Virgen en la pradera

Michel Encinosa Fú

MICHEL ENCINOSA FÚ (La Habana, 1974). Narrador.Ha recibido numerosos reconocimientos como el Premio Calendario en 2006, los Premios Cirilo Villaverde y Hermanos Loynaz en 2008, y el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas en 2009.Entre sus libros publicados se encuentran Sol negro (2001), Dioses de neón (2006), Enemigo sin voz (2008), Vivir y morir sin ángeles (2009) y Casi la verdad (2009).

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Solía ser esta la pradera donde acechaban leones y crueles pigmeos.La hierba siempre alta,seca y crujiente,que más que apartar,debía ser aplastada bajo los zapatos, dejando una vaguada ondulante a las espaldas.Un cayado, una lanza, un arco presto, podían ser de gran ventaja. No olvidar la brújula,cantimplora al cinto, tizne en los pómulos para aliviar el reflejo del sol en los ojos.Los edificios circundantes eran lejanos,tanto más lejanos como más pequeña era una, y más soñadora la propia mirada, y más altas las hierbas. Podía ella ignorar, entonces,esos edificios.Y explorar,sola o en selecta compañía, aquella extensión salvaje,pretender hienas ávidas a los perros famélicos, tesoros los ocasionales montones de latas vacías, excitante caza los escurridizos y raros gatos que surcaban veloces el océano seco y amarillo.

Ahora es distinto,a pocos días de cumplir los ilusionados y proverbiales y casi siempre bien festejados quince, los edificios están todos muy cercanos, demasiado; las hierbas apenas rozan la cadera,y la basura y los perros y los gatos son sólo eso, basura, perros y gatos. Eso, cuando ves un gato. Si reparas en los perros. Y si puedes llamar simple basura a las altas montañas de porquería universal que se elevan en la otrora pradera virgen, ahora sencillamente el ordinario y horrendo placer del reparto, amén de rastro recurrente del municipio.Si ella pasara los días en su casa, oiría a cada rato los aullantes suspiros mecánicos de los camiones y los tractores con carretas, repletos de basura, que llegan a descargar displicentes y remolones.Pero ella pasa los días en la escuela,de la mañana a la tarde, y sale siempre muy temprano. Cada día.Como hoy.

Aunque, en verdad, hoy Raquel salió algo más tarde que de costumbre,porque su papá la retuvo unos momentos: "Necesito que para cuando regreses de la escuela, pases por casa de mi socio el editor, el que me está revisando el libro, y le des esto". Billetes, moneda convertible. "Se lo debo desde la semana pasada, y ya me da vergüenza, pero esta noche tengo guardia, y tampoco puedo… Así que llévaselo tú, pídele perdón por mí,explícale lo cogido que he estado…".

Igual que en el cuento infantil, la aguja dentro del huevo,el huevo dentro del pato,el pato dentro del conejo…,así lleva ella el dinero.En el monedero, dentro de la carterita, al fondo de la mochila, debajo de los libros...Raquel es lo bastante mayor como para saber que es una cifra substancial en términos de economía familiar. Su madre suele acusar al padre y sus caprichos de "escritorzuelo de bodega" por la falta en casa de comodidades modernas y vulgares como un simple equipo de DVD,y la escasez periódica de mejores cárnicos en el refrigerador, por no mencionar la pintura que desde hace años van necesitando la sala y el balcón, para,al menos,no pasar tantas penas con los vecinos y las visitas.Pero como "tu papá se lo gasta todo en esa dichosa computadora, que se le rompe cada dos por tres,y en pagarle a gente para que le revisen las veinte mil cosas esas que él llama novelas,y en imprimirlas,y en comprar libros y más libros…", a estas alturas del curso ella sigue sin tener un par de tenis decentes, o unas medias a rayas de esas con onda, y mucho menos una mochila que no sea la misma de hace ya dos años, con un parche y todo,si bien diestramente disimulado, pero parche al fin.

Y ahora ella va despacio por la antigua pradera de sus mejores años,sus años más ingenuos,más felices, con nostalgia de aquellos días en que ni siquiera pensaba en compararse con otras chicas, en lo que tenían y ella no, y recorría sin fatiga la vasta incógnita del paisaje venturoso,solo absorta en el cambio de las brisas,y las secretas señales de previos viajeros osados bajo las persistentes hierbas… Hasta la hierba empieza a escasear ya en el placer. Con tanta quemadera de basura… Y las charcas apestosas, tantas. Pero sigue siendo el camino más corto hasta la avenida. A ver cómo llega hoy a la escuela, si en una guagua providencial, una botella,en la parrilla de algún socio bicicletero. Su primo,el de la moto,ya debe haber pasado, así que ese chance está perdido.

