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El análisis de Marx acerca de la centralidad del conflicto entre capital y trabajo en la relación de clase para construir la superación del capitalismo.
Luciano Vasapollo (Italia)
2. Lecciones de Marx para la actualidad.
En este punto todo parece claro, con una amplia convergencia y homogeneidad de puntos de vista por parte de los marxistas, hasta están convencidos de que se trata de elementos ya adquiridos por quien haya enfrentado el estudio de estos argumentos. ¡Pero no es así! Grande es la confusión bajo el cielo del análisis del posfordismo... y la situación no es precisamente excelente si se piensa, por ejemplo, que justo entre los marxistas se desarrollan cada vez más las dudas acerca de la necesidad, y no solo acerca de las posibilidades, de entender cómo madura la condición en la que el capital tiene fuertes dificultades de mediar el desarrollo y, por tanto, extraer de él la conclusión de que un punto irrenunciable del movimiento de los trabajadores es el de moverse en la línea de las posibilidades de transformar las relaciones de propiedad, a partir de la transformación de las relaciones sociales para construir otras relaciones que tengan como referencia el escapar del capitalismo.
Desde que vio la luz el Libro III de El capital se han evidenciado una serie de contradicciones; de críticas que sin duda han partido del problema de qué es el valor y de cómo se mide, pasando por el cuestionamiento del valor científico del análisis hecho por Marx de la explotación, hasta arribar a la crítica llamada de la “circularidad”. En efecto, tales argumentaciones son también las que he escuchado en la jornada internacional de estudio del Laboratorio para la Crítica Social del 21 de mayo de 2004 último en la Universidad de Roma “La Sapienza”, en ocasión de la presentación del libro Un viejo falso problema. La transformación de los valores en precios en El capital de Marx.(1)
Es precisamente acerca de la teoría del valor, del supuesto problema de la transformación del valor en precios, hasta llegar al análisis actual de la forma del trabajo asalariado y de su consistencia cuantitativa y cualitativa y, por tanto, del acercamiento científico a la teoría de la explotación, que se juega la partida teórica de las posibilidades de la transformación político-económico-social y de la superación del capitalismo.
2.1 Posfordismo y modelos de flexibilización del trabajo y de la vida social
Para comprender la fase actual de la competición global es determinante, como siempre, conectarla con el análisis de la organización del ciclo productivo, de las características del tejido productivo y social, del papel del Estado, de las relaciones entre las áreas internacionales y de su estructura económica, de los intereses globales de dominio y de expansión que determinan el conflicto interimperialista. Todas estas problemáticas fuertemente conectadas, a menudo hasta dependientes, del importantísimo paso de la era fordista a la llamada posfordista.
La teoría económica de Marx, como por lo demás la doctrina marxista en su conjunto, se caracteriza por una clara naturaleza social propia, por una tendencia a la acción, a la práctica, por un vínculo íntimo entre teoría y praxis. Para los marxistas conocer el mundo siempre ha significado transformarlo. Las leyes económicas objetivas de la sociedad capitalista se manifiestan en el curso de la lucha de clase por escapar del capitalismo.
Correspondió precisamente a Engels y a Marx hallar una teoría económica y política que desmantelara los viejos esquemas; una teoría capaz de adaptarse y de ponerse en relación dialéctica en cada momento con la realidad de clase. Y esto nos lleva a la actualidad de Marx en el análisis del presente conflicto capital-trabajo a partir de la composición de clase de hoy. Vamos a detenernos en algunos pasajes de gran actualidad.
Recorriendo muy esquemáticamente las últimas fases político-económicas resulta que, ya a partir del inicio de los años 70, comienza a desvanecerse ese contubernio entre sistema productivo fordista y modelos keynesianos a través de los cuales el Estado realizaba un contexto global de mediación, regulación, cooptación y compresión del conflicto social. El intenso proceso de industrialización fordista se desplaza así hacia nuevos mercados, especialmente del Sudeste Asiático y de la Europa Centro-Oriental, aumentando la competición internacional y cuestionando la leadership estadounidense.
En los últimos veinticinco años el modelo consolidado de democracia capitalista, nacido en los Estados Unidos con el fordismo, en todos sus distintos modos de presentación, se ha disuelto, borrando ese concepto de sociedad civil y de civilización que había inaugurado el ingreso a la modernidad capitalista, causando la desintegración de toda la estructura productiva preexistente y destruyendo las formas mismas de convivencia civil, determinadas por el modelo de regulación y mediación social de forma keynesiana. Formas de convivencia civil, social y sobre todo económica que, de cualquier manera, eran todas ellas internas a la lógica constitutiva del modo de producción capitalista, con relaciones de clase que, en esencia, condicionan igualmente la existencia de los trabajadores en la misma forma de algunos decenios atrás o de la fase actual, que, con razón o sin ella, llamamos era posfordista.
