La "Monalisa" de la literatura*

T.S. Eliot (St.Louis,Missouri,1888 - Londres,1965)

Pocos críticos han admitido que Hamlet, la obra, es el problema primario,y Hamlet,el personaje,sólo el problema secundario. El personaje Hamlet ha sido una tentación especial para ese peligrosísimo tipo de crítico que es el crítico con una mente creativa pero que, por alguna debilidad en su poder creativo, se ejercita en cambio en la crítica. Estas mentes encuentran frecuentemente en Hamlet una existencia sustituta para su propia realización artística.Una mente así tenía Goethe, que hizo de Hamlet un Werther; y también Coleridge, que hizo de Hamlet un Coleridge;y probablemente ninguno de estos hombres, al escribir sobre Hamlet, recordó que su intención primera era estudiar una obra de arte. La clase de crítica que Goethe y Coleridge produjeron, al escribir sobre Hamlet, es de la clase más engañosa posible. Porque ambos poseían una percepción crítica incuestionable, y ambos hacen más plausibles sus aberraciones críticas mediante la sustitución que efectúa su don creativo de su propio Hamlet por el de Shakespeare. Deberíamos estar agradecidos de que Walter Pater no haya fijado su atención en esta obra.

Dos escritores recientes, Mr. J. M. Robertson y el profesor Stoll de la Universidad de Minnesota,han editado pequeños libros que pueden ser elogiados por moverse en la dirección contraria.Mr.Stoll presta un importante servicio al llamar nuestra atención sobre los trabajos de los críticos de los siglos XVII y XVIII,observando que:

"ellos sabían menos de psicología que los críticos más recientes de Hamlet, pero estaban más cerca en espíritu del arte de Shakespeare; y al insistir en la importancia del efecto del todo antes que en la importancia del personaje principal, se aproximaban más,a su anticuada manera, al secreto del arte dramático en general".

La obra de arte no puede ser interpretada como obra de arte;no hay nada que interpretar;sólo podemos criticarla de acuerdo a standards,comparándola a otras obras de arte; y para la "interpretación" la tarea principal es la presentación de hechos históricos relevantes que el lector no se supone que conozca. Mr. Robertson señala, muy pertinentemente, cómo los críticos han fallado en su interpretación de Hamlet al ignorar lo que debería ser muy obvio:que Hamlet es una estratificación, que representa los esfuerzos de una serie de hombres,cada uno descifrando lo que podría del trabajo de sus predecesores. El Hamlet de Shakespeare aparecerá muy diferente si,en vez de tratar el conjunto de la acción de la obra como debido al designio de Shakespeare, percibimos su Hamlet como superpuesto sobre un material mucho más en crudo, que persiste incluso en su forma final.

Sabemos que hubo una obra anterior de Thomas Kyd, ese extraordinario genio dramático (si no poético) que fue muy probablemente el autor de obras tan disímiles como Spanish Tragedy y Arden of Feversham; podemos inferir de tres pistas cómo era esa obra: de la propia Spanish Tragedy,de la historia de Belleforest sobre la cual el Hamletde Kyd debe haber estado basada,y de una versión actuada en Alemania en vida de Shakespeare que revela una fuerte evidencia de haber sido adaptada de la obra anterior,y no de la posterior.De estas tres fuentes resulta claro que en la obra anterior el motivo era simplemente la venganza; que la acción o la demora es causada, como en Spanish Tragedy,solamente por la dificultad de asesinar a un monarca rodeado de guardias, y que la "locura" de Hamlet era fingida exitosamente para evitar toda sospecha.En la obra final de Shakespeare,por otra parte,hay un motivo que es más importante que el de la venganza,y que explícitamente "mocha" a éste último;la demora en la venganza no se explica en base a necesidad o conveniencia;y el efecto de la "locura" no es adormecer sino despertar las sospechas del rey.La alteración no es lo suficientemente completa, sin embargo, como para ser convincente. Más aún, hay paralelos verbales tan cercanos a Spanish Tragedy como para no dejar duda de que en algunos lugares Shakespeare estaba meramente revisando el texto de Kyd. Y finalmente hay escenas inexplicadas –la escena de Polonio-Laertes y la de Polonio- Reynaldo–para las que hay poca justificación; estas escenas no tienen el estilo de verso de Kyd y,sin ninguna duda, tampoco el estilo de Shakespeare. Mr. Robertson cree que son escenas de la obra original de Kyd retrabajadas por una tercera mano, quizás Chapman,antes de que Shakespeare tocara la obra. Y concluye,con razones muy fuertes,que la obra de Kyd consistía, como ciertas obras relacionadas con la venganza,en dos partes de cinco actos cada una.La conclusión del examen de Mr.Robertson es,creemos, irrefutable: que el Hamlet de Shakespeare, hasta donde es de Shakespeare, es una obra que trata del efecto de la culpa de una madre sobre su hijo,y que Shakespeare fue incapaz de imponer este motivo con éxitos sobre el "intratable" material de la obra original.

