JOSE ANTONIO A LA HORA
ARMANDO CRISTÓBAL
Pocos recuerdan ya el más remoto origen del interés que –en otros tiempos– mostrara José Antonio Portuondo por la literatura policial. Por sí fuera necesario, en una entrevista,¹ él mismo se encargó de expresarlo abiertamente: "…Sigo teniendo la misma devoción y el mismo gusto por las novelas policiales que tuve desde mi juventud.² Sigo pensando que es un género literario importante y, como ocurre en todos los géneros literarios, hay obras de gran calidad y obras de pura pacotilla…"
Al reiterar su afición en esa oportunidad, casi a los 70 años, el Dr. Portuondo –a partir de una extraordinaria trayectoria social, política e intelectual y una sólida obra académica– era reconocido como uno de los más importantes teóricos en el ámbito de la literatura en lengua española. Seguramente su sostenida labor docente en universidades, y especialmente el hecho de que, durante diez años (1965-1975), dirigiese el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, habían contribuido a caracterizar su imagen pública como la del ilustre representante del pensamiento reflexivo cubano, que indudablemente era. En cambio, olvidaban su origen santiaguero y muchas otras cosas, entre ellas ese amor por el género policial, que de igual modo singularizaban su carácter como abierto, desinhibido, risueño, y jovial, en la mejor tradición nacional.
Nacido en 1911 y habiendo estudiado hasta el bachillerato en el emblemático colegio Dolores de la entonces ciudad capital de Oriente, Portuondo –apenas con 25 años– había sido ya coeditor de la revista Mediodía, y desde 1938 había dirigido el semanario Baraguá, "por la liberación nacional". Paralelamente, ya en ese período había dado a conocer públicamente sus ensayos Angustia y evasión de Julián del Casal (1937), Proceso de la cultura cubana (1938), Notas sobre el problema epistemológico en la filosofía de Maimónides (1939) y Pasión y muerte del hombre (1939). Dando continuidad a una extraordinaria carrera en ascenso, se trasladó a La Habana para realizar estudios de Filosofía y Letras en la Universidad, donde obtuvo el doctorado en 1941; ³ y en 1944 se desempeñó como uno de los editores de la revista Gaceta del Caribe.⁴
Pero es necesario hacer un alto en el recuento en ese 1944, hito de particular importancia en la biobibliografía de Portuondo. En esa fecha es becado por El Colegio de México, y allí realizó estudios e investigaciones de teoría literaria durante dos años, bajo la dirección del gran Alfonso Reyes.⁵ Y, precisamente –según la entrevista reseñada al inicio–, fue en ese año cuando se pronunció por primera vez a favor de la literatura policial ⁶ con En torno a la novela detectivesca. Es su primer acercamiento dialógico al género policial y –de alguna manera– un estudio comparativo de sus manifestaciones y autores más conocidos en el ámbito euroccidental. No es casual que tal motivación se manifieste entonces teóricamente. Contribuirán a ello, por una parte, la influencia del criterio de cercanos paradigmas literarios de la lengua, como Borges y Reyes; y por la otra, su conocimiento directo de la literatura estadounidense de esos momentos, que reforzará con una prolongada estancia académica en los Estados Unidos.
