Óscarr Hahn,, lla navajja de Occam
Mario Martínez Sobrino
He leído con fruición el libro En un abrir y cerrar
de ojos del chileno Óscar Hahn, un pariente generacional
cuya conversación en vivo me gustaría
disfrutar, pero más bien para hablar, si es posible,
de dos o tres esperanzas y,antes,de todo lo que se
nos ocurra en un café de la Acera del Louvre.
Y es que los temas de su libro pasan por los
alienantes filtros de los años formadores de su cosmovisión
y,aun más, vienen de ellos,pero actualizados.
Hombre nacido, como yo, en la cuarta
década del siglo XX y con juventud entrando en la
sexta,su Weltanschaung es la condena a un phatos desintegrador. Las circunstancias epocales por sí
hablan: guerra fría y holocausto nuclear como
actores principales de un trágico escenario de
nociones y naciones subvertidas que trastorna
valores y espíritus en desesperación. El hombre
deja de ser, pasa a existir, pierde su dimensión
orgullosa,es siervo más que nunca de lo perecedero,
de lo imprevisible, de la angustia sumaria. Se
fragmenta, toda su experiencia de ese existir está
individualizada y evoca su trascendencia como
lesión definitiva y, no obstante -nunca está perdido-
en su guerra interior la procura con esa sensación
/ de no estar caminando en suelo firme / sino en
la cuerda floja ("Equlibrista").
Acaso uno de los mejores ejemplares de tal
espíritu es una obra de artes concurrente:
Ascensor para el cadalso, el filme de Louis Malle
realizado en 1957 con banda sonora de jazz,
improvisado cuadro a cuadro de la imagen por
Miles Davis, otro ícono, genial, del aire de esos
tiempos.Y en el pórtico de En un abrir y cerrar de
ojos Óscar Hahn plasma un poema con alta significación
de tal contexto, de ese état d'ésprit:
"San Juan de la Cruz escucha a Miles Davis";
ambos en sus respectivos calabozos. Al de
Miles llega "una Aparición fulgurante ":
Para ahuyentar el espectro tomé mi trompeta y
toqué
Y mientras tocaba el rostro de la Aparición
tenía una expresión como de éxtasis y dijo:
"La música callada la soledad sonora"
Pero el protagonista agónico queda atrapado
en su ascensor. Más adelante exclama en su
derrota:"y ahora mi vacío de Dios / es más grande
que el tamaño de Dios".
Para colmo, el poeta vive en los Estados
Unidos, ese epicentro de violencias, con pentágonos
omnipresentes, holocaustos potenciales
y reales. A ese enemigo fragor opone igual sus
poemas abriendo los ojos del espanto. Surge
en toda su inhumanidad el general que pretende
haber perdido muchos hombres: Usted no
pierde hombres general / las familias los pierden:
/ los padres las mujeres los hijos / Lo que usted
pierde son piezas / en un tablero de ajedrez…
-/pronto le llegarán más torres vivas / más peones
de reemplazo.
La suma de horripilaciones de ese conjunto
de poemas puede ser "Los jinetes del
Pentágono" donde, suerte de quod erat
demonstrandum de profecía interactiva,
muestra el Apocalipsis en edición de hoy: bajo el sol calaveras de caballos / con jinetes
vestidos de esqueletos / contra ti lanzarán
sus improperios / de siete en siete en formación
marcial / desde Londres Berlín
Washington Roma / en carrozas con swásticas
y estrellas … /hacia el mismo confín del
orbe en llamas / sin compasión sin compasión
avanzan / so riesgo de vaciar el firmamento
/ sobre los inocentes escondidos / tras
murallas de paja y de papel.
Y el amor, la mujer, la pareja, aunque en
la inmanencia peligrosa del ascensor
rompible, se realizan aleatoriamente;
cunde también el candor del niño paradisíaco
que no muere, regresa y conforta
("Peces de colores"). Praderas en un
mundo de abismos, aberrado casi más
que perverso, constituyen como franjas
de banderas alzadas contra el vacío y los
enigmas de los sueños.
En un abrir y cerrar de ojos es también, en
otra de sus valencias, un poemario escrito
con la navaja de Occam, aquella que
despojó de barbas a Platón y aquí se desliza
por un lenguaje directo, de léxico
común, sin apelar al transformismo tropológico
o al palimpsesto barrocal. Es el decir
poético de Antonio Machado, de Eliseo Diego,
de Wislawa Szymborska, el de la conversación
de tarde con unas cuantas cervezas y también
en la oscuridad y en los sueños.Discurre, rápida
e intensa como su título, en un abrir y cerrar de
ojos, esta entrega de la editorial de la Casa de la
Américas, que le otorgó por sus excelencias el
Premio de Poesía José Lezama Lima de 2008 y
es de buen agradecer y de honesta recomendación.
