
La importancia
está en el flechazo
(Conversación con
Rafael de Águila)
Ahmel Echevarría
En este caso también ocurrió que en el principio
fue el verbo.Conocía su artículo "¿Pathos o marketing?"
Sabía de la estela de desencuentros que
había dejado ese texto a su paso,desde las páginas
de El Caimán Barbudo,por la capital de la siempre
fiel Isla de Cuba. Según Rafael, "entre la segunda
década de los 80 hasta entrados los 90 la literatura
cubana estuvo muy signada por un cruento afán
problematizador; en ciertos casos se desbancó al
único elemento que la literatura prohíbe desbancar:
la calidad literaria".El designio y la voluntad de
ejercer ese designio: la calidad literaria. Pero no lo
conocía a él: a Rafael de Águila (La Habana, 1962),
autor de los libros de cuentos Último viaje con
Ariadna y Ellos orinan de pie,ambos publicados por
la Editorial Letras Cubanas; con el cuaderno de
cuentos Del otro lado obtuvo el Premio Alejo
Carpentier 2010.
Fue en la panza de un avión con destino a Bolivia
donde conversamos por primera vez.Y el diálogo
no quedó allí; a pesar del soroche, a través de una
peligrosísima carretera que serpentea la cordillera
de Los Andes,durante una fast and furious comida
en un McDonald o perdidos en un mercado del
departamento de Santa Cruz, o en un Van Toyota
repleto con diez escritores y artistas cubanos cuyas
maletas iban tan repletas como el Van, el diálogo
siguió fluyendo. Digamos que en esta conversación
hay trazas de aquellos días a más de dos mil
metros de altura sobre el nivel del mar.
Para ti,un libro de cuentos "no es una mera sumatoria
de textos",porque "debe ser algo perfectamente
articulado y sistémico,algo desde donde debe emanar
cierto espíritu; cada texto debe saberse parte de
un corpus". Con el libro Del otro lado obtuviste el
Premio Alejo Carpentier 2010.Parafraseándote,¿cuál
es el espíritu que emana de este libro de cuentos?
Los juristas suelen defender un precepto,
citar una frase: "la letra y el espíritu de la Ley".
Concretamente,el objetivo del legislador debe trasladarse
a la ley escrita, sin equívocos. Para que sea
comprendida y respetada, toda ley debe ser precisa.
Se dice que Stendhal se sumía en la lectura del
Código Civil antes de tomar la pluma.Debe el escritor,
cuando enfrenta una obra,ser tan preciso como
el legislador.Ahí están los fantasmas que lo perturban,
las cuitas que lo atormentan, las obsesiones
que lo acosan.Esos serán sus temas.Echa mano el
autor a técnicas, tonos, estructuras. La conjunción
de todos esos elementos debe, si no marra el
esquema,conformar el espíritu que animará,y delatará,
el corpus.En Del otro lado se agitan once historias
en las que se mueven personajes antitéticos en
situaciones que, de alguna manera, refuerzan esos
antagonismos.Es un libro donde la presencia femenina
anuda todos los hilos,los visibles y aun los invisibles.
Un libro donde interactúan, se oponen, se
enfrentan esos dos lados a los que se alude desde
el título mismo.La estructura es musical,la estructura
de una sonata clásica.Las once historias se sostienen
en cuatro movimientos: el allegro inicial, no
demasiado marcado, para concluir en un allegro
vivace, suerte de coda o recapitulación temática,
reafirmando el tema dominante en una última historia,
escrita especialmente para concluir el libro;
todo ello trazando un correlato entre las características
de esos movimientos en una sonata y cada
uno de los cuentos.Trabajé concienzudamente ese
texto, desde el inicio en la selección de las historias
que debían conformarlo, historias urdidas en los
últimos tres años. Todo en aras de respetar ese espíritu,
esa concepción sistémica que debía animar, y
delatar, al corpus. Existe una barrera, lo sabes,
Ahmel, a menudo infranqueable, entre intento y
realización.Y los autores suelen equivocarse acerca
de sus propias obras.Si he logrado o no ese espíritu
y ese corpus yo no lo sé.Evoquemos a Lezama,sostengamos
que la importancia está en el flechazo,
no en el blanco.
"Seguiré sintiendo pavor ante la página en blanco
y especialmente a la que he llevado mis letras" ,dijiste
en una entrevista. Respecto al libro Del otro lado,
¿qué tipo de pavor,por estas páginas ya escritas y que
muy pronto llegarán a las manos de los lectores,
experimentas?
