Escribir es como descubrir el inconsciente al público

Entrevista realizada por la profesora universitaria norteamericana Lisa Nalbone al escritor cubano Ricardo Viñalet.

¿Qué escritores, en el sentido más amplio de la palabra, son sus favoritos? ¿Quiénes le sirven de modelo, de inspiración, referente a su escritura?

Si interpreto las palabras "modelo de inspiración" como escritores capaces de hacerme reflexionar, coincidir o no con ellos, dialogar, incitar mi pensamiento y sensibilidad hasta el punto de hacerme sentir vivo y deseoso de escribir, podría mencionarte a varios que, de hecho, se hallan hoy día entre mis favoritos. Lo he dicho de este modo porque en la medida que pasan los años y se madura, se acrecienta el caudal de lecturas, y a la vez se tiene conciencia de cuánto falta por leer y autores por "descubrir". Un grupo de mis predilectos cuando yo era joven se me ha ido distanciando. Otros no. Y algunos de los que me he tropezado más tarde, siguen marchando conmigo... o yo con ellos, no lo sé. Lo cierto es que continué visitando a Cervantes, especialmente al Quijote, Quevedo, Galdós, Tolstoi, Chejov, Henry James, Flaubert, Dickens y Chesterton. Tengo un sitio especial para José Martí. Me agradan mucho Julio Verne, A. J. Cronin, Augusto Monterroso, García Márquez, Vargas Llosa, Carpentier... y me resulta entrañable José Saramago.

Por supuesto, el listado es mayor y también se abre a la poesía y al pensamiento, mas solo he deseado mencionar ciertos nombres establecidos, dado que existe una fuerte presencia de autores jóvenes que te provocan de igual manera. Me he referido a unos pocos escritores que habitan mi Olimpo personal, más relacionados con la narrativa y de alguna manera el ensayo. Si algo de lo que he escrito o pueda alguna vez llegar o solo traspasar la suela de sus zapatos, consideraría que mi vida intelectual ha tenido sentido. Se trata, pues, de nutrientes germinativos y no de "modelos de copia", que para mí no existen ni en realidad creo hayan existido nunca.

Actualmente usted se dedica a la investigación. ¿Pudiera compartir con nosotros el enfoque de algunos de sus proyectos recientes y/o en proceso?

Me he sentido atraído por la investigación desde los tiempos de estudiante universitario. Excelentes profesores abrieron esas compuertas que nada ha logrado cerrar después. Durante muchos años, alrededor de treinta, ejercí la docencia en la Universidad Pedagógica de La Habana, donde enseñaba literatura española, si bien hice determinadas incursiones por la literatura universal y, en menor medida, por la hispanoamericana y cubana. Siempre compartí el aula con la investigación y la escritura. A partir de 1995, en que pasé a trabajar al Instituto de Literatura y Lingüística me dediqué a la investigación, ahora con incursiones ocasionales solo en la docencia postgraduada y como conferencista en diferentes centros y universidades, tanto en Cuba como en España y los Estados Unidos fundamentalmente. Creo que mi trayectoria docente, sobre todo, explica el sentido y enfoque de los proyectos investigativos más recientes, esto es, me interesan sobremanera la figura de Fernando Ortiz, y las relaciones interculturales cubano-españolas. Así, he venido trabajando sobre nuestro paradigmático intelectual en el abordaje de la faceta relativa a sus vínculos con España, muy poco estudiada aunque parezca asombroso. Publiqué en el año 2001 el libro Fernando Ortiz ante las secuelas del 98, donde analizo el proceso de formación académica de don Fernando y su obra escrita hasta 1926, sus nexos con intelectuales españoles portadores del pensamiento más renovador en su tiempo, de modo especial, con Unamuno y Rafael Altamira. También cómo leyó e interpretó por ejemplo, a Pérez Galdós, hasta el punto de reescribir su novela El caballero encantado, con el título de El caballero encantado y la moza esquiva. Uno de los hechos más relevantes que tiene lugar a lo largo de la etapa es, a la vez, la hondura patriótica e identitaria que va alcanzando y la penetración mostrada en sus ideas a propósito de ciertas coincidencias entre Cuba y España como resultado de la guerra Hispano-Cubano-Norteamericana culminada en 1898. En fin, se trata de un tema amplio y complejo. Me he sentido satisfecho, pues el libro obtuvo los premios de Investigación Cultural y el otorgado por la Academia de Ciencias de Cuba en el año 2001, al tiempo que ha ido ganando un espacio entre varios estudiosos de diferentes países.

