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II
2 PÓRTICO
Como en los encadenamientos de los cuentos
infantiles, podemos decir que sin poetas no hay
poemas, que sin poemas no hay poesía en el sentido
estricto,no amplio,del término.¿Cómo se va a
expresar esta manifestación artística que llamamos
poesía si nadie emborrona un poema? En
cuanto alguien,aunque sea en la intimidad mayor,
elabora una cadena de palabras cuyo fin último es
representar su mundo interior,ya vamos entrando
vertiginosamente en los predios del poema,
donde en los casos felices contemplaremos parpadear
con sus ojos maravillosos a la doncella solar
de la poesía. No confundir este acto,que puede ser
poético o no,pero que ya es irrefutablemente poemático,
con el rico devaneo interior de un estado
de sensibilidad que también podemos llamar poético,
y lo es, indudablemente, como poesía en el
sentido más amplio, pero no en el sentido meramente
artístico.No todo el que se arroba ante el espectáculo
colorido de la tarde (esas sensaciones
vesperales clásicas del temperamento romántico)
es un poeta, si conservamos el término dentro de
los límites que le corresponden.Pero si ese temperamento
que ya va muy avanzado en la humanización
de sí mismo, resulta capaz de atesorar esos
instantes dentro de su memoria emocional, y al
avivamiento posterior de la misma, bajo impulsos
cuya naturaleza aún no conocemos bien,distribuye
sonoramente los sentidos en cadenas lingüísticas
de vigorosa plasticidad mental,ya estamos en
presencia de un acto poemático básico,a donde la
poesía puede acudir o no, según leyes de otro
orden.
Pero a través de todas las vías necesitamos al
poeta para acceder a fenómeno tan rico y de tan
alto linaje,ya sea al poeta en actos, en contemplaciones
o en palabras. Sin ese poeta, de estado
eventual o de fija vocación, nos quedamos sin
advertirlo y valorarlo.Es por ello que todos los grupos
humanos suscitan de su seno a los poetas,
como suscitan a los héroes,a los mártires,a los educadores,
a los curadores,a los artesanos,a los visionarios.
Los poetas que al hablar de
sí mismos –la poesía es un arte
confesional por naturaleza– sepan
aglutinar de modo sintético los restantes
mundos interiores de su
comunidad y las sustancias del
destino del individuo sobre la tierra,
son los más altos, y brindan un servicio
que, aunque intangible, necesita
trasmitirse y conservarse como
un bien definitivo. La demanda
social es heterogénea, pues son
numerosas y de variadas jerarquías
las necesidades espirituales, y
urgen tanto los entretenimientos
como las exhortaciones, las bellas
ilustraciones de lo conocido como
las sísmicas transformaciones de lo
habitual, la gratuidad sensorial y lo
sublime trascendente. Es una escala
lo que los poetas atienden, dentro
de sí y fuera de sí, que como
todas las escalas de este mundo,
por el carácter esférico de lo real,se
tocan y fluyen en las antípodas,
cuyos puntos extremos pueden ir
girando alrededor, conservando
siempre ciertas equidistancias interiores.
A veces, como rareza, aparecen
poetas que se pueden mover
por muchos puntos con agilidad y
eficacia, y nos producen la sensación
de que son productores de
franja ancha;pero en contadas ocasiones
–son verdaderamente los raros– vemos un
poeta que logra no sólo desplazarse por la franja,
sino que se ubica con habilidad en las antípodas.
En la historia de la poesía abundan más, como es
natural, los poetas que se sitúan, o que los sitúa la
vida o sus propias inclinaciones expresivas, en un
punto determinado, desde donde producen con
provecho,firmeza y lealtad interior.
DIVAGACIÓN 1
Hay poetas metafóricos y poetas metonímicos.
