Verde Alicia

Juan Pablo Fiorenza Accésit del Premio Alba Narrativa 2010

JUAN PABLO FIORENZA nació en la Provincia de Buenos Aires,en junio de 1982. Es egresado de la Licenciatura de Publicidad de la Universidad de Palermo (Buenos Aires, Argentina). Ha logrado menciones en Premio literario Manuel Mujica Láinez 2007 de Argentina, Art NalónLetras de España en el mismo año, Tercer concurso anual internacional de relatos Crepúsculode Argentina,y fue finalista en el I Concurso Nacional Mundos en Tinieblas del mismo país. Con la novela Verde Alicia obtuvo el Accésit del Premio Alba Narrativa 2010. 

El Premio Latinoamericano de Novela ALBA NARRATIVA para autores jóvenes, convocado por el Fondo Cultural del ALBA a través del Centro Cultural Dulce María Loynaz, en su primera convocatoria otorgó el galardón a Percusión y tomate, de la escritora venezolana Sol Linares, y el Accésit a Verde Alicia, del autor argentino Juan Pablo Fiorenza.

El concurso fue convocado en noviembre del pasado año y contó con la participaron de 148 obras procedentes de 16 países del área. El Jurado estuvo presidido por el venezolano Luis Britto García y lo integraron además el puertorriqueño Luis López Nieves y el cubano Francisco López Sacha. Los resultados se dieron a conocer el 21 de febrero de 2010, en la sesión de clausura de la XIX Feria Internacional del Libro de La Habana.

En el número anterior de La Letra del Escriba publicamos un fragmento de Percusión y tomate y, ahora, lo haremos de Verde Alicia, como anticipo a la primera edición de ambas novelas por el FCA.

Según el juicio del jurado, que se pronunció por unanimidad, la trama de Verde Alicia atrapa desde el principio. Empieza de lleno con el tema. Su final abierto sorprende y es muy satisfactorio. También llama la atención su variedad formal.Con eficacia y madurez utiliza de forma transparente un continuo cambio de puntos de vista. Estos cambios de una a otra persona, a veces muy cercanos, se hacen con naturalidad y se sienten no sólo justificados sino necesarios.

El Segundo Concurso Latinoamericano de Novela ALBA NARRATIVA 2011, cuya Convocatoria aparece en la sección De todas partes, de esta revista, estará abierto hasta el 10 de octubre de este año y realizará la premiación en la XX Feria Internacional del Libro de La Habana, en febrero de 2011. 

1.

Soy superdotada.Tengo un papel que dice que estaré por encima de la media toda la vida

Fui la única,entre los cuarenta de mi sala, a la que el análisis le dio semejante noticia. "Superdotada en potencia", decretó el papel de la máquina. No hubo contraprueba. Mis genes habían hablado. En algún momento, dejaría de ser normal y me convertiría en una niña con un cociente intelectual igual al del techo de la humanidad.

La tarde en que recibí los resultados,salí del hospital acompañada de papá y de una pulsera verde inviolable. Mi mente de cuatro años pensó que se trataba de un juguete.En el viaje de regreso imaginé que la pasaría de muñeca en muñeca, de amiga en amiga; incluso me entusiasmó la idea de ponérsela de collar a un perro. Aunque luego de un tiempo, me di cuenta de que mi pulsera no era sólo el fruto de mis genes; el hallazgo de una persona más inteligente que las demás implicaba cosas determinantes.

Era un veredicto,una forma de posicionarse en la vida.

De eso me di cuenta enseguida.Pero nunca sospeché, hasta que completé mi adolescencia, que la pulsera era un recurso espartano y caprichoso de selección artificial.

Desde el momento del anuncio, todos esperaron la evolución del pronóstico. Cada uno de mis comentarios generaba una expectativa de la que no gozaba ninguna de mis amigas, y los adultos me hablaban como si fuera adulta, como si estuviera condicionada a responder como adulta.