La creación literaria no es ciencia exacta.No es la
resultante de un artificio cibernético.Omnisciente,
de acuerdo a la teología, solo lo es Dios. Se es
humano,un mero mortal,del común,por añadidura.
Se debe luchar enconadamente con el lenguaje
para lograr apenas una página, imperfecta, por
demás.Se sabe uno en posesión de todas sus debilidades
y todas sus insuficiencias,se respeta el idioma
como se respeta a una Madre, se venera a
autores como se venera a dioses tutelares, se siente
uno llamado al orden y al silencio por obras
admirables. Y como mero mortal, ser al que animan
más atrevimientos que derechos, se dispone
uno a llenar cuartillas. Con pavor. Entre el autor y
esa cuartilla median, presionan, obseden más de
tres mil años de cultura. No se toca el cuerno de
caza en busca del pavor.Aparece,siempre aparece.
Asoma siempre la testa.Y se lucha para,a pesar de
esa testa y de ese peso formidable,lograr esa cuartilla
imperfecta.Se lucha por nuestro derecho a llenarla.
Un derecho atrevido pero lleno de solemne
respeto, de increíble timidez, además. Se esfuerza
uno por lograr que esa página no sea tan imperfecta,
por deslastrarse de toda la dosis posible de
peso y presión. Y el intento, urge reconocerlo, es
vano, la página será siempre imperfecta. A la portada
de la obra estará tu nombre,el apellido de tus
padres,eso que eres.Y la obra será inevitablemente
imperfecta.He ahí el pavor, asomando siempre
el rostro.No solo en este libro, inunda también los
dos libros anteriores.El pavor,como conciencia de
las insuficiencias y las debilidades,de la grandeza y
la perfección inalcanzables, del intento y el esfuerzo
siempre vanos; el pavor, burlándose, sacándonos
la lengua, en esta, en las anteriores, en las
futuras,en todas las obras,siempre.
Hay una pregunta que persiste en mi cabeza, tal
como si fuera una lapa: ¿de qué hablamos cuando
hablamos de literatura cubana?
Poco cabe agregar: Hablamos de lo mismo,
exactamente de lo mismo que hablamos cuando
lo hacemos de literatura en general.Hablamos de
nosotros,un nosotros quizá mucho más enfático y
sentido, un nosotros que nos mueve y conmueve
hasta las células,que puede hacernos reír pero que
sobre todo puede hacernos llorar,llorar a morirnos.
Hablamos de nuestra historia privada, de lo que
hemos soñado, lo que soñamos y lo que soñaremos,
de lo que hemos sido, lo que somos y lo que
deseamos ser, especialmente de lo que no deseamos
ser,de nuestras grandezas y de nuestras miserias.
Y hablamos de Martí, de Casal, de Heredia, de
Zenea,de José Jacinto Milanés.No puedo olvidar a
Plácido,cuyo poema "Plegaria a Dios" de niño me
solía recitar mi padre.Hablamos de Villaverde y de
la Avellaneda y, por supuesto, de Lezama, de
Virgilio, de Carpentier, de Arenas, de Cabrera
Infante,de Dulce María Loynaz.Hablamos de todos
ellos,son muchos y muy respetables los nombres,
de todos los que han escrito antes, todos los que
escriben hoy,incluso todos los que escribirán alguna
vez, incluso ellos, y no importan credos u otros
accidentes,no importan.Klopstock,un escritor alemán
del siglo XVIII, soñó con una hermandad de
escritores, algo así como un falansterio, ojalá ese
falansterio lo fundemos los cubanos, un sueño,
como sabes,una mera utopía,pero el mundo no es
deseable sin ellas.Y excluyo los eventos que puedan
apenarnos, la literatura cubana,como el resto,
como la naturaleza humana, es también eso,pero
dejemos tales hechos fuera.¿Por qué? Por pudor,el
pudor de los afectos grandes, y ya ves,Martí,siempre
Martí. Samuel Beckett declaró alguna vez que en
Irlanda se había escrito mucho a partir de resultar
esa isla tan sodomizada por británicos y religiosos.