En ese texto, tras analizar las históricas tendencias inductiva y deductiva del género policíaco, Portuondo se refiere a un tema que le es especialmente querido: el del realismo en la literatura y el arte. "Esta es la característica esencial del tipo realista: su fidelidad a los datos que la circunstancia le ofrece, su pintura sin afeites de la sociedad en la que el crimen es una excrecencia que ilumina y denuncia una situación colectiva. Por eso es que los escritores del tipo de Dashiell Hammett y de Raymond Chandler no se inspiran, para sus obras detectivescas, en el ingenuo idealismo racionalista de Conan Doyle, sino en el realismo crudo y amargo, denunciador y combativo de Faulkner y de Hemingway…"⁷
No obstante, en esta ocasión no pretendo mostrar la enorme riqueza de la vida y obra del Dr. José Antonio Portuondo. En atención a mi objetivo principal, sólo me referiré ahora a aquel periplo –del que tanto provecho cognitivo obtuvo–, iniciado con su labor profesoral durante el bienio 1946-1947 en la Universidad de Nuevo México y el trienio de 1947 a 1949 en la de Wisconsin, en Estados Unidos. Con posterioridad disfrutó durante dos años (1949-1950) de una beca de la Fundación Guggenheim. Entre 1950 y 1952 fue profesor en la Columbia University of New York, y entre 1952 y 1953 en la Pennsylvania State University. Hasta que en 1953 regresó a Cuba. Momento crítico para la República –golpe artero a la nación, mayúsculo agravio al centenario martiano, reparación en el Moncada–, aquel cuando Portuondo regresa a su Universidad de Oriente. Durante ese largo período, no abandona sus investigaciones y ensayos sobre teoría literaria, como pone en evidencia su extensa bibliografía activa. Entonces, desde Cuba –pero publicado en México–, aparece un misterioso libro, casi desconocido, y aún ahora sin edición cubana: El heroísmo intelectual (México D.F., Tezontle, 1955),⁸ donde se sintetizan entrelazados, los principios axiológicos de su pensamiento ideo-estético. No en balde, las vidas y obras de Hemingway, Faulkner y Novás Calvo, desempeñan un papel protagónico en el conjunto de ese libro capital.
Y tras el retorno a la tierra natal, en medio de tales históricos y terribles acontecimientos, precediendo ese, que será uno de sus títulos más profundos, rigurosos y polémicos, es que José Antonio Portuondo vuelve al tema de la literatura policial. Será con su ensayo La novela policial en Hispanoamérica, escrito en Santiago de Cuba y publicada ese mismo año en la revista América (Vol.6,núm.9,septiembre de 1954).⁹ Ahora la agudeza de su indagación se vuelve hacia uno de los mundos literarios mejor conocido por él: la narrativa de nuestra América. Y fija el orto y caracteriza el fenómeno: "Desde hace algunos años –hay quien pone en 1925 la fecha inicial de su auge– no hay en Hispanoamérica géneros literarios de más amplia difusión que la novela y el cuento detectivescos".¹⁰
Sin embargo, dos páginas después, advierte: "la mayor parte de la producción que acabamos de esbozar corresponde a traducciones de obras extranjeras, principalmente anglosajonas. La producción hispanoamericana de novelas y de cuentos detectivescos no ha rebasado aún la etapa inicial de ensayos y de tanteos o de más o menos felices imitaciones de autores foráneos, sin que pueda hablarse, hasta hoy, de un efectivo y peculiar aporte hispanoamericano al desarrollo de la narración policial". Y concluye con una extensa y documentada indagación continental, donde muestra el resultado de algunos intentos valiosos.
Casi 20 años después, en otra entrevista, completará ese panorama, con una sucinta apreciación sobre la presencia de la literatura policial en Cuba, cuando recuerda: "La novela policial no ha sido producida, entre nosotros, hasta hace muy poco tiempo (…) El relato breve tuvo un buen cultivador, antes de la Revolución, en Lino Novás Calvo…"¹¹
- II -
DEL POLICIAL CUBANO¹
Cuando el Ministerio del Interior cubano convocó en 1972 por segunda vez su Concurso Aniversario de la Revolución para literatura policíaca –a la par de las múltiples actividades culturales de todo tipo que venía realizando–, entre los miembros del jurado y junto a su amigo (el acérrimo defensor de la literatura policial, el poeta, narrador y periodista, Félix Pita Rodríguez), se encontraba José Antonio Portuondo.¹²
Por supuesto, José Antonio había continuado desarrollando su labor profesoral, académica y diplomática, sus investigaciones teóricas, y escribiendo obras de significativo valor, tales como La historia y las generaciones (Santiago de Cuba, 1958), Bosquejo histórico de las letras cubanas (La Habana, 1960), Estética y revolución (La Habana, 1963), y Critique marxiste de l´esthétique bourgeoise contemporaine (Switzerland, 1970), entre otras muchas. Significativamente, en 1971 había dado a conocer un nuevo ensayo (Sobre la novela policiaca),¹³ en el que concluye exhortando a los escritores hispanoamericanos a devolver al género en crisis, no sólo su capacidad de deleitar, sino la de infundir un sentido más alto y optimista a la existencia.
