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Ella no puede parar
Leyla Leyva
Desde que leí por primera vez el libro de Soleida
Ríos, Escritos al revés (Letras cubanas), pensé en un
término que emplea la teoría literaria ocupada en
las últimas vanguardias: "poesía de manipulación
narrativa".
El libro,que en el final del 2010 recibiera con justeza
el Premio de la Crítica –si en realidad existe ese
tipo de justicia, la literaria–,maniobra con el relato
buena parte de él.
Escritura de la libertad,podría decirse la de la autora,
porque el experimento basado en el lenguaje,o el
elogio de la imagen,no es lo de Soleida,sino el mismísimo
juego, el intercambio, el incesante movimiento
de escritura y pensamiento. El no permitir
que la poesía se le muera cuando un mundo está fluyendo
de adentro hacia fuera y/o viceversa.
Ella no puede parar. Su orbe interior, el de las
construcciones,el acomodo ficcional,los referentes
a mano, las circunstancias de vida, evocaciones,
recuerdos,amigos, familiares… pueden encontrar
una existencia autónoma en su poesía, bastante
descriptiva en su totalidad.Allí se funda un cuento
que no termina nunca. Una fábula perpetua e
inusitada. Escenario ideal, diverso, que la contiene
hasta en detalles triviales en apariencia.
Su subconsciente no se interrumpe ni se nos
permite a nosotros como lectores dejar que nos
gane el aburrimiento.Pero además,ella sabe divertirse.
Mostrar y retirarse.Con aptitud.
Arcano,esa es la carta que ha destapado la bruja
Soleida,heredera de las de Michelet,como se autotitula
en el "Preámbulo/ Desvío" de estos Escritos al
revés. Zurda y no torcida. Misteriosa, aunque no
oscura. Esotérica, pero nunca exotérica.Así espera
que la veamos.Supongo.
ESTE ES UN LIBRO EN DOS MOMENTOS
En el primero, agrupa un conjunto de poemas
que estarían más en la línea del fragmento,aunque
sin desentenderse del engarce discursivo. Versos
de nervio estremecedor,con esa madera de la poesía
bien escrita que alcanza pronta distinción y que
discurre con singularidad.No parecida a otras,aunque
tal vez sí sea heredera de aquella inventivamente cercana a ella que es la de José Kozer.O de
la que mantiene hilos comunicantes, en formas
diversas,con Lezama o Ángel Escobar (de este último,
sobre todo se advierte la impronta de una
emotividad cercana en experiencias y pesares a la
de la poeta.Aunque en honor a la verdad,si hablamos
de maneras de asumirlas,la de Soleida posee
un sentido de la pausa y lo dramático distinto al del
autor de "Abuso de confianza").
Precisamente en esta parte inicial aparecen
tres poemas dedicados a Escobar: "Cobar…
Cobar… ¿No oyen?"; "Jungla y Ángel Escobar",
"Excogitar La Rueda". Una sección esta, con una
apertura corta, vigorosa, a la que le sucede
una segunda y final, ya en la página 39:
"Instalaciones", donde muchos de los poemas
se desentienden con mayor independencia de
las básicas herramientas de vanguardia para
ampararse, como desvío, en el lado narrativo
(con excepción de los poemas "En la punta",
"Desierto Rojo", y "Ante el monumento a los
obreros del ramo de marmolería y piedras de
pavimento", instantes de apego al
fragmento, al lenguaje en constante
animación, y que ubicados dentro de
los más textuales contribuyen a diversificar
la lectura).
"Instalaciones" cuenta con dieciséis
poemas escritos desde 1998 hasta
el 2005, entre los que destacan
"Composición y examen de una fotografía","
Escarcha de V.P.","Puente" y "Therese
Terziver". Poemas-textos que conversan,
dialogan con familiaridad y tienen lo que
podríamos considerar trama o un simulacro
de ella. También un escenario
mutable, como la imaginación o los sueños
o las alucinaciones de una creadora
que produce, sobre todo, con materia
emotivo-vivencial.
A amigos e hijos de vecino,Soleida Ríos
les coloca una inicial por nombre. En
otras ocasiones prefiere que sean protagonistas
con identidad definida. Imagino que ella ha apostado
a la idea de que referencia e imaginación,juntas
y revueltas,siguen un firme curso especulativo.
Algo,que según sus códigos,resulta de hecho otra
ganancia para sus cosmos.
Escritos al revés es un libro que poco encarga
a nuestra reminiscencias de lo lírico y que en su
necesidad de legitimidad nos mantiene vigilantes,
atareados, de cara a la escritura.
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