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CON FAYAD,PARÍS-LA HABANA
(Fragmento de un texto publicado enRevolución y Cultura,no.1, 1995.)
Jaime Sarusky
Me parece verlo todavía en el cafetín de la rue de l´Odéon,adonde íbamos
algunos domingos por la noche a comer perros calientes con
papas fritas… Era el sitio más asequible a nuestros bolsillos en aquellos
tiempos de la década del cincuenta en París.
En el 80 aniversario
de su nacimiento
[…] Sin embargo,si alguien en aquellos años 1957 y 1958 tenía sobradas
razones para estar optimista y alentado desde la perspectiva profesional,
ése era Fayad Jamís.
[…] Las relaciones que estableció con algunos connotados surrealistas
–Breton, Benjamín Péret y Tristán Tzara, fundador del Dadaísmo,
entre otros–,que reconocieron desde el primer momento los valores de
su poesía, le permitió publicar varios poemas en diferentes ocasiones
en las revistas de aquel movimiento, aunque en ese entonces sin los
ímpetus y la extraordinaria influencia que ejerció en la década del veinte
y hasta del treinta.Poeta puro, pintor puro o casi puro,Fayad era en
tiempos tales la estampa de la pureza que se desprende del hambre.
Por ello no es extraño que su poesía en aquellos tiempos nos resulte
sumamente reveladora al aproximarnos a la raíz de su existencia,de sus
avatares.Se hace más explicable su actitud y su estado de ánimo cuando
a la sazón escribía, como náufrago a la deriva: "Yo no comprendo
mucho / pero me siento un poco Robinson Crusoe / Robinson de esta
terrible hermosa grande ciudad que se llama París…"
Muchos de aquellos poemas también eran los de un francotirador
rebelde, pero no un rebelde de una sola pieza, sino donde se
amalgamaban marcadas dosis de una sensibilidad individualista,
romántica, existencial.Todavía más: clarifica la carga de desencanto
y frustración que dejaron huellas y cicatrices en su espíritu.Todo
ello se traslucía en algunos poemas de ese tiempo. Un día le confesé,
entre bromas y risas,que el nombre de uno de los personajes
de La búsqueda, novela que a la sazón yo estaba escribiendo, era
un homenaje a él.
UN AMIGO QUE SE AUSENTÓ ANTES DE TIEMPO Margarita Ruiz
En 1959,al triunfo de la Revolución Cubana,fue nombrada directora
de Cultura Vicentina Antuña,profesora de Lengua y Literatura Latina de
la Universidad de La Habana.La magistra llamó a trabajar con ella a los
más destacados intelectuales y artistas de la isla,así como a un grupo de
sus alumnos,entre los cuales me encontraba yo.
En el Museo Nacional de Bellas Artes, sometido a remodelación y
nueva museología,conocí a Fayad Jamís.El ya reconocido joven poeta
y pintor,recién llegado de París,se dedicaba con esmero al montaje del
valioso Mosaico Romano de la colección del Conde de Lagunillas,cedida
en comodato al Museo.Desde entonces surgió la amistad que nos
unió hasta su muerte.
Vuelven a mi memoria nuestras presurosas comidas en los cafés aledaños
al Museo, donde Fayad citaba a José A. Díaz Peláez, a Roberto
Fernández Retamar y a Pedro de Oraá,para discutir de arte y leer poesía.
Su actividad en esa época fue febril exhibiendo sus maravillosos
dibujos y escribiendo una nueva poesía que pronto lo haría merecedor
de premios y reconocimientos.
Comenzó entonces el período de madurez de su poesía y de
su pintura. Se sucedieron los libros: Los puentes, Por esta libertad,
Cuerpos y Abrí la verja de hierro, mientras poblaba la plástica
cubana de magníficos retratos del Che –entre los mejores dedicados
al héroe–, poemas ilustrados y colecciones de vasijas
repletas de flores, y aparecen entonces grandes paisajes abstractos
surcados por misteriosas estrellas.
Al mismo tiempo colaboraba con la Unión de Escritores y Artistas
de Cuba, editando libros y ejerciendo el periodismo. También la
Universidad de La Habana sirvió de marco por su interés en el pequeño
formato,lo cual dio lugar a memorables exposiciones.Cuba y los
artistas plásticos cubanos deben a Fayad la incorporación de nuestro
país a la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP),a cuyos
congresos asistió.
