La otra lectura: apuntes sobre hipertexto y libro electrónico

Pablo Rigal Collado

En su Poética, Aristóteles confirma el carácter lineal del texto literario (argumento, acción, narración): "Aquello que posee principio, medio y fin, lo que naturalmente se deduce de algo más, ya como una consecuencia necesaria o usual".

Ordenamiento y relación de causalidad habían sido el bastión del texto, hasta que Vannevar Bush (1890-1974), asesor científico del presidente Roosevelt, escribió en 1945 su célebre artículo "As we may think" en la revista Athlantic Monthly, allí describió un sistema que unía la información por enlaces asociativos, Memex, abreviatura de Memory extended. Pero antes que tuvieran aplicación práctica los conceptos y categorías sobre la lectura no secuencial en el campo de la tecnología digital, ya la literatura se había apropiado de su espíritu renovador.

Se consideran precursores del hipertexto o protohipertextos a muchos elementos que contenían los libros desde la antigüedad: notas al pie de página, citas, referencias bibliográficas, notas, diccionarios y enciclopedias. Esos elementos precursores no se daban desde una voluntad consciente de transgredir "la linealidad tradicional" del texto, sino a necesidades funcionales. Es en la narrativa y la literatura de ficción donde hallaremos pioneros de esa voluntad.

Julio Cortazar se adelantó dos años en 1963 a la formulación por Ted Nelson del término hypertext (texto no lineal). Rayuela es, sin dudas, una experiencia en la que se renueva el concepto de la percepción del texto. Siguiendo a Batjin se recupera "al lector como agente activo en la comunicación literaria" y se debilita la tiranía del autor en los procesos creativos. En 1980 esta novela del creador de los cronopios fue montada en un programa hipertextual, su propia estructura impresa ya connotaba amplias posibilidades en el mundo de los ceros y los unos, pero pese a las exploraciones de varios autores en la lectura no secuencial, pese a los estudios teóricos de Barthes, Foucault, Derrida, Batjin y Kristeva, empeñados en romper la linealidad y lograr una apertura textual que se ajusta al hipertexto, las "redes de 'nodos' y 'enlaces' permiten superar las jerarquías de lo impreso. Es un sistema abierto, que permite desplazar la decisión al destinatario para que construya sus propios caminos de lectura saltando de 'lexia' en 'lexia' según sus intereses. El texto tiene un principio y un final; el hipertexto no, porque lo crea en cada lectura de acuerdo con los recorridos que elija el lector".¹

La existencia de las tecnologías digitales ha contribuido a colocar conceptos de la teoría literaria en ángulos perturbadores. Florie Krasniqi en su artículo "El libro autómata (Hipertexto): literatura y nuevas tecnologías" nos habla de organizar el caos real desde un caos creativo y relaciona tesis de Bajtín y Kristeva provenientes de estudios teóricos de la Literatura tradicional. Desde esas fuentes le atribuye valores como intertextualidad y polifonía, reconocibles en la hipertextualidad literaria.²

El mismo soporte de papel que contiene esas exploraciones de la literatura de ficción es una limitante y una provocación. Limitante, porque el lector siente (disfruta) más el juego estructural que la real multisecuencialidad y el escritor choca con los bordes del libro en la gestión asociativa. Pero al mismo tiempo las limitaciones provocan, exacerban, la necesidad de expansión y multiplican las relaciones que el escritor puede recrear en el mundo virtual. Muchas novelas impresas en un medio inmóvil conservan una "linealidad lógica subyacente". De ahí que el documento digital favorezca la puesta en escena de experimentos formales en los terrenos de la narrativa y la poesía.

Aventuras como las de Cortazar, Carpentier, James Joyce, Jorge Luis Borges, tendrían la posibilidad de visualizarse, oírse e interactuar con el lector. Sin abandonar la esencialidad del acto de lectura, pero asumiéndola de un manera nueva. Se trata no de pensar los vínculos que propone la hipertextualidad literaria, sino de ejecutarlos con un click. Verificar esa "alta velocidad y mucha flexibilidad" que Vannevar Bush atribuye al hipertexto.

