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II
Los estudios carpenterianos apenas comienzan
a indagar en las consecuencias que para su
labor creativa tuvo su densa formación,en particular
en lo que se refiere a su interés profesional
por la música,a pesar de que él mismo declaraba,
en 1966: "[…] mi formación fue más musical
que literaria". Su pasión por la música no resultó
un "violín de Ingres", sino una faceta de su
voluntad creadora que habría de marcar, con
fuerza, su pensamiento sobre la cultura, y le sirvió
de base para avizorar con precursora agudeza
la importancia de la tradición en tanto motor
impulsor del dinamismo de la creación a nivel
individual y social. Su vocación por los estudios
musicales no fue,pues,un desvío:la perspectiva
musicológica lo ayudó a percibir con claridad
que el folclorismo que había marcado buena
parte de la producción artística latinoamericana
en la primera mitad del siglo XX, se había fosilizado
dentro de los esquemas de la actitud del
Romanticismo frente la tradición popular, se
había convertido en un callejón sin salida,
donde la creación –y lo que es peor aún, la cultura
del continente– podían quedar acorraladas.
Su perspectiva de musicólogo no resultó un
desvío de su vocación de escritor, sino que le
permitió distinguir también en otras esferas del
arte y la cultura entre lo estrictamente local y la
proyección dinámica que un gran artista –como
Heitor Villa-Lobos– podía alcanzar al concebir el
sustrato del arte más popular tradicional como
un camino para alcanzar una forma artística no
solo latinoamericana sino,cabalmente eficaz en
su alto sentido estético. Por esta vía supo percibir
con antelación el carácter hondamente
selectivo con que el artista de América debía, a
su juicio, asomarse al pasado cultural: "Hay que
aquilatar el justo contenido de las tradiciones,
elegir los elementos folclóricos más ricos en
recursos, desechar prejuicios, crear una técnica
apropiada". El interés carpenteriano por la tradición
apunta siempre hacia una actitud crítica
y no de mero mimetismo localista. Su percepción
de que ella es un resultado histórico, no
excluía que considerase que se trata siempre
de un factor dinámico, es decir que debe producir
no empolvados museos, sino sobre todo
debe estimular evoluciones diversas de la creación artística. Como años más tarde, en la
segunda mitad del siglo XX,habría de percibir la
tradicionología como disciplina humanística,
Carpentier supo muy bien que cada época de
una cultura nacional tendía a reformular, de
modo selectivo,su propia tradición.De la misma
manera advirtió antes que muchos otros en
Hispanoamérica, que la tradición cultural constituye
además un indicador de qué vacíos –que
pudieran llamarse zonas de crecimiento próximo
de la creación artística– están disponibles
ante el artista en un momento dado para ser
objeto de reformulación por una obra renovadora.
Es por eso que hablaba, en 1958, en el
ensayo "Los problemas del compositor latinoamericano",
acerca del argentino Juan José
Castro, quien resultaba de interés para
Carpentier porque había compuesto óperas
sobre dos valiosos textos de García Lorca:Bodas
de sangre y La zapatera prodigiosa,lo cual,por lo
demás,es sobre todo un pretexto para manifestar
su propio pensamiento. En efecto, el elogio
crítico le da pie a afirmar que "[…] en América,
existe un verdadero prejuicio entre los compositores,
en lo que se refiere al uso de nuestro
idioma para la música cantada". De hecho ese
retraimiento, en tanto actitud axiológica –y
Carpentier lo sabía perfectamente–, era también
un índice cultural obstaculizador, que él
aspiraba a modificar formulando un desafío
que,con apoyo en la tradición hispánica,impulsase
a una meditación renovadora en Cuba:
Julián Orbón, profundo admirador de la
tradición hispánica, me ha manifestado
repetidas veces el mismo reparo.Muchos
maestros europeos,como Stravinski,han
escrito obras admirables sobre textos
franceses, ingleses, latinos, sin acercarse
nunca al idioma español.Es cierto que en
esto […] tenemos poca tradición válida,
ya que la ópera española del siglo XIX no
constituye un modelo universalmente
válido. Pero, si el tratamiento vocal del
castellano presenta dificultades escancionales
y prosódicas –al decir de
muchos músicos–, ¿por qué olvidar que
los autores de tonadillas escénicas de
fines del siglo XVIII y los músicos de zarzuela
de todos los tiempos se las entendieron
a maravillas con nuestro idioma?
Es una invitación a los artistas latinoamericanos
a abandonar el papel de pasivos sujetos
usuarios de su cultura,para convertirse en sujetos
activos de su propia identidad cultural. Su
interés por el folclor,por lo demás,no constituía
una finalidad,sino un medio para acceder a una
comprensión omniabarcante de la cultura continental.
