CUESTIÓN DE PRECEDENCIA (1)

Alberto Ajón León

Para Angélica y Mijaíl 

–Creo que ya se ha inflado en demasía tu entusiasmo por la obra de Rogelio Riverón –sentenció el enano mientras reculaba en el butacón impulsándose alternativamente con las caderas, hasta quedar augustamente recostado al espaldar. Sus piernas arqueadas sobresalían como las patas de un oso de peluche,y cruzó con dificultad una rodilla sobre la otra para deshacer tan inconveniente semejanza. A pesar del esfuerzo siguió viéndose ridículo y regresó al borde del asiento, donde podía asegurar las chinelas en el piso y alcanzar la taza de té que ahumaba frente a él sobre un plato en la mesita de la sala(2).–Lo peor es que después de inflarse puede inflamarse –añadió,complacido por lo que le parecía una inspirada sutileza.

–¿Disiente usted de mis comentarios, maestro? –lo miró inquisitivo el joven que acababa de leerle un artículo sobre Mujer,mujer(3) y el otro adoptó un tono que procuraba ser condescendiente (aunque sin renunciar al engolamiento) para contestar

–La poesía lírica,donde la emoción especulativa sobrepuja al entendimiento objetivo de la verdad, puede darse el lujo de un Rimbaud de siglo en siglo.Pero,hijo,la narrativa es diferente:requiere del poso de la experiencia, el pozo de la cultura y la posada de la madurez, triclinios en que la necesidad de comunicar se tiende con la sabiduría y la imaginación a tejer sus argumentos y a degustar el modo de contarlos.Cuando esas tres señoras coinciden alrededor de la mesa podemos hablar de oficio, cualidad ausente en la juventud.El alarde tecnicista de los escritores jóvenes es el complemento indispensable de la superficialidad con que despotrican sus pobres asuntos recurrentes, pues careciendo de enjundia para espesar el caldo aderezan con excesivo condimento. Tales aprendices de amanuense se dejan engatusar por las recetas de escuelas que,una vez escurridas en la imprenta,se prodigan como rositas de maíz. Emplean hasta el abuso el discurso del desaliño, casi siempre lavativas en primera persona con que se enmascara el desconocimiento de la sintaxis y donde se derrochan los clichés de una cansada jerga literaria de ceños fruncidos,caídas de bruces,miradas de soslayo y otra docena de tópicos abundantes como romerillo aunque menos eficaces que esa planta.

–Pero, maestro, usted mismo me ha asegurado que la imitación precede a la creación.Además, la lengua literaria también admite códigos que favorecen el entendimiento entre autor y lector. En el caso de Riverón, los personajes –humanos y bestias, angustiosos y singulares, alegóricos o proyectados en un laberinto de espejos–, más los argumentos que no fotografían la realidad sino que la evocan al desmenuzar su esencia, son esa "apelación a los reflejos del símbolo" a la cual se refiere el propio autor(4).Tanto como los pintores abstraccionistas, mientras más se aproxima él a la realidad más se vale del símbolo y consecuentemente experimenta nuevas osadías formales.Su lenguaje, distante del coro de grillos que reprobaba Antonio Machado, es reconocible por el ritmo, la reiterada enumeración de los sintagmas, la exploración de las posibilidades semánticas de los signos,la reelaboración del giro coloquial... Con ese arsenal que llaman estilo,Riverón nos propone una "evocación casi mística de la cultura".

–Exaltar,exacerbar,exagerar,exasperar... –dijo el enano empinándose en una escala tónica–.He ahí una concatenación devotamente inevitable cuando lo prematuro corteja lo inmaturo,pues Riverón, a pesar de una alopesia amenazante, es todavía joven. Le falta brega para un sitio en la Galería de Venerables.

Con el gesto de una mano en cuyos dedos cónicos parecían faltar casi todas las falanges,señaló los retratos que ennoblecían la pequeña sala.Y en ese momento, como al conjuro del ademán, un breve tremor, una sensación de vahído, removió la mesa haciendo tintinear la taza sobre el plato y un estremecimiento circular se escabulló por la superficie del té.Taza y plato,sin ornamentos,eran de cerámica vidriada; el té, de menta cimarrona; la mesa, de caoba centenaria,heredada de una abuela;el temblor, de sísmica apariencia. Había sido apenas una levísima vibración,pero el enano –siempre vigilante contra las sacudidas– la advirtió.Comprobó de una ojeada que aún conservaban su simétrico equilibrio los venerables de la galería:Joyce,Proust, Dostoievski, Tolstoi, Hemingway, entre los rostros de la pared del norte; Lezama, Piñera, Carpentier, entre los del tabique que separaba la sala del comedor, y junto a la puerta, frente a la ventana que se abría al patio de la escuela colindante, el óleo del enano embellecido por un pincel adulador, remedo de Velázquez encargado a un retratista con mañas de sastre de Moliére.