Seguir la trayectoria de La Maga en Rayuela de enlace a enlace, los devaneos y ensoñaciones de Molly Bloom en el Ulises de Joyce a través de una lectura realmente discontinua, fragmentada a través del enlace, como diría Lamarca: "reproducir la navegación de nuestra memoria mediante unos artificios mecánicos y lógicos". Frente a la realidad del hiperdocumento parece que se cumple el vaticinio de Krasniqi: “El hipertexto, móvil, sistemático, semiótico, es un fragmento elaborado de Memoria humana. La máquina hipertextual es, más que un mero artefacto, una criatura mitad viva, mitad artificial. Un libro autómata”.³

Jorge Luis Borges imagina un artefacto como ese en su cuento breve "El libro de arena": Un bibliotecario retirado de Belgrano recibe la visita de un escocés que le vende un libro. El volumen es descrito por su vendedor como "el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin". Más adelante le advierte: “El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número”.⁴

Obsesionado primero, asustado después, el viejo bibliotecario decide ocultar el ejemplar en la Biblioteca Nacional. Para él se trataba de "un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad".⁵

Desde la perspectiva actual podríamos considerar este relato de Borges como una metáfora del libro electrónico. Pero en el autor de Historia universal de la infamia el tema de la biblioteca descomunal que contiene todo el conocimiento humano regresa con cierta frecuencia. ¿Será ese recinto hiperbólico de "La biblioteca de Babel" o de "La biblioteca total" una premonición de la World Wide Web? "El hipertexto hace posible la concreción de la gran biblioteca del conocimiento borgiana, esto es, permite compendiar todos los saberes humanos en un gran corpus de conocimientos que ahora puede estar accesible. Se trata del viejo ideal de los enciclopedistas del siglo XVIII y que se remonta a varios siglos antes".⁶

En poco menos de veinte años el perfeccionamiento de los ordenadores, y los procesadores de texto, la revolución que significó la World Wide Web constituyeron un excelente caldo de cultivo para la gestión de hipertextos independientes. Desde 1995 se desarrollan diversas aplicaciones para la  red de redes. La construcción de un sitio web, con un editor de HTML requería conocimientos de programación y dominio de los códigos fuente hasta que aparecieron los editores visuales: "el gran avance llegó con la aparición de los llamados editores WYSIWYG (abreviatura de What You See Is What You Get, es decir, “lo que ves es lo que obtienes”). Se trata de programas en los que ya no hay que trabajar con el código fuente en lenguaje HTML, sino directamente en lenguaje natural y que nos muestran lo que realmente se va a ver en pantalla y no el código subyacente".⁷

La nueva tecnología permitió el avance del documento digital independiente. Los sitios y las páginas web, así como los hipermedia tipifican con más intensidad las características del hipertexto, pero el libro digital está en el vértice de una relación de ruptura y continuidad, integra características de la cultura del texto impreso y de la renovación digital.

Siglos de lectura del libro arraigaron en los seres humanos el hábito de lectura secuencial, la relación del lector con el libro como objeto, su funcionalidad y operatividad. El primer acercamiento al libro impreso fue reproductivo; el soporte nuevo pero la mentalidad de lectura lineal de un texto previamente digitalizado. Ya en su versión primitiva los procesadores más comunes incorporaban al texto prestaciones imposibles para la impresión: búsquedas, índices, superíndices, comentarios. La familiarización con las herramientas despertó la necesidad de su aprovechamiento.

El creador del primer eBook fue Michael Hart. En Una corta historia del ebook Marie Lebert afirma: “Si tomamos la palabra eBook en su sentido etimológico –a saber un libro digital para difusión bajo la forma de un archivo electrónico– resulta que este casi tendría cuarenta años y habría nacido con el Proyecto Gutenberg en julio de 1971”. ⁸

Hart, fundador del proyecto cuando estudiaba en la Universidad de Illinois, concibió iniciar la colección de lo que sería la primera biblioteca digital con la Declaración de independencia de los Estados Unidos, firmada el 4 de julio de 1776, primer texto digitalizado y distribuido gratuitamente a seis personas. Luego el Proyecto Gutenberg creció, divulgando títulos de dominio público y ya en 1991 un 1% de la población mundial se beneficiaba con una colección de más de 1500 obras digitalizadas.

Para la lograr que el libro electrónico llegue a sus lectores ha de conseguirse un software de creación del libro que convierta el texto en un formato estándar y finalmente una PC o un dispositivo de lectura.

El más popular de los formatos es todavía el PDF de Adobe System especialmente para los que leen en ordenadores. En los Estados Unidos hasta el año pasado el 43% de los usuarios leían en su PC.