La voluntad de, frente a un hecho de
cultura, asomarse a otro, marca, pues, la más
relevante de su ensayística,y, también,ya destilado
en un refinado factor estilístico,en su peculiar
manera de configurar la intertextualidad en
su narrativa, donde logró crear verdaderas
orquestaciones dialógicas en las que confluyen
los más variados discursos del arte y la cultura.
Ya desde 1946 advertía un subterráneo cuanto
incansable trasiego de diálogos culturales entre
las diversas naciones modernas de América
Latina,síntoma de la honda integración cultural,
capaz de trascender las fronteras políticas,
"[…] de todas las naciones del Nuevo
Continente donde coincidieron, en mayor o
menor grado, determinadas aportaciones étnicas
y entre las cuales se verificó un cierto proceso
de intermigración de ritmos y tradiciones orales".
Esta idea, surgida a partir de sus estudios
musicológicos, habría de adquirir su correlato
literario en la especial manera de reunir americanismos
en su narrativa,aspecto cuya función
literaria destacó en su día Luisa Campuzano.De
modo que puede asumirse que Carpentier,
desde la década del cuarenta,empieza a sentar
las bases de un componente principal del flujo
histórico de la cultura continental: no se trata
tan solo de destacar aquí un eje,sin duda fundamental,
de su concepción de la dinámica diacrónica
de la creación artística latinoamericana.
Por lo demás, esta zona de su obra permite
constatar su sensibilidad para identificar problemas
que habrían de ser preocupaciones generales
del pensamiento estético de la segunda
mitad del siglo XX. Por ejemplo, Pierre Boulez
abría una de sus obras capitales,Hacia una estética
de la música,comentando lo que,a su juicio,
se había convertido en una obsesión de la musicología
desde 1920: desentrañar una dialéctica
histórica para caracterizar el estilo musical europeo.
La búsqueda carpenteriana se orienta
hacia la comprensión no ya de una o dos zonas
de la creación artística en Latinoamérica, sino,
sobre todo, a lograr un cambio de perspectiva.
La prodigiosa capacidad para la resonancia
intertextual en sus novelas –casi paroxística en El recurso del método– no responde a una estricta
destreza literaria, sino a la organicidad de su
absorta meditación sobre la cultura del Nuevo
Continente, la cual concede peculiar relevancia
a la operación de pensar más allá de los límites
estrictos de un texto artístico.No se trataba de
un destilado malabarismo intelectual, sino de
una intensa focalización de los lazos inextricables
del arte con la historia de la cultura. Su
experiencia personal y directa, tanto como
su reflexión intelectual acerca de las vanguardias
tanto europeas como latinoamericanas, le
permitieron visualizar –y así lo expresó de
manera puntual en un ensayo tan singular
como "Problemática de la actual novela latinoamericana"–
que la cultura del Nuevo Continente
enfrentaba en su siglo una serie de
desafíos que exigían una transformación de los
endebles sustentos que, heredados del siglo
XIX, todavía estaban siendo defendidos desde
retrógradas posiciones académicas y anémicas
pervivencias de esquemas artísticos que,agotados
ahora, habían sido vigentes en la América
Latina de la primera centuria postcolonial. Su
visualización de algunos de los diferentes contextos
de la novela continental en el siglo XX,
alcanza a percibir la complejidad de los desajustes
cronológicos y del desfasaje tecnológico
que sufría, y sufre aún, la cultura latinoamericana,
para la cual, sin embargo, eran también
amenazadoramente válidos, pero en medida
diferente,la problemática que advierte Jacques
Leenhardt al proponerse una perspectiva sociológica
de los movimientos de vanguardia, al
entenderla como: "Confrontation de moyens
techniques et de différents types de contingences
extérieures, l´art est toujous et partout une
tentative d´harmoniser ce qui lui vient de
dehors à ses exigences internes. L´art est toujours
et partout captation de la transcendance
dans l´immanence d´un là".
El énfasis carpenteriano en el inmenso sustrato
cultural de América Latina, fuente dinámica
de esas intermigraciones diversas –entre
América Latina y Europa, entre las diversas
zonas del Nuevo Continente,entre ellas y las culturas
africanas, etc.–, resulta, sin la menor duda,
una de las más vigentes aportaciones del
pensamiento de Carpentier, y no pueden ser
consideradas como un lujo de intelectual erudito.