Declarándonos exentos de la manía del nacionalismo,
ese otro pecado, se ha escrito largo y bien en
Cuba, también una ínsula. Recordarás la cifra
récord de escritores y obras canónicas citadas en El
canon occidental, algunos señalan como causa la
asesoría que recibiera el autor del profesor
Roberto González Echevarría;mas cuando se repasan
estos cuatro siglos no puede uno negar que se
ha escrito mucho sobre esta isla.A veces uno siente
que lo mejor sería no hablar de literatura.El escritor
suele pasar mucho tiempo hablando de
literatura. Es agotador.Y en ocasiones aburrido. Lo
importante es respetar a los que la han hecho, los
que la hacen, y si se tiene suerte,tiempo,voluntad
y talento,intentar hacerla.
Es cierto, hablar de literatura resulta en extremo
agotador en especial para los escritores. Hablemos
sobre el amor.¿De qué hablamos cuando hablamos
de amor?
Intuyo que aludes al amor sexual, eso que
Kundera alguna vez llamó amor coital.Quizá hablamos
de neurosis.Una neurosis necesaria e imprescindible.
En aquella memorable entrevista con
George Plimpton,Hemingway aseguró que escribía
mucho mejor cuando estaba enamorado.
Después Carpentier encontró tonta aquella afirmación.
Robert Musil escribió algo que hemos
sufrido todos: "El uno la posee, el otro la ama".
Cierta vez alguien pidió a Unamuno que definiera
el amor,el anciano no lo pensó mucho:"No siento
nada cuando me rozan las piernas de mi mujer,
pero me duelen mis piernas si a ella le duelen las
suyas". Y no olvido la frase, rotunda, de Onetti: "El
amor es absurdo y maravilloso, pero los seres
absurdos y maravillosos no existen, y los que lo
son, lo son en la primera juventud, después
comienzan a aceptar y se pierden".Todos los días
me esfuerzo por no aceptar, no perderme.¿Quién
no ha padecido alguna vez el síndrome de Hans
Castorp?: amar a una muchacha que no nos amará
jamás, leer para ella aquel fastuoso capítulo de La
montaña mágica donde,en "Noche de Walpurgis",
Hans declara su amor a Clawdia Chauchat,la declaración
de amor más elocuente de la literatura universal,
todo para que Clawdia, para que la
muchacha,ambas,una desde el libro,la otra frente
a ti, se encojan de hombros. No pocas veces
descreo del amor. He intentado desentrañar sus
códigos. He leído mucho de lo que se ha escrito
sobre el tema: desde Platón al amor cortés, a
Lacan; sociólogos, sicólogos, filósofos. Recuerdo el
teorema de Lacan: "Uno no desea al otro, uno lo
que realmente desea es ser el deseo del otro".Pero
Lacan hablaba de deseo. Marcuse, Paz y Wilhem
Reich, los tres, cada uno a su modo, sostuvieron
que el amor era la única ideología capaz de salvar
al hombre. Asombra eso cuando se sabe que
hablaban de amor sexual. Paz sostenía que el
Occidente estaba acabado, para refundarlo había
que refundar el amor.Y Freud:"Lo que debe hacer
bien un humano es amar, conocer y trabajar".Y el
pobre Dante que creía al amor un accidente –a los
nueve años se enamora de Beatriz, no la tocará
jamás pero una vez muerta la perseguirá por todos
los infiernos–.Y Kafka, que amaba y no dejaba de
escribir cartas, miles de largas, bellas y desconcertantes
cartas.Y Beethoven,componiendo sus más
bellas piezas para la amada inmortal,una mujer de
la que aún hoy los biógrafos discuten el nombre.
No puedo dejar de mencionar a los pobrecitos
Abelardo y Eloisa.Quizá no exista tema del que se
haya hablado tanto, todavía más a partir del siglo
XII occitano,y todavía más después del romanticismo
del siglo XVIII. No olvidemos al neurótico
Werther. En el siglo XX las alusiones se multiplican
ad infinitum, desde la literatura, el cine, la mass
media.Cunde hoy el amor mediático y se enfrenta
una crisis del amor real, el amor real como ente
deficitario. Y todos anhelan ese amor que llega
desde libros, cine, revistas, ese amor virtual. No
podemos obviar el conflicto entre amor y monogamia,
palabra esa última cada vez menos real
–somos polígamos orgiásticos que practicamos el
menage à trois y juramos creer en el amor–. Hay
algo inquietante.Desde el surgimiento del Estado
la familia resulta la unidad estructural y funcional.Y
la ideología que sostiene a la familia es el amor.
