Una literatura de la realidad con una enorme voluntad de ficción
Conversación con Enrique Cirules
Basilia Papastamatíu
En todos los temas que el escritor Enrique Cirules (Nuevitas, 1938) aborda, siempre resulta muy evidente su pasión por lo cubano. Pero no a través de la expresión de las características más visibles, más cercanas, de la vida cotidiana y cultural de nuestra isla, sino de lo que se suele llamar en estos tiempos "la Cuba profunda", aquella de la que casi nada se sabe, casi nada se ve ni se habla, pero que, sin embargo hace la historia y la memoria del país, y está en su esencia y en la prefiguración de su destino.
Recordemos sus libros más reconocidos: Conversación con el último norteamericano, Premio 26 de Julio 1973; La otra guerra; La saga de La Gloria City; El imperio de La Habana, Premio Casa de las Américas en 1993 y Premio de la Crítica en 1994; Los perseguidos, Premio 26 de Julio 1972; Hemingway en la cayería de Romano; y los más recientes, La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana, 2004 y Santa Clara Santa, 2007, primera parte de una trilogía narrativa.
Sobre este modo de hurgar en los vericuetos de la vida nacional a través del lenguaje literario, quisimos dialogar con él:
En tu obra se ve una relación a veces muy complicada entre la ficción y lo testimonial. ¿Quién gana la partida? ¿La realidad o la ficción?
¿Te refieres a una relación entre la cultura, la historia y la literatura? Creo que sí, mi obra está muy influida por la poderosa cultura cubana. Para mí la escritura es un gran desafío. Lo que ocurre es que no siempre los autores reconocen sus métodos de trabajo ¿Acaso La Guerra y la Paz es una obra de total ficción? ¿Y Madame Bovary? ¿Qué se entiende por una obra de ficción? ¿Cómo entender entonces la obra de Balzac? ¿Es la saga de Proust obsesiva con la realidad? ¿La obra de Cervantes es sólo una obra de la imaginación? Detrás de Shakespeare, de Dostoievski, de Stendhal, Thomas Mann, Hemingway, Faulkner o Carpentier, ¿cuánto hay de realidad, cuánto de ficción? Cuánto de una profunda investigación, observación de la época, una reflexión meditada, organizada, meticulosa, en la búsqueda de formas y estructuras, lenguajes y técnicas capaces de expresar realidades creativas.
Reconozco que estoy profundamente influido por esa relación existente entre la cultura cubana y su devenir histórico, y en ocasiones me he preguntado ¿cómo debe ser para mí la literatura en un país con una historia tan épica, tan fascinante? ¿De esta cultura nuestra tan encantadora, tan maravillosa? Conformada con todas las culturas de España, todas o casi todas las culturas negras al sur del Sahara, y de la sabia, delicada y paciente cultura asiática. Los grandes temas de nuestra cultura, de nuestra historia, están todavía casi intocados.
¿Qué encuentras tan apasionante en la realidad como para serle fiel en tu narrativa?
Tengo un concepto muy propio de la realidad: para mí la realidad es múltiple, diversa, incluye los sueños, las esperanzas, el proceso de la imaginación, no sólo la experiencia de lo vivido, de lo escuchado y lo visto; sino también lo presentido, las premoniciones, el influjo de los mitos y leyendas, y hasta los prejuicios. Concibo a la realidad como algo absolutamente totalizador, en una cultura como la cubana, de una riqueza y una diversidad extraordinaria. Un fenómeno fascinante, asombroso. De esa manera han surgido mis textos, siempre estoy deslumbrado con el encantamiento mágico de la realidad, capaz de sumergirnos en los más increíbles espacios de la imaginación. Algunos de mis libros, a los cuales pudieran imputarse el influjo de lo testimonial, de una manera muy especial de lo testimonial; porque nunca he utilizado grabadoras, ni apenas apuntes; sino un intenso intercambio de conversaciones, donde se hace presente la evocación y la nostalgia de los personajes, de los protagonistas, a través de cientos de horas, de muchos meses, hablando acerca de la historia que deseo construir, hasta que en un instante, yo mismo llegó a sentirme el personaje narrador; de esa manera me he sentido William Stokes y Jaime Cassielles, o los pescadores y tortugueros, antes de comenzar a escribir Conversación con el último norteamericano, o Los guadafronteras o La vida secreta de Meyer Lansky. En otro sentido, algunos otros libros míos responden a una rigurosa investigación histórica o literaria: el tema de Hemingway o La saga de La Gloria City, Extraña luz en la tormenta o Bluefieds. El asunto es de otra naturaleza. De un trabajo intenso para encarnar con palabras esos temas, buscando siempre una comunicación absolutamente persuasiva. Es un desafío, un constante desafío, por alcanzar con todo rigor lo que debe ser toda buena literatura.
