III

ALBERTO ACOSTA-PÉREZ SE DISCULPA DEL POLVO Y DEL DESORDEN

Cira Romero

Me gustaría –confieso es un deseo muy personal probablemente poco o nada compartido por la mayoría– que en todo libro publicado apareciera un aviso,noticia,alcance,señal… no sé cuántos sinónimos (¿existen los sinónimos?) pudiera haber para prevenir al lector acerca de lo que va a encontrar en las páginas vírgenes del libro dispuesto a ser leído. Por esa preferencia aprecié mucho el "Aviso" colocado por Alberto Acosta-Pérez en su último libro de poemas:Fotos de la memoria (2001- 2007),publicado por la Editorial Letras Cubanas en su Colección Poesía, privilegiada, si se quiere, porque reúne en los títulos hasta ahora aparecidos –cuarenta y cinco en total– a muchas de las mejores voces líricas cubanas de variadas generaciones, desde Pablo Armando Fernández,Rafaela Chacón Nardi,Pedro de Oraá y Domingo Alfonso,pasando en un recorrido rápido,pues es imposible citarlos a todos,por Reina María Rodríguez, Laura Ruiz, Lina de Feria, Roberto Méndez, Víctor Casaus, Carlos Esquivel, Sigfredo Ariel, Nelson Simón y Rito Ramón Aroche. Dice Acosta-Pérez:

No hallarás en este libro ni versos brillantes
ni complicaciones
retóricas,
tampoco gaudeamus ni aleluyas,sólo
pequeñas gotas
de sangre,
sueños y tendones lastimados a lo largo
del camino.Espero
disculpes el polvo y el desorden.

Este "Aviso" pudiera constituir una especie de poética del autor de Música vaga. Sin embargo, siéndolo o, mejor, pensando que lo es, sirve para demostrar que el poeta Acosta-Pérez se inmersa en sus composiciones en un ámbito apasionado, sangrante (como lo advierte en su "Aviso"), a veces turbio, pero donde ocupa un lugar especial una manera de decir ganada por el desdoblamiento reflexivo, en el sentido de que el impulso a veces, pocas en verdad, vehemente de su poesía es vigilado por una mirada, la suya propia,dirigida no sólo a su ironía "hacia fuera", sino también contra la exaltación de sus propios gestos poéticos.

Leemos un libro, este libro,conformado por seis partes –"Las viejas mercancías", "Aprendiendo a vivir", "La balada de Jack y Ennis" (un solo poema ya publicado antes y al cual,con buen tino,el autor le concede una de esas secciones), "Homenajes", "De arte menor" y "Acaso las palabras"– abiertas, en su conjunto, a la luz de la madurez poética, ya demostrada antes con libros como el ya citado y también con Monedas al aire (1996),para solamente mencionar dos de sus varias contribuciones al género; pero ahora reúne poemas de algunos de sus textos anteriores y también nos entrega nuevas muestras de su quehacer reveladoras, en su conjunto, de un ejercicio de seguridad poética ganada por algo que se ha ido extinguiendo entre los poetas, cubanos y no cubanos: la sobriedad, el gusto por la palabra,pero no por la palabra misma, sino porque con ella el poeta es capaz de trasmitir un discurso que en su no abigarramiento acumula la medida exacta del verbo poético que ni se atenúa ni se agudiza,sino se mantiene en una tesitura compacta donde afloran razones, circunstancias, lugares,vacíos espirituales,claridades crecientes,verdades momentáneas,provocadoras de una especie de concepción romántica, reciclada, fórmula de asiento existencial para acercarse a esos vacíos.Son poemas abiertos a la pasión, incluso al acuerdo, a veces difícil de conseguir,con el mundo,aun diciéndolo de un modo muy personal,como sucede en el poema "La balada de Jack y Ennis", que, sin temor, afirmo es un texto excepcional de la poesía cubana de los últimos años.Leemos en su parte IV:

La luz corta como un hacha el cielo
y huele a río,a hierba,a carne detenida,
a pensamiento,
memoria y recuerdos hechos de nuevo sólo
para mí.
Aquí,en Wyoming,la limpieza de los días de
verano
destejen la madeja del olvido
y la memoria renueva su fondo de materias
deshechas,
humus para formar palabras como amor,
odio,tiempo,miedo…
que algún día serán molidas otra vez hasta
la saciedad
para crear palabras nuevas,de dudosa
dulzura
–luz y pasto y mañanas frías y ovejas
plañideras sobre
las espaldas de Wyoming–,
mientras los cordajes de abril aprietan el sol
con avaricia.