Uno infiere que el amor podría ser alimentado por
el orden social como elemento conservador del
status quo. Lo cierto es que el amor es un motor
poderosísimo, Ahmel, y muy seguramente sea
imposible y triste vivir sin él,también es muy triste
que resulte tan perfectamente parcelado en –y
por– el tiempo,en –y por– el espacio.El amor es un
oxímoron.Una conditio sine qua non. La fuente de
hechura de la mayoría de las creaciones humanas.
Borges nos legó que enamorarse era crear una religión
cuyo Dios es falible. Y no son confiables los
dioses falibles,Ahmel.Ni las religiones.Ni los dioses.
Ni siquiera los infalibles que,al final,no existen.Pero
solemos creer en ellos.¿Quién sabe lo que sucedería
si no? El hombre es un animal que confía,escribió
Nietzsche, un tipo muy desconfiado que
decretó la muerte de Dios y enloqueció amando a
Cosima, hija de Liszt y esposa de Wagner.Cosima,
desde luego,no lo amó.Me he extendido y no me
disculpo, la causa otra vez está en tu pregunta, el
tema registraría récord de monografías.Viva pues
la neurosis,Ahmel.x
Tomé algunas notas de tu libro Ellos orinan de pie:
uno de tus personajes dice: "Dios también es déficit",
y más adelante agregas: "la nieve es como Dios,una
farsa".¿Qué es Dios para ti?
Pues eso,una farsa.Una más,Ahmel,hemos vivido,
vivimos y viviremos inmersos en ellas. Unas
más creíbles, otras menos. Los dioses se inscriben
entre las muchas farsas, una de las primigenias,
además, farsa que ha movido,mueve y moverá a
infinitos adoradores. Han sido, y son, muchos los
Dioses.El Dios al que aludes es lo que hoy resta de
una deidad reverenciada por ciertas tribus semitas,
por aquel entonces un número muy reducido
de humanos en una porción muy reducida del
mundo.Los avatares de la historia lo llevaron hasta
tu pregunta.Aquella reducida porción del mundo
fue ocupada por Roma,la religión de aquellas tribus
venció a la religión del Imperio, se propagó
por él, en la Edad Media se afianzó como religión
oficial,otros imperios y otras conquistas diseminaron
ese Dios, y aquí estás hoy preguntándome
sobre Él. Soy ateo, Ahmel, y muy descreído, ojalá
notes que intento emplear las mayúsculas para
nombrar.Otra historia nos hubiera adosado otros
Dioses.Me he deleitado una y otra vez leyendo la
Santa Biblia, admiro profundamente la inmensa
poesía del Eclesiastés,Proverbios,y el Cantar de los
Cantares.Me han afanado textos de disímiles credos:
el Libro de los muertos egipcio, el Enuma Elish babilónico,los textos sagrados de la India.No olvido
lo referente al budismo y al sistema yoga,el Tao
Te King chino, el Corán, el Zohar, el Popol Vuh.
Estudié el sistema cátaro de la Occitania medieval.
Me resulta muy afín la posición del neopositivismo
lógico. Para decidir si creer o no en algo urge
inicialmente conceptuar ese algo como ente concreto,
Dios es ente metafísico,imposible aventurar
un concepto de Dios, y sin concepto de Dios se
infiere como imposible negar o afirmar su existencia.
Se constata hoy un innegable auge religioso,
típico de tiempos de crisis, crisis no sólo material,
sino –y muy especialmente– espiritual, ética. Si la
religión deviene elemento en favor de la vida, la
solidaridad, la bondad y la espiritualidad como
contrapeso del consumismo, resultaría laudable.
Soy pesimista y me temo sucede como con el
amor.Se lleva a Jesús colgante del cuello y no existen
vestigios de la mínima eticidad. Se jura en
nombre de Dios y se incurre en múltiples desafueros.
En el aspecto ontológico la religión es la respuesta
a la indefensión del género humano. Un
hombre feliz, inmortal y no sufriente quizá no
fuera religioso, o lo fuera ante el temor de perder
tales atributos.Vivir es perderse a retazos,Ahmel,
perder todo cuanto amamos, hasta perderse uno
mismo.Un Dios tutelar podría ser para muchos el
asidero ante esas pérdidas. Es una desventaja no
creer en dioses tutelares, las pérdidas llegan y llegan
y uno ahí,sin asideros..
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