Sucesos argentinos
Vicente Battista
Del narrador y dramaturgo Vicente Battista(Buenos Aires,1940),en Cuba se han publicado su novela Gutiérrez a secas,por la editorial Arte
y Literatura,y el libro de cuentos El mundo de los otros,por Casa de las Américas.Con Sucesos Argentinos obtuvo el Premio Planeta 1995.
Esta novela,de la cual proponemos ahora un fragmento en La Letra del Escriba,será presentada por Arte y Literatura,con la asistencia de su
autor ,en la próxima XX Feria Internacional del Libro de La Habana,que se realizará en febrero de 2011.
Entreabrí los ojos y manoteé en vano, buscando un reloj
imposible sobre la mesa de luz. Me senté en la cama.
Encendí la lámpara y descubrí que estaba en mi cuarto.
Desparramada sobre una silla pude distinguir la ropa que
había usado el día anterior. Junto a la cama estarían los
zapatos y un poco más allá las medias.Tanteé con la mano
derecha y tropecé con un vaso de whisky. Lo levanté y
miré a trasluz,estaba a medio terminar.Lo puse otra vez en
el suelo,junto a la pipa;también a medio terminar.Pensé
que siempre dejaba las cosas a medio terminar y pensé
que de una vez por todas tendría que atender el teléfono.
El que llamaba se había propuesto despertarme,y lo estaba
consiguiendo.Llegué entre tumbos,levanté el auricular,lo llevé
hasta mi boca y gruñí.
—Tienes tono de pocos amigos -dijo una voz,parecía de mujer.
—No puedo ser amigo de alguien que me despierta a esta hora de la
madrugada.
—Son casi las doce.
Era una voz de mujer. La había escuchado infinidad de veces. Montse,
pensé para mi espanto.
—Tengo que hablar contigo -dijo.
—Lo estás haciendo.
—No,así no —dijo—.Es preciso que nos veamos.
—¿Qué día es hoy? -pregunté.
—Sábado.
—No.No digo qué nombre.Digo qué número.
—Cinco.
No era por dinero.
Había cumplido con mi asignación hacía menos de una
semana. Quizá un error en el ingreso. Pregunté si le habían acreditado lo del
mes.
—No se trata de eso.¿Es que sólo piensas en la pasta?
—Únicamente cuando estoy despierto,¿qué querés,entonces?
Repitió que hablar conmigo y otra vez sentí el malestar.Prefería doblar la asignación
a verme con mi ex-mujer.El último encuentro había sido en el estudio
de un abogado,ahí convinimos la cifra que yo pagaría mes a mes.Antes habían
sido confesiones y reconocer el fracaso.Mucho antes había sido sentirse idiota
y comprender que también a uno podía pasarle.Muchísimo antes había sido
una mujer a la que dije querer y a la que acaso de verdad quise.Pensar que hace
diez años,pensé,pero ni siquiera fue tanto tiempo:el desgaste se produjo más
rápido.Hubo un momento de amor,otro de odio y ahora estábamos en el de la
indiferencia; quizá el mejor, el más cómodo. No tenía ganas de ensayar otros
momentos,no al menos con Montse.
—¿Hablar de qué? —dije.
—Mira que eres pesado.Tiene que ser personalmente,vente mañana a casa
y almorzamos juntos.
Imaginé un domingo con Montse y dije que no,que mañana era imposible,
que quizá el lunes o,mejor,el martes.Dijo que hiciera lo posible para que fuese
el lunes y quedamos para el lunes,a las nueve de la noche.Contaba con un margen
de cuarenta y ocho horas para saber en qué andaba mi querida Montse.
Volví a tirarme sobre la cama y de golpe recordé que Jordi me esperaba en un
pequeño boliche del Ensanche.Fui hacia el baño, antes de llegar tropecé con
una botella de whisky y con un libro.Pensé que ya era tiempo de ordenar el
cuarto,después de la ducha vi las cosas de otro modo.Cerré la puerta convencido
de que no había tanto desorden.Decidí ir caminando,Balmes derecho.
Barcelona estaba en plena reconversión industrial:me enfrenté a tres viudas,
rigurosamente vestidas de negro,con un promedio de cuatro hijos cada una;
anunciaban su desamparo a grandes letras,borroneadas sobre cartulinas blancas.
