Soñar lo mismo
no es soñar
en vano
Frank Castell
Un autor puede descubrir con el paso de los años que su obra es
auténtica o impostada.Ian Rodríguez (Las Tunas, 1973) nos propone Esta
costumbre de soñar lo mismo, libro que Letras Cubanas ha tenido el acierto
de publicar.
En los textos de Ian, de aliento fuerte, en los que se evidencia el poder
de sugerir, mostrar al ser humano con sus defectos y su capacidad de
soñar lo no soñado, nos deja, al concluir la lectura, una sensación extraña.
Testimonio de una vida intensa, signada por el dolor, la pérdida, pero
a la vez la esperanza de ser salvado por un verso a veces ríspido, a veces
dócil, lleno de música.
Dentro de su cuerpo, Cambiar las formas del sueño, Agudos del silencio
y Velas en torno al corazón demente, no parecen libros que alguna vez se
publicaron de forma independiente.Existen vasos comunicantes entre la
forma asumida por el poeta y la realidad que lo circunda, dígase Nueva
Gerona o Cienfuegos.
Verso a verso, Ian asume con madurez su papel ante la historia, abre
una puerta al lector desde la prosa limpia. Esto no quiere decir que en
ellos no esté presente el riesgo de naufragio porque Ian es un poeta que
no hace concesiones,para él escribir es exorcismo.La fuerza de su discurso,
la síntesis y el desbordamiento, testimonio de un hombre lleno de
preguntas,permiten que el lector se identifique y sangre con él.
En Posible forma de un sueño el sujeto confiesa lo que pocos harían
debido a ese sentido del lugar de origen que el cubano defiende, sin
embargo, ¿qué puede decir un hombre al que sus padres arrancaron las
calles de Las Tunas cuando apenas tenía dos años?:
Su nombre es tan sólo un dato trivial en mi biografía.
Incita a perderme con frecuencia y no consigo más
que trasnochar por calles ajenas a su historia,
resultando mis pernoctaciones, viajes al nombre de la ciudad
que ya va siendo nostalgia, posible forma de un sueño,
querella.
(…)
A diferencia de muchos poetas cubanos, Ian hace de la palabra rejuego
de imágenes en las que fluye una voz alejada de las incoherencias.O
sea, afirma, dice, habla, pero sin tanto rodeo, ni tantos obstáculos. Quizás
la vida le mostró un camino diferente. Quizás el ir y venir de ciudad en
ciudad le hizo ver de un modo distinto las cosas.Es posible.Pero también
es posible que el espíritu de Paco Mir,Gastón Baquero, Eliseo Diego, por
sólo citar a algunos elegidos,le enseñaron a diferenciar a las hojas caídas,
dígase generación poética más reciente.
El dolor del claustro como vivencia, dos años lejos de la costumbre, del
yo, hacen de Agudos del silencio un ejercicio de supervivencia:
19 de julio, 1994 y 1996
Noches con vientos de la confusión.
Abres los ojos y te ves solo en una Isla.
Tu nombre no es Robinson
y ahora nada importa el nombre: eres una Isla
y descubres que tu ojeras
son el horizonte de los veleros que se despiden:
(…)
De similar carácter,aparecen textos dedicados a Ángel Escobar,uno de
los poetas más trascendentales de los últimos años en Cuba.Tal vez exista
una relación entre el sujeto lírico de Ian y el mortal atormentado por
el presente. "14 de febrero de 1997" es un hermoso poema que se acerca
con acierto a la figura de Escobar:
(…)
Puede que llores y tu llanto sea un canto de salvación tarareado;
pero este llantro mío ya no me salva.Ya no me salva el recuerdo,
ni las cartas del Tarot sobre la mesa, ni los dados sobre el piso,ni
la lluvia, ni el polvo, ni el tiempo, ni las nuevas formas… soy
agudo del silencio, eco sin voz que ahora intenta cantar:
(…)
Esta costumbre…, es una brújula para llegar hasta un hombre que
lleva en su alma la grandeza de haber escrito lo que muchos decidieron
callar, lo que duele, molesta, pero a la vez dignifica. Ian Rodríguez
es un poeta en mayúsculas que en cada entrega me sorprende.Ritmo,
sentido de insularidad y belleza en sus prosas, son elementos a tener
en cuenta al resumir años de entrega al duro ejercicio de jugarse la
vida escribiendo:
Pasarán los años, y nadie podrá leer lo escrito en estas paredes,
a no ser la mano que cercenó tu piel y nos privó del pan,
puso en riesgo los jardines, como si no fuera terrible jugar con un
nombre que mantiene intacta cada una de sus letras.
