Arácnidos (fragmentos)

Ricardo Alberto Pérez

Ricardo Alberto Pérez (La Habana, 1963). Poeta, narrador y traductor. Entre otros libros, ha publicado Gianot, el otro ruido de la noche, Trillos urbanos, Oral-B,  Vibraciones del buey y Para qué el cine. Ha merecido reconocimientos como el Premio de Poesía Nicolás Guillén, el Premio  de la Crítica Literaria y el de La Gaceta de Cuba.


Venían caminando desnudas por encima de la paja esparcida de manera casi geométrica sobre un amplio campo a cuyo margen más lejano corría una cañada, venían con los cuerpos empinados, en rigor sobresalía la solidez de las nalgas de ambas, y los cabellos mojados que les chorreaban hasta los pies, visiblemente arañados… se escuchó un ruido, o desenlace que estuvo precedido por un pelotón de garzas blancas, que semejaban una artillería, o banda de música del propio ejército. Estuve leyendo, indagando entre algunos amigos sobre el mensaje, o los mensajes que podría contener este sueño que había tenido tres noches atrás, algo me comentaron en cuanto a la capacidad simbólica. El amplio campo tapizado por la paja apareció como un irremediable sentimiento de desamparo, el acecho cruelmente planeado desde esa sensación de ser vulnerable…

La idea de estar desnuda le era bastante poco confortable, pero ya había aceptado tal desempeño, de ello dependía su futura realización espiritual, no era una simple operación que produjera algunas ganancias inmediatas; que menos le importaban que la posibilidad, quizás irrepetible, de insertarse en un proyecto capaz de transformar el modo de interpretar la existencia. Supo escoger y con la mano enlazada a la de su compañera siguió caminando por encima de la paja, aunque los pies exactamente calculados para cualquier tipo de excitación se continuaran arañando como parte del maquillaje con el que se tendrían que mostrar en una situación tope, y sobre el cual se apoyaría para que la veracidad de cada una de las escenas continuara atrayendo al selecto grupo que finalmente confiaría en la representación.

Supo saltar al vacío, con ese interior todo revuelto y turbio que entre dientes me había confesado. Pensé con cierta emoción, aunque me moleste admitirlo, que pertenecíamos a una misma sensibilidad, algo que de hecho podría escandalizar, inclusive a algunas personas de vanguardia. Cuando se me acercaba la percibía tensa, ansiosa, pidiéndome soterradamente todo tipo de protección. Movido por un instinto oculto le pedí que se quitara los zapatos, me obedeció, dejando los pies ante mis ojos, engrandecidos ante los profundos arañazos, de las pajas afiladas, que los surcaban por todas partes, entonces le pregunté por la otra; después de la representación se había esfumado, y sin escuchar sus palabras iba a ser casi imposible comprender lo que había sucedido, a lo cual ya no tenía como renunciar. Había sido involucrado en un acontecimiento sentimental de manera súbita, lo peor es que mi vida podría en cualquier momento ser perturbada por aquella pasión de la que solo participaba en el angosto trecho que limitaba el fin de un sueño.

Lo que tapizaba a esa caverna era el excremento de los murciélagos, hacia el techo se agolpaban todos ellos produciendo un ruido estable que justificaba su hiperactividad, nadie sospechaba que en poco tiempo el sitio sería invadido por seres ajenos a tal escenario, capaces de protagonizar el más subreal de los espectáculos. En el centro de todo ese espacio, dominado por una oscuridad parcial, estaba ya la enferma, era una compañera de sala de mi madre de hacía casi dos décadas atrás; para mi sorpresa aun conservaba el vigor que tantas veces despertó mi atención, no había variado un solo detalle en su rotación de pájaro enaltecido por la vida en aquella jaula de hormigón donde alguna vez se pretendió enderezar el destino de otras aves condenadas, pero su pintoresca presencia esta vez, era tan solo un elemento más, un detalle del escenario donde Arácnidos y Escarabajos desplegarían el combate brutal:

…primero divisé a una Lobo Africana, que también traía a su cría sobre la espalda. Como formando una compañía por la propia cadencia de su desplazamiento aparecieron varias Mineras, y otra cantidad similar de Arañas de Patas Verdes, los Escorpiones estaban adentro y brotaban como agua de las entrañas mismas de las rocas, para completar este bando aparecieron dos perros magros y maltratados que estarían totalmente inmóviles durante toda la contienda, ellos solo habían venido para traer Los Ácaros y Las Garrapatas.

