
Jacques
Derrida
(El-Biar,1930 - París,2004)
CHE COS‘E
LA POESIA?
Para responder a semejante cuestión –en dos palabras,
¿no es cierto?– se te pide saber renunciar al saber. Y
saber hacerlo bien, sin olvidarlo jamás: desmoviliza la
cultura pero no olvides nunca en tu docta ignorancia
eso que sacrificas en la ruta, al atravesar la ruta.
¿Quién se atreve a pedirme eso? Aun si no lo parece, pues su
ley es desaparecer, lo respondido se ve dictado. Yo soy un dictado,
pronuncia la poesía, apréndeme par coeur(1) vuelve a
copiar,vela y vigílame,mírame, dictado,ante los ojos:banda de
sonido, wake, estela de luz, fotografía de la fiesta de luto.
Se ve dictado, lo respondido, por ser poético.Y por eso tiene
que dirigirse a alguien, singularmente a ti pero como al ser
perdido en el anonimato, entre ciudad y naturaleza, un secreto
compartido, a la vez público y privado, absolutamente lo
uno y lo otro, absuelto desde adentro y desde afuera, ni lo uno
ni lo otro, el animal arrojado a la ruta, absoluto, solitario, enrollado
en una bola próximo a sí. Por esto mismo, justamente,
puede hacerse pisar, el erizo, istrice.
Y si respondes de otro modo según los casos, habida cuenta
del espacio y del tiempo que te son dados con esta demanda (todavía hablas en italiano), por ella misma, según esta
economía pero también en la inminencia de alguna travesía
fuera de uno, arriesgada hacia el idioma del otro con vistas a
una traducción imposible o rechazada, necesaria pero deseada
como una muerte, ¿qué tendrá todo esto –esto mismo
donde acabas ya de delirarte– que ver, entonces, con la poesía?
Con lo poético, mejor,porque intentas hablar de una experiencia,
otra palabra por viaje, aquí el recorrido aleatorio de un
trayecto, la estrofa que se vuelve pero nunca reconduce al discurso,
ni a sí misma, al menos nunca se reduce a la poesía
–escrita, hablada, ni siquiera cantada.
He aquí entonces, ya mismo, en dos palabras, para no olvidar:
1. La economía de la memoria: un poema debe ser breve, por
vocación elíptica, cualquiera sea la extensión objetiva o aparente.
Docto inconsciente de la Verdichtung y de la retirada.
2. El corazón.No el corazón en medio de las frases que circulan
sin riesgo por las distribuidoras de rutas y que se dejan traducir
en todos los idiomas. No simplemente el corazón de los
archivos cardiográficos, el objeto de los saberes o las técnicas,
de las filosofías y de los discursos bio-ético-jurídicos. Quizá
tampoco el corazón de las Escrituras o de Pascal, ni incluso, lo
que no es tan seguro, el que Heidegger prefiere antes que
aquellos.No, una historia de "corazón" poéticamente envuelta
en la expresión apprendre par coeur [aprender de memoria], la
de mi idioma o la de otro, la inglesa (to learn by heart), o aun la
de otro, la árabe (hafiza an zahri kalb) –un solo trayecto de
múltiples vías.
Dos en uno: el segundo axioma se enrolla en el primero. Lo
poético, digámoslo, sería eso que deseas aprender, pero de lo
otro, gracias a lo otro y bajo su dictado, con el corazón: imparare
a memoria. ¿No es eso ya, el poema, cuando se da una
prenda, la llegada de un acontecimiento, en el instante en que
la travesía del camino llamada traducción permanece tan
improbable como un accidente, a pesar de ello intensamente
soñada, requerida allí donde eso que ella promete siempre
deja algo que desear? Un reconocimiento va hacia eso mismo
y previene aquí el conocimiento: tu bendición antes del saber.
