Pedro Péglez González


Pedro Péglez González (La Habana, 1945). Poeta, periodista, crítico literario e historietista. Ha publicado, entre otros libros de poesía, La cuidad como testigo (1986), Los estertores del agua (1998), Tribulaciones del arca (2002), Últimas puertas podadas por la nieve (2005) y Rumor de pan (2008). Obtuvo el Premio de Poesía Regino Pedroso y el Premio Iberoamericano de Décima Cucalambé en dos ocasiones.

El manzano

Los surcos y el bisonte llevan todos los brazos
            los sudores juntísimos
            contiguos.
Pero     ¿y el pecho del guerrero?
            ¿no lleva acaso un solo cuello?
¿a su brillo sin doble otro cansancio
            no le está prohibido?

El héroe es un manzano
que crece solitario en el centro de un hombre.
Puede abrazar sus ramas a las de otro
pero no su raíz
            el géiser de sus venas
            su pulso fascinante.
Pero     ¿y las flores?
            ¿y las lágrimas dulces del manzano?

Círculos del tiempo

Porque ya no seremos fugitivos
            del agua y de la sed
ni dejaremos rostros de rodillas
            sobre el susto del lago,
            Animzay, Animzay,
tu pelambre desciende del cacique
y atrás sólo nos queda otra inocencia.

Porque siempre seremos los maderos
            del agua y de la sed,
            Animzay, Animzay,
dejamos ahora quieto el temblor de la orilla
bajo el pie de tus hijas:
las ondas las esperan
quizá para mostrarles tu mejilla
            sin las rayas del tiempo
quizá para anunciarles en los ojos
            la próxima escapada.

Sin despido ni duelo

Pero ah las estrellas
las estrellas venían alguna
            que otra vez
las estrellas venían
(eso sí de una en una)
le tomaban las manos al claro
            de la noche
bebían de su luz por todo el pecho
y se lo renovaban
de unos fuegos más blancos
que al punto parecían
ser el único fuego de la tierra

las estrellas venían
            para que se encontrara
restauraban su azul de atabey
            en el torso
y luego se marchaban sin despido ni duelo
a su nido de sombras
sobre el agua desvalida del taino

adónde va a parar el pecho entonces.

Leyenda al pie del agua

Animzay la pequeña
la hija del cacique
se asomó a la laguna
que devolvió su imagen.

Presa acaso de algún divino miedo
decidió contemplar inamovible
aquella magia
y prefirió la sed
a beberse a sí misma.

Soy un rompecabezas

Soy un rompecabezas defectuoso:
Pieza a pieza mi tiempo me fue armando
este rostro mandón (sin don de mando),
esta mezcla de audaz y cauteloso.

No hay reposo sin guerra en mi reposo
y mi guerra la vivo acomodando.
(Lo que es normal, mi amigo, siempre
            y cuando
no sea el acomodo indecoroso.)

En fin, yo te aseguro que en mi esbozo
mucha gente feliz dio su retazo,
su mejor buena fe, y ése es el caso

y la mayor razón de mi alborozo:
Soy un rompecabezas defectuoso
pero ve cómo alumbran mis pedazos.

Pero

Dices bien oh patriarca:
Nuestro corazón es rojo y dulce
para todas las lenguas de la tierra.
Dices bien oh patriarca de los siux.

Pero no llevan lengua las langostas
devoradoras de manzanas.