Fayad Jamís: así lo recuerdan sus amigos


CON FAYAD
Roberto Fernández Retamar

Parecía un príncipe árabe,y lo era.Tal fue la impresión que tuve de él cuando hace seis décadas nos conocimos. Ambos íbamos a cumplir veinte años, y habíamos ido al Ministerio de Educación para entregar nuestros cuadernos adolescentes de versos a fin de optar por el Premio Nacional de Poesía,que aquel 1950 se otorgaría al libro de Carilda Al sur de mi garganta.Realizadas las entregas,conversamos sobre surrealismo y pintura (además de incipiente poeta,él aspiraba a ser pintor),pero ninguno de los dos podía imaginar que estábamos comenzando una honda camaradería solo interrumpida por la muerte.

En 1951 Lezama hizo publicar algunos poemas míos en la revista Orígenes, y en el número siguiente aparecieron poemas de Fayad. Su poesía había cambiado mucho: dejada atrás la influencia de Buesa patente en su cuaderno inicial, Brújula,Fayad había asimilado lecciones de poetas modernos sobre todo franceses y también de algunos miembros del grupo Orígenes. Cuando Cintio Vitier compiló en 1952 su memorable antología Cincuenta años de poesía cubana, 1902-1952, Fayad y yo éramos los últimos poetas del volumen.Ello contribuyó a que siguiéramos unidos.Fayad se desarrolló a la vez como poeta de voz propia y como pintor abstracto.Publicó en 1954 su hermoso libro de poemas Los párpados y el polvo y,en calidad de pintor,integró el grupo Los Once,a cuya primera exposición asistí.Poco después marchó a París.Lo visité allí,donde vivía en un apartamento pobrísimo de la calle Daguerre.

Pero sería sobre todo a partir del intenso 1959 cuando se fortaleció nuestra amistad.Alejo Carpentier me invitó ese año a realizar una selección de nuevos poetas cubanos,con vistas al Segundo Festival del Libro Cubano,y pedí a Fayad que me acompañara en la aventura.Quisimos que dicha selección se llamara Nueva poesía cubana,y que fuera seguida por otros tomos o al menos otro más. El dueño de los caballitos, Manuel Scorza, no estuvo de acuerdo, y la llamó Poesía joven de Cuba. Con ese título sin duda más llamativo fue publicado el libro en Lima,en 1960. Allí, por primera vez, poetas cubanos de nuestra generación, de Escardó a Baragaño,aparecimos en conjunto,aunque no constituyéramos un grupo.Sin embargo,tanto la poesía de Fayad como la mía iban a conocer cambios que,en cierta forma,las acercaron.Cuando a comienzos de 1962 formé parte del jurado de poesía del que acabó llamándose Premio Literario Casa de las Américas,tuve la alegría de que el libro de poesía premiado fuera Por esta libertad,de Fayad.Con ese motivo escribí el poema "Carta a Fayad Jamís",que junto con otras dos "Cartas" (a Juan Gelman y Roque Dalton) aparecieron ese 1962 en la revista Casa de las Américas,como una suerte de declaración de principios de la entonces nueva poesía hispanoamericana. Y cuando Fayad decidió publicar en 1966 la antología de su labor poética que llamó Cuerpos,me pidió que escribiera el prólogo,lo que hice con mucho gusto, llamándolo "Elogio natural del Moro".Ya estaba convencido de que Fayad era uno de los más valiosos poetas nuevos de nuestra América.

Durante casi una década Fayad fue consejero cultural de Cuba en México,donde había nacido.Lo vi en varias ocasiones en aquel país (en una de esas ocasiones él era encargado de negocios),pero,desde luego, no tuvimos entonces mucho contacto. Tras regresar a Cuba, Fayad enfermó de gravedad.Actuando a semejanza del admirable cuento de Onelio "Francisca y la muerte",invité a Fayad a hacerse cargo de las ediciones de la Casa de las Américas.Él era un editor extraordinario (yo me había beneficiado más de una vez de su talento en esa área),y hubiera desempeñado su labor con gran altura.Pero por desgracia,a diferencia del cuento,la enfermedad pudo más,y murió poco después.Recuerdo haberle dicho que en 1990 cumpliríamos ambos sesenta años,y debíamos celebrarlo publicando sendos libros,a lo que él me respondió que no llegaría vivo a la fecha,como en efecto ocurrió.Ante su tumba recién cerrada,el 13 de noviembre de 1988,me correspondió el triste honor de decir las palabras de despedida.Al final de ellas,leí su bello poema doloroso "Con tantos palos que te dio la vida".

Lo recuerdo como un ser íntegro, un hacedor incesante de belleza. Mientras hablaba, dibujaba en las cajitas de fósforo hasta dejarlas hechas minúsculas obras de arte.Era parco en el hablar,pero rotundo. Lo seguiré echando de menos cuanto me quede por vivir.