Fábula que podrías volver a contar como el don del poema,
es una historia emblemática: alguien te escribe, a ti, de ti, sobre
ti.No, una marca a ti dirigida, dejada, confiada, es acompañada
de una conminación, en verdad se instituye en ese orden
mismo que a su vez te constituye, asignando tu origen o dándote
lugar: destrúyeme o antes vuelve mi soporte invisible al
afuera, en el mundo (ya éste es el rasgo de todas las disociaciones,
la historia de las trascendencias), en todo caso haz de
modo que la procedencia de la marca permanezca en adelante
inencontrable o irreconocible. Promételo: que se desfigure,
transfigure o indetermine en su puerto, y escucharás bajo esta
palabra tanto la orilla de la partida tanto como el referente
hacia el cual se porta una traducción. Come, bebe, devora mi
letra, pórtala, transpórtala en ti, como la ley de una escritura
que devino tu cuerpo: la escritura en sí. La astucia de la conminación
puede antes que nada dejarse inspirar por la simple
posibilidad de la muerte, por el peligro que un vehículo le
hace correr a todo ser finito. Oyes venir la catástrofe. Desde
entonces impreso en el mismo rasgo, venido del corazón, el
deseo de lo mortal despierta en ti el movimiento (contradictorio,
me sigues bien, doble obligación, coacción aporética) de
proteger del olvido eso que al mismo tiempo se expone a la
muerte y se protege –en una palabra, la habilidad, la retirada
del erizo, como un animal hecho un ovillo en la autopista.Uno
querría tomarlo entre las manos, aprenderlo y comprenderlo,
guardarlo para sí, próximo a sí.
Te gusta conservar esto en su forma singular, se diría en la
irremplazable literalidad del vocablo si habláramos de la poesía
y no solamente de lo poético en general. Pero nuestro
poema no se queda quieto en los nombres, ni siquiera en las
palabras. Está antes que nada arrojado a las rutas y a los campos,
cosa más allá de las lenguas, aun si le ocurre recobrar el
sentido cuando se reagrupa, hecho un ovillo próximo a sí,más
amenazado que nunca en su refugio: cree defenderse entonces,
y se pierde.
Literalmente: querrías retener par coeur una forma absolutamente
única, un acontecimiento cuya intangible singularidad
no separe más la idealidad, el sentido ideal, como se
dice, del cuerpo de la letra. En el deseo de esta inseparación
absoluta, en el no-absoluto, respiras el origen de lo poético.
De ahí la resistencia infinita a transferir la letra que el animal,
en su nombre, a pesar de ello, reclama. Ese es el desamparo
del erizo. ¿Qué quiere el desamparo, el stress mismo?
Stricto sensu poner en guardia. De ahí la profecía: tradúceme,
vigila, consérvame un poco más, sálvate, salgamos de la
autopista.
Así surge en ti el sueño "de aprender par coeur". De dejarte
atravesar el corazón por el dictado.De un plumazo, y esto
es lo imposible, y ésta es la experiencia poemática. No conocías
todavía el corazón, así lo aprendes.Con esta experiencia
y con esta expresión. Llamo poema a eso mismo que aprende
el corazón, eso que inventa el corazón, en fin eso que la
palabra del corazón parece querer decir y que en mi lengua
discierno mal de la palabra corazón. Corazón en el poema
"apprendre par coeur" (que hay que aprender par coeur) ya
no nombra solamente la pura interioridad, la espontaneidad
independiente, la libertad de conmoverse activamente al
reproducir la huella amada. La memoria del "par coeur" es
confiada como un rezo, es más que seguro, a una cierta exterioridad
del autómata, a las leyes de la mnemotécnica, a esta
liturgia que imita superficialmente la mecánica, al automóvil
que sorprende tu pasión y viene sobre ti como de afuera:
auswendig, "par coeur" en alemán. Así, pues: el corazón te
late, nacimiento del ritmo, más allá de las oposiciones, del
adentro y del afuera, de la representación consciente y del
archivo abandonado. Un corazón allí, entre los senderos o
las autopistas, fuera de tu presencia, humilde, cerca de la tierra,
bien abajo. Reitera murmurando: no repitas nunca... En
una sola clave, el poema (el aprender par coeur) sella conjuntamente
el sentido y la letra, como un ritmo espaciando
el tiempo.
