La
rebelión de la clase media
Borís Kagarlitski
Del sociólogo ruso Borís Kagarlitski, la Editorial de Ciencias Sociales acaba de publicar una
notable obra de investigación sociopolítica, La rebelión de la clase media, que analiza cómo
esta clase -según señala el autor-, inesperadamente es de nuevo la masa inmanejable y
sediciosa que tanto asustó a los ideólogos burgueses de finales del siglo antepasado.
Presentamos ahora un fragmento de su capítulo 4, "Fronteras y modelos".
Boris Kagarliski (1958) es Director del Institulo de Globalización y Movimientos Sociales en
Moscú y co-fundador del Partido del Trabajo. Entre sus obras figuran: La caña pensante: los
intelectuales y el estado soviético desde 1917 hasta el presente (1988, Premio Deutscher
Memorial), Adiós Perestroika: una crónica soviética (1990), El regreso del radicalismo.
Reconformando las instituciones de izquierda (2000) e Imperio de la periferia: Rusia y el sistema
mundial (2008).
¿Recordamos los años sesenta?
Desafortunadamente, en el sentido más estricto de la palabra, los
soviéticos de los sesenta no eran demócratas.El rechazo del estalinismo
con que comenzó su camino político aún no equivalía a una
democratización consecuente. Para ellos la democracia era, ante
todo,la victoria de su gente,el poder de su gente.
Y,finalmente,llegó el momento de la victoria.
La perestroika necesitaba de la gente de los sesenta. La cúpula
soviética a mediados de los ochenta de forma inesperada hizo aquello
que había soñado la joven intelectualidad veinte años atrás. Al
mirarse en el rústico y torcido espejo de la glasnost,el poder se horrorizó
de su abominable expresión y solicitó con urgencia la ayuda de
la "intelectualidad democrática". ¡Lo habían logrado! Finalmente,
habían llamado a la gente de los sesenta al poder.Cierto es que algunos
de ellos,para ese tiempo,ya estaban allí.
Los disidentes con urgencia retornaron del exilio,de los campos de
concentración y hasta del extranjero, aunque para desempeñar un
papel preferentemente decorativo. Habían triunfado los conformistas
y no los disidentes."El largo camino institucional" había terminado
en una victoria completa.Era lógico.La gente de los sesenta había
comenzado su actividad convencida de la vigencia de los principios
básicos del sistema. Por eso, al llegar a lo más alto del poder y en
correspondencia con sus postulados iniciales, deberían "arreglar" el
sistema.De antiguos archivos se extrajeron todas las ideas y consignas
de veinte años atrás,pero las usaron muy poco tiempo,pues por
desdicha, sus creadores ya no creían en ellas. Además, el liderazgo
que había pedido ayuda a los intelectuales no era tan ingenuo como
podía parecer en los primeros momentos. A los secretarios de los
comités provinciales del Partido les quedaba estrecho su saco gris,
sus deslucidas oficinas y sus antiestéticos volgas. Ellos querían ser
parte de la clase que regía los destinos del mundo y la vieja ideología
soviética solo hacía dificultar las cosas. Años atrás Trotsky había
comparado el sistema soviético con el capullo del gusano capitalista
para convertirse en la mariposa socialista, aunque advertía que el
capullo podría morir sin convertirse en mariposa.
En 1980 finalmente se sacudió el capullo, pero no salió volando
una mariposa,sino un monstruo que,además,era totalmente capitalista.
No habían convocado a la gente de los sesenta para rejuvenecer
y limpiar la ideología soviética "original", sino para destruirla del
todo. Es cierto que la nomenclatura partidista en el proceso de
destrucción no siempre logró lo que quería (es decir,no siempre los
recursos fueron a parar a quienes se destinaban). Pero en general,
todo estuvo bien y la gente de los sesenta compartió la gloria de la
victoria con los funcionarios corruptos.No titubeaban en reconocer
los méritos ganados en la destrucción de un sistema que habían prometido
renovar.
Irónicamente,al mismo tiempo tocaba a su fin el "largo camino" de
la intelectualidad occidental, que también había llegado a ocupar
puestos gubernamentales,parlamentarios y en todo tipo de organizaciones
internacionales. Pero las instituciones resultaron más fuertes
de lo que alguna vez habían pensado los jóvenes radicales. El
sistema se las ingenió para digerir felizmente a los antiguos rebeldes,
sangre fresca tan necesaria para fortalecerse.
Muchos de los que participaron en las protestas convirtieron el
motín en instrumento,con la ayuda del cual lograron hacer carrera y
alcanzar posiciones de respetables profesores y políticos. No es
casual que precisamente miembros de la generación de estudiantes
rebeldes, a finales de la década del noventa ocuparan importantes
cargos en los gobiernos socialdemócratas de Francia y Alemania y
que muchas cátedras fueran a parar a manos de antiguos rebeldes,
que habían escogido la vía académica como carrera.La sensatez burguesa
sustituía el talante radical de ayer en forma directamente proporcional
al éxito.
Todo esto ocurría ante la total derrota de las fuerzas de izquierda y
el avance de la contrarreforma.La conclusión racional de los rebeldes
de ayer puede resumirse así:si no se pueden resolver los problemas
de todos,es menester ocuparse de los propios.