Los poetas metafóricos se encuentran bien
en el eje de las analogías. Rápidamente, y a
nivel intuitivo, el poeta metafórico, adiestrado
en la búsqueda asociativa, ducho en la representatividad
oblicua del mundo, comprende
que una determinada imagen es el modelo
idóneo que procura, y comienza a trabajar
febrilmente con el hallazgo. A toda velocidad, y
en una mesa de trabajo mental que la conciencia
poética dispone para la elaboración justa,
con los grados de temperatura necesarios, con
los sensorios dispuestos sobre la memoria, y
con una alta disponibilidad de decisiones,
encontrada ya la imagen correspondiente a la
oscura intencionalidad de su mundo interior,
comienza el afán creador, que resulta turbulento
y ordenador en grado sumo. Ese afán es trabajo
emancipado, que el poeta disfruta y
padece. Hay una introspección continua, y un
trasvase afiebrado, y una multitud ciclópea de
decisiones, todo ello sujeto a un árbol interior
cuya álgebra aún se desconoce. El poeta se
afinca sobre la realidad, develándola a un nivel
de asociación trascendente. El poeta metafórico
es siempre alegórico, evoca un mundo para
presentar otro, establece relaciones difíciles
para el consumidor frío o poco adiestrado.Pero
para los lectores avanzados es siempre un
constructor excepcional, que establece trasiegos
asombrosos y que cumple ricas tareas
simultáneas.De tal modo que el poeta metafórico
en la cadena histórica de imágenes sobre
los poetas es casi siempre el Poeta, y un aura
especial emana de sus creaciones, que el consumidor
adiestrado prestigia y difunde, en un
culto especial.
El poeta metonímico se asienta sobre el eje de las
contigüidades.Trabaja con dependencias,con pertenencias,
con vecindades semióticas. Su mundo
presentado es más fuerte que el mundo que evoca.
Sus poemas son piezas de fuerte realismo,de abundante
impronta inmediata. Los nexos asociativos
son escasos, y las transferencias remiten a contextos
exteriores, de los cuales el consumidor debe
estar noticiado para poder extraer todos los espectros
informativos.Sus mensajes son más evidentes
para los individuos inmersos en una sincronía cultural,
pero pueden envejecer con cierta prontitud
apenas se trasmuten las sensibilidades y los contextos.
Inciden más directamente en la escena real del
consumo, y son favorecidos por su ingeniosidad y
sus lazos irónicos con el momento, que pasa a ser
en ellos una especie de categoría estético-temporal.
El poeta metonímico, adiestrado en los contactos,
conoce bien las mentalidades comunes y a ellas
se dirige como público potencial.Se reconoce muy
ligado a la circunstancia,y es por ello que se inclina
con gran fervor hacia la anécdota y cierta esbozada
narratividad,con lo que aleja la poesía de la poesía
cuando su manera de producir pasa a estar ejercida
ya por los epígonos.La temporalidad dominada
por los poetas metonímicos es piloteada por la
narrativa, más que por la poesía propiamente
dicha.Dada la inmanencia temporal en que conciben
sus productos son proclives también a periodizar
la historia poética con rapidez, transfiriendo a
memoria cultural lo que fue presentado ayer
mismo.Apetecen mucho la comunicación exitosa
con su época,aunque se presentan bajo máscaras
de ruptura y transgresión.La época les ofrece camino
expedito, por su relativa claridad e inmediatez,
aunque el poeta metafórico,cuando el nivel de los
públicos asciende, puede generar cultos más acabados
y duraderos de recepción.
AFORISMO 1
Cada poeta es responsable de sus propias
metas.
DIVAGACIÓN 2
Hay poetas solares y nocturnos.
Los poetas solares avanzan en círculos de trabajo
hacia sus metas.Siempre tienen metas,y sus metas
se les delinean con cierta nitidez,con cierta anticipación
formativa. Son procesuales, como el día. La
mentalidad de un iluminador de un antiguo Libro
de horas es solar,como la de los poetas que examinamos.
