III

AMARGO TRAZADO Y VIGOROSOS EJERCICIOS

Reynaldo García Blanco

El mundo de la edición de libros está lleno de luces y sombras. Lleno también de saltos y tropiezos.Hace diez años atrás no era imaginable en Cuba que un empeño editorial como las Ediciones Territoriales fuera a derivar en las sucesiones que ya festejan dos lustros. Diversos reclamos, dudas, contradicciones, admiradores y detractores, todos ellos han contribuido a que se llegue de manera feliz y polémica a la Colección La Puerta de Papel. Esta toma vida y, como todo proceso,en el camino,esperamos otras sucesiones.

Suelo acercarme a la poesía con misterio e impudicia. Animal de ferias,de bibliotecas,de librerías de uso y raros,me detengo al hilo en dos poemarios:Amargo ejercicio,de Lucía Muñoz (Bayamo,1953),y El vigoroso trazado, de Bertha Caluff (1964), publicados por Ediciones Bayamo y Capiro respectivamente.Ellos señorean la puerta sonora y poética que me propongo abrir.

Dos voces.Dos maneras muy diferentes de asumir el acto escritural. Una misma pasión. Un mismo oficio.Murallas afuera la poesía sobrecoge,destila,toma posesión y no se deja aniquilar.Tal vez la dispersión, la no adecuada promoción o las múltiples y avasalladoras propuestas,no nos permitan estar al día de lo que se publica.Tema a tener en cuenta a la hora de levantar un mapa poético de la isla,que hará menos traumático el momento de elegir, seleccionar o marcar derroteros.

"Yo amo a los animales líricos", decía André Bretón en uno de sus manifiestos.En ese espacio amatorio donde rondan las palabras más comunes y vulgares, la rosa del poema de Vicente Huidobro se desdobla en otra rosa. Alguien diría la rosa de Rilke o de Lord Byron. La palabra "corazón",para suerte de muchos,no ha cambiado de lugar y mucho menos de significado locuaz, metafórico y consecutivo.En manos del poeta y el presunto lector está el acto de permanecer o estallar. Permanecer a tenor de eso que llamamos Tiempo (Ezra Pound).Y estallar por ese principio activo que es el sentido parricida del hecho poético (Cesare Pavese).La sumatoria cotidiana enaltece y da realeza.Desde una ciudad señorial Lucía lo sabe, lo sopesa y se resguarda de esos saberes del cuerpo,el deseo y la palabra:

Un río atraviesa el corazón, escucho su rumor cuando inclino la cabeza sobre tu pecho y siento rodar las piedras hasta la más mínima, quebrarse las ramas y doblarse las yerbas que crecen en su orilla.

Lucía Muñoz no tiene la intención de tomar partido por la complejidad textual. Se asume a sí misma como un cuerpo sediento de la palabra poema y echa a andar su máquina de emociones.Esa máquina que lleva muy adentro y que permite dar de comer a los animales líricos de Bretón y a los que le acompañan y le rondan el vientre y los pechos.

La ingenuidad tiene ganancias.Llega el acoso de escribir y como dulce fiera bocarriba se pone pleito y mesura.

El lamentablemente golpeado intimismo y el miedo a la palabra demasiado lírica, aquí ofrece gallardía y un raro esplendor que se asume desde actos puros y lúdicos.Es el jugar.Es el aprehender.Es la oblicua mirada de una mujer que juzga y renace.Coquetería y desliz. Cuestionamiento e impulso.

Que nada enturbie este espejo, superficie tersa del agua,nada,ni la leve hoja al caer despierte ondas en su azogue,ni la brisa al soplar forme olas distorsionando los árboles de la orilla.Que permanezca intacta hasta su vuelta, que permanezca prístina para que pueda reflejar la luz de tu mirada cuando en ella te mires nuevamente…

Lucía Muñoz, la amanuense, la escriba, la musa, la copista de lo doméstico y lo espiritual,asume unas palabras de Gabriela Mistral:"Y el amor (bien sabes de eso) es amargo ejercicio". La autora de Sobre hojas que nadie ve (1994),Únicos paraísos (1996),Los más bellos bisontes de la tierra (1997) y Una mujer puede andar ( 2006), sale airosa de este amargo ejercicio de escribir la vida misma así de sencilla, de complicada, de amorosa, de Fermina Daza que contempla a Florentino Arisa en el parque de Los Evangelios.

