La mercancía amarilla

Daniel García Santos

Cuando Nicolás Tanco Armero arriba por primera vez a La Habana y se registra como huésped en la posada de la Nobleza Vascongada,transcurría el año 1853.Para esa fecha,ya estaba armado el andamiaje del tráfico de culíes hacia Cuba.Tanco Armero,personaje protagónico de la novela de Marta Rojas,El equipaje amarillo(Editorial Letras Cubanas,2009),caracterizado como cabeza pensante del lucrativo tráfico de "amarillos" y el escenario histórico de la importación forzada de culíes durante la segunda mitad del siglo XIX,son los pivotes que ha utilizado Marta Rojas para trasladar al tiempo de la ficción una época de transición marcada por la presencia de un nuevo elemento étnico en la fragua de la nación. Época, por demás, poco frecuentada en nuestra literatura.

La colonia de Cuba estaba sometida a tensiones económicas contradictorias.De un lado, parte de la sacarocrasia criolla se encontraba empeñada en intensificar la mano de obra esclava en circunstancias sumamente difíciles. La trata había sido abolida oficialmente en Cuba en 1820, e Inglaterra, en plena revolución industrial, lideraba la batalla contra el comercio clandestino de esclavos negros ("piezas de ébano",entonces) con el fin de movilizar el desarrollo capitalista en las colonias.Del otro lado,un grupo de hacendados,no menos importante que el primero, intentaba promover la introducción de las nuevas tecnologías y con ello sentar las bases de un desarrollo industrial sólido,no dependiente de la esclavitud,y la creación de un mercado interno; para ambas cosas, desarrollo industrial y mercado, resultaba imprescindible la existencia de una masa de asalariados.

En medio de esta disyuntiva,y atraídos por el estímulo que Inglaterra daba a la contratación de mano de obra asiática para las colonias,como alternativa a la esclavitud negra, los propios hacendados negreros, a partir de 1842,inician el tráfico de culíes a Cuba, y llegan a financiarlo.Era la solución más al alcance de la mano para paliar la crisis.

Son estas circunstancias históricas,muy bien recreadas por Marta Rojas, las que condicionan el segundo arribo a La Habana del personaje de Nicolás Tanco Armero.Mas,utilizando un recurso de contraste que nos lleva inevitablemente a evocar el utilizado por Ramón Meza en Mi tío el empleado,el actual Nicolás,como aquel Vicente Cuevas de la novela de Meza convertido en Conde,se registra ahora en La Nobleza Vazcongada,ya no como otro oscuro emigrante de los que pululan por las calles de la ciudad,sino como encumbrado comerciante importador,con oficinas en Londres,Nueva York y Hong Kong.Su "diabólica eficiencia" –leit motiv que lo identifica a lo largo del relato– lo ha llevado a convertirse en maquiavélico organizador de la importación de culíes hacia las islas de Chinchas,en el Perú,y hacia Cuba. El oportunismo y la habilidad de este personaje nos ira develando en el trasfondo de sus ardides el tejido de influencias,sobornos,hipocresía,engaño y crueldad que sustentan la beneficiosa operación del comercio humano. Porque Tanco,como Cuevas,es un personaje diseñado por una época de transición.

Pero en esta segunda estancia en La Habana –la tierra de su "idolatrado padre"–,Tanco llega cortejado por un equipaje de noventa piezas, "singulares contenedores que traen los tufos de varios mares", una novena "de amarillos,vestidos […] con pijamas de seda color azul celeste,con las cejas afeitadas y tan jóvenes como púberes", y, sobre todo, seguido del "amarillo principal", Fan Ni, su enigmático sirviente. Equipaje tan monumental y exótico no es más que la fachada tras la cual se enmascara la llegada de cientos de culíes, en condiciones infrahumanas, que constituirán el elemento estructural de la novela: el componente asiático,el "equipaje amarillo".

