La novela de Albert Camus, La caída,aparecida en 1957, además de ser una de las obras fundamentales de
este escritor francés nacido en Argelia, es uno de los textos literarios que mejor representó el espíritu de su
época en el continente europeo, época que padeció la guerra más sangrienta que ha atravesado la
humanidad y una muy dura posguerra. El arte y la literatura del absurdo y la filosofía existencialista
dominaron la escena cultural de entonces, y naturalmente Camus fue protagonista y centro de los grandes
debates teóricos que motivaron.Adelantamos ahora un fragmento de esta novela, que aparecerá
próximamente, publicada por la Editorial Arte y Literatura.
ALBERT CAMUS (Argelia ,1913, Francia, 1960). Filósofo, narrador,periodista, y dramaturgo. Entre sus obras más
sobresalienters figuran:narrativa, El extranjero, l942, La peste, 1947, La caída, 1956, El exilio y el reino, 1957;
teatro, Calígula ,1944, El malentendido, 1944, Estado de sitio, 1948; Los justos, 1950; ensayos, El mito de Sísifo,
1942, y El hombre rebelde, 1951. Se le otorgó en 1957 el Premio Nóbel de Literatura.
¿Puedo ofrecerle mis servicios, señor, sin riesgo de ser
inoportuno? Me temo que usted no sabría hacerse entender
por el estimable gorila que rige los destinos de este establecimiento.
Sólo habla holandés.Y a menos que me autorice a
representarlo, nunca adivinará que usted quiere una ginebra.
Bueno, espero que él me haya comprendido; su movimiento
de cabeza parece significar que entendió mis argumentos.En
efecto, ahí va, se apresura con prudente lentitud.Usted tuvo
suerte, no gruñó.Cuando se niega a atender, le basta con un
gruñido; nadie insiste.Reinar sobre sus estados de humor es el
privilegio de los grandes animales.Pero ya me retiro,señor,feliz
de haberle servido.Gracias, yo aceptaría si estuviera seguro de
no importunarlo.Usted es muy amable.Voy a colocar entonces
mi vaso al lado del suyo.
Tiene usted razón,su mutismo es ensordecedor.Es el silencio
de las selvas primitivas,cargante hasta el tope.A veces me
sorprende la obstinación con que nuestro taciturno amigo
desdeña las lenguas extranjeras.Su trabajo consiste en recibir
a marinos de todas las nacionalidades en este bar de
Amsterdam, al que por otra parte, no sé porqué, le puso
el nombre de Mexico-City. Con una tarea tal, ¿no cree usted
que su ignorancia resulta fastidiosa…? Imaginemos al hombre
de Cro-magnon, de pensionista en la torre de Babel. Allí
sufriría cuando menos de desarraigo.Pero no,no siente su exilio,
sigue su camino,nada lo altera.Una de las pocas frases que
he oído de su boca proclamaba que había que tomarlo o
dejarlo.¿Qué había que tomar o dejar? Seguramente a nuestro
mismo amigo. Le voy a confesar, me atraen esas criaturas
de una sola pieza. Cuando se ha meditado mucho sobre el
hombre, por profesión o por vocación, ocurre que se siente
nostalgia por los primates.Ellos nunca tienen segundas intenciones.
Nuestro hospedero en verdad tiene algunas,a las que alimenta
oscuramente.A fuerza de no entender nada de lo que
se habla en su presencia, su carácter se volvió desconfiado.
De ahí ese aire de recelosa gravedad, como si sospechara
que algo,al menos,no anda bien entre los hombres.Esta postura
hace menos fáciles las discusiones que no se relacionen
con su trabajo.Mire, por ejemplo, por encima de su cabeza,
sobre la pared del fondo, ese rectángulo vacío que marca el
lugar de un cuadro descolgado.Allí había, en efecto, un cuadro
particularmente interesante, una verdadera obra maestra.
Y bien, yo estaba presente cuando el dueño de casa lo
recibió y cuando lo cedió. En los dos casos lo hizo con el
mismo recelo,luego de rumiarlo varias semanas.La sociedad,
hay que reconocer, ha echado a perder un poco la franca
simplicidad de su naturaleza.
