LEZAMA: POESÍA, EL YO Y EL OTRO

Manuel García Verdecia

Este año se conmemora el centenario del nacimiento de uno de los poetas más irreductibles y persistentemente hechizantes de la lengua española, el cubano José Lezama Lima. La cifra nos brinda ocasión no solo para releer sus textos sino para volver sobre asuntos de su vida y su obra que resultan iluminadores para nuestro quehacer cotidiano. Conversador deslumbrante, paseante inveterado, goloso pertinaz, humorista inquietante, amigo oportuno y leal,lector hambriento,cubano esencial, pero sobre todo poeta, inmenso y expansivo, tiene múltiples aristas para útiles acercamientos,como su propio estilo de expresión.Lo peculiar de su modo de ser y hacer convierte su existencia en perpetua aventura del asombro.En pocos creadores se da la consistente unidad entre vida y obra como en Lezama.En él todo era poesía,no tenía otra manera de penetrar, fijar, ser en el mundo que mediante esta.Por lo que,en él,poesía era,más que un modo de expresión,una cualidad de ser en la vida.

Veamos la confesión del poeta sobre la ocupación de su vida por la poesía:

Yo siempre esperaba algo,pero si no sucedía
nada entonces percibía que mi espera era
perfecta, y que ese espacio vacío, esa pausa
inexorable tenía yo que llenarla con lo que al
paso del tiempo fue la imagen. Por eso la
poesía ha sido siempre en mí vivencial […].

En estas breves palabras hay ciertas claves reveladoras. La espera, el acto de dejar que el tiempo fluya y el sujeto como al acecho,a la expectativa de que algo llenaría ese hiato de inacción.Espera que es aceptada y posible por la fe que mueve al poeta. Solo el que lleva el impulso de la fe aguarda con esa libertad de zozobra y casi gozosa.Sin embargo, acto seguido confiesa que el no sucedido no lo asimilaba como frustración. Todo lo contrario, como alta posibilidad de realización, pues entonces podía suplir lo no cumplido con lo imaginado. Siempre la imagen se alza como elemento que derrota la nada. Entonces concluye que toda la poesía suya es vivencial,pues claro,está en la espera y la complementación con que el sujeto se adentra y aprehende el tiempo.El poeta sabe que las musas lo sobrevuelan y que todo lo que tiene que hacer es afinar sus sentidos y esperar.Vivir es atender a la vida que carga en sus entrañas sus infinitas y ocultas simientes de poesía. En Lezama pues todo estaba enfocado a ir descubriendo esos súbitos, esas impregnaciones, esos deliciosos momentos del ser que derivan al poema.

Una vez entendido lo anterior,hay que resaltar la nobleza en la poética lezamiana.Aunque Lezama pasó ingratos e infortunados momentos a lo largo de sus días, toda su poesía es de celebración de la belleza y la existencia, de recuperación de la inocencia por la fe y la potencialidad creadora.Su poesía es siempre afirmativa.Agradece y exalta, canta y redime, nombra y resucita. La imagen del Cristo reencarnado deja el nicho del altar y se convierte en principio estético:posibilidad de las resurrecciones mediante las imágenes. De ahí su infatigable curiosidad, su voluptuoso husmear por la vida, su extensión de los sentidos, como un pulpo fecundante, por sobre todo cuanto lo rodeaba,para conformar su arsenal de imágenes.

Este cariz que confiere a la poesía el carácter de una sustancia irrepresable, latente, que está en toda la profusión vital,le otorga ese carácter asombroso, único, provechoso a todo cuanto hace el sujeto si este lo cumple con ojos y oídos aprestados. El propio rodearse de amigos es una avenida para fructificaciones.No es solo la busca del calorcito acompañante, del eco a ingeniosidades y habilidades, es sobre todo la conformación de un espacio magnetizado por la suma de potencialidades creativas.La pértiga para muchas de sus acciones poéticas ha sido el coro de amigos:

La raíz de Verbum, de Espuela de Plata, de
Nadie Parecía, de Orígenes fue la amistad, el
trato frecuente, la conversación, el paseo inteligente.
Esta amistad estaba por encima de
hacer o no hacer revistas […].

Como vemos, el poeta tenía a la amistad por un fundamento distintivo beneficiador de la areté, la virtud edificante, a que tanto apelaba. Notemos que no se refiere a la mera simpatía del acompañamiento encubridor de soledades. Habla del trato, lo cual implica el establecimiento de hilos conectivos que sostienen y comunican. Conversación, que es el versar con alguien, tocar las esquinas del mundo y desentrañarlas con la ayuda de otra mirada acuciosa. El paseo inteligente que no es moverse en el espacio sino penetrarlo incorporando su sentido y, a la vez, entintándolo de nuestro suceder. En fin, la amistad es acción sensible y seminal de lo posible, compartida con el otro que va en un mismo tránsito.

Véase,así mismo,cómo se infiere de lo ya dicho, que esa disposición coral deviene tientos para nuevas aperturas hacia lo poético. Cada acto que se cumple en compañía va más allá de los meros fines del acto en sí, lleva a una impregnación de significado, una ocupación por las imágenes que alimentarán el poema.

Lezama estaba siempre atento a los fines,al descubrimiento de lo teleológico.Sin embargo,lo que buscaba no era el descubrimiento de cristalización de los hechos, sino el hallazgo de los actos que superaban los fines.No es casual que en su método poético considere lo que denominaba la hipertelia, o sea,un fin que supera o varía el fin esperado. Esto también se le cumple en la amistad,la cual era mucho más que amistad.Señala: “Ya le he hablado de la amistad que existía entre nosotros, que más que amistad es lo que la Biblia llama familia del espíritu”.