–Es verdad –retomó la palabra el diminuto dueño de la casa–, del imitar nace el crear. Pero cuando hablas en tu artículo de influencias extendidas de Borges a Bulgákov, enseguida recuerdo esas mariposas de hojalata que plagaron la ciudad como libélulas a las orillas de los ríos un día de la primavera. A los jóvenes narradores, igual que a la mayoría de los artesanos, les falta imaginación para ser originales.Apenas una fórmula rebasa exitosa la vara del censor, la comparsa de imitadores nos apabulla con su carnaval. Por eso sobran y zozobran las peripecias de jineteras, travestis, drogadictos, matarifes,turistófobos...

El enano se detuvo maravillado por la ingeniosidad del neologismo que se le acababa de ocurrir,y estaba saboreándolo cuando empezó a filtrarse por la ventana la algazara del final de clases en la escuela vecina.El joven crítico aprovechó la pausa de su anfitrión y el bullicio de la cercanía para terciar:

–Habla usted de influencias como de antecedentes bochornosos y olvidando que El Quijote es una parodia y Shakespeare tomó sus tramas de cualquier parte.En el caso de Riverón intento guiar el reconocimiento de esa atmósfera de tangible irrealidad que flota en sus textos como neblina rasgada por reflejos de arcoiris. En él, adjetivación y sintaxis sugieren a menudo filiación borgeana, aunque de un Borges asumido en su espíritu y no plagiado por sus laberintos,espejos,bibliotecas circulares y exotismos más o menos eruditos o sonoros, reales o inventados,resonancias de aquel mirar a lo lejos iniciado por Espronceda,continuado por Casal y Darío,y convertido por Sarmiento en política estatal(5). Incluso en sus relatos de más apego a Borges –por ejemplo,ZohaK (6)– Riverón demuestra que no soslaya una escritura por calcar su caligrafía: es grafólogo y paleógrafo.No monta guardia al pie de la letra como médium que invoca al espíritu inspirador,porque el ánima ya lo poseyó,le sirve de amuleto, le sugiere al oído frente a la página en blanco...

Un nuevo sacudimiento interrumpió al crítico cuando la taza,ya vacía,repicó sobre el plato como campanilla de alerta agitada por la contracción telúrica. El enano chasqueó la lengua con fastidio, se levantó de un salto y caminó hacia la "galería" donde Loveira y Carrión se habían ladeado.Viendo al maestro tambalearse de uno al otro pie,el joven se preguntó por qué mantenía tan persistente vínculo con ese hombrecito del cual ya poco o casi nada le quedaba por aprender, pero el remordimiento de una rezagada gratitud(7) le hizo arrepentirse enseguida de semejante cuestionamiento al verlo trepar de regreso al butacón.

No obstante, se apresuró a retomar el discurso para impedir que el enano comenzara a hablar de sí mismo y de su obra inédita.

–En mi artículo –continuó el discípulo– menciono la circunstancia del nacimiento de Riverón en el centro del país,en una región de copioso fabulario y sorprendente verbosidad. De un verde lacustre de cañaverales voló al deslumbramiento del Don, en cuyas márgenes todavía se declamaba a los románticos rusos como si acabaran de componer el Génesis.Cuando volvió de la inmersión en la lengua del príncipe Igor y Pushkin y Tolstoi y Turguéniev y Chejov, lo destinaron a Cienfuegos, donde descubrió que la Perla del Sur no arde en las llamas de su nombre porque la circunscribe una toponimia acuática.La lengua nativa deslumbró al filólogo eslavista.El retorno al mar Caribe lo condujo al reconocimiento de sí mismo. Entonces escribió ese cuento inaugural acerca del hombre que quería subir al cielo(8).

Por razones muy personales no trata el dilema padre-hijo a la manera de los realistas rusos que tan bien conocía,ni al ya socorrido modo kafkiano, distante de su sensibilidad. No buscaba liberarse de la tiranía paterna sino de la obsesión de la paternidad y, al mismo tiempo, exorcizar las pesadillas de Edipo. Recurrió entonces a la fantasía y a la magia con un procedimiento elíptico, alusivo, del que aún se sigue valiendo...