En esta larga composición el poeta se abre a una especie de reino donde, calladamente, se invoca, se evoca, para desplegarse en una peculiar reflexión que aun cuando se sitúa siempre en lo concreto,atraviesa lugares e hilvana sus descripciones fragmentarias, asumidas ahora desde la huella de la experiencia, que, sin embargo, no es ajena al vibrar de la sensación.Pero esta balada es,en tanto espacio de síntesis,espacio también de conflictos,y el poema habla de pérdidas, de "días jóvenes con tu nombre en una sola y viva llama",y toma su singularidad del refuerzo de los dos polos que la componen:sencilla y enigmática,claramente sensible,pero mental:

Enfrentado a la frágil vastedad que sin ti
está vacía,
he puesto a mi cuerpo tu nombre,
lo he escrito antes de comenzar el día
para que se abra alegremente a los pájaros,
a los lugares que amabas
y a los que ya nunca volveremos,
al menos juntos.

La sección "De arte menor" no refiere lo sabido, sino que despliega lo que sólo en ella se sabe:

DECISIÓN
Voy a quemar en mí todos los poemas
incluso el más breve:
ninguno se acercó siquiera a la belleza de
una piedra.

BIG BANG
Toda la materia del universo está en ese
punto debajo
del omóplato
donde tú me has mordido tantas veces.

CURRÍCULO
Lo que llevo perdido me define aún mejor
que mis señas de identidad.

No advertimos fluir de imágenes en estos versos –quizás ese sea uno de los rasgos más notorios del libro en su conjunto–, sino tentativas que van conformando, en la continuidad de la sección, un encadenamiento de series visionarias de las que surge un simbolismo centrífugo, un fuerte impacto visual conseguido sin ornato, sin espacios simbólicos, en una especie de "cadena" poética que pugna por sobreponerse. En este segmento la poesía emana como memoria de una vida que, en su transcurrir, ha ido provocando, evocando, actuando y ofrece un perfil en el que puede identificarse al propio poeta y sus circunstancias vitales, rasgo quizás más notorio en la sección "Aprendiendo a vivir", posiblemente la más rotunda del libro, aun cuando no incluye otro poema antológico de la poesía cubana, "California", colocado en "Las viejas mercancías" con variantes en relación con la primera versión, aparecida en Música vaga. Hubiera preferido verlo en "Aprendiendo…" –pienso era su mejor lugar–, pues este segmento reúne veintitrés muestras, buena parte de las cuales, de un modo u otro, se acercan, sobre todo, al ritmo interior y al aliento de "California". El poema que da título a este conjunto posee una textura de abstracción sensorial entretejida en la aparente simpleza de apenas diez versos, donde yace el amor en su más plena sensualidad, pero con una contención de pureza,de "virginidad poética" libre de simulaciones o de falsos conceptos morales. Es, en síntesis, la presencia de un espacio ocupado por algo tan elocuente como la sencillez.Se lee:

Ahora descubres el tacto áspero de aquella
nota
y te sorprende haber llegado demasiado
tarde
y de golpe tienes frente a ti una duna
inmensa
que nada sabe de la hermosura del cuerpo
dormido
de la brasa dulce de aquel sueño
y te quedas indiferente como una mercancía
que nadie compra
hace años
y se rompe la historia en rastros distintos de
una misma fecha
que apenas apunta a una misma pasión
como una antigua y doliente señal de
aprendizaje.

Aquí late el ámbito cotidiano de una suspensión prolongada, cual lo fuera el del claustro. Sólo que el hilo que anuda las revelaciones progresivas es la mirada amorosa,la acción que,sin romper la soledad necesaria,representa con sencillez el curso de la vida.

Fotos de la memoria (2001-2007) es libro de textura armónica, es libro "callado", hasta cierto punto tentativo,pero tentativo no en el sentido de probar fuerza, de intentar, sino de provocar en el lector, precisamente, las emociones que puedan provenir de esos intentos, de ciertos conatos que siempre encuentran lugar en el sentido de la dinámica de la sinceridad.Alberto Acosta-Pérez no nos entrega un libro de corriente rápida y poderosa, o acaso turbulento, sino una obra donde no tienen cabida las transgresiones y el lenguaje no es, en sus manos, un mero juguete. Textos pensados y sopesados, son fruto de una inteligencia poética y creadora y de un proyecto existencial auténtico moldeado desde su propia intensidad como ser humano. Es libro de definiciones.