La fantasía como logos

Antonio Cardentey Levin

Desde la segunda mitad del pasado siglo, una tendencia en la narrativa hispanoamericana ha sido la presencia de mujeres que se dedican al llamado género fantástico. Si bien esta práctica narrativa ya contaba con brillantes cultivadores masculinos —y desde luego, no sólo en nuestro continente—, las décadas posteriores a 1940 conocerían no pocas narradoras que harían del enfrentamiento entre mundos ficcionales divergentes, una zona creativa muy fructífera y meritoria. (1) Tanto es así que ahora algunas de ellas constituyen, sin discusión, paradigmas latinoamericanos en este quehacer. En Cuba se produjo algo similar con la irrupción de varias mujeres en la década de los ’60, cuya escritura todavía sostiene en alguna medida la literatura de fantasía en la actualidad.(2) Entre ellas, una autora que ha mantenido una trayectoria sin grandes sobresaltos en ese discurso menos apegado a las leyes de la causalidad "real", es Esther Díaz Llanillo, quien con su último volumen de relatos, El vendedor de cabezas (Letras Cubanas, 2009), ratifica su vital entrega a la aventura fantástica.

Utilizo aquí el término "fantasía" en un sentido lato, ya que en esa palabra confluyen varias acepciones que abrazan la cuentística de esta autora.En primer lugar, porque Díaz Llanillo demuestra una fertilísima imaginación,que brota desde su pureza hasta conjugarse con ciertas preocupaciones existenciales. En segundo lugar, porque regula con acierto distintos niveles de realidad que exploran lo insólito, lo maravilloso, lo absurdo. En tercer lugar,porque apela a un modelo fantástico que no se limita a la complacencia literaria sino que intenta, con mayor o menor éxito, plantearse y cuestionar problemáticas humanas más inmediatas situándose en las fronteras, superando la chatura de lo "real" mediante un mecanismo de distanciamiento para iluminar nuestro ámbito de actuación.

Algunos de sus rasgos escriturales vienen rubricados por la influencia de autores clásicos de la vertiente fantástica ("Estudio de caso" es un cuento de regusto cortazariano y, por ende, deviene homenaje —una de las formas de la intertextualidad— al autor de Historias de cronopios y de famas; asimismo, "Tarde en la noche" le debe algo en su composición a "Continuidad de los parques"). Lo absurdo gotea en cuentos como "La espera", donde Kafka asoma su nariz con frecuencia y Piñera + Eliseo Diego hacen de las suyas en otros. La autora también se vale de procedimientos que invierten la lógica natural del suceder, característica visible en "S.O.S.", relato que recuerda inmediatamente al Carpentier de "Viaje a la semilla". No faltan tintes del realismo mágico en el excelente "El vendedor de cabezas",que sirve de título al libro,y la presentación de climas tenebrosos,deudores en alguna medida de Poe y de la literatura gótica. Estas resonancias permean su estilo y participan en la configuración del tono, la atmósfera y la tesitura de cada cuento.

Predomina una perspectiva natural y espontánea a la hora de narrar lo extraordinario,de modo que la acción avanza presentando al inicio lo inexplicable como una perturbación,como una descolocación psíquica, fruto de la imaginación, la (auto)sugestión, el agotamiento físico y/o mental, etc., hasta introducir claramente el elemento supranatural. Se instaura un diálogo o un contrapunteo, asociaciones o correlaciones, contrastes o identificaciones entre dos o más niveles de realidad, refrendado no pocas veces por el manejo ágil de los espacios narrativos,e incluso por la metaficcionalidad, o sea, la ficcionalización de problemas de la propia creación literaria (la búsqueda del lector ideal en "Amado").Díaz Llanillo gusta de juguetear con el tiempo mediante diversas anacronías u otras formas de trasmutaciones temporales (entrecruzamientos, inversiones, paralelismos, etc.); rara vez sigue una concepción lineal de la temporalidad.

Otros recursos no menos frecuentes son el uso creativo del dato escondido, muchas veces en hipérbaton para suscitar la sorpresa y efectos semejantes; las construcciones humorísticas de la anécdota,con destellos de ironía que salpimientan el proceso de lectura; la brevedad y economía de recursos expresivos, que a veces atenta contra la articulación sistémica de la trama. En sentido general, la sencillez de las estrategias linguoestilísticas y retóricas preside la factura textual.Todo ello obedece a las expresiones canónicas del relato breve, de ahí que reclamaría más audacia experimental con la malabares de la fabulación.

