Número 20
 

El conocimiento en un mundo mejor
Michael A. Lebowitz (Canadá)

Aquellos que se encuentran aquí para discutir formas de defender a la humanidad de la barbarie que actualmente enfrenta parten de ciertos valores. Estos son valores plasmados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: en la meta descrita en el artículo 299. Se trata de “asegurar un completo desarrollo humano”; en la declaración del Artículo 20 que afirma que  “todos y todas tienen el derecho al libre desarrollo de su personalidad”, y en el enfoque del Artículo 102 sobre la necesidad de “desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el ejercicio pleno de su personalidad en una sociedad democrática”.
Esta Constitución es también totalmente específica en cuanto a cómo sucede este desarrollo: a través de la participación. Tal como lo enfatizó Marx, la actividad humana es la vía a través de la cual las personas transforman tanto las circunstancias como a ellos mismos. La Constitución Bolivariana en su Artículo 62 declara que la participación del pueblo es “la forma necesaria para alcanzar la participación y asegurar su completo desarrollo, tanto individual como colectivo”. El desarrollo humano, en pocas palabras, no cae del cielo, es el resultado de un proceso, de muchos procesos, en los cuales el pueblo se transforma. Es un producto de una sociedad “democrática, participativa, y protagónica” (para citar la Constitución de nuevo).
A través de formas sociales, como lo señala el Artículo 70, como por ejemplo “la autogestión, cooperativas de todas formas”, a través de planificación democrática, presupuestos participativos en todos niveles de la sociedad, el pueblo desarrolla sus capacidades y habilidades.  Este proceso de actividad transformadora es precisamente el proceso que permite desarrollar el conocimiento necesario para la sociedad alternativa. La información no puede venir de los mercados, ni de encuestas ni de negociaciones desde arriba, ni del fetichismo de la mercancía ni del fetichismo del plan. Es en la discusión democrática en el proceso de toma de decisiones a todo nivel donde podemos identificar nuestras necesidades y habilidades. La creación de instituciones democráticas es precisamente el camino a través del cual expandimos la cualidad y cantidad de conocimiento que puede crear una sociedad basada sobre la unidad y el reconocimiento del trabajo de los demás. Si no escuchamos las voces de los demás ¿cómo podremos entender sus necesidades?, ¿de qué otra forma nos podemos insertar en la cadena de actividad humana? El conocimiento necesario para crear y mantener una sociedad alternativa, una sociedad basada sobre relaciones humanas, es necesariamente “democrático, participativo, y protagónico”.

Saber dónde queremos ir es una necesidad si queremos crear una alternativa. Pero eso no significa que ya lo hayamos logrado. Vivimos en un mundo donde el capital global domina, un mundo en que el capital nos divide, pone al pueblo de un país en contra del pueblo de otro, para ver quien puede producir más económicamente,  quien puede rebajar los sueldos, las condiciones de trabajo y la protección del ambiente hasta el nivel más bajo para sobrevivir en la guerra de todos contra todos. Sabemos, también, que cualquier país que desafíe al neoliberalismo enfrentará el arsenal del capital internacional, incluyendo el Banco Mundial, el FMI, el capital financiero y el poder imperialista (por ejemplo en formas como el NED y otros caminos subversivos).
El obstáculo más inmediato es la creencia en que no existe ninguna alternativa.  Sin una visión de un mundo mejor, toda crisis del capitalismo (como la actual) terminará en una reestructuración dolorosa —incluyendo el dolor sentido por los que ya son explotados y excluidos—.  El concepto de una alternativa, de una sociedad basada sobre la solidaridad, es un arma esencial en defensa de la humanidad. Necesitamos reconocer la posibilidad de un mundo en el cual los productos del cerebro social y de la mano social sean propiedad común y la base de nuestro autodesarrollo. La posibilidad según Marx, de una sociedad de individuos libres, basada en el desarrollo universal de los individuos y en la subordinación de su productividad social y comunal a la riqueza social. Por tal razón, la batalla de las ideas es esencial.
Se puede dar esta batalla de muchas maneras. Primero, indica la importancia de profundizar el proceso real en las sociedades donde se ha empezado a crear una alternativa. Las pinceladas acerca de la posibilidad de un mundo mejor que ellas nos dan —aún bajo los ataques concentrados del imperialismo— son una inspiración para luchar en todas partes del mundo, una prueba de que hay una alternativa.
Sin embargo, es solo si formamos parte de esas mismas luchas como podremos tener una comprensión mejor de aquella alternativa. Se trata de luchas que empiezan a partir de las necesidades de la gente, de su descontento acerca de la diferencia entre lo que la sociedad les promete y lo que pueden obtener. La batalla de ideas empieza aquí por comunicar conocimientos acerca de la esencia del capitalismo, por mostrar que la pobreza no es culpa de los pobres, que la exclusión no es culpa de los excluidos, que la riqueza resulta de una cadena de actividad humana.
Esas luchas, también, son explícitamente luchas en el terreno del conocimiento —la lucha en contra de los derechos de propiedad que niegan el libre acceso a los logros intelectuales de la humanidad. Son luchas en contra de la mercantilización, en contra de la invasión del dinero y los precios en todos los aspectos de la vida. Pero, también son luchas a favor de nuevas formas democráticas que sirvan para utilizar “el oro” que existe en las cabezas de todas las personas y para comunicar todas nuestras necesidades y capacidades. Son luchas, en pocas palabras, a favor de una alternativa democrática, participativa y protagónica.
En esta época de globalización capitalista y neoliberalismo, es obvio que necesitamos más que instituciones democráticas locales.  ¿Cómo podemos entender las necesidades y capacidades de todas las personas que están geográficamente aisladas pero íntimamente cercanas en la cadena de la actividad humana? ¿Cómo podemos lograr ver a los trabajadores colectivos como seres humanos con necesidades en lugar de verlos como competidores? Desarrollamos una comprensión de nuestra unidad y de la interdependencia que tenemos con personas que la globalización capitalista ha juntado en todo el mundo a través de la solidaridad con esas personas —no sólo con sus luchas específicas como trabajadores o ciudadanos, sino también para relacionarnos directamente con ellos de comunidad a comunidad.
Para crear un mundo basado en la solidaridad, tenemos que practicarla —y de tal manera, transformar las circunstancias y nuestros propios seres. Si sabemos hacia dónde queremos ir y sabemos qué es necesario para llegar allá, hemos empezado la batalla para defender la humanidad en contra de la barbarie.
En fin, para retomar el tema introducido por el Presidente Chávez y Pablo González Casanova sobre la necesidad de hacer cambios reales en el mundo, déjenme terminar con una idea de Marx, utilizando el lenguaje más adecuado para este encuentro: la idea de que  la humanidad es suficiente para vencer la idea de la barbarie, pero se necesita la verdadera acción humana para vencerla.

Traducido del inglés por: Chesa Boudin
Revisado por: Marta Harnecker

 

< anterior

 
 

Luciano Vasapollo (Italia)
El análisis de Marx acerca de la centralidad del conflicto entre capital y trabajo en la relación de clase para construir la superación del capitalismo.