Siguiendo la máxima confuciana de que "un árbol no puede elegir el pájaro que anida en su follaje,pero un pájaro sí puede elegir al árbol",Fan Ni se pone al servicio del joven Tanco en uno de los tránsitos de este por Macao. Educado en el canon secreto de la corte de la Ciudad Prohibida de Pekín y en las doctrinas de Confucio,y trastocado su pretendido destino como eunuco por la acción de un tío que pretendía para él otro camino,se ve de pronto lanzado a lo desconocido. Tiene que tensar su sabiduría,heredera de una tradición milenaria, y su sutil sagacidad asiática para sobrevivir y labrarse un fin propio. Los sutiles matices con que Marta Rojas logra caracterizar la relación entre Fan Ni y el joven Señor Tanco, y las ambigüedades que genera el diálogo incomprendido entre estas entidades culturales distintas, es uno de los logros de la novela. Muestra ejemplar es el capítulo titulado "El discurso de Fan Ni",en el cual la autora superpone estos planos de sentido diferente y los pone en acción ante un auditorio que los recibe también con códigos diferenciados,y así lo que dice Fan Ni a un ejército de culíes recién desembarcados, que no saben siquiera dónde están, resulta un contrasentido de lo que de este discurso esperaban los hacendados.Es un pasaje armado a partir del equívoco, acentuando las peculiaridades de los polos:de un lado los engañados y maltratados culíes,del otro los hacendados que serán sus futuros dueños.

Completa de cierta manera este paisaje multicultural en la novela, el personaje que encarna el componente étnico ya presente en la realidad cubana,y que es el que va a interactuar sustancialmente con los inmigrantes chinos: los esclavos negros, cuya representación se encuentra plasmada en el personaje de Brunilda –quien nos viene de una de las novelas anteriores de Marta Rojas,El harén de Oviedo. Negra indomable,con grilletes de cobre en los tobillos resaltando su sugestiva apariencia, encarna la rebeldía y el afán de libertad.En El equipaje amarillo, ha sido reducida al oficio de curandera, después de dramáticas vicisitudes que la llevaron a evadirse como cimarrona y fundar un legendario palenque, hasta que resulta apresada. Su tácita alianza con el joven Señor Tanco para la cura de unos culíes "purulentos", y la atracción erótica que se despierta entre ellos –que establece un sugerente contrapunto con la otra gran atracción de Tanco, la bella Condesa de Gibacoa de grilletes de oro en sus tobillos–,alcanzarán niveles simbólicos cuando Brunilda se trastoque en sirena y se pierda en las imprecisas aguas de la leyenda.

De esta manera, con las contradicciones de la segunda mitad del siglo XIX como escenario,devueltas artísticamente a partir de una detallada investigación, y apoyándose en una visión integradora de la cultura nacional con perspectiva histórica, Marta Rojas,alejada de toda reproducción literal de la historia, levanta ante sus lectores un mundo de ficción de una gran riqueza de personajes y situaciones, en el que, sobre todo,pone a dialogar entre ellos los elementos culturales básicos que irán forjando, en el espacio geográfico de la isla,la nueva nación que se nutre de todos ellos.La historia es en esta novela un recurso literario, y no mecánica referencia erudita. Aun cuando la autora parte de una investigación profunda de la época, con una perspectiva literaria que le permite crear ambientes,atmósferas y personajes cabalmente verosímiles,lo que realmente está en el centro de su atención son los individuos que hacen esa historia; las personas en específicos con sus propios dramas y con sus maneras peculiares de moverse dentro de sus circunstancias.