Fíjese usted que yo no lo juzgo.Aprecio su fundada desconfianza
y la compartiría de buena gana si, como se habrá
dado cuenta,mi naturaleza comunicativa no me lo impidiera.
Pero soy conversador y trabo amistad fácilmente. Si bien sé
mantener las convenientes distancias,para mí toda ocasión es
buena. Cuando vivía en Francia no podía toparme con un
hombre de ingenio sin que estableciera enseguida relaciones
con él. Ah! Veo que a usted le molesta el imperfecto del
subjuntivo. Le confieso mi debilidad por este modo y por el
lenguaje elegante en general.Debilidad que me critico, créame.
Sé muy bien que el gusto por la ropa fina no siempre
supone que uno no tenga los pies sucios. El estilo, como la
papelina,disimula con frecuencia un eczema.Yo me digo,para
consolarme, que aquellos que farfullan tampoco son puros.
Pero bueno,sigamos tomando ginebra.
¿Se quedará mucho tiempo en Amsterdan? Linda ciudad,
¿no es cierto? ¿Fascinante? Este adjetivo hacía mucho
que no lo escuchaba. Precisamente desde que dejé París,
hace ya años. Pero el corazón tiene memoria y no olvidé
nada de nuestra hermosa capital ni de sus muelles.París es
alucinante, un soberbio decorado habitado por cuatro
millones de siluetas. ¿cerca de cinco millones en el último
censo? Vaya que han tenido chicos. No me sorprende.
Siempre me pareció que nuestros conciudadanos tenían
furor por dos cosas: las ideas y la fornicación. A tontas y a
locas, por así decirlo.Aunque cuidémonos de condenarlos;
no son los únicos, es toda Europa.A veces imagino lo que
dirán de nosotros los historiadores futuros.Les bastará una
sola frase para el hombre moderno: fornicaba y leía los
diarios. Después de esta rotunda definición, me atrevo a
decir, el tema quedará agotado.
Los holandeses, oh, no, son mucho menos modernos.
Obsérvelos, les sobra el tiempo. ¿Qué hacen? Bueno, estos
señores viven del trabajo de esas damas. Son, por otra parte,
machos y hembras, seres muy burgueses que llegaron aquí,
como de costumbre,por mitomanía o por estupidez.Por exceso
o carencia de imaginación,en definitiva. De vez en cuando
estos señores juegan con el cuchillo o el revólver,pero no crea
que les agrada demasiado. Su papel lo exige,eso es todo,pero
se mueren de miedo apenas disparan sus últimos cartuchos.
Sin embargo yo los encuentro más morales que los otros, los
que matan en familia, de manera mezquina. ¿No ha notado
que nuestra sociedad está organizada para esta forma de eliminación?
Seguramente ha escuchado hablar sobre esos
peces minúsculos de los ríos brasileños que atacan por
miles al nadador imprudente, y lo devoran en sólo unos instantes,
con rápidos mordiscos que sólo dejan un esqueleto
inmaculado.Pues bien, así mismo es su organización. "¿Usted
desearía una vida limpia?¿Como todo el mundo?" Responde
sí, como es natural ¿Cómo decir no? "De acuerdo.Van a limpiarlo.
Aquí tiene un oficio, una familia, placeres organizados."
Y los dientecitos arrancan su carne hasta llegar al hueso.Pero
soy injusto.No debería decir su organización.Es la nuestra,después
de todo:se trata de quién limpiará a quién.
Por fin nos traen la ginebra.A su salud.Sí, el gorila abrió
su boca para llamarme doctor. En este país todo el mundo
es doctor o profesor. Les gusta respetar, por bondad o por
modestia. En ellos, al menos, la maldad no es una institución
nacional. Por lo demás, no soy médico. Si le interesa
saberlo, yo era abogado antes de venir aquí. Ahora soy
juez-penitente.