Desde entonces y hasta su muerte, José Antonio acompañó al Concurso –como asesor y como miembro del Jurado–, al movimiento literario que originara, los polémicos debates que desencadenara, el proceso editorial y las nuevas ediciones y colecciones dedicadas al género.¹⁴ Y, en la medida en que el proceso maduraba, sus opiniones lo iban caracterizando y se iban profundizando.
En 1973 apareció otro ensayo sobre el tema: La novela policial revolucionaria.¹⁵ En él reflexionaba sobre los primeros resultados del Concurso Aniversario de la Revolución. Muy significativamente, en esta oportunidad abrió el marco de su apreciación a otros confines literarios. "Los países socialistas –subraya–, que habían mantenido una actitud de reserva y hasta de repudio en algunos casos frente al género, han acabado por sumarse al universal consumo y a la producción de relatos policiales…"¹⁶
Y un poco más adelante, describe la nueva producción nacional de la manera siguiente: "La novela policial nacida con la Revolución cubana aporta una nota nueva en el género, y es la que significa la defensa de la justicia y de la legalidad revolucionarias, identificadas, realizadas, no sólo por un individuo normal, sin genialidades, sino, además, con la colaboración colectiva del aparato policial y legal del estado socialista y la muy eficaz y constante ayuda de los organismos de masa, principalmente los Comités de Defensa de la Revolución…"¹⁷
A su perspicacia crítica y su experiencia vital no escapan los riesgos de un tratamiento equívoco de tema tan propicio a la politización en un texto literario, y aborda el problema de manera directa y franca: "El teque, es decir, la exposición apologética de la ideología revolucionaria, la propaganda elemental y primaria, el elogio desembozado de los procedimientos revolucionarios, es la forma en que puede degenerar la novela policial entre nosotros. Ya en el Concurso anterior señalamos este grave error que, en la actual ocasión, fue generalmente salvado por los escritores…"¹⁸
Y reafirma su convicción: "la Revolución cubana abre caminos a un modelo nuevo dentro de un género como la narración policial que es, sin duda, el más representativo de nuestro tiempo, un tiempo en el que la vida nueva emerge iluminada trágicamente por la muerte".¹⁹
Es entonces, diez años después, que reconoce al ser entrevistado: "sigo teniendo la misma devoción y el mismo gusto por las novelas policiales que tuve desde mi juventud. Sigo pensando que es un género literario importante y, como ocurre en todos los géneros literarios, hay obras de gran calidad y otras de pura pacotilla (…) Es muy significativo que en tan pocos años podamos ya exhibir un grupo de obras tan bien escritas y tan logradas…"²⁰
Un aspecto de particular interés en tal sentido –sobre todo tratándose de un teórico de tan gran relieve– es su juicio al comparar las obras del género policial con las de la novelística en general. Consigna que la novela, en tanto género literario general, había ido perdiendo vitalidad, "se había ido convirtiendo en un género solipsista, aburrido, completamente expresivo de eso contra lo cual todos estamos luchando, que es la alienación del hombre, la cosificación del hombre (…) Y de pronto las novelas policiales nos mantienen vivos".²¹
Y al referirse al policial cubano, añade que "ya ha logrado una nueva dimensión en el género (…) Aparte de que para el lector cubano tiene mucho más sabor de realidad una novela que se desenvuelve en su propio ambiente y que apunta a problemas que ve a diario". Pero cuando se le insinúa como reproche, cierto carácter evasivo en el género policíaco, responde: "Yo no creo que no tengamos derecho a ciertas dosis de evasión en nuestra vida cotidiana".
