Sus cuentos para niños demuestran, con creces, hasta qué punto Dora consiguió entretejer historias que lograron trascender cuanto hasta entonces se había hecho en este terreno.
Ponolani resulta un libro irrepetible, pleno de imágenes casi fantasmales y de otras más entrañables, con la garra suficiente para permanecer indeleblemente marcadas en el recuerdo de todo lector que se aventure entre sus páginas.
No importa si unos escribimos de hadas, castillos, príncipes o princesas, y otros, sobre güijes, niños con padres divorciados o con problemas motores. En todos nosotros está Dora, universal y cubana.
Agua pasada marca un hito en la narrativa de Dora Alonso, inimitable por cualquier otro escritor, irrepetible incluso para ella misma.
El cochero azul evidencia un vuelco total en la narrativa de Dora y, a la vez, significó también un hálito renovador en todo el concepto de hacer literatura para niños que se promovía en el país.
La Carta autobiográfica al patito feo, de Dora Alonso, es uno de sus documentos literarios más autobiográficos y menos divulgados hasta el presente; en él se definen los cánones estilísticos y morales que movieron su vida, su obra y su paso por este mundo.
Ajena a los vaivenes de la intertextualidad entre argumentos, personajes o estilos, a la llamada posmodernidad, expresada en la ruptura de los cánones literarios impuestos por la tradición, sin supeditarse del todo a los mismos, en cada obra narrativa Dora Alonso consiguió crear un estilo único, vigoroso e irrepetible entre un libro y otro.
La riqueza temática y formal que se aprecia en la obra narrativa de Dora Alonso nos evidencia a una creadora que siempre, usando las armas estilísticas a su alcance, pugnó por revelar su esencia profundamente humana, cubana, revolucionaria y popular.