Los hijos,entre curiosos y aburridos, le hacían corro; se notaba que tenían
más ganas de jugar a cow-boys que a chicos desamparados.Pero había que
comer y ése también era un trabajo.Me crucé con dos desocupados,uno iba
solo,al otro lo acompañaban sus hijos.Los desocupados habían optado por carteles
más pequeños.Estaban escritos en castellano: para solicitar ayuda no se
planteaban problemas de bilingüismo.Por último,esquivé a un joven,sin cartel,
correctamente vestido,que pedía por su cuenta y farfullando una explicación
difícil de entender.Como con las viudas y los desocupados,debí negar con una
amable sonrisa y una gentil inclinación de cabeza,¿De qué modo hacerles comprender
que yo no estaba muy lejos de ellos? También a mí me castigaba la
herencia del franquismo:mis reservas económicas no iban más allá de setiembre,
y setiembre estaba a menos de treinta días.Para completar la corte de los
milagros,se ofertaron tres prostitutas y un travesti.Tuve fantasías de cafishio:por
las mañanas, dócilmente, las muchachas me entregaban el
dinero recaudado durante la noche.Mi única y agradable
tarea era contar los billetes,protegerlas y amarlas.Una ocupación
envidiable,pero no para mí.Alcé los hombros con
la intención de quedar más vigoroso en el trasluz de una
vidriera;ni así logré convencerme.Para colmo,mes a mes
debía financiar a mi ex-mujer,cosas del feminismo ¿Qué
querría Montse? Pensé que quizá Jordi lo sabía y caminé
más rápido.
Estaba frente a un gran vaso de horchata.Parecía
no pensar en nada, pero me vio entrar. Creí distinguir
una imperceptible sonrisa debajo del voluminoso
bigote. Hice una broma acerca de su
propensión al alcohol y me senté. Le dije que según
mi modesta estadística, el número de mendigos
aumentaba día a día.
—Hora a hora -sentenció—.Va parejo con la crisis.
Pedí un gin-tonic y le dije que de eso quería hablar,de la crisis.
—¿Algún ensayo acerca de? —preguntó.
—No,de la mía —dije—,de mi propia e inevitable crisis.
—¿Espiritual o sexual?
—Económica.Corro peligro de integrar la larga lista de pedigüeños,y ni
siquiera tengo hijos para mostrar.Con suerte y buena voluntad llego
a fin de setiembre.
Jordi me miró, como si yo fuese un objeto digno de
estudio.Se acarició el bigote,pero no dijo palabra.
—Además me llamó Montse.Dice que quiere hablar
conmigo,¿qué querrá?
—Ni idea.
Bebí un largo trago.
—A esta tónica le falta fuerza. Hasta la tónica está más pobre, ¿notaste que
ahora no viene con tantos globitos?
—No sé,nunca se los llegué a contar —dijo Jordi—. Por eso soy adicto a la
horchata;es más simple,más natural.
—¿En qué andará Montse?
—En eso,en lo natural.Tengo noticias de que está complicada con el naturismo,
la macrobiótica o cosa parecida. Se ha puesto de moda, y tu ex-mujer se
anota en todas.
Sentí un ligero alivio. Seguramente querría iniciarme en los secretos
de la comida sin aditivos, yo no estaba para discusiones gastronómicas
y el verano golpeaba sin compasión.Lo que mata es la humedad,pensé.
La frase también valía para estas tierras.
—Tengo que verla el lunes.Me invitó a comer.
Jordi me deseó buen provecho y pidió otra horchata.Estuvimos largo rato en
silencio.El paso de alguna muchacha,suelta de ropas y de espíritu,nos hacía articular
algún monosílabo sin sentido,digno de esa tarde innecesaria.En las últimas
semanas, mis tardes, mis mañanas y mis noches gozaban del mismo
privilegio.
—¿Hacés vacaciones? —pregunté.
Jordi pensó un instante,después dijo:
—Calafell o Cadaqués.Seguramente la bañera de casa,llena de agua.No creo
que haya para más.Y el ventilador,si es que no me cortan la luz.
—¿Vos también en crisis?
—No.Sólo para solidarizarme contigo.Deja de llorar,no te va ese papel.
Pensé en otro gin-tonic y lo pedí.Hice un gesto cómplice al mozo y le rogué
que esta vez tuviese más globitos.
—¿Y ahora? -pregunté,metafísico.
—Ahora,nada -dijo Jordi—.Pero se está preparando algo que te puede interesar.
Igual que el hechicero de la tribu o el mago del circo,Jordi era capaz de convocar
a los espíritus o sacar al conejo de la galera justo en el momento que espíritu
o conejo se hacían absolutamente necesarios.Nunca le había preguntado
cuáles eran sus contactos y cómo había hecho para conseguirlos.Eran preguntas
vanas,que él jamás hubiese contestado.Se limitaba a proponer la oferta.Lo
tomas o lo dejas, sin más vueltas.Clavó la vista en el fondo del vaso vacío y lo
movió, con suavidad. Ni hechicero de la tribu ni mago del circo,ahora tenía el
aspecto de un vidente que ante la llegada del verano cambia la borra del café
por la de horchata.
—Aún no lo sé bien —agregó—,pero puede ser algo gordo.¿Te sigue interesando
lo voluminoso?
Dije que sí y de golpe me sentí contento,ya no me importaron los globitos
del gin-tonic. |