El otro ejército parecía en desventaja, pero la belleza de casi todos sus miembros, podría terminar atrayendo la atención de muchos; algunos también ya estaban dentro, como era el caso del bombardero, aprovechando las ventajas de su color negro mate que le ofrecía cobertura para ocupar posiciones privilegiadas. Los arácnidos tomaron la iniciativa al descubrir la presencia del Escarabajo Dorado, una mezcla de envidia e impotencia los llevó a atacar; cuando los Escorpiones empezaron a hacer de las suyas se calentaron los anos de los Bombarderos transformándose en verdaderos cañones desde donde la metralla que salía era un letal fluido glandular. La caverna fue invadida por los Ciervos Volantes de Combate, escarabajos que escenificaron momentos heroicos en sus combates con los escorpiones; llegó el instante en que los perros parecían dos figuras de yeso, puestos allí con la intención de ironizar; por el contrario el pájaro escapado de la jaula de hormigón continuaba revoloteando en forma de círculo con una velocidad que se intensificaba según se fue volviendo más despiadado el enfrentamiento entre ambas especies. Un Goliat, y Un Hércules, intervenían ante el ataque masivo de ácaros y garrapatas que habían abandonado los maltrechos perros para intentar ir desestabilizando a los demás escarabajos; después de varias horas ambos ejércitos comprendieron que eran ajenos a aquel lugar donde se enfrentaban, se sintieron ridículos y fueron retirándose espontáneamente. Tras ellos los dos perros transportando a lo que se podía calificar como la retaguardia de los Arácnidos: todos iban salpicados por el excremento de los murciélagos, que ni se enteraron de los acontecimientos, excepto de la presencia del pájaro que después de tanto girar cayó al suelo, y comenzó a dormir no se sabe exactamente por cuánto tiempo.

Raíza. La Novia de Raíza. Yo

La lengua fina; aquí se le llama al que la tiene camaleón, o chipojo. Esta vez se trata de una muchacha que la hunde en el sexo de otra, haciéndola recorrer con determinado cinismo por las zonas rugosas. Es súper, ya se aprecia en la respuesta de los músculos que se agitan como partículas de silicona, los dientes de la complacida se afincan en las dunas, es la arena rojiza que va cayendo, construyendo intervalos para hacer más prolongado el placer, muerde con más intensidad, hasta llegar nuevamente a las tetas donde combina y cree retribuir el trofeo que continúa recibiendo, todo tiene que ver en que se inserten los objetos con su engranaje ideal, el diámetro de esa lengua, una forma soñada, ¿sabe Dios por cuál de las geometrías?

El drimmer ya actúa en la región dañada de la muela, también pretendo morder, performatizar lo que pasó entre ellas, tratar de caber en el relato; lógicamente lo primero es pasar la cabeza, donde de antemano hay una lengua más gruesa, y unos dientes con dificultad; pero tengo los ojos listos y punzantes: veo la lengua de Raíza como en un trozo de excitación desprendido, exactamente por debajo de un arco que se forma a partir de las nalgas y los muslos de su amante.

Ahora está ante mí, interesada en provocarme, en arrastrarme en su corriente como si fuera un pedazo de árbol caído. Practico la quietud, la provoco, le saco a través de las palabras la nostalgia que siente por aquella cosa fina que supera cualquier arquetipo. Me dice que le empape los labios le digo que venga ella y aprovecho esos breves segundos de su trayectoria para seguir imaginándola en el delirio provocado por lo que pulsa en su fragilidad. Lo más conmovedor es la capacidad que posee para complacer a sexos diferentes, parece haber destrozado todas las ligaduras, todos los impedimentos, la tienes dispuesta para desplegar fantasías que suelen volverse insondables y a veces destructivas.

Chipojo, avanza, no pierdas tu lugar: la vuelves más elástica y le inventas un falo para su boca, que transmite lo que le sube, una especie de catástrofe térmica. Te la puede arrebatar una penetración de lo Onírico, sus sentidos se enloquecen, aún más con lo imaginado: la mariposa posada en la nalga de otra muchacha la taladra en todo momento.

…las dos muy unidas, le acaricia ambas nalgas, sin temor a que la mariposa vuele, las protege la sensación de poseer abundante tiempo, y con lentitud le va mordiendo los labios que han ido alcanzando un grosor delirante, se tocan, y se muerden, y se chorrea, entonces va a comprobar el desborde de su amiga, que segrega de manera sorprendente muchas aspiraciones que estuvieron reprimidas durante largos períodos. Su mano blanca y alargada se empapa, no logra contenerse, entonces empieza a chuparse los dedos, quizás para que el Danubio se vuelva más caudaloso entre los muslos de su víctima.

La Amante de Raíza busca ahora a otros hombres, no deja de pensar en la penetración, quiere ser manoseada muchas veces por manos diferentes, que los nuevos visitantes al desnudarla se encuentren con las huellas de los anteriores, que se enloquezcan con ese pasado reciente en su piel, mordidas y señales violetas; es solo una ola naciente que aún tiene a la roca virgen ante sí, regresarás, sin dudas, entonces veremos cuánto ha logrado soportar y producir su cuerpo.