Por el contrario, su sostenida atención a las
conexiones entre historia y cultura en América,
además de proyectarse orgánicamente –en
medida que todavía espera por investigaciones
de mayor calado crítico– en su obra de ficción,
permiten una vía de acceso principal a una percepción
de los procesos culturales como base de la que emana toda posibilidad de alcanzar y
defender un ámbito de lenguaje común
continental, que funcione no a partir de una
engañosa concordancia lingüística, sino desde
la concordancia –unas veces relativa, otras
cabal– de contextos, sustratos y apetencias,
que, en la idea de Carpentier,apuntan a la utopía
necesaria de una comunicación consciente
de su historia y de sus raíces identitarias,ámbito
creativo que aspire a superar los riesgos de pérdida
de identidad, estatismo creativo y estéril
mimetismo que él advertía, con entera razón,
como peligro ominoso para la existencia
misma de América Latina.
NOTAS
1 Cfr.Marvin Harris:El desarrollo de la teoría antropológica.
Una historia de las teorías de la cultura. Siglo XXI Ed.,
México,1999,p.16.
2 Alejo Carpentier: Ensayos. Letras Cubanas. La Habana,
1988,p.155.
3 Ibíd.,pp.155-156.
4 Lotman, por ejemplo, al desarrollar el concepto de
semiosfera,apunta el hecho de que en ciertas profesiones,
los seres humanos desempeñan la función de "traductores"
y trasmisores de modalidades culturales. Se
trata,pues,de una característica que estimula la modelación
de un texto único, integrado a partir de un diálogo
entre cada emisión de una nueva propuesta y la respuesta
derivada de su recepción [Cfr. Iuri Lotman:
"Acerca de la semiosfera",en:El pensamiento cultural ruso
en Criterios (1972-2008. Selección y trad. de Desiderio
Navarro. Centro Teórico-Cultural Criterios. La Habana,
2009,t.I,pp.306-328].
5 Ibíd.,p.156.
6 Cfr. Alejo Carpentier: La música en Cuba. Ed. Pueblo y
Educación.La Habana,1989,p.13.
7 Zofia Lissa: "Prolegómenos a una teoría de la tradición
en la música",en:Criterios.Tercera época.No.13-20.Enero
de 1985 a diciembre de 1986,pp.222-223.
8 Alejo Carpentier: Temas de la lira y del bongó. Ed. Letras
cubanas.La Habana,1994,p.218.
9 Cfr. Charles Steward: "El sincretismo y sus sinónimos:
Reflexiones sobre la mezcla cultural" en,Criterios.Cuarta época.No.36.2009,pp.196-230.
10 Declaración hecha a L´Express, en: Alejo Carpentier:
Entrevistas. Compilación de Virgilio López Lemus. Ed.
Letras Cubanas.La Habana,1985,p.38.
11 Cfr.los diversos artículos que Carpentier dedicó a valorar
la obra de Villa-Lobos e incluso su repercusión en
determinados compositores europeos, en particular los
reunidos en Ese músico que llevo dentro. Ed. Letras
Cubanas.La Habana,1980.
12 Alejo Carpentier: "Una fuerza musical de América:
Heitor Villa-Lobos" en: Ese músico que llevo dentro. Ed.
Letras cubanas.La Habana,1980,t.1,p.52.
13 Ibíd.,t.3,p.117.
14 Ibíd.,t.3,p.117.
15 Sobre la esencial diferencia entre sujeto de la cultura y
sujeto de identidad cultural, han llamado la atención
varias investigadoras cubanas,tanto desde el ángulo de
la culturología,como desde el de la psicología social [Cfr.,
por ejemplo: Martiza García Alonso y Cristina Baeza
Martín:Modelo teórico para la identidad cultural. Centro
Juan Marinello. La Habana, 1996;Martiza García Alonso:
Identidad cultural e investigación. Centro Juan Marinello.
La Habana,2002;Carolina de la Torre Molina:Las identidades.
Una mirada desde la psicología. Centro Juan
Marinello.La Habana,2001].
16 "En compañía de Alejo Carpentier por el mundo folklórico
americano", entrevista para Élite, Caracas, julio de
1946,en:Entrevistas,ed.cit.,p.25.
17Cfr. Pierre Boulez: Hacia una estética musical. Monte Ávila Editores Latinoamericana.Caracas,1990.
18 Cfr.Alejo Carpentier:Ensayos,ed.cit.,pp.7-29.
19 Jacques Leenhardt: "Vers une sociologie des mouvements
d´avant-garde", en: Les avat-gardes littéraires au
XXème siècle.Centre d´Étude des Avant-gardes littérariresde
l´Université de Bruxelles sous la direction de Jean Weisgeber.
Vo.II (Théorie).Reimpresión.Budapest,1986,p.1061.
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