Por supuesto,no todos los líderes de la nueva izquierda se convirtieron
en burócratas sin sentido.Muchos permanecieron fieles a los
ideales de su juventud,sobre todo los participantes simples,quienes,
precisamente, en 1999-2002 entregaron el bastón a la "generación
de Seattle" con sus historias sobre el pasado romántico, sugiriendo
consignas precisas y advirtiendo los errores.Extrañamente,los que se
mantuvieron firmes y consecuentes no estaban en la mirilla de los
medios masivos.Para la prensa eran personas poco interesantes que
no habían querido (¿o podido?) convertir su prestigio revolucionario
en éxito burgués. En primer plano, por supuesto, estaban otros, los
"exitosos" activistas de la cultura y la política, que habían demostrado
de forma convincente su "reconciliación con la realidad".
Los desafortunados no contaban, pues el éxito es lo único atractivo
a la conciencia burguesa.Los representantes exitosos de los sesenta
se habían convertido en banqueros,los revolucionarios occidentales
prósperos eran ministros,que no manifestaban siquiera la intención
de reformas moderadas dentro de los marcos del sistema.
Resulta entonces que los soviéticos de los sesenta y la nueva
izquierda occidental actuaron de forma diametralmente opuesta a
lo que habían prometido:triunfaron los principios de jerarquía,subordinación
y privilegios.La utopía de la injusticia social se había hecho
realidad a su máxima plenitud, no sin la ayuda de aquellos que habían
prometido luchar por los ideales de un mundo justo.¿Quiere decir
esto,acaso, que las revueltas de los años sesenta no tenían sentido?
De ninguna manera.El destino de las ideas es más rico e interesante
que el destino de las generaciones que les dieron vida. Los libros
sobre el "decenio de las revueltas" han vuelto a ponerse de
moda, en el mismo momento en que aquellos jóvenes
rebeldes de ayer hoy definitivamente se han convertido en
burócratas entrados en años y fastidiosos corruptos. Una
nueva generación de jóvenes radicales ha salido a la calle
con consignas conocidas.¿Quiere esto decir que todo va por
el mismo camino? En lo absoluto. El actual movimiento es
mucho más poderoso y masivo que el de los años sesenta.
Las raíces sociales del nuevo movimiento son mucho más
profundas.De la misma manera en que son incomparablemente
mayores también las dificultades que enfrenta el propio
sistema.
El nuevo movimiento radical se diferencia de las manifestaciones
de la "nueva izquierda" en que sus activistas y líderes
saben de la experiencia pasada. Independientemente
del carácter romántico de los años sesenta y del impulso cultural
que ese tiempo imprimió al movimiento de izquierda,
volver a él es imposible. La mayor debilidad de los años
sesenta fue la ausencia de movimientos organizados. Las
acciones espontáneas y las protestas masivas no pudieron
sustituir las estructuras políticas propias.Luego de sufrir una
derrota en el primer ataque, intelectuales y líderes del
movimiento emprendieron por su cuenta el "largo camino
institucional". No es sorprendente que a pesar de todos sus
buenos deseos, no tuvieran la menor oportunidad de cambiar
algo,a no ser a sí mismos,por supuesto.
Este nuevo movimiento tiene posibilidades de ser algo más que
un brillante,pero breve estallido de energía política juvenil.El movimiento
está llegando a la necesidad de crear sus instituciones alternativas
propias, dentro de las cuales, los Foros sociales, son una las
muchas formas posibles.El movimiento está obligado a pensar críticamente
no solo las causas de la degeneración burocrática de la
"izquierda tradicional", sino también la frustrada experiencia
de la "nueva izquierda".Pero,a pesar de todo,aquella nueva izquierda
de una forma u otra dejó un legado político a los radicales de la
generación siguiente. La lucha comenzada y no terminada en 1968
tiene que continuarse,con otra gente,en otras condiciones y de otra
forma. En lo que respecta a los soviéticos de los sesenta, el legado
político de esa generación ha resultado tan insignificante que para la
actual generación de activistas en la Europa oriental ese hecho resulta
más bien una curiosidad histórica,un divertido episodio del pasado,
nada más. Hoy el movimiento se inspira precisamente en los
sucesos de los años sesenta, pero no en la Unión Soviética, sino en
Europa occidental.Y ese hecho, posiblemente, representa la última
catástrofe moral de los soviéticos de los sesenta.
Cuando la ola revolucionaria de esa década se apagó, muchos
pensaron que habían acabado con el radicalismo de una vez por
todas. La reconciliación con la realidad de muchos antiguos líderes
de las protestas juveniles realmente demostró la capacidad del sistema
para superar cualquier muestra de descontento y apaciguar a
cualquier rebelde.
Pero la rebelión de esos años no fue de ninguna manera la última.
Aunque muchos líderes radicales consiguieron éxito en sus carreras
y renunciaron a los ideales del movimiento, ¿quería acaso decir que
el movimiento estuviera definitivamente abatido? En absoluto.
Aquella derrota fue sólo un primer boceto,pero cada nuevo intento
de liberación será más fuerte y efectivo.
Sólo a primera vista lo que está ocurriendo desde inicios del siglo
XXI parece reproducir la situación de los años sesenta,pero en realidad,
las dimensiones del conflicto esta vez son muy diferente y el
movimiento,incomparablemente más poderoso. |