Sobre la intratabilidad no puede haber duda.Así que,lejos de ser la obra maestra de Shakespeare,la obra es, ciertamente, un fracaso artístico. Desde varios puntos de vista es confusa, e inquietante como no lo es ninguna de las otras. De todas las obras es la más larga y posiblemente es aquella en la que Shakespeare más se esforzó; y aun así dejó en ella escenas superfluas e inconsistentes que incluso una apurada revisión debería haber notado. La versificación es variable.Líneas como:

Look,the morn,in russet mantle clad,
Walks o´er the dew on yon high eastern hill,

son del Shakespeare de Romeo y Julieta.Las líneas del Acto V,escena II:

Sir,in my heart there was a kind of fighting
That would not let me sleep…
Up from my cabin,
My sea-gown scarf´d about me,in the dark
Group´d I to find out them;had my desire;
Finger´d their packet;!

son de su completa madurez.Tanto el artificio como la reflexión están en una situación inestable. Seguramente estaremos justificados si atribuimos esta pieza, junto a esa otra obra profundamente interesante de material "intratable" y sorprendente versificación, Medida por Medida, a un período de crisis, al cual le siguen los éxitos trágicos que culminan en Coriolano. Coriolano puede no ser tan "interesante" como Hamlet, pero es, junto con Antonio y Cleopatra, el éxito artístico más asegurado. Y probablemente menos gente haya considerado Hamlet como una obra de arte porque la haya encontró interesante, que la encontró interesante porque es una obra de arte.Es la "Monalisa" de la literatura.

Las razones del fracaso de Hamlet no son claramente obvias.Es indudable que Mr.Robertson está en lo cierto al concluir que la emoción esencial de la obra es el sentimiento de un hijo hacia una madre culpable:

" El tono de Hamlet es el de alguien que ha sufrido torturas con motivo de la degradación de su madre… La culpa de una madre es casi un motivo intolerable para un drama,pero tuvo que ser mantenido y enfatizado para proveer una solución psicológica, o más bien la indicación de una solución posible".

Esto, sin embargo, no es de ninguna manera toda la historia.No es meramente que la "culpa de una madre" no puede ser manejada como Shakespeare manejó las sospechas de Otelo, la infatuación de Antonio o el orgullo de Coriolano.El tema podría probablemente haberse expandido en una tragedia como éstas,inteligible y auto-contenida en la superficie. Hamlet, como los sonetos, está lleno de alguna fruslería que el autor no logró esclarecer, contemplar, o convertir en arte.Y cuando buscamos este sentimiento, encontramos que es, como en los sonetos, muy difícil de localizar. Tampoco se lo puede encontrar en los parlamentos; por cierto,si se examinan los dos famosos soliloquios se ve la versificación de Shakespeare,pero es un contenido que podría ser reclamado por otro, quizás por el autor de la Revenge of Bussy d´Ambois,Acto V,Escena I.Encontramos al Hamlet de Shakespeare no en la acción,ni en ninguna cita que pudiéramos seleccionar, sino en un tono inconfundible, que inconfundiblemente no está en la obra anterior.

