Postcolonial
Margaret Atwood
MARGARET ATWOOD (Ottawa, 1939) ha publicado más de cuarenta títulos entre novelas, colecciones
de cuento,poesía,ensayos y libros para niños.Entre sus novelas destacan The Handmaid's Tale (1985),
Cat's Eye (1988),Alias Grace (1996) y The Blind Assassin (2000).Le han sido otorgados importantes reconocimientos
como Le Chevalier dans l'Ordre des Arts et des Lettres (1994),la National Arts Club Medal
of Honour for Literature (1997) y el London Literature Award (1999).El cuento que publicamos pertenece
a la colección El quetzal resplandeciente y otros relatos (Editorial Arte y Literatura,2010),que será
presentado en la Feria Internacional del Libro.
Todos los tenemos:el edificio con la cúpula, victoriano
tardío, mampostería, leones de piedra al
frente;las casas de ladrillo,de tres plantas,con o sin
calados,en madera o hierro pintado,que ahora llevan
la palabra Histórico en placas de buen gusto,
esmaltadas o de bronce, y que pueden ser visitados
casi todos los días menos los lunes; las rosas,
grandes,de una variedad que antes no había aquí.
¿Antes de qué? Antes de que atracaran los barcos,
todos tuvimos barcos que atracaron;antes de que
los hombres de sombrero de castor,sombreros de
marinero, sombreros de copa, en fin, sombreros,
bajaran de los barcos;antes de que los habitantes
autóctonos dispararan flechas a los hombres
de sombrero o les brindaran amistad y
los salvaran de morir de hambre, antes
todos tuvimos habitantes autóctonos.
Flechas o no, esto no detuvo a
los hombres de sombrero,o no
por mucho tiempo; y también
tenían banderas,
todos teníamos banderas,
banderas que no
eran las banderas que
tenemos ahora. Los
habitantes autóctonos
no tenían sombreros ni
banderas, o no como
tales, y por tanto había
que hacer algo. Están
las imágenes de las
cosas que se hicieron,
las imágenes de antes y
después,cabría decir,pintadas
por pintores que entraron
a escena en el momento
preciso, todos tuvimos pintores.
Pintaron a los habitantes autóctonos en
sus coloridos atuendos sin sombrero,pintaron
a los hombres de sombrero, pintaron a
las esposas y los hijos de los hombres de
sombrero, cuando ya estos tuvieron esposas e
hijos, cuando ya tuvieron casas de ladrillos de tres
plantas en que ponerlos.Pintaron a los bravos animales
y aves nuevos, muchos entonces, pintaron
los paisajes, antes y después, y a veces mientras,
muy ocupados trabajando con hachas y fuego.
Algunas de estas pinturas se pueden ver en las
casas Históricas y algunas otras en museos.
Vamos a los museos, donde musitamos.
Musitamos sobre los tiempos de antes, musitamos
sobre aquello que se hizo, musitamos
sobre los habitantes autóctonos, a quienes les
fue mal en nuestras manos a pesar de las flechas
o,tal vez,a pesar de la amabilidad.La enfermedad
hizo estragos en ellos: nadie pintó eso.
También les dieron caza, les dispararon, les aporrearon
la cabeza, les robaron y demás.
Musitamos sobre estas cosas y nos sentimos
muy mal. Nosotros les hicimos eso, pensamos, a
ellos. Decimos la palabra ellos creyendo saber
qué significa; decimos la palabra nosotros aunque
no habíamos nacido entonces, aunque
nuestros padres no habían nacido, incluso aunque
los antepasados de nuestros antepasados
hubieran venido de un lugar enteramente distinto,
de algún lugar con sombreros ambiguos y
con una bandera bien diferente de aquella que
desembarcó aquí, ondeando al mal viento que
(también musitamos) nos ha traído mucho
bienestar. Comemos bien, las luces se encienden
casi siempre, el techo casi nunca gotea, las
ruedas giran.
En cuanto a ellos, nuestras principales ciudades
llevan nombres compuestos por sus nombres,
al igual que nuestras marcas de cerveza,y
algunos, pero no todos, los artículos con que
engatusamos a los turistas. Usamos y abusamos
de la palabra auténtico. También nos
encantan los guiones: la palabra nuestra y la
palabra de ellos, unidas por guión. A veces
ellos aparecen en nuestros museos, sin sombrero,
en sus ropas coloridas de antaño, cantando
canciones auténticas, aparentando ser
ellos mismos. Es un empleo remunerado. Pero
en algunos momentos, de cuando en cuando,
tal vez al atardecer, cuando salen las polillas y
abren las flores nocturnas, nuestras manos
huelen a sangre. Sólo un tufillo. Nosotros les
hicimos eso,a ellos.
Pero, ¿quiénes somos nosotros ahora, aparte
de la pregunta Quiénes somos ahora? Todos
compartimos la pregunta. ¿Quiénes somos
nosotros, ahora, dentro del corral nosotros,
dentro de la empalizada nosotros, la fortaleza
nosotros, y quiénes son ellos? ¿Son ellos esos,
los que de noche atracan en sus botes ilícitos?
¿Son ellos esos, los que entran aquí
subrepticiamente con sombreros estrafalarios,
con banderas que ni siquiera podemos
imaginar? ¿Debemos acogerlos o lanzarles
flechas? ¿Cuáles son sus planes, inmediatos, a
largo plazo, y nos mereceremos esos planes
suyos? Es una preocupación constante, este
nosotros, este ellos
Y ahí está, en una palabra, o puede que dos,
post colonial.
[2006] |