Saben que ascienden y descienden,en una
curva laboriosa, y que cada tramo tiene su fascinación
y su épica.Un año tiene meses,los meses tienen
días,los días tienen horas:en esa discontinuidad que
fluye compacta,se esconde una sinfonía grandiosa,
que el poeta solar quisiera esculpir como utopía
creadora. A un poeta solar nunca le faltan motivos
para el canto, ni tiene grandes lapsos estériles. Ve
mucho, porque la claridad lo acompaña, y puede
gozar la brizna y la torre.Se para frente a su canto,y
escucha atento todos los sonidos,pero extiende sus
propios gramiles y sextantes.Ama la voluntad que
canta,la inteligencia que se emociona,el caos que se
organiza,o el caos que tiene dentro,como un esqueleto
de cristal, una profunda simetría. Sus cantos se
descomponen, se edifican en capítulos,pero avanzan
bajo los efectos de una levadura especial: un
deseo visceral de unidad.Cuando entra en grandes
asuntos,parece que pone bloques movidos por largos
brazos: aspira a representar no sólo el monumento,
sino también la suma de ademanes que se
supone debe haber solicitado tal realización. El
poeta solar no está movido por improntas destructivas,
sino de exploración de horizontes altos y de
fundación de mundos inconsútiles.Mira hacia atrás
y ve,porque la luz le ofrece distancias,y ama la tradición
con mucha lealtad y discrimen.Sueña con una
grandeza: edificar en el horizonte.Compara la altura
de su sueño con las de otros sueños ya construidos.
Siendo su mundo interior extraordinariamente
poblado y fuerte, no deja de afincarse jamás en lo
exterior,que es su añadidura y su combustible.Ama
las pautas y las irregularidades, simultáneamente.
Aun en los instantes en que desea morir se le aprecia
la nostalgia por la belleza de la vida.
Los poetas nocturnos son reacios a atender pautas
o discriminar experiencias anteriores. Se inclinan
a girar sobre sí mismos,como quien avanza en
lo oscuro.Saben que todo los antecede,pero quieren
que todo nazca ahora, de nuevo, bajo el vértigo
de la íntima exploración. Dan con minerales
profundos, registran sustancias ocultas, revelan
recodos sepultados. No quieren cantar sinfónicamente,
sino resonar en grandes desgarraduras.
También aman los himnos, pero los que marchan
paralelos o enfrentados a los que aceptan las órbitas
comunes.Pero sobre todo les fascinan los fragmentos,
las explosiones, las diseminaciones que
parezcan arbitrarias, aunque no lo sean. Su plutonismo
acaba siendo aéreo,pues todo lo que enuncian
vibra en las distancias de la noche.
Sumergidos en lo que sienten, como un padecimiento
o un castigo, sólo ven escasas torres, y las
que ven pertenecen al mismo cono de expresión.
Mueren y resurreccionan poco –tan característico
del poeta solar–, sino que tienden a conservar sus
odres si cambian los vinos, o a conservar los vinos
si permutan los odres. Sus primeras entregas contienen
ya las matrices definitivas de lo venidero,
pues nacen de raigales obsesiones. No quieren
esculpir libros que constituyan sistemas, sino que
funcionen como sólidos expedientes. En la mayoría
de los ocasiones lo que están representando en
el fondo es un suceso clínico, que puede ser el de
su época íntegra, y sólo demandan al arte como
superior gratificación la posibilidad del más vigoroso
testimonio. Sus obras relampaguean, hundidas
en la naturaleza tremenda de lo humano,
desde donde se levantan en icárico vuelo. Esta
manera de ver lleva,inevitablemente,al acarreo de
instrumentales característicos,que por sus afinidades
históricas ya han pasado a constituir una tradición
tecnológica. Toda esa tecnología forma
parte del caudal expresivo de un poeta nocturno,
pero siempre ofrecen en sus manos un aire
de estreno, de taller renovado y transgresor.Sus
libros son buscados con mucha curiosidad
social,y en algunos templos simbolizan el único
tipo de poeta posible.Pero, realmente, tanto los
poetas solares como los nocturnos son los dos
rostros de una moneda que gira a una compleja
velocidad: la especie humana, escindida
hasta las médulas,aunque éstas hayan gloriosamente
ardido, según el decir quevediano.
CODA
Entre poetas hemos andado hoy, que es
andar entre poemas y poesías. Cada uno de
esos términos tiene sus irradiaciones y límites,
pero todos se presuponen férreamente. Es
bueno saber qué tipo de poetas tenemos
cuando tenemos un libro de poemas –espacio
en que la sociedad espera acuda la poesía–,
o si es un creador que goza de mucha
complejidad y riqueza fusionadora. Puede
ayudar a entender al artífice, que es un paso
importante para entender su arte con más
calado. Entender no disminuye ni en un ápice
la magia de la poesía, porque sólo la intuición
avanza en la misma medida en que avanza el
entendimiento. El que propaga su entendimiento,
propaga su intuición
El Canal, agosto de 2008
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