La única manera de expresar emoción en forma de arte es encontrar un "correlato objetivo"; en otras palabras, un conjunto de objetos, una situación, una cadena de eventos que será la fórmula de esa emoción particular; de tal forma que cuando los hechos externos,que deben terminar en experiencia sensorial, están dados, la emoción es inmediatamente evocada. Si uno examina cualquiera de las más exitosas tragedias de Shakespeare encuentra esta equivalencia exacta; encuentra que el estado de ánimo de lady Macbeth caminando en sueños le ha sido comunicado por una hábil acumulación de imaginadas impresiones sensoriales; las palabras de Macbeth al enterarse de la muerte de su esposa nos golpean como si, dada la secuencia de eventos, estas palabras fueran automáticamente disparadas por el último acontecimiento de la serie. La "inevitabilidad" artística consiste en esta completa adecuación de lo externo a la emoción;y es precisamente esto lo que es deficiente en Hamlet. Hamlet (el hombre) es dominado por una emoción que es inexpresable; porque es excesiva en relación a los hechos tal como éstos aparecen. Y la supuesta identificación de Hamlet con su autor es genuina hasta este punto: que el desconcierto de Hamlet ante la ausencia de un equivalente objetivo de sus sentimientos es una prolongación del desconcierto de su creador frente a su problema artístico. Hamlet se encuentra frente a la dificultad de que su disgusto es causado por su madre, pero su madre no es el equivalente adecuado para eso;su disgusto la envuelve y la excede.Es en consecuencia un sentimiento que no puede comprender;no puede objetivarlo, y por eso persiste para envenenarle la vida y obstruir la acción. Ninguna de las posibles acciones puede satisfacerlo; y nada que Shakespeare pueda hacer con la trama puede realmente expresar a Hamlet. Y debe notarse que la misma naturaleza de los données del problema impide la equivalencia objetiva.Haber resaltado la criminalidad de Gertrudis podría haber proporcionado la fórmula para una emoción totalmente diferente en Hamlet;es justamente debido a que su personaje es tan negativo e insignificante que ella despierta en Hamlet el sentimiento que ella misma es incapaz de representar.

La "locura" de Hamlet estaba a disposición de Shakespeare;en la obra anterior era un simple ardid, y hacia el final, podemos presumir, es entendida como un ardid por la audiencia.Para Shakespeare es menos que locura y más que fingida.La ligereza de Hamlet, su repetición de frases, sus juegos de palabras, no son parte de un plan deliberado de disimulación,sino una forma de alivio emocional.En el personaje de Hamlet es la bufonada de una emoción la que no encuentra salida en la acción; en el dramaturgo es la bufonada de una emoción que él no puede expresar en arte. El intenso sentimiento, sea de éxtasis o de horror,sin un objeto o excediendo a su objeto,es algo que cualquier persona sensible ha conocido; es, sin duda, un tema para patólogos. A menudo ocurre en la adolescencia:la persona común adormece estos sentimientos, o recorta su sentimiento para que encaje en el mundo cotidiano; el artista lo mantiene vivo mediante su habilidad de intensificar el mundo para adecuarlo a sus emociones. El Hamlet de Laforge es un adolescente; el de Shakespeare no, no tiene esa explicación y esa excusa. Debemos simplemente admitir que aquí Shakespeare abordó un problema que probó ser demasiado para él. Por qué lo intentó es un enigma completamente irresoluble; bajo la compulsión de qué experiencia intentó expresar lo inexpresablemente horrible, jamás podremos saberlo. Necesitaríamos conocer muchísimos hechos de su biografía;y nos gustaría saber si,y cuándo,y si antes o al mismo tiempo de cual experiencia personal, él leyó el Acto II,Escena 10,de la Apologie de Raimond Sebond,de Montaigne.Tendríamos,finalmente,que conocer algo que es por hipótesis incognoscible,ya que asumimos que es una experiencia que, de la manera indicada,excedió a los hechos.Tendríamos que comprender cosas que Shakespeare mismo no comprendía.

* Del artículo "Hamlet y sus problemas",tomado de: Eliot, T. S., The Sacred Wood: Essays on Poetry and Criticism, 1920. Traducción de Sebastián Risau, publicado en la revista Conjetural,No.34,diciembre de 1998.