ALGUNAS PALABRAS SOBRE EL DEVENIR DE LAS REVISTAS CULTURALES*

Víctor Barrera Enderle




Empiezo con una confesión necesaria: no me siento autorizado para dictaminar o pronosticar,de una manera "objetiva" y práctica,el porvenir de las revistas culturales.Mi experiencia se limita a los dos años que llevo ejerciendo la función de director editorial de la revista Armas y Letras (perteneciente a la Universidad Autónoma de Nuevo León).Hablaré,pues,desde mi reducida perspectiva,y añado aún más: apelaré a mi experiencia como lector de revistas (sobre todo, de corte literario). Comienzo con un punto básico: la relación, tácita y explícita al mismo tiempo,entre este tipo de publicaciones y ese ente abstracto, tan difuso y movible, que llamamos opinión pública. La historia de esa relación nos remite, básicamente, al nacimiento de la modernidad, a la apertura de espacios especializados para el desarrollo,el estudio y la difusión de las artes.La opinión pública se consolida como un espacio discursivo alternativo a las instancias oficiales y religiosas. Surgió como la voz (o la expresión de los intereses) de la renovada burguesía,pero también fue,para los artistas e intelectuales, un instrumento para emanciparse del lastre del mecenazgo,acarreado desde épocas anteriores.

En México, las instituciones literarias y culturales nacieron como parte integral del Estado-nación.Constituían una vía importante para la difusión del ideario político y para la consolidación de la nueva identidad nacional. Las primeras publicaciones, que podríamos denominar "modernas", guardando, claro, todas las proporciones, surgieron de la Constitución de Cádiz (que instalaron por vez primera en nuestro suelo la libertad de imprenta) y comenzaron su consolidación al consumarse la independencia política. La prensa fue el elemento primordial. Sin ella, sin la dinámica lectora que inaugura, la vida de las revistas y suplementos culturales hubiera sido imposible.Al mencionar este aspecto, no puedo dejar de pensar en las empresas ("tal vez debería decir pasiones") periodísticas de José Joaquín Fernández de Lizardi.

La revista se forma de una manera peculiar: es a un tiempo grupal y anónima. Es prensa, pero de un tipo peculiar; su relación con el tiempo y el espacio es distinta. Se alimenta, sin embargo,del mismo potencial de lectores:son ellos los que,en teoría, deberían suministrar, a través de las suscripciones, su financiamiento.Como producto de esa tendencia hacia la especialización (impulso vital de la modernidad), la revista cultural informa, difunde, pero también define, selecciona y separa. Establece un criterio valorativo,ideológico y estético (en este punto, pienso principalmente en las publicaciones literarias).Detrás de ellas se esconde la genealogía de un encuentro (o reencuentro) de voluntades afines.Y no sólo por su contenido (que debe o debería ser heterogéneo, pues, de lo contrario, se convertiría en manifiesto o propaganda), sino por su organización y estructura: ellas denuncian una lectura compartida. Las revistas "tradicionales" nacen ligadas (aunque de manera especial) a su época y su región. Representan uno de los productos más vitales de los determinados campos literarios. En ellas se manifiesta el "humus" de un período literario o cultural preciso.

