Bajo el manto de una metáfora exacta

Anele Arnautó Trillo

Emerio Medina Peña en poco tiempo se ha convertido en un escritor multilaureado. Ha obtenido casi sucesivamente los premios Julio Cortázar, UNEAC, Oriente y Casa de las Américas, por solo nombrar los más importantes, y ha publicado ocho títulos entre cuentos y novelas. Algunos de ellos son: Sarubí, el preferido de la luna (Ediciones Holguín, 2009), Plano Secundario (Ediciones Holguín, 2005), Las formas de la sangre (Ed. El mar y la montaña), Rendez-vous nocturno para espacios abiertos (Ed. Holguín, 2007) y El Puente y el Templo (Ed. Oriente, 2009).

Café bajo sombrillas junto al Sena (Ediciones Unión, 2010) viene avalado por el premio UNEAC de cuento "Luis Felipe Rodríguez", tras impresionar gratamente al jurado integrado por Eliseo Altunaga, Jorge Ángel Pérez y Laidi Fernández de Juan, quien escribió la nota de contracubierta de este volumen, donde señala: "Emerio Medina no parece ser un autor que se deje intimidar por una moda, por una tendencia o por la avidez del mercado. Ni siquiera le interesa experimentar. No busca temas que no hayan sido tratados sino concentra la fuerza de su lenguaje en contarnos anécdotas con la menor cantidad de vocablos posible. Podría decirse que algunos de los profundos dolores que padecemos hoy están reflejados literalmente en este libro bajo el manto de una metáfora exacta, una peripecia que nos parece conocida, pero que en el modo de contarse resulta original."

Quien se adentre en estas páginas encontrará historias de temas muy diversos, como el amor, la emigración, la muerte, la violencia, la prostitución, entre otros muchos que este autor sabe abordar con una visión profundamente humana, y nos convence de que es un conocedor y sobre todo un observador de conductas, de sentimientos, y de que sabe husmear entre los miedos, las ambiciones, las aspiraciones y también las costumbres y resignaciones de un complejo universo de personajes.

Emerio Medina no teme narrar desde la perspectiva de un estafador de ancianas, de un joven asesino, de un recogedor de cadáveres o de un muchacho que busca el sitio adecuado para salir del país. A ninguno lo juzga. Todos existen, tienen sus razones, su lógica y su realidad, que es explorada sin dudas con gran pericia.

El mejor de los cuentos, en mi criterio, es el primero: "Una cita en Estambul". Está rodeado de una atmósfera turbia, de dudas,  crea una especie de neblina con respecto a las intenciones de un turco que llega a Cuba en busca de una esposa adecuada.

Llamo la atención también sobre un relato muy imaginativo, de naturaleza fantástica, que en ocasiones roza el absurdo, titulado "El muro", historia cargada de misterio alrededor de ese bloque de piedras que rodea una ciudad, el cual muchos tratan de escalar durante las noches en que se celebran las fiestas a los Santos Protectores y terminan siendo una especie de ofrenda a ellos.

Aunque la mayoría de los cuentos se enmarcan en la realidad cubana, cabe señalar que en todos no sucede así. Por ejemplo, "Los Tikrits" sucede en la Siberia, y "Los locos de Adhamiyah", en Irak. En ellos se advierte un amplio conocimiento de estas regiones desde el punto de vista cultural, más allá del uso de topónimos y nombres rusos e iraquíes, respectivamente; y poseen un trasfondo mayor, muy bien trabajado, a partir de los sentimientos y las conductas particulares de sus personajes, que los eleva desde el punto de vista humano y los hace francamente universales.

El tema de la emigración aparece tratado de dos formas: la emigración hacia Estados Unidos en balsa (es el caso de "La salida" y "Segunda cama abajo", con sus peculiaridades) y la del campo a la capital (en "La propuesta"), traslado menos trágico, pero no menos doloroso, ya que se refiere al reencuentro de una pareja, separada por decisión de la mujer de irse para La Habana sin decirle nada a su marido. Aquí se ponen de manifiesto una serie de dudas, sueños y tristezas que hacen de "La propuesta" una pequeña joya por la gran sensibilidad humana que revela.

El mundo de la criminalidad también aparece reflejado en este libro, sobre todo en "Los culpables", la historia de dos estafadores, y en "Café bajo sombrillas junto al Sena", donde varios personajes tratan de robarle a un extranjero. El tema de la prostitución impregna numerosos relatos, desde diversos puntos de vista, pero siempre de una manera más realista que descarnada, más práctica que cruel, a manera de panorama en "Una cita en Estambul", o de ensueño frenado en "Café bajo sombrillas junto al Sena", o como centro de la historia en "De común acuerdo", o con sutileza en "Varadero". En éste último vale la pena destacar la manera tan cuidadosa y elaborada con que apenas se vislumbra una delicada situación. El narrador se coloca al nivel del conocimiento de un niño que, con gran ternura y sin abusar de la ingenuidad que caracteriza a estas etapas de la vida, va descubriendo que su hermana se ha ido a Varadero. Pero lo importante para el personaje de Luisito no es el problema de la prostitución, que no alcanza a comprender y quizás ni a saber, sino la ausencia, el profundo dolor de la ausencia de su hermana, mezclado con la tristeza y la vergüenza de sus padres, más la preocupación de sus profesores del politécnico. En este cuento se sienten ecos del famoso relato de Onelio Jorge Cardoso "Mi hermana Vicia", ya que ambos reflejan un tema tan polémico desde la perspectiva del hermano menor, y la verdad es que Emerio Medina ha dotado a su historia de nuevos matices y de una percepción muy aguda y rica, además de contemporánea.