¿Me permite presentarme? Jean-Baptiste Clamence,para
servirle.Mucho gusto en conocerle ¿Usted seguramente se
ocupa de negocios o de algo semejante? ¡Excelente respuesta!
Y juiciosa también;todos nos ocupamos un poco de todo.
Veamos,permítame jugar al detective.Usted tiene aproximadamente
mi edad,la mirada experta de los cuarentones que
ya han pasado por casi todo,está más o menos bien vestido,
o sea como acostumbramos nosotros allá, y tiene las manos
suaves. ¡Es pues un burgués, de alguna manera! Pero un
burgués refinado. Si le desagradan los imperfectos del subjuntivo,
prueba doblemente su cultura, porque primero los
reconoce y enseguida le molestan.Bueno,veo que lo divierto,
lo que,sin vanidad,revela en usted una cierta amplitud de
espíritu,. Usted es entonces, para aproximarme…Pero qué
importa.Las profesiones me interesan menos que las sectas.
Permítame que le haga dos preguntas y no las responda si
las considera indiscretas ¿Tiene riquezas?¿Algunas? Bien
¿Las ha compartido con los pobres? No. Entonces es lo que
yo llamo un saduceo. Si no puso en práctica las Escrituras,
considero que no puede avanzar. ¿Ha avanzado? ¿Entonces
sí conoce las Escrituras? Decididamente usted me interesa.
Con respecto a mí… Bueno, juzgue usted mismo. Por la
altura, las espaldas, y esta cara que me suelen decir que es
huraña, debo tener más bien la apariencia de un jugador de
rugby, ¿no es así? Pero si se me juzga por mi conversación,
deben reconocerme cierto refinamiento. El camello que proporcionó
la piel de mi abrigo sin duda debía sufrir de sarna;en
revancha yo tengo las uñas arregladas.Soy instruido también,
sin embargo he confiado en usted sin precaución alguna,sólo
por su apariencia. En fin, a pesar de mis buenas maneras y mi
fino lenguaje, concurro habitualmente a los bares de marineros
de Zeedijk.Pero no busque más.Mi profesión es doble,eso
es todo, como la de todo ser.Ya le dije, soy juez-penitente. En
mi caso hay una sola cosa simple, no poseo nada. Sí, llegué a
ser rico,no,nada compartí con los otros.¿Qué prueba eso? Que
yo era también un saduceo… Oh! ¿escucha las sirenas del
puerto? Habrá niebla esta noche sobre el Zuyderzee.
¿Ya se marcha? Perdóneme si lo retuve.Con su permiso,no
le dejaré pagar. Usted es mi invitado en Mexico-City, me ha
dado particular placer estar con usted.Yo estaré seguramente
aquí mañana,como las tardes siguientes.Y entonces aceptaré
de buen grado su invitación. Siga su camino… Veamos…
¿tendría algún inconveniente en que yo lo acompañe hasta el
puerto? Sería mejor. Desde allí, bordeando el barrio judío,
encontrará esas bellas avenidas por las que desfilan tranvías
cargados de flores y de músicas estruendosas. Su hotel, el
Damraak, está sobre una de ellas.Por favor,después de usted.
Yo vivo en el barrio judío,o que se llamaba así hasta el momento
en que nuestros hermanos hitlerianos ocuparon
el lugar.¡Que limpieza! Setenta y cinco mil judíos fueron deportados
o asesinados, una limpieza mediante el vacío. ¡Admiro
esa dedicación, esa metódica paciencia! Cuando no se tiene
carácter, lo que hay que hacer es tener un método.Aquí hizo
maravillas, sin duda, y yo vivo en el lugar de uno de los crímenes
más grandes de la historia.Quizás esto es lo que me ayuda
a comprender al gorila y su desconfianza. Puedo luchar también
contra esa tendencia natural que me impulsa irresistiblemente
a sentir simpatía.Cuando veo un rostro nuevo,algo en
mí hace sonar la alarma."¡Despacio.Peligro!" Incluso cuando la
simpatía es muy fuerte,me pongo en guardia.
Traducción de Basilia Papastamatíu |