–Todo eso está lindamente declarado pero equívocamente concebido –interrumpió el enano irritado por la posposición a que el joven lo relegaba concediéndole precedencia a Riverón–. Te escurres por los atajos del determinismo, del hado inexorable, de la fatalidad, la jettatura, la ananké...(9) Según teorías tales, la casualidad de nacer en La Habana durante el estreno de la república, en el hogar de un arquitecto "de rancia cepa bretona" y una Lina de linaje ruso preceptora de idiomas, entendida en corcheas y descendiente de una renombrada concertista, fueron la causa de que Alejo Carpentier arrastrara por casi todo el reino de este mundo unas erres que apuntaban hacia Lausana y le impidieron emular con Caruso, para servicio de la literatura caribeña. Siguiendo ese camino, Borges declaraba que el mito del autor prevalece sobre la obra de éste; así, lo que en verdad importa o trasciende es la indagación acerca de la autenticidad o la impostura de Shakespeare, las prisiones del manco de Lepanto, y la consagración que Walt Whitman y Rubén Martínez Villena recibieron, cada uno en su momento, del general La Fayette y el Ge n e r a l í s i m o Máximo Gómez, respectivamente.

El piso y las paredes trepidaron de nuevo y la vibración, más estremecedora que antes, se repitió varias veces acompañada siempre de un estruendo. El retrato del enano se tambaleó, perdiendo su alineada compostura. El dueño de la casa, enfurecido, saltó del butacón, corrió hacia la ventana balanceándose en el arco de sus piernas, y trepándose a un escabel dispuesto para semejantes contingencias asomó la cabeza por encima del alféizar. Entonces gritó:

–¡Oye, tú, grandulón, vete a otra parte con tus cabriolas!

–¿Qué sucede,maestro? –preguntó inquieto el pupilo poniéndose de pie.

–¡Ese Gulliver con los chiquillos de la escuela secundaria! No hay paz en este barrio desde que apareció ese mogote con ojos,ese despilfarro de estatura –dijo rabioso el enano mientras volvía al butacón–. Todas las tardes al terminar las clases ensayan en el patio una obrita teatral sobre Odiseo y Polifemo, un pésimo mamotreto sin inspiración ni aspiración. Por suerte ya está anocheciendo y tendrán que largarse.

Mas no era noche lo que sombreaba la ciudad, sino la pupila de Jonathan Swift que se asomaba a husmear sobre todo el país,oscureciendo las cumbres y las profundidades.

Y aquello en lo más alto,más allá de la cabeza de Swift, ¿qué era? ¿Firmamento? ¿O la nublada córnea del ciego Homero?(10)

Notas:

(1)Se recomienda la lectura previa de Vincent van Lezama y El triángulo de las Bermudas,en Otras versiones del miedo, de Rogelio Riverón (Placetas, Villaclara, 1964). En esos cuentos se revela el sentido del humor, de choteo cubano, que el autor venía refrenando para escribir sobre animales con garras y otras desgarraduras.

(2)Infusión elaborada por una enana que hace mutis calladamente por la puerta de la cocina, luego de colocar sobre la mesa sendas tazas para los hombres que dialogan.

(3)A demás de esta novela (que antes fue noveleta y antes fue relato y antes fue la sinopsis de su estancia cienfueguera) Riverón publicó Los equivocados (Premio Luis Rogelio Nogueras), Subir al cielo y otras equivocaciones (Premio Pinos Nuevos), Buenos días, Zenón (Premio UNEAC 2000) y Otras versiones del miedo (Premio UNEAC 2001).

(4)"¿Y los de Borges, no son, a pesar de ese espíritu espartano, del tono condensado, frío e intelectual, una apelación a los reflejos del símbolo, una evocación casi mística de la Cultura? " R.Riverón,El triángulo de las Bermudas.

(5)Habiendo rivalizado con su maestro por una hembra (la enana que les impuso un cotejo genital para dirimir cuál era portador de un auténtico lanzallamas y cuál de un humilde soplete) el discípulo se siente obligado a citas que lo eleven al nivel de su preceptor.

(6)Premiado en el concurso de la revista Revolución y Cultura, e incluido por Riverón en Subir al cielo y otras equivocaciones..

(7)...y la reconocible feromona de la enana que trajinaba en la cocina.

(8)Subir al cielo y otras equivocaciones, R. Riverón, Editorial Letras Cubanas,La Habana,1996.

(9) Dicho esto en la sala y escuchado en la cocina, la enana presumió que al enano le palpitaron unas lezamianas contracciones en los esfínteres.

(10) Y a mí, a la enana que cuenta esta historia, ¿dónde carajo me colocan? ¿Creen que voy a quedarme en la cocina? CUESTIÓN DE PRECEDENCIA1 FÉLIX SUÁREZ