Ya va llegando a la mitad del trayecto,es la parte más desagradable. Hay que pasar por un trillo entre farallones de detritos domésticos, industriales, humanos al fin y al cabo, donde nunca falta alguna que otra jabita de nylon reventada y rebosante de excrementos… Sin embargo, los niños del barrio siguen jugando aquí. Felices, los niños. Profesionales de la autosugestión,el fingimiento,la charada antojadiza. Su propia hermanita suele jugar por aquí, más o menos vigilada por mamá desde su lejano balcón.A veces regresa a casa con unas fachas… Hay que ver.Y oler.Pero qué hacer; feliz,ella.Todavía no imagina lo que le espera dentro de unos años. Las burlas por no tener un celular, o un miserable MP4.Por no tener Converses.Por no tener jevito.Por no tener.

Para eludir un tanto el olor,ella recurre a un fácil placebo. El dinero que lleva en la mochila, ¿qué podría comprarse con eso? Si su papá, digamos, le dijera: "Coge, es para ti, haz lo que te salga en gana." Tras unos instantes de reflexión,el placebo se ha transformado en angustia,¡es tanto lo que quisiera…!

Voces.
¿A esta hora? ¿Niños aquí, a esta hora? Pues, claro, normal. No todos van siempre a la escuela. Con o sin consentimiento familiar, casi nunca falta un grupito en este placer,de día,de noche.

¿Y qué estarán haciendo?
Ella mira su reloj.Bueno, igual ya puede dar por perdido el primer turno…

Elige un sendero menor, se guía por los sonidos… Y ahí están,una tribu de pigmeos en uniforme escolar, agachados en alboroto en torno a un tabla.Sacuden las manos.Gritan. ¡Pero si juegan al cubilete! Por las voces que dan, solo les falta la botella de ron.Deben estar en el mismo grado que su hermanita. Y dios quiera que no en su misma aula, ni por ningún lado cerca. Si un día su hermanita llegara a la casa con esas palabras en la boca…

—Oye,qué es lo que tú quieres.
Agresivo, el nene. Un salvaje en ciernes, celoso del territorio.
—Yo, nada -Raquel se detiene, guardando distancia-. Estoy obstinada.

Así de seria, porque con estos enanos no se puede una rebajar.Hoy en día,son unos linces.Eso lo sabe todo el mundo.

El guapito baja la cabeza. Lo mismo hacen los demás.Son una docena.Siguen tirando los dados, chillando con cierta rara dignidad. Apostando… ¡Pero si es dinero! Por la tabla pasan billetes de a peso,de a cinco,de a diez,¡de a veinte!

Contra,pero si cualquiera de estos microbios parece tener más de lo que ella puede gastar en un año. Pasmada,se aproxima un tanto.

Pues sí,uno acaba de apostar más de cincuenta pesos… Y de perderlos.Y ni llora,ni patalea.Se limita a sacar treinta pesos más… ¡Y ahora gana! Más de cien pesos para el bolsillo. Se los juega. Ella no entiende el sistema, es un poco raro, igual nunca ha tenido ni la más mínima noción sobre estas cuestiones. A veces apuesta uno, a veces son varios. Anuncian combinaciones en voz alta, y en ocasiones palabras que se antojan claves.

—¿Cómo es eso? -no puede ella resistir- ¿Cómo funciona?
—Aquí no juegan las mujeres -le advierte el guapito, con tono de hacerle un gran favor con sólo dirigirle la palabra.
-Yo tengo diez pesos -insiste Raquel,con el mínimo aliento que le queda,después de tanto atrevimiento.
Él sacude la cabeza:
—Te dije que no… ¡Hagan juego,le vamos a tres Maricones ahora!

Ella sabe que los "Maricones" son las Q.También les dicen "Qundangos"; ha visto jugar a su padre con algunos amigos. Las "J" son las Jevitas. Los nueve puntos rojos son los "Gallegos"… Estos enanos le dicen "Tomate" al As. Bueno, también lo ha oído así.

—¡Pinga,maricones de mierda! -grita uno.
Y los otros ríen:
—¡Te fuiste del parque!
—¡No, pero yo no puedo perder…, yo tengo que irme de aquí con algo!
—Busca más dinero -le dice el guapito, que a resultas parece el líder de la tribu-.Aquí no se fía,y tú sabes

Continua...