toma como armamento,
siquiera en una forma un tanto reducida, su
estética. La vanguardia de los años 20 convirtió
definitivamente la acusación política en el principal
medio de lucha con sus adversarios e
identificó el programa estético con el político.
Toda la polémica del LEF y los círculos
ligados a él se lee ahora como
una ininterrumpida delación política
y como las más humillantes declaraciones
para convencer a las autoridades
de su fidelidad. Pero tampoco
en eso se le puede negar al LEF la lógica:
precisamente esa estética debe exigir esa
política –hasta en sus más repulsivas manifestaciones
los artistas del LEF siguieron siendo
en primer término artistas, más que nada preocupados
con el triunfo de su proyecto artístico
personal.
En los países no-totalitarios, las interrelaciones
entre el arte y la política en el siglo XX comúnmente
se limitan a etapas de un proyecto artístico
total que no encuentra la comprensión de la
opinión pública, y de un compromiso que a
veces es recibido con benevolencia por los políticos.
Pero en la Rusia de Stalin (al igual que en
la Alemania nazista) el proyecto vanguardista
pasó a su fase conclusiva: el poder político
renunció a los servicios del artista vanguardista
y acometió él mismo la transformación artística
del mundo con arreglo a sus propias ideas. La
dirección política de los países totalitarios aceptó
el reto de la vanguardia,pero el artista vanguardista
no recibió el poder político, sino que el
líder político obtuvo el poder estético. En realidad,
Stalin fue el único artista de la época staliniana
–y en este sentido un heredero de
Malévich o Tatlin en mucho mayor medida que
estilizaciones museales posteriores de la vanguardia.
Precisamente por eso la vanguardia en
la época de Stalin era perseguida con tanta
crueldad: se la percibía como un rival en la
lucha por el poder políticoestético, fundido en
uno solo.Al mismo tiempo, los artistas oficiales
de la época staliniana dejaron de ser artistas
en el sentido tradicional de esa palabra. La
cuestión de la forma no se les planteaba por la
sencilla razón de que la realidad misma se hizo,
en tiempos de Stalin,una obra total de arte que
al artista sólo le quedaba copiar "verazmente".
En esa situación, el estilo individual del artista
sólo podía significar una tentativa de rivalizar
con el estilo del Partido en materia de conformación
de la vida misma y por eso no es casual
que los líderes del Partido fueran considerados
en ese entonces como los mejores conocedores
y apreciadores del arte, a los que se debía
recurrir para obtener indicaciones concretas
respecto a "cómo crear".
Por eso,de ninguna manera se puede considerar
el realismo socialista como el simple renacimiento
del "realismo kitsch" del siglo XIX que él puede
parecer a primera vista. Excepto el "formalismo",
nada era sometido en la época de Stalin a
una crítica tan despiadada como el "objetivismo
burgués rastrero", es decir, precisamente el
realismo tradicional. El realismo socialista tenía
un carácter no menos proyectivo que la vanguardia
que lo procedió: era realismo más bien
en el sentido en el que se habla de realismo
político, de "Realpolitik". Los proyectos vanguardistas
fueron rechazados en primer término por
su irrealizabilidad, por su menosprecio de las
realidades de la política práctica. La vanguardia
es un arte reduccionista; recuerda el sectarismo
ascético que vive de las esperanzas de un
venidero apocalipsis. El realismo socialista –un
arte de vencedores– quería absorber toda la
realidad, transformarla y "consagrarla" con los
ideales socialistas.Por eso el realismo socialista,
al proyectar el futuro, trataba de basarse en
lo que ya estaba construido, en "la presencia
del futuro en el presente", como se decía
entonces.