Para responder en dos palabras, elipsis, por ejemplo, o elección,
corazón o erizo, te habrá hecho falta desmantelar la
memoria, desarmar la cultura, saber olvidar el saber, incendiar
la biblioteca de las poéticas. La unicidad del poema
depende de esta condición. Tienes que celebrar, debes conmemorar
la amnesia, el salvajismo, ver la estupidez del "par
coeur": el erizo. Él se ciega. Hecho un ovillo, erizado de espinas,
vulnerable y peligroso, calculador e inadaptado (porque
se hace un ovillo, al sentir el peligro, en la autopista, se expone
al accidente). No hay poema sin accidente, no hay poema
que no se abra como una herida, pero también que no sea
hiriente. Llamarás poema a un encantamiento silencioso, la
herida áfona que de ti deseo aprender par coeur. Así tiene
lugar, esencialmente, sin que uno lo tenga que hacer: se deja
hacer, sin actividad, sin trabajo, en el más sobrio pathos,
extranjero a toda producción, sobre todo a la creación. El
poema cae en suerte, bendición, venida de lo otro. Ritmo,
pero disimetría. No hay nunca más que poema, antes que
cualquier poiesis. Cuando, en lugar de "poesía", dijimos "poético",
deberíamos haber precisado: "poemático". Sobre todo
no dejes que el erizo se reconduzca en el circo o en el adiestramiento
de la poiesis: nada por hacer (poiein), ni "poesía
pura", ni retórica pura, ni reine Sprache, ni "puesta-en-obrade-
la-verdad". Solamente una contaminación, ésa, y esa
encrucijada, este accidente.
Esta vuelta, la inversión de esta catástrofe. El don del poema
no cita nada, no tiene título alguno, no histrioniza más, sobreviene
de improviso, corta el aliento, corta con la poesía discursiva,
y sobre todo literaria. En las cenizas mismas de esta
genealogía. No el fénix, no el águila, el erizo, muy abajo, bien
abajo, cerca de la tierra. Ni sublime, ni incorporal, angélico quizás,
y por un tiempo.
Llamarás desde ahora poema a una cierta pasión de la
marca singular, la firma que repite su dispersión, cada vez más
allá del logos,ahumana,doméstica apenas, no reapropiable en
la familia del sujeto: un animal convertido, hecho un ovillo,
vuelto hacia el otro y hacia sí, una cosa en suma, y modesta,
discreta, cerca de la tierra, la humildad que tú apodas, transportándote
así en el nombre más allá del nombre, un erizo
catacrético, todo flechas afuera, cuando este ciego sin edad
oye pero no ve venir la muerte.
El poema puede hacerse un ovillo pero es para volver otra
vez sus signos agudos hacia afuera.Puede por cierto reflejar la
lengua o decir la poesía pero no se refiere nunca a sí, no se
mueve nunca por sí mismo como esas máquinas portadoras
de muerte. Su acontecimiento siempre interrumpe o desvía el
saber absoluto, el ser próximo a sí en la autotelia. Este "demonio
del corazón" nunca se reagrupa, se extravía un tanto (delirio
o manía), se expone a la suerte, preferiría dejarse
despedazar por eso que viene sobre él.
Sin sujeto: quizás hay poema y que se deja, pero yo no lo
escribo nunca. A un poema yo no lo firmo nunca. El otro firma.
El yo está solamente a la llegada de ese deseo: aprender par
coeur. Tenso para compendiarse en su propio apoyo, de este
modo sin apoyo exterior, sin substancia, sin sujeto, absoluto de
la escritura en sí, el "par coeur" se deja elegir más allá del cuerpo,
del sexo, de la boca y de los ojos, borra los bordes, se escapa
de las manos, apenas lo puedes oír, pero nos enseña el
corazón. Filiación, prenda de elección confiada en herencia,
puede adherirse a cualquier palabra, a la cosa, viviente o no, al
nombre de erizo por ejemplo, entre vida y muerte, a la caída
de la noche o al romper del día, apocalipsis distraído, propio y
común, público y secreto.
–Pero el poema del que hablas, te equivocas, nunca fue
nombrado así, ni tan arbitrariamente.
–Acabas de decirlo. Eso que se está a punto de demostrar.
Recuerda la pregunta: "¿Qué es...?" (ti estí,was ist..., istoria, episteme,
philosophia)."¿Qué es...?" llora la desaparición del poema
–otra catástrofe. Al anunciar eso que es tal como es, una pregunta
saluda el nacimiento de la prosa
(Traducción del francés: J. S. Perednik)
Tomado de: Revista XUL no. 11, 1995.
(1) Coeur podría traducirse como "corazón", y apprendre par coeur:
"aprender de memoria". Mantenemos la expresión par coeur para
aludir a la relación entre corazón y memoria, básica en este texto.
[N. del T.] |