El documento PDF es muy estable, puede ser codificado y tiene prestaciones muy convenientes para la lectura no lineal como los links para acápites y capítulos, los comentarios y las búsquedas de palabras o frases. Fue "el primero antes que aparecieran los eBooks". El programa para leerlo, Adobe Reader, está bastante extendido y es usado con frecuencia en nuestro país por las personas que disponen de una computadora.

Después del PDF, el formato más usado para el libro electrónico es el ePub, creado por el International Digital Publishing Forum en un esfuerzo por lograr criterios comunes. El ePub es redimensionable y se puede adaptar a muchos tamaños de pantalla teniendo en cuenta la diversidad de dispositivos de lectura que se fabrican. La estandarización de formatos contribuye a disminuir los efectos negativos de esa diversidad.

Una de las desventajas del libro digital está dada por la proliferación de dispositivos y formatos de lectura para los textos. La competencia comercial entre empresas como Amazon, Apple, Barnes & Noble, Microsoft, Google por manejar los más importantes sectores de mercado en los Estados Unidos y Europa, ha conducido al empleo de varias aplicaciones, algunas de estas entidades obligan al uso de programas específicos vinculados con sus eReaders. El éxito de sofwares libres y de código abierto ha traído pasos beneficiosos en la aspiración de hallar programas universales en la creación de eBooks es el caso de Calibre, creado por el hindú Kovid Goyal, doctor en Teoría Cuántica de la Información de la Caltech (California Institute of Technology).

Calibre es un programa que gestiona y crea eBooks, convirtiendo el texto, editado previamente en un procesador, a las extensiones más usadas por muchos dispositivos de lectura. Calibre da opciones a países con menos posibilidad de adquirir licencias para el uso de tecnologías comercializadas por las grandes empresas.

Otra aplicación con grandes bondades para la edición y creación del libro electrónico es Sigil, elogiada por los editores, esta aplicación es supuestamente un programa del tipo WYSIWYG (lo que ves es lo que obtienes), sin embargo, para poner un libro a punto es necesario conocer códigos de programación.

Para exorcizar el temor al cambio que provocaba la irrupción del libro digital en la forma de leer y en la propia relación física con el libro tradicional, los creadores de tecnologías han pensado en dispositivos que reproducen en tamaño, peso y apariencia los mejores volúmenes de papel. eReaders como el Kindel de Amazon o el Nook de Barnes & Noble, con el que se puede pasar la página empleando el dedo para reproducir así la sensación real de pasar la página del libro de papel, y otros que imitan color, textura, sonidos, olores en un claro afán por conservar en el lector la sensación placentera, sensual, del acto ancestral de leer. Por ese camino se pregunta el periodista Johari Gautier Carmona: ¿no estaremos persiguiendo una meta ya existente?

Juliana Orihuela, editora experimentada de libros electrónicos, apuntaba en una entrevista que "la distancia entre el papel y estos reproductores es mínima".

El libro electrónico ha tenido más impacto mediático que resultados económicos pero su crecimiento le augura una presencia definitiva en el ambiente editorial, cada vez más lectores acuden a ese formato, cada vez más lectores se adentran en sus contenidos hipertextuales.

Solo en España el eBook ha experimentado un crecimiento del 116% durante el 2010. La producción de los nuevos formatos constituye ya el 15.9% de todo lo que se edita en la península.

A finales del año 2010, las ventas de libros electrónicos en Amazon habían superado a la de libros impresos. Durante ese año, se vendieron en el mundo once millones de dispositivos de lectura de libros electrónicos, de los que el 41.5% fueron para Kindle de Amazon, al igual que se incrementó de forma paralela la venta de libros electrónicos. Este es un fenómeno irreversible que se extiende por todo el mundo.⁹

Ese incremento exponencial, si se compara con el crecimiento aritmético y fluctuante del libro ortodoxo, nos coloca en una situación problémica. ¿Cómo asumirlo en nuestras naciones de limitado acceso a la tecnología? ¿Qué impacto tendrá en los paradigmas de lectura y de escritura?

Frente a la resistencia que todavía algunos le hacen al libro electrónico, muchos especialistas formulan sus ventajas y desventajas:

Ventajas

• Gran facilidad en la distribución. Esto se debe a que puede ser publicado en la red sin costo alguno (aun por una persona natural) y de esta forma puede ser leído por un público más amplio que aquel que puede tener acceso a un libro tradicional.