Escala crítica y personal
David Leyva
Así como el Bolero de Maurice Ravel se articula a partir de la incorporación
paulatina de instrumentos a una misma melodía,el libro de
Modesto Milanés ,Escala crítica (Editorial Letras Cubanas,2009),es un
ejemplo parecido de complejización progresiva de un mismo libro.
De la práctica del retrato se sube a la práctica de la polémica y de ésta
a la práctica narratológica,por lo que de una agradable generalidad
se llega a un intenso grado de especialización. Al visualizar burdamente
esta diversidad,parece como si Milanés sacara una guitarra de
trovador para hablar de José Bianco, unos guantes de boxeo para
Virgilio Piñera y unas herramientas de mecánico para Jorge Luis
Borges.A uno lo pinta desde la figuración, al otro desde el expresionismo
y al último desde la abstracción.
Este libro presenta un pórtico suntuoso y una salida laberíntica.No
existe mejor comienzo que esa "nota" sobre los ensayos de José Bianco.
Lo ameno y amigable de la prosa de Bianco lo asume Milanés en su propio
personaje de crítico.Al estilo del argentino, está siendo escritor del
escritor,está logrando a plenitud el ejercicio de la admiración.Uno siente
que antes de redactar esas notas ha ocurrido,como en las artes del
buen vino, un excelente proceso de sedimentación. De ahí aquellas
ideas sorprendentes y que recibimos sin embargo con total familiaridad,
como ésta de sintaxis piñeriana:"Bianco se halla siempre instalado
cómodamente en los asuntos que aborda", o esta otra: "el espíritu de
Bianco dado más a la reserva irónica y a la placidez del detalle".Ya hacia
el final, vida y obra del escritor son definidos con grandes sintagmas:
"inteligencia vigilante","apropiación íntima de los temas" y sobre todo
la "belleza moral" de su escritura.
En el caso específico del segundo ensayo puede que el motor inicial,
es decir,la idea de una propuesta de periodización de la cuentística
de Piñera,resulte un tanto bizantina y extraña para un autor tan
aparentemente alejado de los instrumentos de operación académica.
En la imagen libresca que tengo de Piñera, este se muestra tan
descreído en su escritura y tal efecto provocan los retratos de Antón
Arrufat sobre lo impredecible,agudo y reactivo de su carácter que no
puedo esquivar la imagen de un Piñera con risa,insulto o placer ante
los estudios que están y los que se avecinan sobre su obra.Pero no
hay remedio,y poco que refutarle a Modesto Milanés;personalmente,
no encuentro elementos para no defenderlo. Su análisis de base
es sencillo y contundente:Si Piñera no aceptó como crítico el estatismo
y el acomodamiento de un autor X,su propia obra no debe estar
sumida en un cómodo estilo continuo.Así pues,el académico que se
lo proponga puede conformar,como es el caso,etapas de sus movimientos
y hasta de sus contorsiones como escritor.
Al Milanés ensayista de la parte inicial del libro se suma el Milanés
teórico y el Milanés profesor que estudian la segunda parte dedicada
a Jorge Luis Borges.Y hablo de profesor como decidor preciso y
documentado; que aún en tema escabroso uno percibe la facilidad
y dominio del discursante. En estos estudios sobre cuentos de
Borges se hace la magia de la concentración estructuralista.Se separan
las partes del texto; se busca la pieza deseada; se explica su funcionamiento;
se ejemplifica en la práctica: jamás la lectura posterior
del cuento volverá a ser como antes.Milanés,a través del recurso de
la suspensión,ha vuelto diferente las lecturas venideras de "Hombre
de la esquina rosada";al mismo tiempo que,apoyado en las dualidades
e interacciones entre narración marco y narración intercalada,ha
convertido "El milagro secreto" en una historia más alucinante de lo
que ya era.
Terminado el viaje del libro saltan a la vista las metamorfosis ocurridas
a Modesto Milanés:ha sido ensayista,polemista,académico;ha
sido amigo,rival y profesor.Puede que no se trate solo de la escala de
sus posibilidades como crítico,sino que nos sugiere de alguna forma
su escala de posibilidades como persona.El primer autor le ha servido
para generalizar, el segundo para rivalizar y el tercero para teorizar.
Al libro entran todos los lectores, continúan los más valientes,
terminan los más especializados. Esta opera prima puede resultar
una temible alerta de talento, pues nos dice casi abiertamente
Milanés: puedo ser personal y agradable como en la prosa del viejo
y eterno ensayo,puedo ser polemista de sólidos argumentos y,para
cambiar de miras,puedo ser narratólogo y mostrar,como los académicos
pintados por Rembrandt, el cuerpo de los escritores muertos,
abierto en disección. |