Casi de inmediato di continuidad al tema, tomando como eje la creación por Fernando Ortiz, en 1926, de la Institución Hispano-Cubana de Cultura, y su desenvolvimiento hasta que cesó en 1947. Es otro universo fascinante que aporta nuevas dimensiones en el tratamiento del asunto, enmarcado por diferentes coordenadas históricas. En lo esencial, he trabajado con fuentes de los archivos del Instituto de Literatura y Lingüística de La Habana y con las tres revistas que a lo largo de su existencia ella editó. Me refiero a Mensajes de la Institución Hispano-Cubana de Cultura, Surco y Ultra. Como resultado principal, he concluido un libro, aún inédito lamentablemente, que titulé Fernando Ortiz y España desde la Hispano-Cubana de Cultura. No obstante, algunos resultados parciales de la investigación he podido presentarlos en varios congresos, y también como artículos para determinadas publicaciones especializadas.

De manera coincidente con ambas investigaciones, he venido trabajando desde 1996 en torno a la recepción de Pérez Galdós en Cuba. De hecho, han sido varios proyectos sucesivos: primero Galdós y Ortiz, en un inicio parte del estudio ya mencionado, que ocupa el primer capítulo del libro. Luego, se fue independizando porque don Benito cada vez se perfilaba más como una tentación investigativa. Las Actas de los Congresos Internacionales Galdosianos, a partir de 1997 hasta el último del año 2009, van recogiendo la continuidad: presencia en el movimiento editorial cubano como el novelista extranjero más publicado en los últimos cincuenta años, Galdós en las publicaciones periódicas nacionales; en el sistema educacional secundario y universitario de Cuba; y documentos de archivo, papelería atesorada en la Casa-Museo Pérez Galdós en Las Palmas y en el Fondo de Personalidades del Instituto de Literatura y Lingüística donde hay documentos de notable interés, algunos sorprendentes diría yo. Pero al respecto no quiero adelantar. Son proyectos en ejecución –como preguntabas– y se me hacen entrañables, para decirlo con absoluta franqueza.

¿Podría profundizar sobre la producción de, o el interés en, los escritos literarios en la Cuba de hoy, específicamente en los géneros novela, drama, poesía?

Es una pregunta compleja, sobre todo porque "la producción de", "el interés en", "la Cuba de hoy" y la división en géneros literarios son, cada una de ellas, formulaciones que requerirían considerables tiempo y espacio para ser respondidas adecuadamente. Además, todas se interrelacionan de múltiples maneras, desde las más evidentes –como, digamos, los problemas económicos del país y la producción de libros–, hasta otras más sutiles o menos perceptibles. Por ejemplo, ¿hasta dónde se corresponden los intereses en lectura con los libros editados? ¿Ha ido produciéndose algún "desgaste", se hace repetitivo el tratamiento de ciertos temas, como el SIDA, el homosexualismo y los balseros? ¿Han ido perdiendo actualidad, o sensacionalismo? ¿Se trata de que merma el interés por ellos o han ido variando las circunstancias de la sociedad cubana? ¿Puede seguir hablándose de géneros literarios puros o se hacen cada vez más difusas las fronteras y van produciéndose "híbridos"? ¿A qué llamamos "la Cuba de hoy", a la de un hoy literal, a la de hace dos años, diez, a la que comenzó a perfilarse bajo el eufemismo de "período especial", a la Cuba de la influencia soviética, a la que surgió con la Revolución en 1959? Como ves, se trata de un panorama imposible de enmarcar en blanco y negro, mucho menos de sintetizarlo en la respuesta que se da para una entrevista de este carácter. Sin embargo, me sirve para intentar una aproximación –y nada más– de cuáles son, al menos, algunas de las palpitaciones más intensas que nutren a la literatura que ha venido escribiéndose, y se escribe, en mi país. Por todo ello, considero que las letras cubanas, hoy –y uso un hoy sin demasiada delimitación temporal, una especie de hoy que es siempre todavía y de un pretérito siendo, porque me refiero a un proceso–, tienen una calidad apreciable, son fruto del talento amasado con esperanzas y frustraciones; han aportado al caudal de las literaturas hispánicas en una dimensión no estudiada aún dentro ni fuera de Cuba (fuera, mucho menos, porque apenas se conoce en el exterior a la inmensa mayoría de los escritores cubanos que publican sus obras en las editoriales nacionales), están llenas de magia y asombros. Para resumir: en mi opinión, el estudio a fondo de la literatura cubana de los últimos cincuenta años introducirá no pocos matices nuevos en la hispanística, entendida en su más amplio sentido, y también sorprenderán los muchos descubrimientos que esperan a quienes emprendan la faena. Estoy seguro, además, de que no pocos nombres desconocidos hoy tendrán su merecido espacio.