¿Alguna vez hiciste literatura de ficción, de imaginación, algo que tenga poco que ver con la realidad misma?
La respuesta sería inversa. He tratado de construir una literatura de la realidad con una enorme voluntad de ficción.
Sin embargo, Conversación con el último norteamericano es una obra más pegada a la realidad, que la novela Santa Clara Santa, donde se revelan muchos elementos de la ficción. ¿Qué ocurrió con Santa Clara Santa?
Santa Clara Santa es una novela de otra naturaleza, con cuatro líneas narrativas: la familia Altamirano no es otra que la célebre familia de los Tristá de Santa Clara. Esa línea narrativa fue construida a través de una extensa investigación histórica, de años. Las tres restantes líneas narrativas responden a una pura invención: el coronel Vargas, Hert Blixen y los personajes del Condado. Donde también hay una absoluta fidelidad a la realidad es en el abordamiento de la ciudad. Santa Clara es el personaje más importante de esa saga.
¿Cómo haces literatura?
Con mucha pasión. Trabajo un texto durante años, a veces de manera terca, obsesionado. Algunos textos constituyen pura historia, como El imperio de La Habana. En otros, he tenido la sensación de estar viviendo realidades paralelas. Textos que han brotado de la más absoluta imaginación, como son la mayoría de mis cuentos y relatos. ¿Pero es sólo la imaginación? No lo creo, detrás de cada historia creativa, literaria, existe una intensa relación, a veces casi mágica. En eso ha influido mucho el paraje donde nací, en una zona costera, marina, plagada de leyendas.
He tenido la dicha o la desgracia de tratar algunos temas insólitos en la cultura cubana, temas que otros autores antes no habían tocado. Temas que no habían sido antes abordados. Eso crea siempre dificultades en la creación literaria. Pero de todas formas, debo reconocer que he conocido algunos personajes que arrastraban historias más fascinantes que las que se pudieran construir con la imaginación. Es el privilegio de haber vivido y haber trabajado en un puerto, en contacto con los navegantes de casi todas partes del mundo.
Y con tus libros sobre la mafia, ¿qué fue lo que ocurrió? ¿Plagio o estafa?
Ambas cosas. Los libros míos sobre la mafia son muy tentadores para el plagio y para la estafa. El periodista newyorkino me menciona en 120 ocasiones para legalizar el plagio; pero en realidad es una estafa, aprovechándose de la impunidad que le otorgan las relaciones de intolerancia oficial de Estados Unidos contra Cuba, y contra un escritor que reside en La Habana. De cualquier modo, como ya lo he dicho, la manipulación de mis libros es algo que está naciendo herido de muerte.
Y en el futuro, ¿vas a perseverar sobre estos temas?
En alguna medida. Pero también, hace muchos años que arrastro en mi imaginación otros textos. Tengo pendiente la escritura de alguna que otra novela, después que concluya con la revisión final de Misterio y fascinación en la Gloria City. He escrito todavía muy poco sobre mi comarca, sobre la fabulosa cultura del Camagüey, la tierra de mi nostalgia, y de ese encantador paraje que es Nuevitas. La ciudad donde nací.
Debo trabajar también el tema de los cubanos en la guerra de España de 1936-1939. El destacamento de los cubanos fue el mayor, de acuerdo a los tres millones y medio de habitantes que tenía la Isla en la década del treinta. Los cubanos en España pelearon fundamentalmente en la XV Brigada Internacional Abraham Lincoln, y en todas las agrupaciones militares de la República contra el fascismo.
¿Qué esperas y qué es lo que más te interesa de la literatura?
Como escritor, siento que ahora es cuando estoy empezando. Me acerco a la creación literaria, a la literatura, como si en realidad se tratara de algo casi místico. Lo hago con disciplina, con rigor, con entrega, asombrado con la historia de nuestro país. Me interesa mucho leer, estudiar a los grandes maestros universales; y a los escritores cubanos que me antecedieron; y sobre todo a mis contemporáneos, y a los jóvenes. Creo en la cultura cubana y en su literatura, y me interesa mucho observar, reflexionar, descubrir. Los últimos cincuenta años han sido extraordinarios para la cultura cubana.
¿Algo más?
Sí, algo que me obsesiona. Nosotros los cubanos hemos estado asediados siempre, al filo siempre de la navaja, en este cruce de mares, herederos de una cultura y una historia tan épicas. Por lo que a veces me pregunto, ¿cómo debe ser y será para mí la novela cubana del siglo XXI? |