LOS CABALLOS DE CARVER
(6 PM)
A Marilyn Bobes
Ruidos en la espesura, siluetas de caballos
corriendo desde las colinas, salidos de la niebla,
con ojos encendidos, crines blancas, relinchos
dilatados. Entran al jardín, uno a uno,
como si temieran.Mastican hierbas y flores con
lentitud. Son los caballos de Carver. Los malditos
y a la vez mansos caballos del cuento de
Raymond Carver. No me explico cómo han llegado
hasta aquí. Alarmado, también invito a
una mujer a contemplar la escena. Ella no cree
lo que le trato de revelar. Dice que jamás ha
visto una manada de caballos en plena ciudad,
mucho menos en su jardín, que no es más que
un exiguo balcón con vista a nada. Qué cosas
tienes, protesta y se hunde en el apartamento
todavía envuelto en penumbras.
QUERIDAS COSTUMBRES
Sentado en la mesa del café, con letanía incisiva,
como si espantara cuervos con el paraguas,
el pobre, el incurable Virgilio, pesó la sangre
de la isla. Abrumadora tarea para un ser tan
descreído. Doy vueltas alrededor de una plaza.
Lo terrible es que no sé qué voy a hacer en esta
plaza donde nadie sospecha que antes de que
asome la tarde este poema será tentativa, contraseña
de lo cercano. Deambulo sobre el calor
que la gente va derramando sobre el asfalto.
Música de altavoces tiñe el aire de vehementes
sonidos. Quizás lo mágico es que nadie puede
salir, gritó Virgilio para insinuar el tumor o vida
del embudo. Entre anaqueles de feria advierto
el jadeante camino de la isla: pez de yeso junto
a San Lázaro también de yeso, viandas todavía
espumosas de heredad (algunas con insalvables
puntos negros), cabezas de cerdos colgadas
de garfios, moscas frenéticas. Sahumerio
de frituras despierta mi apetito. Hambre de
irreverencias de las que pocas veces reniego
(o de las que pocas veces logro escapar). Un
viejo con extraordinario parecido a Séneca
descubre mi avidez y me ofrece una cascada
de maní. Adoro el sabor del maní. El olor del
maní puede detener a un hombre, diría Virgilio
dándole patadas al cuervo que intenta picotearle
los zapatos. De pronto temo que este parque
o plaza de mercado o explanada, como
quieran llamarle, desaparezca. Avalancha de
aguas que retornan e inmovilizan dedos de
inocencia, fulgores de tarde que se derrite
sobre espejos distantes. Virgilio lloraría por
tanta inclemencia y me invitaría a repasar
memoria, a saborear esas queridas costumbres
del ser en taza humosa de café, como si fuese
el nacimiento de la isla..
PERFORACIONES
Antes de sumergirse en la espuma negruzca del Sena,
Paúl Celan cavó una fosa en los aires,sin estrechez,
para el hombre que jugaba con serpientes
y escribía que la leche era negra y se bebía a disímiles
horas.
Duele rumiar tanta perforación,tanto grito acopiado
durante y luego de matanzas que el tiempo fue
incapaz de cerrar.
Memoria que no se ablandaba ni aun en primavera
de castañas
y lagos apacibles para el ojo sumergido y siempre
anhelante.
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ESQUINA DE GATOS
Astutos gatos que imitan el llanto de los niños.(No sé
si estoy dormido o despierto).Ahora siento ruidos muy
leves en la cocina: mis hijos ya son hombres que imitan
la astucia de gatos.De repente me veo en la cerveza del
otro,en el libro del otro,en la mujer del otro.No me extraña:
los poetas nos envidiamos para escribir mejor. Nos
arrancamos pellejo para que otros vociferen y maldigan,
revienten con la desolación de páginas copiadas del
infierno. Así es el ciclo. Así ha sido siempre. Sigo escuchando.
Nada se parece tanto a la vida como los movimientos
de estos pequeños felinos. Nada tan preciso
como esos velados arrumacos de escape y seducción.
Los poetas aman a los gatos. El de Borges se llamaba
Beppo y era de una blancura cegadora.Mis hijos desfalcan
lo poco que hay en el refrigerador.Saben que al primer
paso en falso despertarán furias y reprimendas.
Pienso en colegas afilando estrofas como bigotes de
gatos. Taimados colegas que se escurren entre jueces
intangibles, poderes intangibles pero tan ciertos como
gatos que fingen inmortalidad a ver si los dejamos jugar
en paz.
DE CICATRICES Y OTRAS MEDITACIONES
Como si se despojaran de cicatrices,
dibujan cápsulas de frío sobre espalda inocente de
hijos.
El tiempo les puso en la lengua un sabor de monedas
gastadas.
Algunos nunca han dejado de mirar por la ventana
esperando noticias,
otros arman mesas de dominó cerca del mar o al pie
de montes helados.
Da lo mismo con tal de experimentar la lascivia del
juego.
La nostalgia nos envuelve a todos.
Nos tocamos la piel y hay verdugones también, pero
de otra ralea.
Incluso hemos acariciado hendijas que nos lleven a
salto,
a la rareza de un salto después del escozor.
Nada nos reconocen entre tortas, tazas de café y
globos de festejos.
Anuncian que pronto arderá la boca que nos puso
en sedición,
los dedos que trenzaron hebras de amparo.
Demasiado frenéticos para ser esenciales.
LOS JUEGOS FASCINANTES
Será que la noche ya no drena de mi cuerpo y la
mujer afirma que he vivido en el extremo de una
mesa, o a lo mejor de una cuerda, rectifica mientras
se pinta las uñas. Manera de detener el trance del
abandono.No me interesa huir, pero la pequeñez es
agotadora. Lo digo en voz baja para que nadie se
ofenda. Las escaleras no llevan al cielo, es solo una
canción, una inocente canción. Recuerdo golpes de
una ventana abierta en el centro de ráfagas.Una ventana
que no puedes cerrar y desde abajo afirman tu
impericia con gritos peores que el estruendo del aire.
La mujer y yo nos miramos como desconocidos o
como viejos conocidos que fingen ignorarse.Al final
terminamos añorando los juegos fascinantes*.
*René Char
LA CAÍDA INFINTA
Las agujas no marcan los grados de la esesperación.
Ninguna historia es creíble sin el relato de la
arena, sin el rojo atormentado de la aurora. Nada se alcanza sino cayendo.Cayendo a veces de la manera
más inocua,ante miradas lúbricas, serviles o irritadas,
en el envés de un tiempo sacudido, hinchado por
temblores herméticos o defecciones de horror.La lluvia
salta sobre los labios, pero no logra disolver el
abismo. El abismo que iniciamos con solo abrir una
zanja para que escurra el aguacero. No nos ven, no
me ven,y lo real no es tan inaccesible como han querido
hacernos pensar. Lo real es la vida amenazada
por las absurdas burocracias del sueño.
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