Hay un impulso, una detonación que hace surgir estos proyectos colectivos.Y aquí se precisa otra distinción que será válida hasta nuestros días:su carácter heterogéneo.He mencionado que ellas surgieron como parte de la emancipación moderna de las artes y la crítica;pero a partir de entonces han cumplido funciones diversas.Podríamos dividirlas, de manera básica y precaria,en dos grandes tendencias:las revistas institucionales (donde se incluyen las patrocinadas por los gobiernos y otras dependencias parecidas,y las que constituyen el órgano de difusión de instituciones educativas) y las independientes (que no cuentan con "apoyo oficial",y buscan marcar una distinción entre su proyecto y el entorno).Aclaro lo provisional de esta división,pues,en realidad,toda revista importante conlleva un poco de estos dos elementos.Sea para promover un proyecto de nación,como en el caso del periódico literario El Renacimiento (1869),o para marcar distancia y denunciar la adopción de un credo estético (o ideológico),como la Revista Azul (1894),las revistas registran antes que nadie el debate vivo y permanente de las funciones literarias y culturales dentro de las sociedades.Dos tendencias poderosas parecen marcar su dinámica (desde luego,hay más variantes): los procesos de distinción y los de asimilación.Una rápida lectura de nuestra historia literaria distinguiría a las revistas institucionales como fuertes procesos de distinción.Ellas han intentado establecer,determinar y difundir el carácter cultural de la nación (carácter que la distingue del resto de los países).Los proyectos individuales e independientes han estado más cerca de los procesos de asimilación con las grandes corrientes culturales de Occidente.La mayoría de las estrategias modernizadoras (como en el caso de la Revista Azul) persiguen la contemporaneidad con el "mundo civilizado",desdeñando lo nacional como triste afán chovinista. Esto, obviamente, no impide las excepciones. Las ha habido,sin duda.El Estado postrevolucionario,por ejemplo,promovió a la vez ambos procesos y desde instancias oficialistas se financiaron proyectos tan disímiles como el muralismo pictórico y las traducciones literarias de los contemporáneos. Sin embargo, la época actual presenta cambios considerables en esta dinámica, aunque el drama mayor (la parte triste de esta historia) permanece y se convierte en un reto a vencer: la ausencia de lectores.

El debate que nos ocupa hoy,referente al "dilema" entre la producción impresa de revistas o la edición digital de las mismas,pasa invariablemente por algunos temas. El relativo al financiamiento y a la difusión es,particularmente, especial.Pero también es importante la relación entre cultura y mercado.

La implantación de la tecnología se ha dado en nuestro medio a la par de las reformas neoliberales.No hay aquí ninguna coincidencia. Vienen en conjunto.La pérdida de presencia del Estado como patrocinador cultural y el desarrollo y crecimiento de las industrias culturales han transformado,sin duda,nuestro campo artístico e intelectual. La producción de revistas ha sido modificada,evidentemente.Tras las constantes crisis económicas y políticas de las décadas del setenta y el ochenta,nuevas dinámicas se han impuesto,afectando tanto a las ediciones "institucionales" como a las independientes. Algunos han alzado ingenuamente las campanas al vuelo,celebrando esta "apertura" como una prueba irrefutable de los "nuevos tiempos democráticos"; otros han satanizado estas nuevas dinámicas y se han apertrechado, buscado refugio en la petrificación de ciertos discursos en extremo radicales.Al final, las dos posturas terminan ensimismadas y su mirada se estrecha y se limita a la inmediatez de una creencia o añoranza.Ambas posturas pasan por alto lo fundamental: la revisión crítica del fenómeno.

Porque,en general,lo que se ha perdido es la presencia en los espacios públicos. La opinión pública (otrora difusa, mas reconocible) se ha desvanecido casi por completo. Lo que tenemos es una sustitución, o mejor: una tergiversación. Los intereses mediáticos han suplantado y transformado los espacios de encuentro,reflexión y discusión de los asuntos estéticos e intelectuales. Esa coyuntura afecta por igual a las revistas independientes y a las institucionales (aunque sus efectos son distintos). ¿Cómo pensar la cultura cuando esta ha sido "subsumida" a la lógica mercantil del capitalismo tardío? Supongo que para ambas empresas se ha hecho imperante la reflexión de la condición propia.Todo empeño crítico reciente debe ser también autocrítico.Debemos estar al tanto de que nos movemos sobre arenas movedizas, y evitar caer en el fárrago publicitario de la desterritorialización postmoderna.No podemos difundir,como simple eco, la inercia de los tiempos que corren; ni debemos nombrarnos portavoces de fenómenos que ni siquiera conocemos. Eso sería peligroso sobremanera.Es preciso distinguirnos entre el campo borroso de lo publicitario,reconocer nuestras preocupaciones (nuestras obsesiones) y trabajar con y a partir de ellas.Escuchar las ideas y percibir las voces creativas.

Y la reflexión se extiende,obviamente,al uso de la tecnología.Ya lo he dicho en otra parte:el desarrollo tecnológico ha marchado a la par de la hegemonía capitalista.Pero esto no impide un uso alternativo y crítico de ella. He aquí otra misión imperiosa: la apropiación del instrumental técnico y su aprovechamiento en la difusión y recepción de nuestras producciones críticas y creativas.

