Antonio Armenteros

Otro poema conjetural

Antonio Armenteros Álvarez (La Habana, 1963). Poeta  narrador y crítico. Ha publicado cinco poemarios: Nastraienie, La Caída, Los Estados Crepusculares, Casa Québec y La Cortadura y El Signo ; y el libro de relatos País que no era.Entre otros reconocimientos recibió los premios Calendario, Pinos Nuevos, Nosside Caribe y La Gaceta de Cuba.

Motel

Nunca dijimos que el monte concluía en
         la línea
en la blanca arena
      –que los naturales designan: amplia,
        azul, bella–
y lo escabroso del litoral.
Existe una cajita china a la cual llamamos
        ventana
una ventana blanca de ternura
y un deseo largo:
                               ¿Enséñame?
A tachar de mi sangre esas imágenes
–a priori– evitar estos reclamos
sutiles de la mente.

Embil

Al mediodía desde la seguridad de sus balcones me hacen creer que nuestras existencias caen/caben en el maratón de la muerte sin apenas notarlo. No dejen que esa mujer golpeé mi puerta con la posibilidad de un entendimiento, un mejoramiento más allá de lo estrictamente creíble. ¿Será porque habitó el primer piso y mi perspectiva se aleja de los cuestionamientos/las diferencias?

Desde sus balcones al mediodía me hacen creer que nuestras existencias caen al maratón de la muerte sin apenas soñarlo. No permitan que esa mujer golpeé la puerta con la posibilidad de la división de los cuerpos.
Al mediodía desde mi perspectiva los veo alinearse en sus balcones cual máscaras de Karnak.

Diálogo casi zen

                                   Por ellas. Para M…

Ha estado lidiando con el cangrejo,
directamente en el pecho –me dice–,
y luego muestra unas pelusas que le
          están naciendo
en la cabeza: "Es producto de la
          quimioterapia",
explica y continúa: "Debías saberlo".
Sé que es terriblemente bella como
          nadie,
a pesar de la caída del cabello y esos
          ojos.
¡Dios mío, esos ojos!
–Nacemos para morir, polvo somos.
De todas esas cosas conocidas,
dolorosas,
habla sin ganas de callarse y más tarde
se anuda un pañuelo florido,
con un gesto que escapa al poema real
haciéndomelo saber de golpe o mejor
dicho
sin golpe, directamente hasta mi
           entendimiento.
–Involucrando toda mi conciencia:
"Antes de los dolores, era tan estúpida,
sigo siendo tan idiota como antes, pero
           ahora sé
–es la diferencia– que existen días.
¡Amor!
Días que no tienen precio". Y calla.

Ac hoc

Cada día y noche del nuevo siglo
miraba en sus ojos la noticia horrible.
Baraja cual cartas marcadas sus razones
                                             su (i)lógica.
No desea comprender que ella en sí
          misma:
constituye el mensaje.

Eclíptica

En cada gota de sangre hallábamos
          una palabra,
seguíamos la trayectoria de cada rojo
devorado por un blanco
y la voz en su constancia pálida
          amarillenta:
"A este proceso le llaman Leucemia".

Ser y magia

Al alba recogíamos pedazos de
sentimientos como si fueran datos
         inútiles,
sutilezas del día anterior.
No deseaba explicarle que la poesía es
         una sospecha,
y la pasión, aquella particular pasión es
         una fuga.

Una nueva dimensión desata sus
          palabras,
nada cambia: "¿Di que tu sufrimiento, tu
         desapego,
no es una ilusión más? ¿Di?
Siempre combatimos una parte de
         nosotros mismos.
Siempre olvidamos el tono más real.
Su voz se libera: "Soy tu amante… Soy, tu
         enemiga".