Pero "el futuro en el presente" era precisamente
lo que ya en parte habían logrado
crear para entonces Stalin y el Partido. Stalin
fue proclamado no sólo creador de todo lo
que había sido construido en el país, sino también
demiurgo "al cual le debemos nuestra
infancia", "el aire que respiramos", el clima y la
apariencia de la Naturaleza, que era sometida
en ese entonces a una reestructuración radical
bajo la influencia de diferentes proyectos que
destruyeron el balance ecológico tradicional, y
así sucesivamente. En relación con los movimientos
totalitarios del siglo XX a veces se
habla de la estetización de la política, lo que
tácitamente supone a la población de esos
países en el papel de espectadores.Más bien se
debe hablar de la estetización de toda la vida
del país, para la cual la población eran extras o
trabajadores de escena,y Stalin, el único autor y
espectador. Exclusivamente para él se construyeron
altos edificios y el metro de Moscú, se
construían canales y represas,y ante él pasaban
dos veces al año multitudes jubilosas, en las
cuales él veía "todo el país y a su hombre
nuevo".La estética del realismo socialista es,por
eso, la estética de la política staliniana, la cual, a
su vez, se planteaba tareas estéticas.
En su creación Stalin se orientaba ante todo a
períodos históricos en los que la política estaba
vinculada de la manera más estrecha al arte: a
la Antigüedad y la época del Renacimiento
europeo, que fueron declarados el ideal estético
eterno de la humanidad. Es imposible comprender
correctamente muchas cosas en la
política de esa época si no se toman en cuenta
los criterios puramente estéticos por los que se
guiaban en la toma de decisiones.El radicalismo
del terror totalitario a menudo parece irracional,
y,en efecto,no se lo puede explicar enteramente
con consideraciones pragmáticas, pero se hace
comprensible como decisión del artista de
quitar de su obra todo lo que estorba a su
perfección. Así, por ejemplo, después de la
Segunda Guerra Mundial enormes masas de
inválidos fueron desalojadas de las grandes
ciudades para que no echaran a perder con su
aspecto la fisonomía de éstas: fueron situadas
en islas alejadas, donde relativamente pronto
murieron de desnutrición. Se podría citar un
gran número de ejemplos análogos. La estética
de ese período no conocía la piedad, y todo lo
que no le convenía por su estilo, ella simplemente
lo echaba de la vida. Pero, con todo, a
pesar de toda su selectividad, la estética del
realismo socialista era más liberal que la
extremadamente reduccionista estética de la
vanguardia. No se debe olvidar que la introducción
del realismo socialista fue recibida
inicialmente por la intelectualidad del país con
un suspiro de alivio:era mejor parecerse a héroes
de la Antigüedad que convertirse en cuadritos
y triangulitos andantes de la vanguardia rusa.El
realismo socialista aplastó la variedad de las
orientaciones artísticas de entonces.Pero dentro
de sí era más variado y rico en posibilidades
que cada una de ellas.Y es que entonces no se
trataba de la variedad de exposiciones museales,
sino de la fisonomía deseable del futuro en el
que realmente se debía vivir. Por eso cualquier
detalle en un cuadro realista socialista tenía tan
enorme importancia: y es que se trataba del
ulterior destino de cada persona,de si ella tenía
el derecho y la posibilidad de vivir en el futuro
o debía vivir desechada como algo inconveniente
por su estilo.
El espectador actual, desde luego, no es
capaz de vivenciar de nuevo el riesgo y el
dramatismo del realismo socialista que condujo
a la muerte de tantos. Ahora los cuadros del
realismo socialista parecen banales, grises,
flojos.Pero en este respecto ya no se distinguen
tanto,digamos,de las afamadas composiciones
suprematistas de Malévich, que, si se olvida su
carácter proyectivo, también pueden ser percibidas
como un fárrago banal de elementos
geométricos. En su "Manifiesto suprematista"
de 1915, Malévich escribió que él rompió el
cerco del horizonte en que estaba encerrado el
artista,condenado a copiar las formas naturales
como un presidiario enamorado de sus cadenas,
y que el arte progresa hacia lo creador como fin
en sí mismo y hacia el dominio sobre las formas
naturales. Por supuesto, esa grandiosa visión
artística de Malévich se mantiene en vigor
también cuando la vanguardia histórica se
presenta en una situación doblemente comprometida:
en su tentativa de basar sobre
esas visiones un mundo nuevo, como ocurre
en el Este, y en la aspiración a reducirlas a un
academicismo museal, como ocurre en
Occidente. El realismo socialista concluyó la
vanguardia precisamente porque después del
derrumbe de los regímenes totalitarios el arte
de vanguardia vive sólo de recuerdos y estilizaciones
de su época heroica. En el cuadro realista
socialista no hay visiones malevichianas del
Absoluto; en cambio, el pathos de lo absoluto
en el realismo socialista se convierte en la realidad
misma que ese cuadro quiere representar y
que es "la realidad del futuro en el presente" y
por eso es más real que cualquier realidad
empírica, o sea, es superreal o, si se quiere,
sur-real (no en vano,por ejemplo,más o menos
en esos mismos años en una serie de autores se
produjo en Francia ese fácil paso del surrealismo
al realismo socialista).