La amistad tenía que realizarse con una superación de sus propios límites y destinos. Era una familia donde regía la acogida, la revelación, el gozo del espíritu. La amistad venía a ser una extensión del yo en un espacio de descubrimiento, fundación y enriquecimiento.

Sin embargo,el poeta no idealiza.Sabe que todo en el discurrir vital está impregnado de oposiciones y diferencias.

Claro que este tipo de amistad intelectual es extremadamente complicada, sutil, laberíntica, hecha de avances y retrocesos como la lucha de siempre entre el toro y la sutileza del cordel mediterráneo.

Al considerar esto, estaba preparado para asumirlo e ir a los fueros de la amistad sin esperar la laxitud complaciente. Para alguien a quien la dificultad le planteaba otra posibilidad de crecimiento, pues no era extraño que pudiera asimilar esa relación entre "avances y retrocesos".En ellos también descubría la posibilidad afirmativa. No lo hacía por simple tolerancia,que sí lo caracterizaba, sino por percepción e inteligente comprensión de la esencia dialéctica de toda intervención en el ser.

De aquí que aclarara:

He hecho este distingo para expresar que la
amistad, cuando de veras es creadora, no es
tan solo un disfrute, sino punzadora, a veces
implacable, con misteriosas pausas, como
sumergida por debajo del mar.

De manera que sabía extraer las mejores sales de la amistad.Poeta de singular forma expresiva,hombre con una muy personal forma de ser en la vida,desde muy temprano conoció oposiciones y negaciones. No pocos escritores rompieron lanzas contra él,incluso varios que en algún momento fueron íntimos.Sin embargo,no dejó que fermentara el veneno,sino que supo, en la espera solitaria, amansar la desolación y convertir la distancia en caudales por donde se vertían imágenes complementadoras. Siempre la futuridad le devolvió la mansedumbre de los reencuentros.Convertía los rechazos y contradicciones en estímulos hacia otras realidades humanas.

Y aquí se impone meditar sobre la relación entre sentido de la amistad y autoaceptación del individuo. Quien no cultiva su propia soledad difícilmente podrá hacer ofrenda de la amistad. Tener un sentido de ese otro que nos habita y se hace presencia en solitario, es estimar lo más auténtico, desnudo e inocente del ser.Si no somos amigos de ese otro que nos late dentro, ¿cómo podremos ser amigos de otros que acercan sus desnudos yos enmascarados por los atuendos de lo convencional? La soledad es un recodo para el ser en silencio,para la interrogación y el sentir, para la incorporación de la otredad y el vuelo hacia lo que nos sobrepasa. La médula del ser es el yo, en su espejo todo se conforma de acuerdo a como este esté condicionado. Brinda lo que tiene y recibe lo que ofrece.Toda persona debe ganar y amistarse con su soledad. Sin embargo, en el caso de un creador esto obliga con mayor fuerza, pues es en la reposada sombra de nuestra soledad donde se manifiestan los ángeles y demonios que nos informan del mundo y nos incitan a nuestras mejores proezas.

No resulta entonces fortuito que Lezama,quien hace votos por la amistad honda y cierta,descubra su alimento de soledad:

He sido un solitario que cultiva el diálogo
con fanatismo.Creo en la intercomunicación
de la sustancia,pero soy un solitario.Creo en
la verdad y el canto coral, pero seguiré siendo
un solitario. Participo, converso,me paro
en la esquina y miro en torno,pero sigo siendo
un solitario.Creo que la compañía robustece
la soledad, pero creo también que lo
esencial del hombre es su soledad y la sombra
que va proyectando en el muro […].

Aquí hay una lección principal para el creador. No hay que desviarse en búsqueda de aplausos ni vítores ni medallas. Ni desvivirse por el chisporroteo eventual de la aceptación. La senda trascendente de la creación se abre en lo oculto y callado que florecerá persistentemente en posteridad. Hay que hallar el ser y allí penetrar en lo que lo nutre y dignifica, para devolverlo (palabra a la que apela Lezama) como sentido aclarado y recuperado en el acto creador.Tal es la realización poética, ese sombreado que volcamos sobre el muro del suceder,verificación de nuestro paso por el ser en la figuración transitoria sobre el lienzo donde fluimos. Sombra que es reflejo de nuestro ser desnudo y palpitante. El poeta concibe el sentido de la vida también como una imagen, una sombra chinesca que desvelamos sobre el tiempo y que nos revela.

Al encastillarse en su ser, afirmando su individualidad sensible y pensante, el poeta halla sus mejores armas y su verdadero sentido. Esto lo dota de una fuerza que derrota oposiciones y mezquindades eventuales. Bien lo sabría Lezama que por ser totalmente original tuvo que soportar una y otra vez las piedritas con que trataron de derruir su torre inmensa y tenaz. Pero esa fe en su credo y su camino lo hicieron imbatible.

En un mundo regido por lo pragmático, donde lo que se acepta y conforta es el rédito y el elogio, el poeta se sujeta a otra gravitación. La vida, infinita e inagotablemente proteica, más que una estación de llegada es un camino. En ella el tránsito más que la llegada, el andar despierto a los ofrecimientos del suceder,es lo que ofrece satisfacciones y gratificaciones.Entonces sumariza: "La grandeza del hombre es el flechazo,no el blanco".

He aquí palabras que inspiran un sentido de decoro en la vida y la creación. Quien está consciente de esto resiste,actúa y no desespera,con la fulgurante sonrisa de los que avistan las praderas de la perpetuidad. Quien se atenga a su sentido seguro se acercará a la casa verdadera del ser. Es el silbido de ese flechazo con que el poeta irrumpió en estos cielos el que todavía nos despierta y socorre

Continua...