Ante todo, Díaz Llanillo construye los elementos fantásticos ilimitando las fuerzas volitivas del ser humano, apelando al poder infinito de la imaginación en tanto fórmula curativa, de conciliación con el mundo; de lo contrario, la pérdida de la identidad y la autenticidad desembocaría inevitablemente en el fracaso,la frustración o la inconformidad ("El vendedor de cabezas"). Para esto se apoya en objetos y seres fantásticos (las cajas,el intruso ["la presencia intangible","el personaje"], "un extraño ser", el extraterrestre, desdoblamientos del sujeto (el doble,el otro yo,clonaciones, zoom outo reducción del sujeto,o su prolongación genérica).

En sus libros anteriores ya habíamos distinguido casos de usurpaciones de la identidad -aquel "cambio de vida" manejado en las religiones de procedencia africana- reencarnaciones de variada catadura, las cuales persisten aquí con otros matices y reelaboraciones. En esta cuerda vale la pena señalar "La cita", un texto que confirma la fe de la autora en las capacidades internas del ser humano para materializar sus deseos, en este caso se trata de la reconquista de la juventud.Opera una suerte de intercambio etario en el que una anciana y un joven experimentan una especie de viaje (elidido), la una al pasado y el otro al futuro pero superpuestos en el presente,de modo que permutan sus respectivas edades.

Son muy comunes los contactos vida-muerte:la relación epistolar y burlesca entre una muerta y su médium para discurrir sobre la insospechada repercusión de los modelos sociopolíticos contemporáneos en la actualidad, en este caso referida a los media, con sus constructos, procederes, dinámica y miserias ("Anuncios fantasmales"); la visita de un muerto a sus amigos vivos,que subraya el valor de la amistad por encima de los constreñimientos lógico-convencionales ("Primer aniversario");el alma de un cadáver que se resiste a abandonar el cuerpo hasta tanto este no reciba los rituales funerarios sancionados por la tradición colectiva ("Por la puerta de atrás");etc.

Otro aspecto distintivo relacionado con lo anterior gira en torno a la dualidad, la ambivalencia enunciativa en función de hacer coexistir mundos, dimensiones,espacios difuminando las fronteras o sugiriendo su falaz existencia.En todos los cuentos se manifiesta una tensión que revalora las dicotomías ser-parecer, lo físico-lo mental, vigilia-sueño, locura-cordura, verdad-sugestión o realidad-imaginación. Así,en "Amado",por poner un solo ejemplo, la proyección feminista del texto trastrueca la perspectiva de una escritora reducida a su tradicional situación doméstica,atribuyéndosele un carácter ficticio, ilusorio, y eleva a un estatus real, genuino,a su alter ego,la mujer imaginaria,creadora, activa,deseante.

Para esbozar las destilaciones filosóficas de este universo, bastaría mencionar el afrontamiento de la soledad,la enajenación,el vacío existencial,el sinsentido, la inutilidad de individuos atormentados por sí mismos. Se concibe la muerte ya no como anulación sino vía de recuperación transitoria del pasado perdido,un estadio onírico que se conecta con la concepción mitológica de la muerte como hermana del sueño,(3) dimensión premonitoria, espacio de múltiples posibilidades, de adquisiciones y revelaciones. Díaz Llanillo establece puentes con Freud,ya no solo por la figuración onírica de las anécdotas sino también por la presencia continua de lo siniestro (Das Unheimliche),esa entidad cuyos caracteres acechan a los personajes provocándoles sensaciones de terror,consternación,miedo.

A la autora le obsesiona discursar sobre lo uno y el otro, la mismidad y la otredad, problemas que desautomatiza para estipular una mayor autoconciencia, ese autoconocimiento que fortalece al individuo a la hora de solucionar sus conflictos más consustanciales: el sentido de la vida, la capacidad para encauzar un destino propio,para hallar salidas ante las circunstancias más opresivas, etc. No en balde una marca paratextual inaugura este conjunto de relatos, la cita borgeana que bien podría ofrecer una de las claves de la obra de Esther Díaz Llanillo:"Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte es fatigar las largas soledades".

(1) Sería muy interesante, sobre todo para el debate feminista, analizar algunas ideas que podrían desprenderse de este fenómeno, como las posibles conexiones entre experiencia femenina y "literatura no realista" en tanto consecuencia de la potenciación efectiva de los roles de género, al punto de que no pocas escritoras se destacan por recrear mundos imaginarios, fantásticos, que las alejan de las contextos históricos en que se inscriben.
(2) Para ampliar y profundizar sobre el tema, véanse los libros de José Miguel Sardinas: Relatos fantásticos hispanoamericanos (Casa de las Américas, 2003) y Teorías hispanoamericanas de la literatura fantástica (Casa de las Américas, 2007).
(3) En Homero la muerte aparece como la hermana, incluso la hermana gemela, del sueño. En Hesíodo ambas coexisten en un palacio a la entrada del mundo de los muertos.

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