El derrumbe del modelo fordista ha llevado al surgimiento de nuevos modelos de acumulación flexible. El principio que guía este modelo está basado en el hecho de que al ser la demanda la que establece la producción en relación con modelos de conflictualidad global y competencia desenfrenada —aunque a menudo imperfecta— esto trae como consecuencia que la competición se basa cada vez más en la calidad del producto, la calidad del trabajo, en un modelo cada vez más caracterizado por recursos inmateriales del capital intangible. Una estructuración del capital que va acompañada del trabajo manual subpagado, distribuido en el territorio y cada vez con mayor frecuencia no reglamentado, y de servicios externalizados y de escaso contenido de garantías que permiten su uso, y no ya basado en las conexiones entre cantidad producida y precio (elementos típicos del fordismo).
La crisis del sistema, debida al proceso de transformación del trabajo en la sociedad posfordista, puede ser también explicada por este contexto de desarrollo del trabajo de predominante contenido inmaterial. De hecho, este tipo de trabajo se caracteriza: extensivamente mediante la forma de cooptación social que va más allá de la fábrica y del trabajo productivo, e intensamente a través de la comunicación y de la información, recursos del capital de la abstracción o intangible. El trabajo inmaterial es entendido como un trabajo que produce el “contenido informativo y cultural de la mercancía”, que modifica el trabajo obrero en la industria y en el sector terciario, donde las funciones son subordinadas a la capacidad de tratamiento de la información, de la comunicación, horizontal y vertical. ¡Pero sigue siendo trabajo asalariado!
Se viene definiendo un nuevo ciclo productivo ligado a la producción inmaterial que muestra cómo la empresa y la economía post-industrial y posfordista están fundadas en el tratamiento del capital información. Esto provoca una profunda modificación de la empresa ya estructurada en las estrategias de venta y en la relación con el consumidor, que lleva a considerar el producto primero bajo el aspecto de la venta y después bajo el de la producción. Tal estrategia se basa en la producción y consumo de capital información, utilizando la comunicación desviadora y el marketing social para recoger y hacer circular información con vistas a un condicionamiento social global.
No se trata entonces de un simple proceso de desindustrialización, de una de las tantas crisis del capitalismo, sino de una radical transformación de este que golpea toda la sociedad, que crea nuevas necesidades, de una concepción de la calidad del desarrollo, de la calidad de la vida que induce a distintos comportamientos socio-económicos de la colectividad, impuestos por la flexibilidad de la empresa difundida en el tejido social, respecto a los de la sociedad industrialista, basada en la centralidad de la fábrica y con una intervención del Estado en economía que, lejos de determinar una forma de las relaciones diferentes respecto al capitalismo, en esencia lo ha defendido, facilitándole la salida de las crisis.
En particular, de los resultados de distintos análisis que hemos realizado en la revista Proteo,2 junto a las Representaciones Sindicales de Base, emerge un sector terciario que interactúa y se integra cada vez más con las demás actividades productivas, especialmente con las industriales. Se determina, por lo tanto, un nuevo modelo localizador de desarrollo, que hemos definido en otros escritos como tejido a multinivel de irradiación terciaria, que se asocia al modelo de flexibilización de la vida social impuesto por una empresa difundida socialmente en el sistema territorial. Es decir, se trata de un sector terciario que va acompañado por externalidades del ciclo productivo y por un modelo de flexibilidad general que ha venido asumiendo un papel cada vez más estimulante del modelo de desarrollo económico, no explicable solo por simples procesos de desindustrialización o de reestructuración y reconversión industrial, sino por las exigencias de reestructuración y diversificación global del modelo de capitalismo.
De estos análisis se desprende que nos encontramos en una fase de transición aún en vías de definición, pero que presenta de cualquier modo, rasgos bien claros. Hay un aumento de la producción de servicios respecto a la de los bienes materiales, pero esto sucede sobre todo con procesos de externalización de los servicios y de fases del proceso productivo con bajo valor agregado, basados en una superexplotación del trabajo. Un trabajo a menudo obtenido a través de procesos de distribución internacionales, en busca de formas de trabajo de escaso contenido de derechos y de bajísimo salario; esto va acompañado de una fuerte presencia de trabajos intelectuales y técnico-profesionales a menudo tan precarios como los manuales y repetitivos.
Pero todo más referido aún a procesos de valorización del capital en su relación de clase, por tanto, contrapuesta al trabajo vivo, reproduciendo trabajo asalariado con el fin de multiplicarse.
No se trata, por tanto, de ignorar los cambios ocurridos en los procesos productivos y en la configuración de las subjetividades del trabajo, del no trabajo, del trabajo negado, sino confirmar que la crisis del capitalismo de superproducción, de acumulación, de expansividad tiene como posibilidad última de escape la potencialidad crítica del trabajo asalariado a partir de un fuerte movimiento sindical que se mueva en y por los procesos de recomposición de clase, es decir, de todo el segmento social que está sometido de diversas formas a la condición de explotación capitalista, en el puesto de trabajo y en todo la vida social. En este sentido un papel de punta y de ruptura se desarrolla ya desde hace largos años por parte del sindicalismo de base, en particular por las Representaciones Sindicales de Base, que hacen de la independencia, de la autonomía y de la relación de clase el núcleo de la iniciativa político-sindical.
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