Vino después su brillante etapa de diplomático.Ahora,pasados casi
treinta años, sus grandes amigos mexicanos Elena Poniatowska, Juan
Bañuelos,Mario Nájera y Jaime A. Shelley reviven su inmenso trabajo
para estrechar los lazos culturales entre los países.
Fayad regresó de México lleno de entusiasmo.Se vinculó a la Casa de
las Américas y se rodeó de jóvenes poetas y pintores.Buscaba una gran
casa para montar sus talleres de grabado y vitrales.Amaury Pérez musicalizaba
algunos de sus poemas.Viajaba a Matanzas para conversar de
poesía con Carilda Oliver Labra y muchas tardes,en su casa del Vedado,
tocaba guitarra y cantaba con Portillo de la Luz.
También ordenaba poemas no publicados, escribía otros y pintaba
sus enigmáticos sobres de cartas que a veces enviaba y otras conservaba.
Tal vez su último proyecto cultural fue la creación de un museo de
arte naif en Guayos, el poblado donde creció. El arquitecto Fernando
Salinas y yo colaboramos con él.Ese museo es una deuda que debe saldarse
alguna vez.
Hoy en día,cuando en medio de las conmemoraciones por su aniversario
80, oigo a los jóvenes diciendo de memoria sus poemas y veo las
imágenes de sus obras desplegadas por todo el país,pienso en el querido
amigo que se ausentó antes de tiempo.
SU RECUERDO Y SU POESÍA
Esbértido Rosendi
Año 1972. Premiación del Concurso 13 de Marzo.Conozco a Fayad
Jamís y a Luis Marré,que eran jurados de poesía en aquella ocasión en
que obtuve el premio.Una amistad que perdura con los años. Fayad
conversa, habla de Guayos y de su familia ininterrumpidamente, del
padre libanés y la madre mexicana,de sus hermanas Rauda (compañera
del preuniversitario) y Zaida,del rompimiento de su matrimonio,de
la camita donde duerme en el edificio de extensión universitaria,en su
oficina. De Lautréamont, Attila Jozsef,Miklos Radnoti y muchos otros
que mencionaba casi sin darme cuenta (o para que yo me diera cuenta,
pues era un joven veinteañero).De los siete días para escribir el libro
La pedrada,así como de su estancia en París y de las necesidades (hambre)
que casi siempre lo acompañaron.De su partida para México como
funcionario del MINREX y sus esporádicas visitas a Cuba y por supuesto
a Sancti Spíritus,donde hablábamos de asuntos personales y de familia
(la suya).De una lectura amablemente compartida en una sala de teatro
que aún me llena de orgullo.De sus gestiones para devolverle a la
canción Pensamiento –himno particular de los espirituanos– su verdadera
autoría en tierras mexicanas,pues allá no es reconocida como una
composición de nuestro Rafael Gómez Mayea, Teofilito.De la muerte
inexplicable del padre,encontrado en el lecho del río Yayabo.De mis visitas
a su apartamento,donde hacíamos planes para un futuro homenaje
en su patria chica,y para reunirse con un grupo de muchachos,como
él decía (en referencia a Hermes Entenza,Pedro Mendigutía,Reynaldo
García Blanco y otros), que en noches interminables recitábamos sus
poemas en el parque más importante de la ciudad. En la última visita a
su casa,realizada poco antes de su muerte,tomamos tequila a la manera
mexicana,con un poquito de sal en la mano.De nuevo sus proyectos
amados: Guayos, los poetas espirituanos, la agudeza de ver la poesía
como un hecho transcendente.Me dijo que quería tallerear.En un bultico
amarrado con una cabuya,a la usanza de nuestros guajiros,escoge
cinco o seis poemas que lee impacientemente.¿Qué tú crees?, me dice,
y yo que cuándo los había terminado y él risueño que eran de la década
del 50.Mi asombro, él para que veas que no todo es como se dice.
Después del final,su recuerdo y su poesía:"Los puentes","Los párpados
y el polvo", mis preferidos. Y el médico espirituano (vaya capricho del
destino) que lo atiende en el hospital Hermanos Ameijeiras.Año 2010.
Un grupo de poetas espirituanos esperan en un viejo parque la llegada
del amigo que de seguro vendrá en cualquier momento.