• Menos espacio, más información. Puede acoger en las dimensiones y peso de un libro tradicional una biblioteca entera.

• Acceso rápido a la información. La opción de búsqueda presente en los eBooks permite encontrar la información de interés de forma más rápida y efectiva, pues expande los parámetros de búsqueda (siendo más precisa) más allá de los ofrecidos por índice o tabla de contenido de un libro tradicional.

• Más barato. Se puede ahorrar entre un 30% y un 50% con respecto al precio de una edición de bolsillo; con los libros electrónicos, los costos de impresión, transporte y distribución disminuyen.

• Son ecológicos porque ahorran papel. El impacto medioambiental es muy bajo pues los eBooks no necesitan mucha energía. Si tenemos en cuenta que para un terabyte de información habría que talar aproximadamente 50 000 árboles, esta ventaja es definitiva.

Desventajas

• Derechos de autor. Es posible realizar transacciones con material que no respete el copyright debido a que se distribuyen copias ilegales.

• Dependencia del acceso a Internet. Para poder obtener eBooks es indispensable tener conexión a Internet, por tanto en ambientes donde no esté generalizado el servicio no habría buena distribución.

• Dificultad para usuarios inexpertos. El libro tradicional puede ser leído por cualquier persona, el eBook requiere del conocimiento mínimo de la nueva tecnología para el manejo del dispositivo lector.

• Formatos mutuamente incompatibles. Aunque existe un estándar ampliamente admitido (propuesto por la Open eBook Organization), hay una multiplicidad de formatos y soportes incompatibles.¹°

El eBook constituye un reto para los editores, requiere dominio de los programas consolidados ya en el trabajo editorial, tanto procesadores de textos como gestores de libros electrónicos, sistemas de gestión de hipertextos. La visión del editor está obligada a cambiar porque el libro electrónico ha cambiado la forma de leer.

La historia del libro impreso se remonta a más de quinientos cincuenta años, mientras que la de su versión electrónica cumplió recientemente cuarenta. Desde la publicación de la Biblia de Gutenberg en 1454 a la aparición de su avatar electrónico en el 2000, transcurrieron cinco siglos y medio. Aun la evolución del libro electrónico está en su prehistoria. Los contenidos hipertextuales irán reduciendo en él lo que queda del libro tradicional. Aplicaciones que combinan video, sonido y texto se optimizarán para que los dispositivos de lectura carguen un producto más complejo y compacto. ¿Podrán seguirse llamando escritores a las personas que gesten esos nuevos contenidos?, ¿serán "constructores" o "diseñadores" como les denomina Adolfo Vásquez Rocca?¹¹ Muchos paradigmas serán abolidos, incluso conceptos como el de leer en su relación con el monitor o la pantalla de un eReader son sustituidos por "navegar". "Linquear" es ahora sinónimo de pasar la hoja.

Lo más pertinente no sería permanecer en el deslumbramiento sino emprender acciones que coloquen el quehacer editorial cubano, primero, en la comprensión del presente del libro electrónico y, luego, en la asunción de su futuro.

¹María Jesús Lamarca Lapuente: "Hipertexto: El nuevo concepto de documento en la cultura de la imagen", en El gran hipertexto la WWW.htm

²Florie Krasniqi: "El libro autómata (Hipertexto): literatura y nuevas tecnologías", http://www.lenguasdefuego.net/

³Ídem.

⁴Jorge Luis Borges: "El libro de arena".

⁵Ídem.

⁶María Jesús Lamarca Lapuente, ob. cit.

⁷Ídem.

⁸Marie Lebert: Una corta historia del eBook, NEF, Universidad de Toronto, 2009.

Situación actual y perspectivas del libro digital en España, Documento de trabajo. Observatorio de la Literatura y el Libro de España, abril 2011.

¹°Las valoraciones fueron seleccionadas de los artículos: "eBooks vs. libro tradicional", de Carolina Zibert e Israel Feuerberg, y "Érase una vez... ¡el libro electrónico! - Ventajas y desventajas".

¹¹Adolfo  Vásquez  Rocca: “El Hipertexto y las nuevas retóricas de la postmodernidad [1]. Textualidad, redes y discurso ex-céntrico”.