ÚLTIMOS MOVIMIENTOS
RODOLFO FOGWILL
UN ESCRITOR DE IMPLACABLE SENSIBILIDAD
El 21 de agosto pasado la Argentina perdió a Rodolfo Fogwill,uno
de sus escritores más originales y audaces, quien formaba parte de
un conjunto de autores que a partir de los años 60 y 70, con su brillante
poder creativo, renovaron la literatura de ese país.Nacido en
Quilmes,en 1941,fue también sociólogo y empresario de publicidad.
Entre sus libros citaremos El efecto de la realidad,Partes del todo y Últimos
movimientos (poesía), Música japonesa, Pájaros de la cabeza y
Muchacha punk (cuento), Los Pichiciegos, Vivir afuera, La experiencia
sensible y En otro orden de cosas(novela).Entre otros reconocimientos
obtuvo el Premio Nacional de Literatura. En Cuba, la editorial Arte y
Literatura ha publicado su novela Los Pichiciegos, y cuentos de
Fogwill figuran en la antología Narradores argentinos contemporáneos y en la revista Casa de las Américas.
Al fallecer, la prensa y los medios de información cultural destacaron
sus notables valores como intelectual y como creador.Página 12
señaló que "sus libros de cuentos entendieron como pocos la vida
cotidiana bajo la dictadura y la transición democrática.Los Pichiciegos (1982), escrita durante la guerra,se cuenta entre las mejores novelas
bélicas del siglo.Sus artículos periodísticos envolvían en provocación
un desafío lúcido a los lugares comunes del pensamiento. Sus poemas
lo mostraban inquisitivo ante el extrañamiento de la vida.Y sus
novelas, sobre todo las publicadas a partir de Vivir afuera (1998),
como un bisturí".También en el mismo periódico,Horacio González,
director de la Biblioteca Nacional argentina, escribió que fue "un
poeta lírico que buscó rehacer el lenguaje vivo en medio de un cultivo
fetichista de los infinitos rezagos de las tecnologías, del
marketing,del habla prefabricada de las profesiones y del pragmatismo
positivista con el que solemos practicar nuestros lenguajes diarios
[…]. No va a ser fácil acostumbrarse a su ausencia, porque su
presencia mantenía los hilos ocultos de lo que significaba una picaresca
y un desértico balance del existir. Su personaje inquisidor, su
socratismo doloroso,poseía un indicio de redención que sin embargo
debía ser percibido –como en toda su poética–, en términos de
una distracción y una humorada…"; y el escritor Daniel Freidemberg
señaló:"Haga lo que haga con las palabras,lo más propio de Fogwill
es un arte de pensar.Ni como filósofo ni como teórico,sino como una
máquina de desplegar por escrito el pensamiento, bajo la guía de
una inteligencia feroz, una hiperaguda intuición del instante y un
implacable aparato de vigilancia crítica […]. Trabaja al lado de un
anhelo profundo: captar grupos de palabras capaces de condensar
algo que tiene que ver con la verdad y, antes de que se disuelvan,
hacer que queden reverberando, únicas, de la manera más precisa
posible (y la menos mentirosa). Es en la poesía donde ese mecanismo
encuentra sus límites y donde consigue ir más lejos…"
Y por ser precisamente su poesía menos conocida que su narrativa
en nuestro país, presentamos ahora una selección de sus versos
tomados de Últimos movimientos (Ediciones Paradiso,Buenos Aires,
2004).
EL SEÑOR CONTEMPLA SU OBRA
Cuando ha perdido la razón
el señor se levanta y va a la mesa
de los libros.
Mira sus libros, los borradores
de otros libros que nunca serán
y relee prólogos y solapas.
Imagina una sociedad de animales:
perros que leen, monos que cantan,
patitos que platican en una vernisage,
gatos que piensan y comentan a Esquilo
y conejos que nunca acaban de ponerse
de acuerdo
sobre Kant y El Arte de la Fuga.
Entonces los libros toman sentido.
Las solapas y prólogos que él mismo
escribió
–o corrigió–, recobran
aquel sonido originario,
que alguna vez oyó.
Después se aparta de la mesa y vuelve a
su trabajo.
Está llamando a una oficina,
y oye
siempre la misma voz indicando
que aguarde.
"Aguardar" significa esperar.
Y esa "persona que no se encuentra"
significa que no
está allí,
y supuso que alguien lo buscaría.
El Señor Fogwill escribe la palabra
"espera",
vuelve a la mesa de sus libros
y espera.
CON LOS PODERES DEL HOMBRE
En una mano muestra
lo que se puede hacer
y en otra lo que no
se puede hacer.
"Adivinen –pregunta–,
qué harán después los hombres
con el mundo
de las ciudades…"
Eso es: nada.
Puros pliegues
de piel, irregulares,
ocupando un espacio
vacío
entre los puños apretados..
UNA VISIÓN A MEDIODÍA
Se oscurecen los árboles.
Del borde del camino crece
un pedazo de noche.
Algo que sube desde la tierra
borra el azul y hace una noche
entre los árboles
y en medio de la oscuridad
una mancha amarilla
se burla del día, del camino
y de las ramas que reverberan
con sus hojas reflejando el sol.
Es un homenaje que celebra la tierra
a los que forestaron el paisaje
neocolonial de la ruta balnearia.
Señores que anduvieron por aquí
en viejos Chryslers y hasta en Tilburys
imaginando este presente
que va quedando atrás y pasa
contra la ventanilla izquierda
como una página de historia.
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DEL PLACER Y DE GOCE
Se imagina a comienzos del XVII
componiendo un ensayo sobre el placer
y el goce: el acto
aislado y el moroso
trabajo de la materia
pensante. "La carne", "el cuerpo"
el organismo-máquina,
el cuerpo humano, el puerco
humano, la máquina
perfecta, ¡el onanismo
de la filosofía cartesiana!
La adherencia fetal del pensamiento
contemporáneo.
Y el feto en su agua, en su pecera
tibia y paralizante cárcel
con que soñamos día
y noche.
La idea de que el placer se verifica
en actos
intermitentes parpadeos, mientras
que el goce
supone una continuidad, un trabajoso
tiempo humano, y que es
trabajo y como tal
no se compone de actos sino de una
oscura pulsión anterior, preexistente
ineludible y sin embargo
tan costosa, subsiste confundiendo
los pensamientos del Dr. Fogwill
desde hace cuatro siglos.
Siglos de error acumulado
entre sienes.
Cientos de imágenes, sentidos
que huyen, volando en remolinos
hasta caer en el embudo
de oscuros alquimistas del XVII.
MADRE MATERIA
Hace lo inmaterial
desde los ruidos
limpiándolos, borrando ecos,
recombinando
para que sean sonido
y vibren justo
sin existir
en el espacio,
en la materia del aire.
Casi lo inmaterial logrado.
Pero después cada palabra
recupera su mundo:
sombras, ecos, recuerdos
ideas embrionarias,
efectos de otros mundos
inesperados.
Es el fracaso
de la materia humana.
Es el trabajo humano
con el fracaso interpretado:
buena razón para insistir.
HASTÍO DE LA TRAMA
No es el hastío
ni el hasta ahí geométrico
ni el hartazgo
de los dibujos
ni la torsión calculada del hilo.
Será la regularidad, la causa
repetitiva de las formas,
la paciencia del hombre como renuncia,
y lo que se dispone a ser:
un hacer que no acierta a saber
qué es, e insiste
y teje
su trama
alrededor del vacío. |
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