Todos los cuentos que conforman el volumen están escritos con un lenguaje ameno y sencillo, de frases cortas y sentenciosas que aprisionan las ideas para extraerles una nueva arista cada vez. Tienen finales sorprendentes, inesperados (finales fantásticos como soluciones a problemas y situaciones comunes de la realidad, según expresa el propio autor), apenas percibidos entre sombras y murmullos, por lo que caen con todo su peso sobre los ojos del sobresaltado lector ; lector que siempre puede identificarse con uno u otro personaje, intrépido o abatido, resignado o feliz, carismático o aliviado; o tal vez verse en alguna que otra circunstancia de cada día que promete complicarse y escalar un muro de sueños, que quizás pudiera acercarlo un poquito más a las estrellas.

Dos novelas diferentes, una savia común

Daniel Díaz Mantilla

Dar fe de una existencia a lasombra, en una ciudad casi anónima del sur americano; desnudar los conflictos comunes, los sueños, las frustraciones de una mujer en su afán por sobrevivir, una mujer que escribe una novela sobre su propiavida, sobre su propio mundo al margen: una novela espejo, una mujer y su entorno en elespejo, descubriendo su intimidad, mostrando los resortes que la impelen, los nexos que la atan, las carenciasque llenan su tiempo... Eso es, en ciertosentido, Percusión y tomate, de la autora venezolana Sol Linares que, en 2010, obtuvo el Premio delConcurso Latinoamericano de Novela Alba Narrativa en su primeraconvocatoria.

Pero en cierto otro sentido, Percusión y tomate es más que el relato de las peripecias y pulsiones de una mujer. Con un estilo que se distingue por su fluidez y una mirada aguda, mordaz e irónica a ratos, y profundizando hábilmente en la psicología de sus personajes, esta novela es también una radiografía del laberinto de lo cotidiano, con sus contextos sociales marcados por la frustración, el hastío, el lento e inevitable envejecer; y es, además, una suerte de crítica a los discursos dominantes de nuestra época y a las imágenes que esos discursos construyen sobre el ser femenino y su lugar en el mundo.

Sol Linares exhibe en esta novela una manera propia de narrar y la madurez de una sensibilidad que sabe moverse, sin caer en la trampa de los estereotipos, entre la sordidez de lo marginal y el glamour publicitario, para arrojar luz sobre la vida en una ciudad del interior venezolano.

La obra que fue distinguida con el accésit del Premio Alba Narrativa del mismo año 2010,  Verde Alicia, del narrador y diseñador argentino Juan Pablo Fiorenza, es un relato que atrapa y sorprende al lector desde las primeras páginas. Interesante no sólo por el hábil manejo de la fragmentación y los cambios de punto de vista que contribuyen a crear esa atmósfera de creciente inquietud en que se desarrolla la trama, sino también por su capacidad para delinear en breves trazos, sin excesos descriptivos, un escenario donde oscuras fuerzas imponen su orden a través del control excesivo y un terror que no llega a ser explícito; esta novela vuelve con audacia sobre uno de los temas que obseden al hombre contemporáneo: el abuso de las tecnologías y el poder, en especial, sobre los avances en el estudio genético de la conducta y sus implicaciones legales. Es decir, sobre lo que significa ser humanos y libres.

La historia que nos cuenta Verde Alicia ocurre en un país imaginario que, después de todo, puede ser cualquier país en un futuro próximo. Su autor juega con elementos de la ciencia-ficción y el policial, aunque elude sus convencionalismos, sus salidas fáciles y previsibles, y esto hace que el lector se mantenga atento hasta el final, incapaz de anticipar el desenlace. Algo que, sin dudas, siempre se agradece.

  Son, como usted puede ver, dos novelas diferentes, como diferentes son nuestras realidades, como diferentes son también las miradas y las voces que desde el sur de este hemisferio tratan de aprehender la naturaleza y las complejidades intrínsecas de la misteriosa experiencia de existir. Espero que en sus sucesivas entregas, el Premio Alba Narrativa continúe trayendo a manos del lector esa diversidad saludable de estilos y circunstancias, de tradiciones y proyectos vitales, entre los que fluye, como una savia común, el ser de nuestra América.