Por otra parte, ciertos vecinos, conocidos, incluso familiares,veían con recelo los beneficios de mi pulsera verde.Porque la certeza de pertenecer al 2,2% de las personas más brillantes del mundo tenía sus ventajas. Ellos odiaban pagar sus impuestos de gente normal, su comida de gente normal,sus estudios de gente normal. Me observaban con una atención sofocante, querían que justificara mis eximiciones.

Según las teorías sobre las miles de inteligencias que se desprenden de la inteligencia, los superdotados mostramos indicios de nuestras facultades desde edad muy temprana. Decimos nuestras primeras palabras antes de caminar. Hilamos pensamientos abstractos de forma precoz. Comprendemos y resolvemos problemas con simpleza. Inventamos canciones sin mucho esfuerzo. Detectamos diferencias y similitudes con facilidad. Nos adaptamos a nuevos entornos y nos aburrimos más rápido que el resto.

Podría decir que cumplía a la perfección algunas de esas características.Y que otras,no.

Por ejemplo,a los siete años no era capaz de leer si no era separando en sílabas; mis compañeras lo hacían mucho mejor que yo, a pesar de no vestir la pulsera verde. En casa, papá me alentaba a mejorar y me hacía leerle libros enteros;en el fondo,sé que su miedo no pasaba por mi decepción sino por la probable quita de la asignación monetaria.En las clases de danza,no superaba la primera pose:volvía a casa con las rodillas raspadas y los codos magullados. En el coro de la escuela, si bien me gustaba cantar,tenía la voz prohibida,y ni siquiera me dejaban tocar las clavas porque mis compañeros se perdían en mi arritmia.

Más allá de esas trabas,nada me conformaba, y, una vez que incorporaba un concepto, no lo olvidaba. También, reconozco que mi curiosidad inquieta coincidía con el perfil de una superdotada.

Aunque cuando llegué a mi primer decenio pasé un verano inútil tratando de sacarle las rueditas a mi bicicleta.Sin ellas,la ley de gravedad me doblegaba;una agrupación de vectores invisibles y rabiosos me empujaba con decisión,provocando zigzageos constantes y alguna que otra caída.En aquel enero,palié la frustración con películas de Disney junto a Martín, Ana y Elenita, tres amigos del barrio. Y,a decir verdad,en ocasiones no comprendía los argumentos: estaba más pendiente de repetir las opiniones de mis amigos por miedo al ridículo que de la trama de la película. Esa falencia me despistaba un poco.A mí,y a papá también.Yo veía que lo enojaba.

A los catorce hablaba inglés,francés e italiano con perfección, pero no diferenciaba el sonido de una guitarra del de un violín, me daba pánico dar un oral delante de más de tres personas y fallaba en la identificación de algunos colores. Afortunadamente, y gracias al apoyo de papá, pude superar los exámenes de música y artes visuales,las materias que más me costaban. En lo demás, lo cierto es que andaba muy bien.

Sin embargo, no soportaba la dualidad. La dualidad de no sobresalir en todo.Es que desconocía las diferentes clases de inteligencia,y, por lo tanto, me consideraba obligada a destacarme en cada actividad que iniciaba. A la vez que dudaba de mi potencial, la presión de las miradas crecía exponencialmente. Por eso,cuando el Estado decidió darnos el dinero para celebrar mis quince, deseé que aquella noche fuera un punto de inflexión. Que inclinara la balanza.

En la fiesta,sentí la admiración de los invitados por mi propiedad genética,por mi pulsera que brillaba más que nunca, y la ansiedad por que diera muestras.Sé que todos les contaron a sus conocidos que irían al "cumple de la genia". En el momento de las fotos, me pidieron que mostrara la pulsera, cada vez más pesada.Mi sonrisa frente a la cámara contrastó con el clima de alegría:no había nacido con el carisma de un alma deslumbrante.