La disyuntiva entre hoja de papel y hoja electrónica no es tal,sino una conjunción posible y plausible.El dilema no consiste,creo yo,en tener que optar entre un soporte y otro,sino en el uso provechoso de ambos (en la medida de lo posible).Las dos cumplen funciones cercanas, pero diferentes. Una no puede suplir a la otra. Repito, hablo desde mi experiencia, y ella se reduce al ámbito de las revistas institucionales (aquellas que,en apariencia,sólo en apariencia,no tienen que preocuparse tanto por el financiamiento,sino principalmente en la difusión y alcance). La edición impresa garantiza (o debería de hacerlo) la presencia "local", el diálogo con el medio, con la vida literaria y cultural inmediata (ello no impide, evidentemente, una difusión e influencia mayores). Esa relación es fundamental para el desarrollo creativo e intelectual. La revista, aunque sea efímera, ayudará a definir una época, un lugar (un momento "decisivo", en palabras de Antonio Cándido):será parte de un capítulo más amplio.Allí podremos revisar los movimientos y las modas literarias y estéticas, veremos las apuestas y las experimentaciones formales,y comprobaremos el diálogo y las polémicas críticas. Es el registro al interior del campo cultural.Clausurar ese proceso por el simple hecho de "actualizarnos" sería peligroso.Reconozco,no obstante,las dificultades que implica mantener y difundir una edición impresa: su alcance es más corto y,generalmente,su tiempo es efímero.

Ahora la otra parte.Voy a mencionar brevemente algunos de los riesgos que correría una publicación exclusivamente digital. Confieso antes que no guardo ningún prejuicio irracional contra la tecnología. Internet es sin duda una gran posibilidad. Pero, precisamente, su vastedad provoca una banalización de los contenidos.Por más variantes que pueda ofrecer,la lectura en la "pantalla" (o en su formato) tiende hacia la homogenización. No generalizo,desde luego,sólo señalo algunos de sus efectos contradictorios. La inmensidad no es siempre una ventaja: se puede volver una dificultad. Además, el hecho de que una publicación se encuentre en la red no garantiza el acceso mayoritario, solamente facilitará su búsqueda a los lectores interesados. Pero sus ventajas son también considerables: la difusión puede ser más amplia y más económica,y la revista puede actualizarse constantemente y mostrarse "completa" (desde su primer número hasta el más reciente). La edición digital apela a otro tipo de relación con el campo cultural, una relación en cierta medida "atemporal" y desterritorializada (esto no impide un vínculo cercano con ella).

La posibilidad de un uso combinado de ambos soportes puede ser útil sobremanera.Y aquí tomo como referencia a la revista que dirijo. Durante más de sesenta años,Armas y Letras ha sido la publicación institucional de corte cultural más importante de Nuevo León, pero su presencia no pasaba de los límites geográficos del Estado.Ahora hemos combinado su condición de publicación regional con su presencia en la red.El cambio ha sido significativo.Pero no ha trastocado sus objetivos primordiales:dar cuenta de la vida cultural de la región y difundir los movimientos culturales y debates internacionales. Consideramos que esos dos objetivos no son incompatibles. Y al enfocarnos en ellos,y con esto termino,buscamos lograr cierta autonomía dentro del mismo carácter institucional.La revista debe, en la medida de lo posible, seguir sus propios fines; no por ello dejará de representar a los organismos que la solventan.El reto es doble,pues la búsqueda de autonomía implica también un manejo hábil de los aspectos administrativos y la habilidad para sortear los riesgos que conlleva la circulación en los mercados de las industrias culturales.Un aspecto puede ayudar al otro: con el soporte institucional se podría resistir los embates del mercado y con las estrategias de difusión y ventas se garantizaría cierta emancipación de los lastres "oficialistas" (como la eterna dependencia al presupuesto).

Pero estas son sólo especulaciones,porque el proceso se encuentra en plena marcha y cada día hay que inventar nuevas estrategias para que las revistas culturales no sean sinónimos de una vida efímera, de un corto noviazgo.

2007

* Ponencia presentada en el Primer Encuentro de Revistas Culturales de América, realizado en Xalapa, Veracruz, septiembre de 2007. Incluida en el título:Víctor Barrera Enderle.Literatura y globalización,Cuadernos Casa,no. 43, Fondo Editorial Casa de las Américas,La Habana,2008,pp.65-69.