Al fin, tras casi un tercio de siglo, José Antonio alcanzaba la satisfacción de encontrar una realización estimable en un género nuevo de la literatura nacional, vinculado al proceso revolucionario, y de estirpe realista. Era la apoteosis de su vocación, a la hora del policial cubano.
Guanabacoa, 2011.
¹ En el centenario del nacimiento de José Antonio Portuondo, Premio Nacional de Literatura 1986, publicamos un acercamiento del conocido escritor Armando Cristóbal a los estudios realizados por el notable ensayista cubano al género policial. Algunos elementos de este texto aparecen desarrollados en el Panorama de la literatura policial en Cuba, libro que el escritor prepara para su próxima publicación.
² Martí, Agenor. Sobre acusados y testigos. Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1980, pp. 228 y ss.
³ El subrayado es mío.ACP.
⁴ Con una tesis, "pequeño libro orgánico" como le llamara su autor, publicada posteriormente con el título Concepto de la poesía, sin lugar a dudas uno de sus libros trascendentes. Ver referencia en Cristóbal Pérez, Armando. Literatura y sociedad en Cuba. Seis aproximaciones, Ed. Libertarias, Madrid, 2003, p.97, nota al pie 17.
⁵ Diccionario de la Literatura Cubana, ILL-ACC, t. 2, La Habana, 1984. Todas las referencias biobibliográficas pertenecen a esta fuente, salvo que expresamente se dé otra. También, en Cristóbal Pérez, Armando. "Breve semblanza bio-bibliográfica de José Antonio Portuondo", Revista Bimestre Cubana de la SEAP, volumen LXXXXI, ene-jun 1997,Época III,no.6,La Habana, pp.180 y ss.
⁶ Reyes había ya establecido un criterio que Portuondo asumiría: "Sobre esta novela policial me atreví a decir –y lo ha recordado recientemente Jorge Luís Borges en Buenos Aires– que era el género literario de nuestra época. No pretendí hacer un juicio de valor, sino una declaración de hechos…" (Alfonso Reyes, "Todo", México, 4-I-1945). Ver Por la novela policial, Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1982, p.191.
⁷ Martí, Agenor. Ob. Cit., p. 228. Ver además Portuondo, José Antonio, Astrolabio, Ed. Arte y Literatura, La Habana,1973.(En torno a la novela detectivesca, La Habana, mar/ Alburquerque, jul/ 1946).pp.49 y ss.
⁸ Portuondo, J.A.Astrolabio, ed.cit.,p.7.
⁹ Tal vez sea posible localizar algún ejemplar en bibliotecas públicas. Para conocer en detalles su contenido, elaboración y trascendencia, ver en mi libro Literatura y sociedad en Cuba: seis aproximaciones, ed. cit., el capítulo "Sobre el heroísmo intelectual de José Antonio Portuondo. La crítica y el ensayo", pp.91-131.De este texto tampoco hay edición cubana.
¹⁰ Este "oscuro" ensayo fue reeditado en 1973, en Astrolabio, ed.cit.
¹¹ Portuondo, J.A.Astrolabio, ed.cit.,p.97.
¹² Portuondo, J.A.Astrolabio, ed.cit.(Respuesta a cuestionario de la revista Moncada marzo de 1971),p.122.
¹³ Álvarez, Imeldo. Narraciones Policiales. Antología. Catálogo Cronológico. Ed. Capitán San Luis, La Habana,1993,pp.149 y ss.
¹⁴ Portuondo, J.A.Astrolabio, ed.cit., pp.119-124.
¹⁵ Hay que recordar que el movimiento y las instituciones editoriales cubanas apenas contaba con diez años de existencia en 1971.
¹⁶ Portuondo, J.A.Astrolabio, ed.cit., pp.127 y ss.
¹⁷ Ibid., p.129.
¹⁸ Ibid., p.130.
¹⁹ Ibid., p.131.El subrayado es mío.ACP.
²⁰ Ibidem.
²¹Ver nota 1.Martí, Agenor. Sobre acusados y testigos. Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1980, pp. 228-229.
²² Ibid., p.231. |