El plan secreto de la maldad ya está en marcha

Armando Cristóbal

Con casi cuatrocientas páginas, estructurada mediante un significativo proemio y once capítulos, con una trepidante acción que se desplaza constantemente en el tiempo y el espacio, asentada en una profunda reflexión ética sobre el transcurrir de la humanidad entre el bien y el mal, y demostración sobre cómo la erudición bien entendida no menoscaba el interés del lector en una narración, la más reciente novela de Julio Travieso, El enviado (Editorial Letras Cubanas),constituye —como se dijo en la reciente Feria Internacional del Libro 2010, donde fue presentada—una excelente experiencia del placer de leer.

El centro mismo del argumento es,si se quiere, un tema fantástico, casi de literatura "gótica": Arhiman -el Dios del Mal en la antigua filosofía dualista persa- ha seleccionado a un hombre para llevar a cabo el Plan que permita alcanzar sus objetivos.Para llevar a cabo esta misión milenaria, facilita al enviado —como Jefe de la Orden del Mal Regenerador— un ciclo de reencarnaciones que permiten el ejercicio de su función en diversos momentos de la Historia. Un epígrafe inicial en la portadilla establece el canon que preside la obra: "Pues el plan secreto de la maldad ya está en marcha" (cita de San Pablo en su Segunda Epístola a los tesalonicenses. 2:7 de la Biblia). El uso de las fuentes permite al lector acceder también a diversas circunstancias del devenir de la Iglesia católica —desde el siglo I DNE. hasta la actualidad—, así como conocer a personalidades y hechos históricos relevantes.

Por supuesto, al propio tiempo se desarrollan diversas sub-tramas paralelas con sus propios protagonistas, que dialogan con el argumento principal, lo enriquecen e iluminan. Sus escenarios antiguos corresponden a Roma, Jerusalén y Antioquia;en tanto las contemporáneas llevan la acción a Ciudad México,New York,y Moscú.Es así como hechos de nuestra época —como los inexplicables asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, por ejemplo—, quedan insertados en la trama y constituyen el objeto de investigación periodística de uno de los protagonistas.

Iniciada la novela a partir de la descripción de horripilantes desórdenes de muchedumbres en Madrid,Paris,y la propia Ciudad México —donde se descubre un salón lleno de instrumentos de tortura de la Inquisición en una de las mansiones que, posteriormente, serán asaltadas—, Travieso logra de inmediato establecer un ambiente de tensión y misterio que, en unión de otros elementos característicos,permiten calificar la obra como un moderno thriller. Pero la sensibilidad y el oficio del autor,a través de un lenguaje elegante, armonioso y preciso en el tratamiento de tan diversos personajes, temas y ambientes, nunca pierde su propio valor estético.

Por supuesto, no es de extrañar que así sea, si se tiene en cuenta la obra anterior del autor. Publicado inicialmente por la legendaria redacción de El Caimán Barbudo, su primera novela (Para matar al lobo, 1971) —sobre la lucha clandestina urbana durante la fase insurreccional de la revolución cubana— , mostró sus dotes para el tratamiento histórico dentro de la ficción, como también en Cuando la noche muera—centrada en la disputa entre independentistas y reformistas durante la Guerra de los Diez Años—, donde hace gala de la destreza para moverse en medio de una compleja estructura y que le valió para obtener el Premio del Concurso Literario Cirilo Villaverde, de la UNEAC; y sin olvidar otra novela significativa:Llueve sobre La Habana (2004).

Travieso también ha incursionado con éxito en el cuento.Obras tales como Días de Guerra (1967) o Los corderos beben vino (1970), donde se hace presente el clima de la época "creado por la violencia revolucionaria desde el enfrentamiento a la muerte, hasta el choque de ideologías" (como reseña para la época, la Historia de la Literatura Cubana,Tomo III, Editorial Letras Cubanas, 2008) ponen en evidencia su calidad en relatos cortos. Características que también están presentes en El prisionero (reedición de sus cuentos),o Larga es la lucha (1982). O su libro más reciente del género: A lo lejos volaba una gaviota (2007).

Pero en realidad, la obra que más ha caracterizado la labor del escritor en estos últimos años ha sido El polvo y el oro, un dechado de virtudes novelísticas en la reconstrucción de un tema histórico. Ganadora del Premio Literario "Mazatlán" (1993) en su edición de México, finalista del Premio Romulo Gallegos en Venezuela, más tarde, y galardonada por el de la Crítica a su edición cubana, esta novela —donde blancos y negros dan su propia visión del acontecer nacional durante más de doscientos años—, con su fusión de magia y realidad, es instrumento idóneo para mostrar "las principales contradicciones de la sociedad cubana colonial y republicana". Merece destacarse en este apretado recuento, su labor como traductor de la novela rusa de Mijail Bulgakov —presentada también en la Feria Internacional del Libro 2010— El Maestro y Margarita (2009), donde de nuevo la imaginación y la fantasía convocan al Demonio y sus criaturas.

Con El enviado, Travieso aprovecha su bien ganado oficio, sus dotes de acucioso investigador y su buen gusto literario —ganados en la forja de su narrativa— para proponernos una reflexión trascendente sobre la presencia del bien y el mal en el discurrir de la humanidad,en la que sin ingenuos didactismos y con gran imaginación, consigue mostrar cómo son los hombres y mujeres de cada época, quienes se ven abocados —ante cada decisión- a discriminar en uno u otro sentido, para actuar como si respondieran a un plan diseñado por fuerzas ajenas a su libre albedrío.

Particular importancia tiene en el desarrollo de la trama ese capítulo final, en el que con absoluta maestría —la de un avezado director de orquesta— recoge todos los hilos que ha entrecruzado hasta entonces en el texto,para no dejar ningún "cabo suelto", dar explicación a los diversos enigmas colocados diestramente en el desarrollo de la trama principal y sus sub-tramas, y esclarecer de maneras diferentes los hechos criminales contemporáneos que han servido de hitos para fundamentar la supuesta tesis que debe subyacer en la obra a partir de epígrafe bíblico de San Pablo.

Pero el autor no se desdice, ni abandona a sus criaturas. Porque las múltiples alternativas que lo jalonan, descubren en un tenso final abierto —¡esa última reencarnación del enviado, que se producirá significativamente en Moscú!—, semejante al de la tradición clásica de los ciclos literarios, permite suponer que el eje trascendente que mueve la reflexión puede reaparecer en alguna obra futura del autor,aunque mediante otra escritura. Cosa explicable, porque ¿puede dejarse de reflexionar —en un mundo como el actual— sobre la dialéctica presencia del bien y del mal?

Continua...