¿Cómo describiría el proceso creativo de los cuentos que ha publicado?

Aunque en mí funcionan ciertas regularidades (imagino que a todo escritor le ocurre lo mismo), ellas actúan más durante la etapa "técnica" del proceso, esto es, al redactar. He desarrollado una suerte de "metodología" que cumplo con rigor, si bien –creo– se trata de la parte menos interesante de la creación porque consiste en el "oficio", en el ejercicio profesional. Por ejemplo, si un cuento no sale de una sentada por diversas razones (de extensión u otras), nunca abandono el trabajo sin saber como lo continuaré al retomarlo. De no hacerlo así, se me dificulta mucho recuperar el tono y el estado de ánimo, que son dos de los elementos esenciales que dan unidad y coherencia a una obra, por lo general más que el tema en sí mismo. También acostumbro a releer lo escrito y hago cambios, muchos, ya sea de sintaxis, de palabras o reconstruyo completamente las oraciones. No alcanzo la relajación hasta que hallo el término exacto que necesito, y esto puede ser agónico. A veces aparece en medio de la madrugada y del sueño. Cuando ocurre, debo anotarlo de inmediato para que no se escape. Se me han perdido palabras que jamás he vuelto a hallar, porque no hay sinónimos. En un contexto dado, solo cabe ese vocablo. Es decir, la escritura propiamente dicha genera relaciones especiales entre el escritor y la palabra. Por ello, uno va organizándose un modus operandi que acaba siendo parte de ti mismo, de ahí que toda esa zona del proceso se integre –como las voces antes entrecomilladas: técnica, metodología y oficio– en el haz artesanal de la creación, para mí –repito– el menos interesante aunque para nada el menos importante. Ahora bien, el acto de escribir, que por supuesto forma parte del proceso creativo, es consecuencia de la "iluminación". Ella es un hallazgo de naturaleza racional o intuitiva, o ambas, una manera de sentir, mirar y percibir. Ni más ni menos que el denominado "hecho poético", que sobreviene a veces como idea, otras como formidable chispazo, y también a menudo se encuentra presente en la realidad en tanto circunstancia. Por todos esos caminos, u otros menos frecuentes, han surgido mis cuentos. Cuando ocurre, me doy cuenta de inmediato e intento algún apunte para que no se desvanezca.

Interesante pregunta porque me obliga a observar la naturaleza de acontecimientos que ocurren dentro de mi sensibilidad y en mi personalidad, para hacer conscientes fenómenos que por lo general discurren sin que yo medite sobre ellos, que viven soterrados pero alertas y mantienen viva mi cualidad de escritor –escritor de ficción quiero decir en este caso–, ya que la investigación y el ensayo transitan por otros senderos. He tratado de responderla del modo más breve y concreto, aunque imaginarás que cada cuento ha tenido –desde este punto de vista– su proceso creativo propio y podría estar horas refiriendo anécdotas de como surgieron. Una vez tuve una experiencia parecida, hace varios años en Santander cuando fui invitado a charlar con estudiantes de la Universidad de Cantabria y me preguntaron sobre la génesis de varios cuentos. Es como descubrir el inconsciente al público y desnudar una de tus áreas más profundas e ignotas.