"Ojeras de Junio"
La madurez no llega por casualidad, ni por años de intenso trabajo. Es
un proceso que va más allá del estado físico. Un poeta debe vivir todo
cuanto escribe, sufrir el dolor de sus textos, reír la felicidad verso a verso
o, simplemente callar. La madurez está en ubicar la mirada más allá del
tiempo.
En la Tierra como en el Limbo:
amén
Emmanuel Tornés Reyes
Los hallazgos fortuitos de obras literarias casi
siempre me han proporcionado aperturas de
regocijo intelectual. Es lo que me ocurrió hace
algunas semanas al encontrarme por azar con
En el limbo (Editorial Letras Cubanas, 2009), la
más reciente muestra de ficciones de María
Elena Llana. Primero, porque de inmediato me
develó una de sus aristas más jugosas: el fino
manejo del humor, sustancia que tuvo la virtud
de hechizarme por más de una razón; y, al
mismo tiempo, de borrar en segundos aquello
que Lezama, con su proverbial sutileza habanera,
describió como la monotonía de una tarde
de domingo: pues fue en una tarde de domingo
cuando se produjo el feliz acierto.
Segundo, porque la tersura de su prosa, la
agilidad discursiva y textual, y la consistencia de
sus historias, me hicieron sospechar que bajo
aquel aire de travesuras y de letra abierta a la
sencillez,se cifraba,con intensidad maestra,una
miríada de expansiones estéticas y filosóficas
ilustrativas no sólo del estadio actual de la poética
de la autora sino igualmente del porqué la
considero una de las voces más sólidas y genuinas
de la cuentística cubana de nuestro tiempo.
Verdadero ejercicio de síntesis e intensidad
en todos sus órdenes compositivos, este
repertorio de cuarenta y cuatro relatos breves
y brevísimos (oscilan entre las cuatro cuartillas
y las cuatro líneas), constituye no sólo un
buen divertimento (el humor en María Elena
es un arte refinadísimo de cubanía, que en
años de crecimiento se simboliza en el número
de cuentos de En el limbo) de cultura y
saber, cercanos y universales, para quienes
dentro y fuera de Cuba gustan del género,
sino también un fruto creativo muy útil para
aquellos jóvenes escritores que en nuestros
días se preguntan cómo alcanzar la concisión,
una de las clave más arduas del cuento si de
real poesía se trata.
Enmarcando el conjunto de historias aparecen
dos textos de similar contención y picardía,
destinados a cumplir el papel de preámbulo y
epílogo; tales enunciados, sin embargo, por su
tono y fugas,puede apreciarlos el lector, si así lo
desea, como dos híbridos próximos a las narraciones
(no por gusto López Sacha en una ocasión
se refirió al género como un "niño
travieso", en tanto Mempo Giardinelli lo vio
como algo difícil de definir).
Pero lo que ambos alegatos expresan es en
parte ilusorio, imponen otros retos a la imaginación,
destreza y conocimientos del receptor.
No os dejéis engañar. En nuestro tiempo nada
es ingenuo, como una vez apostilló otro italiano
universal, reiterando su homenaje a Borges:
el escritor sabe que yo sé y viceversa. De ahí las
ricas pulsiones de la ironía y la microparodia,
puestas en función de descubrirnos, en el trasfondo
de lo contado, las ebulliciones epistemológicas
y los juicios implícitos en los juegos
intertextuales y metafictivos consubstanciales
al Limbo posmoderno, que María Elena también
nos erige a través de cada uno de los
relatos y temas. En esto la autora vuelve a ser
convincente: cuando terminamos de leer el
libro, los cuentos se disparan a las estrellas y
empezamos a vislumbrar en los secretos abismos
de sus páginas una complicadísima red de
citas y de especulaciones autoconscientes
generadas por el singular narrador autoral que
las recorre y por los personajes intemporales
que protagonizan sus conflictos. Es decir, comprobamos que somos seres de un universo
intercultural y transtextual del cual resulta
imposible escapar.
Pero lo que sí podemos lograr, y en
esto quizá reside la esencia de la calidad en
el arte, es que tanto en la Tierra como en el
Limbo (no sé si mi afirmación tendrá similar
validez en el Paraíso y en el Infierno) la
ficción se acerca a su mayor fineza cuando
consigue urdir con ingenio sus artificios
hasta hacerlos prácticamente invisibles a los
ojos de sus destinatarios. Por ello, y sin olvidar
que algún que otro cuento mereció
haber potenciado más su impulso estético,o que
el diseño e impresión debieron estar más a la altura
de la obra y de la dinámica internacional del
libro, pienso que por las cualidades antes señaladas
En el limbo ha devenido uno de los mejores
regalos que me deparó el 2009. |