Una biografía que ya es también una leyenda

Isabel Allende

El título del libro de Julio A. García Olivera, publicado por la Editorial de Ciencias Sociales, induce a pensar que vamos a leer una biografía, lo cual no sería poco tratándose de una figura de la talla de Ho Chi Minh, héroe de héroes. Sin embargo el  libro es mucho más que eso, es la historia no contada por nosotros o mal contada por otros de la larga lucha por la liberación del pueblo vietnamita. Es también testimonio inigualable de la solidaridad del pueblo cubano con el pueblo vietnamita, que el autor va presentando en los diferentes momentos de la lucha contra la invasión yanqui, que coinciden también con momentos de especial significación para la Revolución Cubana y el movimiento revolucionario mundial, como fue la celebración en La Habana de la Conferencia Tricontinental, cuyo 45 aniversario hemos conmemorado el pasado mes de enero. El mensaje del Che a esta conferencia resalta con su proverbial genialidad el aporte internacionalista que hacía el pueblo vietnamita al enfrentar la agresión del imperio.

Julio dice que cuando fue designado embajador en 1966 conocía poco de Vietnam y que quizás su única referencia anterior fuera la obra martiana "Un paseo por la tierra de los Anamitas". Lo cierto es que al igual que Julio, salvo lo escrito por Martí, poco conocíamos los cubanos de aquella generación de Vietnam y en general del mundo que no hubiera sido la información distorsionada de la prensa burguesa cubana subordinada a la visión interesada de los Estados Unidos y su política exterior.

Fue la Revolución cubana la que abrió las puertas de Cuba al mundo y dio al pueblo la oportunidad de comprender realidades bien conocidas por nuestra intelectualidad revolucionaria pero, hasta entonces, insospechadas por la mayoría de nuestro pueblo.

Fue a partir del 59 que conocimos que China era algo más que Formosa, que en Indochina había una batalla por el socialismo y que el pueblo vietnamita era protagonista principal. Fue Fidel, personalmente, nuestro maestro en este conocimiento.

Sin embargo, hasta la publicación de este libro, no conozco que hubiera obra cubana que sistematizara, desglosara, trabajara, indagara y presentara los detalles de la gesta vietnamita en toda su dimensión. Julio lo hace, dedicando un capítulo completo a esa lucha de nueve años contra los intentos de Francia de recuperar su dominio colonial. Nos explica magistralmente las consecuencias de que la Confe- rencia de Ginebra haya refrendado la división artificial resultante de Postdam, desbrozado el camino para la intervención militar abierta del imperialismo yanqui que se produciría en 1961. Nos relata casi al día los principales momentos de la guerra y del entorno internacional en que se desarrollaba y los conflictos internos en los propios Estados Unidos, la división de tareas entre la otrora Unión Soviética y la China de Mao. Nos dibuja cómo fue surgiendo, cito, "un vasto movimiento nacional y popular que agrupaba a todas las clases sociales, grupos étnicos, diversas sectas religiosas y grupos políticos, en fin a toda una población que tenía una larga experiencia de lucha política y armada".

Siempre hemos estado conscientes de que el heroísmo del pueblo vietnamita es inconmensurable, gigantesco, pero este libro nos presenta la inmensidad de la lucha, el sacrificio sin igual, la inteligencia y tenacidad de ese pueblo, que mereció el dirigente que tuvo.

La personalidad de Ho Chi Minh aparece en su justo marco. No se podría conocer verdaderamente si no se profundiza en su razón de ser, como bien hace el autor. Su extraordinaria inteligencia, su sagacidad, su capacidad como estratega militar, sus principios, su entereza se dan a conocer al presentar su genial conducción de la epopeya vietnamita. Su contribución a las más nobles causas de la humanidad no ha sido hasta ahora suficientemente divulgada y nunca se había presentado, como en esta obra, en toda su grandeza.

Quisiera destacar la información que se nos brinda, en el capítulo IV, sobre la visita de los compañeros Raúl y Dorticós a Vietnam, a pocos días de haber llegado el embajador García Oliveras a su sede. Nota simpática de los avatares por los que en ocasiones pasa un embajador, cuando se le anuncia alguna delegación de la que él no tiene conocimiento. Mas lo importante es el relato que demuestra inequívocamente la solidaridad entre ambos pueblos y su decisión de resistir frente a otras poderosas ideas y en medio de los conflictos internos que dañaban al entonces existente campo socialista.

Las palabras de Ho Chi Minh sobre Cuba, sobre nuestra gesta revolucionaria y su significación y su calificativo de hermanos para los cubanos trascendieron ese momento. Si entonces los niños vietnamitas identificaban a Fidel en toda persona con barba, los cubanos tenían como paradigma de gesta revolucionaria e independentista a la vietnamita y muchos de ellos no dudaron en hacer realidad aquellas palabras del Comandante en Jefe de que por Vietnam estábamos dispuestos a dar nuestra propia sangre.

Esta acción internacionalista desafortunadamente no es suficientemente conocida en Cuba y mucho menos por las nuevas generaciones. Julio nos da esa oportunidad al rendir tributo a los cubanos que cayeron en esa gesta, al divulgar sus nombres poco conocidos. Son muchos los valores del libro, pero éste es particularmente importante para la formación de las nuevas generaciones, para su educación y para hacer realidad el apotegma martiano con que el autor comienza su introducción. Julio ha honrado y se ha honrado a sí mismo con esta obra, ha honrado a dos pueblos y al conductor de una de las gestas más heroicas que ha conocido la humanidad.

De las palabras de presentación del libro Ho Chi Minh el patriota. 60 años de lucha revolucionaria, de Julio A. García Olivera (Ciencias Sociales, 2011)