III

Marilyn Bobes, una gran embaucadora

Ernesto Pérez Chang

Hay una gran diferencia entre un libro extenso y otro breve.Aquello del largo aliento parece provenir, a juicio de un lector superficial, más de las dimensiones que del sentido de cuánto ha de ser lo justo para que un narrador diga lo que desea decir sin pecar por exceso o por defecto.Ese sentido de lo justo en el escritor es uno de los factores que ha dinamitado las fronteras entre los géneros desde los inicios de las parcelaciones;en cambio,es la cantidad, el volumen como criterio, la idea que ha sembrado la incertidumbre en la ortodoxia del editor y el crítico canónicos que, ante una novela de treinta páginas dictaminan "cuento",y que ante un cuento de veintiuna pregonan "noveleta". En un final el libro,en cuanto a géneros,es lo que el autor quiere que sea, y el largo aliento no significa inflar, emborrachar de aire. Esto lo han entendido bien los grandes autores. Todos ellos guardan entre obras monumentales, esa novela con proporciones de cuadernillo que tanta satisfacción les dio escribirla: El jugador o las Noches blancas, de Dostoievski; Crónicas de una muerte anunciada, de García Márquez; Las cabezas trocadas o Muerte en Venecia, de Mann; El reino de este mundo, de Carpentier. Todos fueron seducidos por la brevedad, no por cansancio del oficio sino por la destilación del mismo.El reto de sacarle el mayor partido a una historia simple que, leída bien, a muchos les parecerá un pretexto. Es decir, el paréntesis confesionario en medio de esa larga conversación que pueden ser sus otros libros, la revelación de las revelaciones,el alma simulada,divertida,de la obra mayor, que no son sino el sujeto que los produce. En ocasiones, como estas, una revelación vuelta divertimento y susurrada al oído en medio de un baile de máscaras. C´est moi et je suis l´autre. Marilyn Bobes confiesa pero al hacerlo se traviste. No es ni la narradora ni la Iluminada Peña de la historia pero hay que saber encontrarla dentro de esa cajita de secretos que es su novela Mujer perjura (Ediciones Unión, 2009). Unas pocas páginas que ha querido soltar en nuestras manos como de contrabando, como un susurro al oído. Hay que estar atento a aquello que está a punto de saltar desde lo aparentemente simple, vacuo. Revelando un universo pero sin revelarse a sí misma.Un escritor de verdad no incurriría en tales traiciones; en muchas otras sí,por supuesto.

No voy a contarles la trama de esta nueva novela de Marilyn Bobes. Su argumento es tan simple como el de cualquier novela grande:hay una mujer,hay una decepción,hay un viaje y un descubrimiento, una transformación. Es una fábula universal. Es una historia concisa, aunque más que una historia nos parecerá el pretexto de una mujer perjura. Un pretexto a la manera de una tomadura de pelo como tantas en este milenio construido por las fintas y los artilugios y donde, en literatura al menos, parece que está dicho todo o casi todo.

A sabiendas de que el narrador de hoy está obligado a buscar más que una historia original, una perspectiva narrativa propia, Marilyn ha acudido magistralmente a una estrategia minimal para poder proyectar un universo desde la situación cotidiana más fútil y revelarla en los matices imperceptibles, en las sinuosidades más secretas. De manera valiente, se ha lanzado al peligroso margen de unas pocas páginas,a riesgo de ser mal juzgada perezosa con un texto que es breve de pura condensación narrativa, despojado de tramas superfluas y experimentaciones insustanciales. Mujer perjura ha sido afilado y ajustado al extremo de hacernos sentir los pulsos de narradores y personajes. Su aparente parquedad no es comedimiento sino la física estrategia del resorte en la caja de sorpresa.Es la palabra potenciada casi al grado sumo de un Raymond Carver pero envuelta en esa festividad aniquiladora que recorre los filmes de Woody Allen: esa jovialidad que puede colar sin asombros un par de versos de José Martí en la boca de un asere, o en la mente de una inculta Iluminada, combinar el chovinismo pueril del mediocre con diez mil filosofías existenciales.

Marilyn juguetea muy en serio con sus personajes triviales y con la materia del mundo y los años recorridos por ella, reconstruidos ahora casi como en un pequeño escenario para marionetas,sin provocar con esto que el acto de narrar nos irrite, sino que más bien nos seduzca. La novela se lee en un rapto de curiosidad como el de aquel al que se le revela un chisme sabroso que al final deja ver abierta y sangrante el alma del murmurador. El libro se abre con una falsa confesión y cierra con otra de empecinado atrevimiento: una narradora que escribe por despecho. "No le importa trascender", parece decir a la espera de que alguno trague el cebo o descubra la zancadilla de esta mujer que,en la realidad monda y lironda, lo ha apostado todo por su oficio.Dice no ser pretenciosa para construir el guiño,la treta,disimular su acto juguetón porque, no nos engañemos,Marilyn sí baraja la ficción con trozos de la vida del escritor real.Pero no nos queda otro remedio que tenerla bajo sospecha todo el tiempo de lectura porque,como dice Nabokov,"ficción es ficción y calificar de real un relato es un insulto al arte y a la verdad, porque todo gran escritor es un gran embaucador". Recuérdenlo cuando lean estas y otras historias de Marilyn.