UN AMIGO PARA TODA LA VIDA
Guillermo Rodríguez Rivera
Fayad Jamís es un recuerdo permanente en mi existencia.
Le conocí en mis visitas a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba
(UNEAC),cuando formaba parte de la Brigada Hermanos Saíz que,con
los años devendría en la actual Asociación Hermanos Saíz.
Fayad era un muy notable integrante de la dirección de la UNEAC,pero
yo,que empezaba a escribir poesía,le conocía por sus excelentes poemas.
Roberto Fernández Retamar editó, en un número de la revista
Unión, obras de jóvenes escritores. Allí había –era el año 1963–
un par de textos míos que fueron como mi carta de presentación
en la literatura cubana.
Yo conocía a Fayad desde las viejas páginas de Cincuenta años de poesía
cubana, donde Cintio Vitier lo había incluido, junto al propio
Fernández Retamar –ambos tenían entonces veintidós años– como
voces de la más joven poesía que presentaba la antología.
Ya por entonces eran casi legendarias las disputas que había creado
la inclusión de esa única pareja de poetas jóvenes entre otros tantos que
aspiraron a figurar allí,sin conseguirlo.
Aquellos poemas entregaban una voz desgarrada,pero el conocer a
Fayad y empezar a meterme en su historia y en la de otras figuras de su
generación me hizo advertir que la angustia que irradiaban muchos de
aquellos textos no tenía una raíz metafísica,sino poderosamente arraigada
en la realidad misma.
Hay cuatro o cinco poemas de Fayad que rondan permanentemente
mi memoria y que muchas veces cito sin proponérmelo.Cuando estuve
en París, uno de mis motivos de peregrinación fue hacer la ruta de
"Vagabundo del alba",bajando desde la plaza Saint Michel hasta el boulevar
Saint-Germain.Fayad fue,es y será un amigo para toda mi vida.
A ESTE FABRICADOR DE SUEÑOS
Víctor Casaus
Víctor Casaus quiso homenajear a Fayad con el poema que le dedicara
el 17 de julio de 1973, mientras volaba sobre Oriente. Pero nosotros
quisimos agregar también algunas de las bellas palabras que dijo al
inaugurar en 1998 la exposición Mirar al Moro: "A ese artesano enamorado
de la belleza,fabricador de sueños… en el arco (iris) de esa vida que
se anuncia en el tránsito de un poema a otro, de un trazo al siguiente,
entre otras patrañas que se lleva el viento.A ese arco,en el que cupieron
(caben) la tristeza,la pobreza económica,la desesperanza,las miserias y
los fulgores de Europa, el reencuentro con la isla, los combates y las
angustias por esta libertad; a ese recorrido de un simple hombre alucinado
que iluminó con sus letras,con sus imágenes,con su laboriosa sensibilidad
nuestra cultura –nuestras vidas–".
ESTAS PALABRAS A ESTAS ALTURAS
Sobre la niebla poderosa de mi país te escribo
a 20 mil pies sobre el nivel de tus pies
suspendido como un loco entre el cielo y la tierra
ahora atravesando una tormenta tropical
una bruma que envuelve por minutos al Iliushin
pero dejemos eso mejor para decirte
estas palabras a estas alturas Fayad
aquí al reverso de tus letras en el fondo
de tu libro
donde relinchan y cruzan las yeguas de tu infancia
las miserias y las lágrimas de entonces
y desde donde ves los soles violentos
de la Revolución que compartimos y nos reparte
por esa superficie azulosa que se extiende
allá abajo
por esos rectángulos que resultan ser granjas
por esas líneas amarillas que vienen a ser
las carreteras del país
y por esas sombras que no dudo sean las guásimas
que he visto en tus poemas
Por sobre soles marchitos y sobre todo
sobre lágrimas angustias ruinas
de nuestro pasado peor
sobre mentiras y despojos
y sobre aquel tiempo del que no quiero
ni acordarme Fayad
yo quería quiero querré siempre
levantar esta mano de hermano mayor
para saludar mientras pasan a tus sueños
más viejos
y a tus nuevas visiones
Yeguas guásimas candiles güijes calles
verjas infancias tierras lámparas
canten y relinchen y alumbren
esta soledad de los 20 mil pies de altura
sobre la tierra azulosa que nos hizo crecer
y sobre la que fundamos un tiempo abierto y claro
como ese que se acerca aquí y ahora iluminando
el avión y las nubes

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