El único que no vivió esa situación con extrañeza fue Martín.

Mi vecino se mantuvo siempre al margen, en silencio y respetuoso.Nunca se dejó intimidar por mi pulsera,algo frecuente en los varones que se me acercaban, paralizados ante la posibilidad de ser menos inteligentes que la persona que llevan de la mano.Y a pesar de que al principio la indiferencia de Martín me molestó,luego comprendí que mi espectacularidad le interesaba tan poco como cualquier cosa que opinaran de él.Era así,un chico seguro de sus cualidades.

En nuestra nación, las investigaciones asociadas al desarrollo de una inteligencia superior a la media muestran que los superdotados tenemos patrones genéticos detectables a la edad de cuatro años,mediante el examen obligatorio de propensiones. Sin embargo,la ciencia aún no puede predecir el momento en que ese brillo se encenderá. Sucede con todos los pronósticos: no es posible revelar el año, mes y día en que un mitómano se iniciará en la mentira crónica; tampoco se sabe cuándo desplegaré mis habilidades especiales.

Esa incertidumbre preocupó siempre a papá: teme que nos quiten el subsidio. De todas maneras, y aunque él no quiera entenderlo, la ley no deja duda en cuanto a la cobertura y manutención de los poseedores de la pulsera, desde el instante mismo de la identificación de la genialidad,hasta la muerte.

A pesar de algunos destellos de chica inteligente, mi pubertad no fue un desparramo de luz.

Con el paso del tiempo, mis temores se acrecentaron. Consideré confirmar mis capacidades de algún modo,pero finalmente desistí porque iba en contra de la ley y en contra de lo que pensaba papá;la pulsera se transformaba en una corona muy difícil de lucir.

Terminé el secundario con calificaciones promedio, algunas más altas, algunas más bajas, según la esperanza o la envidia que mi condición despertara en el profesor.

El último día, la directora quiso hablar conmigo. Me pidió que no parara hasta llevar el nombre del colegio hasta lo más alto.

Papá también quiso hablar conmigo. Me pidió que llevara su apellido hasta lo más alto.

Recuerdo que me encerré en mi habitación y lloré.

Pedí ser mágica.

Triunfante,virtuosa.Iluminada,única,superlativa.

Hablé conmigo misma y me juré cumplir. Me juré que,como un incendio provocado, la llama de mi inteligencia arrolladora comenzaría a notarse a partir del día siguiente.

2

Estuve bien preparada para el momento de la elección. Había leído sobre tantas carreras tan diversas e interesantes que podía recitar los programas de memoria.Además,absorbía todo lo que pasara cerca:documentales,enciclopedias, atlas, libros, vademécums, revistas, hojas sueltas.

Fue el misterio de la máquina perfecta lo que me hizo estudiar medicina. En verdad, podría haber estudiado cualquier cosa, estaba facultada y becada para hacerlo. Las carreras más caras,las más difíciles.Pero me atrajo el funcionamiento del cuerpo,el milagro de la vida.Además,siendo médica podría devolverle al país algo de lo que me había dado.

Papá estuvo de acuerdo,incluso me sugirió repetidamente que me inscribiera en tres carreras adicionales, sosteniendo que yo era capaz,que podía hacerlo.

Tardé en recibirme el tiempo estipulado,ni uno año más, ni uno menos. Casualmente, mi compañero de estudio hasta tercer año fue mi vecino Martín, el de las películas de Disney, que después se pasó a Diseño. Nos complementábamos de una forma extraña aunque eficiente; él ponía el oído para que yo leyera los capítulos,y también para que se los explicara.Supongo que,de no haber sido por mi insistencia,Martín no hubiese pasado primer año: comenzaba a quedar claro que la medicina no era su vocación.Casi siempre estudiábamos en su casa: a papá le parecía un "desperdicio" que lo hiciéramos juntos, y no había más remedio que vernos a sus espaldas.

Continua...