Cocinando con Ivette Vian

Anele Arnautó Trillo

El Cocinaíto, publicado por Ediciones Unión, no es un cuaderno más de recetas, sino otro libro ameno e imaginativo de Ivette Vian: esa escritora tan querida para nuestros pequeños por haber creado historias maravillosas que aparecen en Cartas a Carmina, Del abanico al zunzún, La Marcolina,Coco Pascua,Casa en las nubes,Una vieja redonda, La sombrilla amarilla, entre tantos otros ejemplos que harían esta enumeración exageradamente larga.

Nos encontramos ante un libro de cocina muy especial, para niños, armado con mucho cuidado, con el humor, la gracia y el cariño que desbordan siempre las narraciones de su autora. Pero ojo: como toda la buena literatura infantil,en verdad es apta para todas las edades.

El volumen contiene deliciosas recetas, precedidas cada una por una breve y simpática introducción, escrita en forma de diálogo entre un niño y Mamabuela,personajes que nos conducirán jocosa y golosamente por el universo culinario que nos muestran estas páginas.

Y así podremos apreciar cómo se prepara un dulce de leche, los conocidos fanguitos, caseros bombones de refrigerador, yemitas, merenguitos, flanes, entre otras comidas que aparecen en la parte dedicada a "lo dulce". En "lo salado" no pueden faltar los espaguetis, el pescado, el arroz a la cubana, el fufú, distintas formas de elaborar las imprescindibles papas, el tamal, las ensaladas, croquetas y frituras de diversos ingredientes.En otros acápites tenemos las pastas para sándwich, el sandwich dulce y diferentes refrescos: como la garapiña,la limonada Ten Cent,el té frío y el frutíbiri, por solo mencionar algunos.

Muy convenientemente se añaden un grupo de reglas de seguridad o precauciones,para evitar disgustos, accidentes y quemaduras; además de varios pasos para dejar la cocina limpia y un brevísimo diccionario de modales en la mesa:elementos que complementan la correcta enseñanza de ese arte tan necesario para todo ser humano como es el de cocer adecuadamente sus alimentos.

Mas El Cocinaíto no termina ahí,sino que explica una bonita manera de hacer un desayuno para mamá que sea a la vez sabroso,agradable,amoroso y delicado: Un desayuno especial llevado a la cama "el día de su cumpleaños, el día de las madres,o simplemente un domingo.Siempre hay que buscar motivos para hacer feliz a mamá".Y se recomienda,junto con la comida,poner una servilleta y una flor sobre la bandeja,además de recitar un fragmento de un hermoso poema del afamado e inolvidable poeta nicaragüense Rubén Darío.

En otra sección se detalla cómo hacer un cumpleaños, todo lo que para ello se necesita:desde los bocaditos hasta la música, pasando por los globos, las palmadas y la conocida canción de "Felicidades".Y por supuesto:la receta del cake con la de su baño de merengue…" ¡Porque lo principal es el cake!"

Esta divertida autora tampoco olvida a los perros, así que incluye --junto con algunos consejos sobre su adecuada alimentación--, varias recetas para ellos,que deben ser servidas siempre con caricias y mimos.

¡Y qué decir de los "Recuerdos y curiosidades culinarias de Mamabuela"! Son verdaderas joyas estos fragmentos que destacan la imaginación,no solo de la autora, sino de tantas personas conocidas suyas que han hecho malabares para lograr que un niño coma algo que dice que no le gusta,para cocinar lo mejor posible cuando determinados alimentos escasean… Memorias que ponen de relieve también los valores familiares, la importancia de compartir lo poco que tenemos y de hacerlo con amor y alegría, por lo que agrega historias muy graciosas sobre parientes y amigos glotones y otros que no lo son tanto,entre otras narraciones.

Además, no conformándose con su propia visión del arte culinario, Ivette Vian pidió a un grupo de estudiantes de primaria que contaran sus opiniones acerca de la cocina en la sección titulada "Los niños de Mamabuela escriben". Aquí doce pequeños de once años comparten con los lectores sus experiencias, lo que han podido o no aprender sobre este tema,quién cocina en su casa, sus alimentos favoritos, y algunos añaden hasta recetas y poemas.

Y ¡sí!,el libro termina,pero lo hace con dos bellos diplomas de cocinero o cocinera listos para ser llenados con los nombres de los niños que lean y aprendan las valiosas lecciones que puedan extraer de este libro.

Es preciso destacar el cuidadoso trabajo de la ilustradora y diseñadora Iranidis Fundora,a quien se le debe la originalidad visual que distingue a El Cocinaíto.Son de alabar los dibujos que acompañan a los ingredientes, para que sean mejor identificados por los pequeños lectores; las numerosas, tiernas y simpáticas ilustraciones que van con las recetas y hasta las particularizan, así como los atrevidos cambios de puntaje y tipo de letra para recalcar los elementos más relevantes dentro del texto, algo que es especialmente novedoso en nuestro país.

El Cocinaíto dará mucho de qué hablar. Es inevitable. Su diseño es bello y diferente y su texto sabe llegar a tres lugares: al estómago, al cerebro y al corazón. Coincidirá entonces en que es mucho más que un simple cuaderno de recetas para niños. Claro, es de Ivette Vian: la escritora que ríe y bromea mientras se convierte en Mamabuela para enseñarnos los deliciosos secretos de cocina que atesora junto a sus recuerdos y que logra transmitir con singular sabiduría, gracia y amor.