LA REBELDÍA DE UN POETA CUBANO
Luis Marré

Cuando conocí a Fayad Jamís,en la feria del libro de 1951,solo había leído algunos poemas suyos aparecidos en el suplemento dominical del periódico El País;aquellos poemas estaban influenciados por la poesía neorromántica de José Ángel Buesa,y fueron recogidos en un sobrio librito titulado Brújula, que adquirí aquella misma noche de nuestro encuentro.

Aquella noche no solo conocí a Fayad sino también a otros tres poetas que en lo adelante serían mis amigos: Rolando Escardó, Carlos Galindo y Pedro de Oraá.Por primera vez conocía a coetáneos míos que cultivaran la poesía –sólo había tratado a improvisadores de puntos guajiros, amigos de mi abuelo y mis tíos. La amistad que me unió a aquellos jóvenes poetas sólo ha sido interrumpida por la muerte de tres de ellos:Escardó,Fayad y Galindo.

Unos meses después de la clausura de la feria, encontré a Fayad en Galiano y Reina;esperaba a su novia.Me invitó a que lo visitara en su habitación que compartía con Escardó.Nos despedimos cuando llegó la novia, una bella muchacha de ojos rasgados y piel tan blanca que me recordó la porcelana de las muñecas que entonces vendían en el Barrio Chino.

Un sábado, después de recorrer varias librerías, busqué la dirección que Fayad me había dado.Era una casa de huéspedes en los altos de una vieja vivienda de la calle Reina,casi frente al periódico El País.Fayad me mandó a pasar.La habitación era un cuarto con dos camas personales y cajones de madera como asiento. La ropa estaba colgada en la pared; los libros, pinceles, botes de pintura –Fayad estudiaba en San Alejandro– yacían sobre un cajón; una cabeza de Dante, en yeso,me llamó la atención.

–Un trabajo de clase –me dijo mi amigo. Pronto comenzamos a hablar de nuestras obras.Fayad me entregó varias hojas escritas con una hermosa caligrafía: se trataba de sus últimos poemas.Me sorprendieron, no quedaba nada de romanticismo buesiano en lo que leía;comprendí que Fayad había logrado hallar su voz.Elogié sinceramente aquellos poemas.Fayad me prometió dedicarme el titulado "La yagruma".Tres de aquellos poemas que leí aquella tarde aparecieron en Orígenes poco después.

Fayad volvió a publicar en Orígenes varias veces,incluido su extenso y bello poema "Cuerpo del delfín". Lezama le dedicó un libro con una hermosa frase que definía el trabajo del joven poeta:"A Fayad Jamís,paradojalmente oyendo el rumor de aguas del fuego de su poesía".

Los domingos,después de su boda con Nivaria Tejera,Pedro de Oraá y yo nos aparecíamos en su pequeño apartamento frente al parque Coyula en Almendares.¡Cuántos proyectos quedaron inconclusos! Nos leíamos lo que habíamos escrito en la semana,intercambiábamos libros y revistas… Nivaria fue nombrada para un cargo de secretaria en el consulado de Cuba en París.Después de su partida,nos encontrábamos en el estudio de Casagrán,en la calle Cuba,donde nuestro amigo,el escultor Agustín Cárdenas,tenía permiso para trabajar en su obra.Una tarde Fayad llegó con un cuaderno mecanografiado.

–Mira esta prosita.Dime lo que te parece –me dijo,poniendo en mis manos el cuaderno.

Lo leí de un tirón.Según avanzaba en la lectura me crecía la admiración por aquellos poemas en prosa.No tenían nada de su poesía anterior. Ninguno de nosotros había escrito poemas tan rebeldes, tan cubanos… tan revolucionarios.Ese cuaderno apareció bajo el título de La pedrada.Fayad partió a París donde ya se había instalado su esposa. Vivieron varios años de penurias sin cuento.Regresó a Cuba al triunfo de la Revolución.Entre sus coetáneos,nadie como el autor de La pedrada materializó la rebeldía de un joven poeta cubano ante la época.Por eso no me extrañó que los poemas del libro que recibió el premio Casa –Por esta libertad–, al cabo de tantos años hayan tenido una nueva resonancia en la izquierda latinoamericana actual.

