De Shoping day
(inédito)
Dios
a Osvaldo
Lo importante es no haber visto a Dios
Su fibra corpórea,
Sentir cómo la lluvia se desploma
en las pequeñas vasijas colocadas en el pasillo
y al mismo tiempo padecer
la corrosiva disminución de las piernas,
su fragmentación bajo la tela.
Lo importante es no haber visto a Dios,
sus ojos trazos
y sufrir el dolor
que se almacena íntegro en el brazo derecho
y no permite asir la blanda superficie del látigo
o el frasco de un perfume mínimo,
de extraño nombre.
Y ahí están mis trajes
a espaldas del señor, sonriendo,
aunque dirás que nada sucede de esa manera,
que el ojo es universal y proteico.
Ríen de la muerte precisa y lenta del tejido,
sólo eso.
El pan ya no tiene aquel sabor
para compartir en casas distintas,
esa masa que puede ahuyentar o atraer la fe
cuando envuelta en la saliva habla de la tierra
y de los guijarros que estropean los sueños.
¿Qué nos une, el profundo imán de las estrellas,
esa pieza que parece pestañar cuando el sueño
nos punza?
Tú y tu oblicua mansedumbre
son pueblos extraños, de señores eternos
surcados por la niebla y los domingos..
Indentity bussines
Tú que tanto has sobornado para ser un hombre
triste
y al principio sólo querías ser Zidane,
aplicarte al estudio de la alquimia, de la
dantesca hora,
del roce perfecto del balón.
Tú que naciste sobrio para adorar
el testazo afortunado, el ataque punzante,
la relación bíblica de los tres números:
4-4-2 rítmica, templada, el balance del alma
3-5-2 vertiginosa, caliente, desenfrenada
5-3-2 poblada y segura.
Tú sólo querías que el cuero sonriera,
aplastar de una vez la carioca, su dulce verde.
Tú querías ser Zidane,
y fuiste sólo la tristeza, el moho, una sombra,
una especie que brama asustada sin pisar el
pasto.
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Ciudadano cero
(cuestionamiento y órdenes)
¿La vida ha de producir siempre este vértigo?
Ciudadano cero,
balbucee esta pregunta
como si quisiera imitar la leve transpiración
de un puerto abandonado.
Repítala una vez y otra vez y otra vez más.
No trate de responderla, ya usted no existe,
lo afirmativo o lo negativo
no son más que pequeños trapos que quedan
acomodados,
cómicamente, después del paso del río,
de la vuelta a su paso rutinario lejos de las casas.
¿La vida ha de producir siempre el mismo
vértigo?
Ciudadano cero,
escarbe con su boca,
mientras mentalmente reproduce los fonemas
que componen la directa pregunta.
Intérnese en la imagen de la vida,
no deje rastros, sienta como los pies
son herramientas inservibles si la boca
se mantiene cerrada, arando sobre el polvo.
Muévase, muévase y otra vez más muévase,
compruebe que la movilidad de la materia
sintetiza en sí misma
la más rotunda de las muertes.
Sólo después intente existir sin ese peso
que sólo se descubre en la adhesión perpetua
de los moluscos y el arrecife.
Sea el arrecife que no muere
pero que tampoco se proyecta vertiginoso.
Parpadear es una buena señal, parpadee,
sea partícipe del vacío que representa.
¿La vida ha de producir siempre este vértigo?
No diga nada.
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