En los años 20-30,el paso a la reestructuración
artística de la realidad misma condujo a
muchos a la idea de que era necesario renunciar
en general a las artes plásticas y al cuadro de
caballete como tal (a tal punto de vista se
atenían, por ejemplo, los teóricos del LEF). El
realismo socialista significó la victoria de los
que consideraban que no se podía renunciar al
cuadro de caballete y en general al arte como
tipo de actividad aislado. En parte eso fue
provocado por la consideración de que "el
futuro en el presente" todavía no se había
realizado plenamente y por eso el arte no
había perdido su papel proyectivo. Pero en
primer término el arte en su papel tradicional
fue conservado,puesto que tapaba cierto vacío
en el centro mismo de la realidad que era
creada por Stalin:a saber,el arte estaba llamado
a representar al propio Stalin.
Cierto crítico soviético, Ia. Tuguendjold, más
tarde acusado él mismo de formalismo y entregado
al olvido, fue uno de los primeros –ya en 1927
en su panorama del arte soviético durante su
primera década– en llamar la atención sobre la
flagrante ausencia del propio líder en la realidad
que era creada por él. En ese artículo, él sitúa el
viraje hacia la figuratividad en el arte soviético
ya en el año 1924 y lo liga a la muerte de Lenin
que había sobrevenido ese año,cuando se hizo
evidente que "algo se había dejado escapar,
que era preciso siquiera ahora olvidar todos los
'ismos' y mantener su imagen para la posteridad".
Ulteriormente, a medida que se tomaba cada
vez más conciencia de lo venidero como ya
advenido, el arte se concentraba cada vez más
en la representación del propio Stalin y su
entorno más cercano. En los últimos años de la
vida de Stalin, prácticamente sólo libros, filmes,
cuadros, esculturas que representaban al propio
Stalin recibían los más altos premios y eran
declarados clásicos del arte soviético.Se puede
suponer que si este desarrollo hubiera continuado,
el arte se habría limitado a la erección y
ornamentación de enormes edificios al gusto
de Stalin, y, por otra parte, a la producción de
retratos del líder,alcanzando así la síntesis entre
la comprensión de vanguardia del arte y la
comprensión clásica del mismo. Sobre este
fondo es curioso el hecho de que en la segunda
sesión de la Academia de Artes de la URSS,que
se celebró en 1952 y transcurrió bajo el signo de
una campaña zhdanoviana para la liquidación
definitiva de toda independencia en el arte,
uno de los que intervino citó con simpatía un
mensaje del Papa Paulo III (1539), según el cual
el artista se distingue del simple artesano en
que "es el que representa a los santos guías y
otros gobernantes".
Esa producción de retratos de Stalin –"entrañable,
sabio y amado"– le daba la posibilidad a Stalin
mismo como creador de la nueva realidad de
ver en ella su propio reflejo, creado por el "hombre
nuevo" por él mismo generado que se consideraba
que era cada "verdadero artista soviético".
Aquí ya se trata de una especie de apoteosis de lo
sobrehumano en el hombre,de la autocontemplación
del espíritu creador absoluto que concluye la
historia mundial en la imagen del más grande
imperio de la misma.
(1) N. del T. Realismo mágico (al. Magischer
Realismus), "en las artes plásticas, denominación
surgida en los años 20 del siglo XX en el curso de la
Neue Sachlichkeit para aquel tipo de pintura que,
mediante la exclusión de lo no importante,la técnica
de composición estatuaria y la deformación de la
perspectiva, consigue una representación mágicoirreal;
sus representantes fueron,entre otros,Georg
Schrimpf y Franz Radziwill, más tarde miembros de
la Escuela Vienesa del realismo fantástico". (MSN
Encarta)
Traducción del ruso: Desiderio Navarro
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