VUELVE FAYAD JAMÍS
Pedro de Oraá

Hay que decir la verdad aun cuando en la noche terrible / no sabemos si el amor el olvido o la muerte nos esperan… No es la noche subterránea de la muerte, no es el oscuro cautiverio del olvido, cuando el poeta ha dicho su verdad, esa que para manifestarse, requiere de las mismas palabras cotidianas, las usuales en la ficción y aun en la mentira, sólo que abortadas abruptamente por el reverso incontestable de su desnuda enunciación. Bien sabía Fayad que la verdad no se la puede mencionar de otro modo, y la poesía la dice como suele nombrar las cosas en su apariencia desconocida,sino como se nombran tales cosas en su desconocida desnudez. Neruda exclama alguna vez: "Dios me libre de mentir cuando estoy cantando".Y Roger Munier, con su perturbadora lucidez, subraya: "Lo que admiramos en la verdad, no es la verdad, es que ella sea la verdad".Así pues, la percibimos con la idéntica calidad de una epifanía. Si se atreve a buscarla, el poeta intuye que ha de encontrarla -siempre y cuando se dé ella misma-, incluso en esa constante conjetura que es la poesía. Y también invención de realidad -Lautréamont, Rimbaud, Kafka, esos alucinados-: se tiene conciencia de que bajo sus escarceos la mentira guarda,para poder ser aunque tan a punto de resquebrajarse, una verdad intacta. ¿Por qué entonces no aceptar en el poeta sus recursos de mimesis, sinestesias,metagoges o metáforas y cuantas formas ficticias le permitan concluir en una verdad? En Los puentes –principal poemario de Fayad Jamís y una de las obras emblemáticas de la Generación del 50–, la palabra se desborda y alcanza un estado de embriaguez que sobrepasa –y por ello cristaliza–,el asunto que la mueve.La extrañeza del ser –y del estar–, en un escenario enemistado, la precariedad de la existencia a la cual se le niega los frutos terrenales, el vacío del transcurso de días y noches repetidos interminablemente… todo esto se ve arrasado por el asombro ante la belleza entrevista de las piedras, de la luz que cae desde el cielo plomizo y las baña de una plata antigua, de las anónimas criaturas que las habitan o las transitan; de jardines cuya arborescencia se puebla de cánticos migratorios, y del río fluyente bajo impasibles puentes que refleja la vida latente de la ciudad,colmada de voces y sucesos sin término, como un gran lienzo pintado por el tiempo… El Testigo de tanto universo minucioso, que viene de lejos y deambula sin alegría pero sin dolor por calles perdidas, retorna al fin a su suelo remoto y trae bajo el brazo su libreta de apuntes, y en ellos el rumor de su verdad secreta…

ABRIMOS PUERTAS
Pablo Armando Fernández

Debo,como tantas otras aproximaciones al arte y las letras,a Harold Gramatges y Manila Hartman,mucho de cuanto ha guiado mis pasos desde muy temprano,en plena adolescencia,hasta el presente.Mi primer encuentro con Fayad Jamís se realiza con la incesante búsqueda de mi ser cubano en la antología Cincuenta años de poesía cubana de Cintio Vitier, que Harold puso en mis manos para que conociera a quienes me precedieron en la poesía.Poemas extraídos de un libro inédito Los párpados y el polvo,seleccionados por Cintio sitúan a Fayad "decididamente en lo más valioso y penetrante de nuestra lírica". Aquel encuentro me condujo a conocerle personalmente. Le comenté cuán cercano nos encontrábamos,tanto que me sorprendió:"Si abro esa puerta nada se fugará",verso suyo abrazado a uno mío:"Si abrimos esa puerta / habremos penetrado otros dominios".Esos reencuentros en La Habana reafirmaron nuestra humana, amistosa, fraternal relación, pese a que él partía hacia París y yo regresaba a Nueva York,donde residía.

La Revolución triunfante nos devolvía a casa y la poesía estrechó aún más nuestros lazos familiares.En 1960 acompañados por un grupo de intelectuales y artistas visitamos China y la Unión Soviética.De los diez que iniciamos ese fabuloso recorrido, sólo Fayad y yo permanecimos allá, decisión que nos permitió visitar Kiev en Ucrania, Bakú en Azerbaidján y Leningrado en la URSS.Ya en Cuba compartíamos reuniones vinculadas a nuestras labores intelectuales y artísticas, encuentros amistosos en los que compartíamos ideales y empeños por fortalecer nuestros medios creadores,la UNEAC,la Casa de las Américas,relaciones con escritores y artistas amigos,conocidos en países visitados y encuentros en provincias.

Fayad no ha dejado de acompañarme,un hermoso lienzo que fija zonas de la infinitud se mantiene en casa,todo color,composición,textura que emana de la Luz. Su libro Los puentes,animó,fortaleciéndole,mi espíritu y me entregué a seguir sus pasos,su mirada,su sentir y saber,permítaseme recurrir a mi texto sobre ese libro: "En Fayad Jamís lo cubano está en las reminiscencias,suyas o ajenas,y la condición de la luz nuestra,de mostrarlo todo,casi impúdicamente,sin reservas,sin contención… Libro de unidad temática,Los puentes maneja discretamente los grandes temas de la poesía de todos los siglos:la libertad,el amor,la muerte en un verso delicado y casi siempre hermoso,peligro al que el poeta arriesga muchos de sus logros más auténticos… Poemas como ‘El ahorcado del café Bonaparte’ (que felizmente me fue dedicado) y ‘Por una bufanda perdida’ sitúan a este poeta entre los más serios y auténticos de nuestra poesía".

Celebramos festivamente con toda el alma el Premio Casa de las Américas,que obtuvo ese año espléndido para su poesía con Por esta libertad,y en México,que en 1983 le proporcionara el regreso a ese añorado sueño,su suelo natal.Acá,unos días antes de su despedida hablamos de cuánto y cómo hemos de conservar las puertas abiertas. ¡Sí, hermano del alma,tu obra nos ayuda!

Continua...