Tal vez,sentada en ese mismo parque, Bertha Caluff comienza su vigoroso trazado.Es justo decir que estamos en presencia de una de las voces más singulares de las que tomaron por asalto, a finales de los ochenta del siglo pasado,los cuarteles poéticos de la isla.Una voz que no se plegó al tema de la ínsula ni al vocerío finisecular con sus balseros y muchachos de torsos breves y altivos.

Con una paciencia monacal y para decirlo de un modo origenista, sus pocas publicaciones de una "pobreza irradiante", hay que rastrearlas en libros iluminados a mano y en tiradas que no sobrepasan los doscientos ejemplares. Pienso en Casa de Sabra (Ediciones Vigía, 1988); Cumpleaños del pato (Ediciones Vigía, 1990); Tiranía del mito (Sed de Belleza, 1994, y Reina del Mar, 2005), Imagen tras la Imagen (Sed de Belleza, 2000) y En las playas de todos los mundos (Ediciones Vigía,2007).Ha tenido una labor importante como compiladora de las antologías Ellos pisan el césped (Ediciones Vigía, 1988) y la Non erótica, sobre la obra de Carilda Oliver Labra que apareció en el 2003 bajo el sello de Editorial Cauce.También para los estudiosos de la poesía y literatura cubanas en general, dio a conocer una muy valiosa Bibliografía de las Ediciones Vigía. 1985-1990 (Ediciones Vigía, 1991). La mayoría de estos textos mencionados, ya agotados y en manos de coleccionistas.

Si para W. Blake el tigre tenía mucho de cordero digerido, Bertha Caluff ha tamizado un grupo de lecturas puntuales que van desde San Juan de la Cruz (tan caro,tan proteico,tan necesario por lo nutricio) pasando por el Apocalipsis de Juan el Teólogo y Santa Teresa de Jesús. Lecturas para el reposo, el meditar y contener la furia al decir de Jorge Santayana y que aquí se convierten en un tono, en una manera, en un estado de gracia que es contenido, reposado.Y que emana un alto sentido de la disciplina poética.

Fueron los mismos griegos los que dijeron que Alejandro llegó hasta el mismo Caos. Bertha Caluff página a página nos devela un camino donde lo sagrado, lo más hondo y sutil tiene una cara,pero nos permite la sospecha que al otro lado la belleza de lo terrible está latente y nos agobia:

¿Alguien puede
imitar esta
sordidez,en tiempos futuros
difícil de imaginar?

¿Alguien puede
discurrir las barreras
de la nada?
¿Puede alguien
disimular,
hacerse el sordo,el que no ve?...

Habrá que volver al ruego interrogativo de José Lezama Lima: "¿Oye alguien mi canción?", o a la Primera Epístola a los Corintios:"Miren que al presente vemos como en un mal espejo y en forma confusa, pero entonces será cara a cara. Ahora solamente conozco en parte, pero entonces le conoceré a él como él me conoce a mí". Bertha Caluff tiene la fe, la esperanza y el asombro por la poesía. Pero el mayor de los tres es el asombro, el trazado de existir que a paso lento se trasmuta en certeza, en un lidiar esperanzador.

Comenzando con "Las pérdidas",de arco en arco,nos remontamos por seis estaciones que concluyen con "La extraña felicidad", y, unidos al tono de salmodia terrestre y celestial,asistimos a una toma de partido:

Yo atravesaré todas las noches
del silencio
como la más temeraria
de las Juanas.

Somos testigos del destierro de Elías,de la consumación de la palabra misma,pues cada parte es un camino,un pujante y animoso diseño de Dios.

Gracias a la Colección La Puerta de Papel podemos dar vivas por la extensión de una obra tal vez condenada a una tirada limitada o a dormir el sueño eterno en un estante como ejemplar único y sin préstamo externo.Saludemos pues estos dos libros:Amargo ejercicio (2008),de Lucía Muñoz,y El vigoroso trazado (2008),de Bertha Caluff. Escrituras situadas en ámbitos y tesituras distantes que nos recuerdan que la poesía no es más que un amargo trazado y que solamente se salva mediante vigorosos ejercicios