El tráfico de culíes conlleva en la novela un lado oscuro.Enmascarado tras el "equipaje amarillo",y en tanto mercancía adicional de gran utilidad económica, venía el opio. Esta droga, cuyo consumo forma parte de las más antiguas costumbres chinas, era muy apreciada en la época.Precisamente Fan Ni aparece por primera vez en la novela observando tranquilamente el trasiego del exótico equipaje de Nicolás Tanco, "mientras con frecuencia inhalaba de una pipa de bambú su acostumbrada porción de opio". Lo compraban los buscadores de oro en California, que en la novela aparecen conformando un grupo que funciona casi como personaje colectivo dentro de la trama,y que,como resueltos aventureros, han llegado a la Isla para implicarse en el comercio de la droga, del cual también es rector Nicolás Tanco Armero.Y buscaban también el opio, en su variante más elegante, el láudano, los propios hacendados negreros, liderados por Zulueta, cuyo referente real, Julián de Zulueta y Amondo, trajo los primeros cargamentos de culíes bajo consignación de la Real Junta de Fomento.En 1847,llega el primer arribo de culíes a Cuba.

El opio es,precisamente,el recurso que le sirve a la autora para enriquecer la trama con planos en que las fronteras entre el ensueño y la realidad de la ficción se difuminan de tal manera que,en esos pasajes, la narración adquiere un alto vuelo imaginativo. Ensueño y realidad solo se vuelven a hacer distinguibles cuando, en momentos muy bien logrados, el narrador, asumiendo la perspectiva del personaje alucinado, lo hace entrar abruptamente en la realidad. Estos pasajes en los que los dos planos de la narración vuelven a deslindarse tienen un gran efecto, y producen en el lector una especie de extrañamiento que combina,por un lado,lo lúdicro,y,por el otro, un llamado a la lectura consciente, el diálogo activo con la narración.

A este recurso de mezclar planos diferentes, se suma el cambio del punto de vista del narrador de acuerdo con la proximidad que la autora pretenda darle al relato en cada momento.Así la tercera persona, que es la que predomina, se alterna con la segunda,y esta especie de péndulo en la perspectiva permite establecer niveles de implicación en la trama que van desde una recepción distanciada, hasta el diálogo íntimo que crea la interpelación directa a un personaje.

Si un mérito más podemos identificar en esta novela es que estos recursos están en función de contar una historia de por sí atractiva,con el añadido de un lenguaje sencillo en su artesanía artística.Nos adentramos de esta manera en La Habana de la segunda mitad del siglo XIX, los contrastes entre la ciudad de intramuros y las haciendas e ingenios que se levantaban en sus proximidades;la diversidad de personajes populares que transitan por el relato frente al boato, a ratos extravagante, de la aristocracia; la exótico de la cultura china en medio de la sensualidad del trópico y su sutil infiltración en las raíces de una nacionalidad en plena conformación; inseparables el amor,el placer y la lascivia,cuando se consuma una atracción tan intensa como la que provoca en el joven Tanco la dama de los grilletes de oro,y después la cimarrona y curandera de cuerpo caliente y transformista, con sus grilletes de cobre;la trastienda de los negocios del comercio de esclavos,donde la intriga, la ambigüedad, el engaño, el cálculo van deshilvanando intenciones que mantienen el suspenso; la interrelación entre el joven Tanco y su sirviente Fan Ni,en la que el cálculo bursátil,fríamente pragmático y engañoso del joven de diabólica eficiencia,y la sabiduría y la paciencia del amarillo,se enfrentan en una sutil lidia que concluirá de manera insospechada.

Estos aspectos, entre otros más, hacen de El equipaje amarillo una lectura sumamente sugerente y de interés sostenido. Además, es un producto artístico que se inscribe de manera consecuente en las preocupaciones sobre la Cuba colonial y su conformación nacional que ha sostenido Marta Rojas a lo largo de su ya notable producción narrativa.Desde El columpio del Rey Spencer (1993),pasando por Santa Lujuria o Papeles de blanco (1998),El harén de Oviedo (2003), y la premiada con el Alejo Carpentier de Novela Inglesa por un año (2006). Novelas que vistas de conjunto nos devuelven un mosaico de los componentes étnicos, culturales, históricos que se encuentran en las raíces mismas de esta geografía y de esta identidad que hoy compartimos y continuamos enriqueciendo.

Continua...